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Capítulo V

lofi hip hop radio 📚 - beats to relax/study to

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Eran las 5 de la tarde y Nico estaba sentado en la sala exterior de su casa disfrutando el hermoso atardecer de verano en Madrid. En sus manos se encontraba "La soledad de los números primos" de Paolo Giordano. Llevaba 200/352 de páginas leídas y lo había comenzado a leer ese mismo día.

Nico se sentía inspirado y nostálgico al leer cada página que pasaba. No podía evitar traer de nuevo a la luz sus pensamientos de sus experiencias pasadas y explorar rincones de su mente que habían permanecido en la sombra.

Nico lo había vuelto personal, el libro se convirtió en un diálogo silencioso entre él y Giordano, una conversación que trascendía las páginas. Cada giro de la trama resonaba con su propia búsqueda del significado de las cosas y de la vida. El libro se convirtió en una luz en su alma, iluminando caminos escondidos que Nico apenas había explorado.

El tiempo transcurrió y ahora eran las 7 de la noche. Nico no había dejado su lugar en todo este tiempo. Su mamá optó únicamente por prender la luz del balcón y no molestarlo. Nico era un mar de lágrimas, a este punto no sabía si eran lágrimas de satisfacción, tristeza, impotencia o enojo. Solo sabía que había cerrado el libro y en su cabeza rondaban mil ideas.

Nico no lograba quitarse de la cabeza cómo los humanos manejamos el dolor, las pérdidas y las oportunidades perdidas en nuestras propias vidas de diferentes maneras.

¿Optamos por la renuncia silenciosa, o buscamos la verdad incluso si puede ser dolorosa?

Su corazón y mente estaban hechos un caos, podía entender cómo la protagonista se sentía y por que tomó las decisiones que tomó, pero al mismo tiempo, se ponía en los zapatos del protagonista y comprendía el dolor de él.

Se tomó unos minutos para respirar y volver en sí luego de llorar. No podía entrar a la casa con las lágrimas desbordándose de esa manera. Su familia a veces es demasiado... ¿Melodramática? No tenía ganas de escuchar cómo su madre y hermana le hacían un cuestionario de si alguien le había roto el corazón, por otro lado, escuchar cómo su padre se mofa de él al mostrar su lado sensible y que tenga la osadía de decir "Así no conseguirás a ninguna chica." "A las mujeres no les gusta ver a los hombres llorar, Nicolás".

Padre... Yo solo busco a una persona que cuide y quiera mi corazón tal como yo lo haría con el suyo... No importa si es mujer u hombre...

Nico cerró sus ojos respirando hondo y se levantó para ir al baño para arreglarse e ir a cenar finalmente.

Cuando salió del baño vibró su celular.

Llamada entrante

Santiago Andrade

Nico confundido respondió la llamada algo desconfiado.

—¿Santiago?

—Lorca, ¿Podrías bajar?

—Bajar, ¿qué?

—¿Tu bella cabellera para poder subir y ver tus hermosos ojos?

Nico fue tomado desprevenido y no pudo evitar sonrojarse. No había entendido a primera instancia lo que Santiago le acaba de decir. Santiago al no escuchar respuesta de Nico se empezó a reír.

—Nicolás estoy abajo, estoy en tu casa. ¿podrías bajar? Tengo algo para ti.

Nico sin decir algo, colgó. Se vio al espejo alarmado y arregló un poco su cabello.

Espera. ¿Por qué me estoy arreglando el cabello?

Gruñó fastidiado y bajó a la planta baja de su casa.

Allí estaba Santiago. Recostado en su carro lujoso, vistiendo una camisa de botones negra floja y un pantalón de lona igualmente flojo. Su cabello estaba desordenado y tenía esa estúpida sonrisa odiosa que a Nico sacaba de quicio.

—¿Qué haces aquí? ¿Cómo sabes dónde vivo? ¿Cómo te dejaron entrar? ¿Me tendría que preocupar? Voy a reportar a los guardianes de la entrada.

Santiago levantó una ceja confundido y rio para ir a abrir el baúl de su carro. Nico se quedó callado aún más confundido y cuando Santiago se incorporó tenía una caja, algo vintage.

Parecía cofre.

Cuando Santiago se acercó a él se lo ofreció. Nico lo agarró con desconfianza y cuando lo tuvo en sus manos, entendió qué sucedía.

Era una edición especial de la colección de "Los Reyes Malditos" de Maurice Druon. Nunca en su vida la había visto. En internet solo estaba la colección normal.

Nico lo vio sorprendido, no sabía qué decir.

—Por Dios, Santiago... ¿esta es la saga?

Santiago asintió indiferente. Nico lo vio con la boca abierta ante su reacción escueta.

—¿Qué significa esa cara?

Santiago se rio.

—Lorca, las cosas no siempre tienen explicación. Solo di gracias, con eso me conformo.

Nico se sonrojó avergonzado.

—Gracias, Santiago... Sinceramente significa mucho para mí... El hecho que hayas venido a mí casa a dejarme tus libros... Es...

—Basta —Santiago rio.

Nico bufó rodando los ojos.

—Bien. Pero no me has contestado ¿Cómo entraste?

Santiago solo rio caminando al puesto de piloto entrando a su carro, pero no sin antes decir.

—Contactos —dijo guiñando y sonriendo con burla.

Entró al carro y encendió el motor.

—Descansa. No te desveles leyéndolos. No te estoy corriendo. Tómate tu tiempo...

Dijo viéndolo desde el otro lado y emprendió su camino sin esperar que Nico dijera algo. De nuevo lo dejó con las palabras en la boca.

Nico no sabía cómo reaccionar, pero sus brazos se empezaban a cansar. Entró de nuevo a casa y fue a dejar la colección a su escritorio. Lo abrió por curiosidad y se puso pálido inmediatamente.

—Mierda...—murmuró.

La colección era especial, sí.

Pero, no era cualquier edición. No sabía realmente lo que tenía en su escritorio, pero de lo que estaba seguro es que los libros que tenía frente a él eran del siglo pasado.

Inmediatamente corrió a su computadora a buscar la colección y al encontrar la información precisa, casi se desmaya.

—Es millonario —murmuró sorprendido.

El tiempo transcurrió. Nico bajó a comer, conversó un poco con su hermana y madre antes de despedirse de ellas. Regresó a su habitación a bañarse para estar aseado para acostarse.

Mientras se arreglaba para descansar pensaba en Santiago.

¿Por qué lucía tan arreglado por la noche? ¿Es que él nunca estaba desarreglado?

¿Por qué siempre se veía impecable?

Maldito.

Secó su cabello con rabia y se vio al espejo. Se espantó y se volvió a peinar. Salió de su baño y se sentó en su cama viendo sus chats.

—Oh... Georgy, se me había olvidado contestarle.

Entró al chat y el último mensaje de ella era invitándolo a un club, por lo que Nico todavía lo pensó un rato más.

Bien... me parece bien el sábado. Solo me tienes que venir a traer, porque no quiero ir solo.

Vio sus demás chats y eran sin importancia, menos uno.

Tory

Hola Nico, te estuve buscando en la facultad, pero....

Decía el mensaje previo, no se había atrevido a abrir ese mensaje. No luego del fin de semana pasado.

¿Cómo iba a darle frente a Victoria luego de ese evento?

¿Qué pensaba ella de él?

¿Por qué de todas las presentaciones Victoria tenía que estar en esa?

Se tiró a su cama fastidiado como estrella de mar.

Bufó expulsando su estrés y se levantó. Tomó uno de sus cuadernos especiales para poder dibujar con tinta y comenzó a hacer trazos aquí y allá. Le gustaba hacer retratos. Poco a poco, iba haciendo un rostro masculino. Detalle aquí y detalle allá. Pasó aproximadamente una hora.

Estaba feliz, dibujar con tinta no era muy fácil, pero le había salido casi perfecto, con una que otra mancha, pero no le importaba.

Veía una y otra vez su retrato, le había salido un chico, bastante atractivo, pero algo no le cuadraba.

—¿Te conozco de algún lado?

Nico frunció su ceño intentando ver si tenía algo familiar. Hasta que, de un momento a otro, reaccionó.

Santiago.

—¿Por qué demonios dibujé a Santiago?

Cerró el cuaderno inmediatamente y lo tiró a un lado. Hizo una mueca y al verlo tirado lo levantó con cuidado y lo dejó delicadamente sobre su escritorio. Regresó a su cama y se acostó. Apagó la luz de su lámpara, que era la única que iluminaba el lugar y prendió su televisión, se dispuso a despejar su mente un poco. Vería una película coreana.

Buscó en internet la película que quería ver. La encontró y la puso. Despejó su mente mientras miraba la película, amaba verla una y otra vez. Nico, sin darse cuenta se qudó dormido. Por fin.

Era la 1:00 de la madrugada.

La televisión prendida, la ventana abierta y su teléfono en la cama.

Cuando despertara iba a ser un caos. Pero tenía que aprovechar esos momentos breves de sueño, pues genuinamente le costaba dormir bien. Siempre buscaba cómo usar su tiempo, por lo que su cerebro nunca descansaba y en efecto, sufría de insomnio.

Siempre andaba de aquí para allá, dibujando, leyendo, viendo, escuchando o algo. No se sabía con certeza por qué Nico no pegaba nunca el ojo.

En el pasado sus padres lo llevaron al psicólogo para ver si era algún problema el que no durmiera, pero se dieron por vencidos, ya que nunca se abrió totalmente con su psicóloga, por lo que la misma nunca pudo dar un diagnóstico certero.

Aún para su familia, Nicolás seguía siendo un enigma.

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