Capítulo II
7:00 A.M
Los primeros rayos de sol deslumbraban el rostro de Santiago como una típica mañana de abril en Madrid. A pesar de que no quería levantarse tan temprano (para ser sábado), el sol le hizo imposible seguir durmiendo plácidamente, asi que solo se dio por vencido y se levantó.
Tomó su celular para confirmar la hora y gruño sutilmente frotando su rostro para terminar de despertar.
"No voy a ir al gimnasio..." Pensó mientras suspiraba sentándose en la cama.
Se puso una tank top que tenía afuera y empezó a caminar para afuera de su habitación mientras pasaba sus dedos por su cabello para despeinarlo y quitar lo que estaba aplastado por la almohada.
Santiago vivía en uno de los mejores barrios de Madrid, vivía en "La Moraleja".
Se encuentra a tan solo 30 minutos de la universidad y es conocido por ser uno de los barrios más exclusivos de Madrid, caracterizado por su alta seguridad y la presencia de vecinos reconocidos.
La casa de Santiago se componía de dos partes, la casa principal, dónde vivían sus padres y hermanos menores y la segunda casa, donde vivía Santiago.
Después de haber cumplido los 18, Santiago se encaprichó en independizarse e irse a vivir al centro de Madrid, sin embargo, sus padres se negaron y para apaciguar sus impulsos mandaron a diseñar y preparar la casa anexo de Santiago, desde entonces viven de esa manera. Totalmente separados, pero en un mismo terreno.
Vivienda de Referencia:
Santiago salió de su habitación y atravesó el pasillo de la casa hasta llegar a una puerta de vidrio que conducía al "área común" de la residencia.
El área se componía de la sección de la piscina y jacuzzi techado y daba paso a otras dos habitaciones dentro que eran respectivamente para el sauna y el gimnasio.
Luego, se dirigió al gimnasio, donde finalmente se estiró con un bostezo debido al sueño que aún lo afectaba. Se dirigió a la tableta que estaba colgada en la pared y configuró su lista de reproducción, que estaba sincronizada con su celular, y encendió las bocinas con la música a un volumen suficientemente alto, pero sin perturbar a los demás en los alrededores.
Movía su cabeza al ritmo de la música y se quitó la camiseta, para después ajustar sus shorts. Fue al primer circuito y comenzó con su entrenamiento sin antes hacer los estiramientos respectivos.
Continuó de esta manera durante dos horas hasta que se sintió satisfecho con su entrenamiento diario. Tiró la pesa que tenía levantada y dejo salir un gruñido de fuerza.
Sonrió con satisfacción y agarró una toalla del armario para secarse. Luego, apagó la música y los equipos de entrenamiento antes de dirigirse a la ducha. Cuando salió al área de la piscina, se encontró con Dany y Sofi pasando el rato.
—¡Santi! —corrió Sofía a los brazos de su hermano—. No te habíamos visto. ¿Ya no nos quieres hablar?
Santiago rio al escuchar a su hermana siendo dramática, pero notó que su hermano no reaccionaba.
—Ts —bufó burlón Santiago—. Dale Dany, ¿qué te pasa?, ¿acaso estás sentido?
Daniel solo le tiró la pelota de la piscina y se levantó para tomar su toalla, evidentemente molesto. Sin embargo, Santiago lo tomó del brazo y lo miró seriamente.
—¿Qué te pasa?, ¿no te hablé?
Los ojos de Daniel se volvieron cristalinos y lo abrazó.
—Llevas semanas sin siquiera hablarnos. ¿Ya no te importamos?
Santiago se sorprendió y lo abrazó sin decir algo. Tenía razón su hermano, ni siquiera un buenos días o un texto habían tenido de su parte. Por un momento, solo pensó en sus padres ausentes, pero después recordó que sus hermanos menores estaban enfrentando una situación similar a la que él vivió cuando tenía su edad. Prácticamente él desempeñaría el papel de padre más que sus propios padres y el hecho que también los abandone es un fallo total.
Suspiró y abrazó a Sofi también. Arrepentido, les habló en un tono suave, casi dulce y considerado.
—Lo siento... Olvidé escribirles, pero ustedes también... Niños tontos —intensificó su tono a uno de regaño—. ¿no saben que yo vivo al lado? En cualquier momento pueden llegar a molestarme, yo siempre estaré encantado de recibirlos. Podemos comer, ver algo o simplemente pasar el rato.
Ambos adolescentes sólo se limitan a abrazarlo. Lo veían ahora con un rostro de admiración y alegría.
—Venga, quiten esas caras de cachorros abandonados. En la familia Andrade, nadie hace ese gesto a menos que sea para obtener algo a cambio.
Dijo esto último en tono juguetón y guiñó un ojo antes de soltar finalmente el abrazo. Cuando se disponía continuar camino a su casa, su hermana habló con un tono caprichoso.
—¿Quién dice que no lo hicimos para derretir ese corazón de hielo que tienes?
Santiago solo rio en respuesta y dijo en un tono severo, pero en broma.
—Apresúrense, o perderán la oportunidad de desayunar y tendrán que suplicarle a Marta que les cocine algo.
Marta era la chef de la casa Andrade. Sin embargo, tenía horarios estrictos para cocinar. No era por falta de disciplina, sino porque los niños deben comer a sus horas adecuadas.
Ambos chicos corrieron atrás de su hermano mayor empujándose para ir a la cocina del mencionado y empezar a preparar las cosas.
Santiago fue a darse una ducha rápida mientras sus hermanos preparaban las cosas para el desayuno. Cuando regresó les preparó un buen desayuno y la mañana restante pasaron viendo algo de televisión, sin embargo, Santiago tenía que salir porque tenía planes, por lo que sus hermanos tuvieron que regresar a la casa principal, pero quedaron en volverse a ver para la cena, pues le comentaron que sus padres estaban de viaje.
"Típico" pensó Santiago.
Preparó su mochila, salió al garage y la tiró en el asiento de su copiloto, colocó sus lentes de sol y entró al vehículo.
Su carro es un Mercedes AMG C63 2021.
Prendió el vehículo y emprendió su viaje. En sus tiempos libres iba al estudio de tatuajes de un amigo suyo, Martín, era su tatuador de confianza y con el tiempo su amistad creció, con ello también su afición no sólo a tener tatuajes si no a hacerlos, por lo que convenció a Martin a darle clases y dejarlo trabajar de vez en cuando, pues siendo estudiante de diseño, no estaba tan lejos de la realidad y necesitaba experiencia.
Estacionó su vehículo enfrente del local y salió con su mochila entrando al lugar con una sonrisa. Ajustó sus lentes en su cabello y saludó a Martín con un saludo típico de apretón combinado de un abrazo.
—Pensé que no vendrías tío.
Dijo Martín arreglando su espacio de trabajo con una sonrisa. Santiago hizo un gesto de disgusto y empezó a preparar su espacio.
—Hieres mis sentimientos, dije que vendría. ¿Por qué faltaría a mi palabra?
Martín rio ante el comentario de Santiago y a los segundos salió del baño Fanny, la recepcionista del estudio ajustando su blusa.
—¡Oh, Santi! Viniste. Hiciste mi día más emocionante solo con tu presencia. —dijo en un tono chillón y alegre abriendo sus ojos en reacción para verse más atractiva.
Santi solo la vio con una sonrisa seductora y guiño su ojo hacia ella.
—Yo siempre vengo con el sentido de alegrar tu día Fanny. Mi objetivo se cumplió el día de hoy.
El comentario hizo reír a la chica, así como la hizo ruborizarse y hacer su cabellera rubia y larga hacia atrás en respuesta al coqueteo. Martín sólo negó rodando sus ojos ante el descaro de Santiago y el mismo se rio con picardía.
Luego de un tiempo prudente, Santiago terminó de recibir sus citas programadas. Ya eran las 5:00 de la tarde y vio su celular para ver sus mensajes.
Algunos amigos lo invitaban a fiestas y algunas chicas intentaban concertar una cita, pero un mensaje en especial llamó su atención que lo hizo desbloquear su celular y leerlo.
—Eh. Hola Santiago...
—Soy Nicolás Lorca. Sé que es extraño que te escriba, sinceramente pensé mucho si era correcto, pero pensé lo que me dijiste.
—Terminé de leer El Rey de Hierro y... Quería preguntarte si es posible, sólo si es así, si no comprenderé. Qué me puedas prestar la continuación de la saga...
—Intenté buscarlos por mi cuenta antes de molestarte, pero no me fue posible encontrarlos. Te agradecería miles si me los prestaras...
—PD: Te juro que cuido muy bien los libros, los dejo intactos, como si nunca los hubiera tocado o visto...
—PD 2: Ehm... Perdón, sí te preguntas dónde conseguí tu número, fue en el directorio de la universidad. No creas que te acoso...
Santiago rio al leer los mensajes de Nicolás y los contó uno por uno.
6 mensajes
—Jo-der...¿Lorca escribiéndome por iniciativa propia?
—No sólo eso, si no que ¡me dejó 6 mensajes educados!
—¿No irá a haber una lluvia en pleno verano, o si?
—😂😂😂
—Listo, yo te los presto sin problema, no te preocupes no soy tan quisquilloso como otros...cofcof.
—Te los llevo el lunes.
Bloqueó su celular, lo guardó en su bolsa, se despidió de Martín y Fanny, colocó sus lentes de nuevo y se marchó de regreso a su casa.
Luego de unos minutos de viaje llegó, se estacionó y cuando entró se encontró con sus hermanos peleando por quién preparaba una salsa, lo cual lo hizo reír. Dejo todo en el sillón de la sala y se unió a ellos a preparar la cena y pasar un tiempo en familia.
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