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24

El hospital se encontraba en penumbras cuando Elian regresó a continuar con su vigilia. No quería despegarse de Naomi para que no se sintiera sola en ningún momento. Le acariciaba la cabeza, peinando sus negros cabellos mientras la contemplaba con anhelo. No veía la hora de ver su sonrisa, compartir otra vez el tiempo juntos, dejar de lado lo malo y hacerla feliz como se lo merecía.

Sin dejar de pensar en los buenos recuerdos, apenas su cabeza tocó la camilla, terminó entrando al mundo de los sueños.

La habitación era iluminada por los monitores que controlaban a Naomi, y el ruido monótono y agudo resonaba en el lugar. Nada parecía cambiar, lo que convertía la noche en una más de las anteriores. Sin embargo, antes de que amaneciera, el esperado cambio ocurrió.

Naomi abrió de golpe los ojos y miles de escenas pasaron por delante de ellos. Su corazón bombeó con rapidez. Los latidos resonaban en su cuerpo, al mismo ritmo que el miedo buscaba poseerla. No estaba segura en dónde se encontraba. La escena se le hacía bastante familiar, y la luz tenue junto a los monitores, que hacían un sonido extraño, eran parte de una terrible pesadilla. Volvió a cerrar los ojos, apretándolos fuerte al imaginarse que el dolor de cabeza, a causa de un accidente, se haría presente. Sin embargo, nada pasó.

Confundida, volvió a abrirlos y prestó más atención a su alrededor. Hizo el intento de moverse hacia un costado, pero, al estar conectada al suero, sintió la punzada de la aguja y regresó a su lugar. Le pesaba la cabeza y no estaba segura de cómo se llamaba. Despacio levantó su mano y descubrió que no era pequeña como lo había creído.

"¿Naomi?", se dijo pensativa, pero luego lo negó. Ese no era su nombre real. "María". Su mente volvió a susurrarle mientras le recordaba las voces de sus padres que la llamaban a los gritos para que saliera del cuarto donde solían tenerla encerrada. La mirada de odio con la que su padre la amenazaba le provocó escalofríos, y no quiso pensar más en esos ojos negros. Ni siquiera quería recordar cómo la mano pesada caía sobre su cabeza para arrastrarla hacia la otra habitación, cada vez que se negaba a salir por miedo a lo que iba a pasarle una vez que la atravesara.

Uno a uno los recuerdos caían como gotas de lluvia. En su mente se dibujó la terrible infancia que vivió con sus padres verdaderos. También el día en que había escapado y un auto la había llevado por delante, para luego pasar a tener una nueva vida junto a Elisa. De esa manera cayó en la cuenta de la época en se encontraba, con quién y porqué.

Abatida por el torrente de información que la sacudía, se llevó una mano a la frente para calmarse. La angustia la invadía. Trató de respirar hondo y movió sus ojos hacia un costado. Alguien dormía apoyado sobre su cama. Estiró con cuidado la mano y sintió la suave cabellera de una persona.

"¿Elian?", se preguntó, esforzando la mente. Lo recordaba, pero no entendía por qué se había dormido allí. ¿Qué había pasado?

Volvió a tocarlo para tener su atención y lo llamó, aunque su voz fue débil y no se escuchó.

—Eli...an —insistió en despertarlo, y su temor aumentó al darse cuenta que no había manera de que pudiera expresar bien una palabra. Las lágrimas rodaron por su mejilla, frustrada por la situación en la que se encontraba.

Entre sueños, Elian notaba cómo le acariciaban la cabeza. La sensación era agradable y no se molestaba en despertar, al contrario, se relajaba. Sin embargo, luego de unos minutos, al recordar en dónde se encontraba, se despertó de un sobresalto. Levantó su vista y sus ojos verdes se posaron sobre el rostro de Naomi. Esta lo observaba con una leve sonrisa que apenas ocultaba la tristeza que tenía.

—¡No lo puedo creer! —habló emocionado mientras le sujetaba con cuidado la mano con la cual lo había llamado—. ¡Regresaste! —Se reía nervioso sin poder creer lo que veía—. ¡Qué alegría!

La abrazó con delicadeza mientras soltaba unas cuantas lágrimas de alivio. Volver a sentirla era el mejor regalo que había recibido en toda su vida. No encontraba las palabras justas para expresar la felicidad que lo invadía al comprobar como su mayor deseo se había hecho realidad.

Naomi llevó con cuidado una mano a la espalda de Elian y lo acarició. Quería demostrarle que se alegraba mucho por tenerlo a su lado y las lágrimas se hicieron más continuas. Sentía miedo, angustia y frustración por encontrarse en esa situación. Se aferró más fuerte a Elian para ahogar su llanto. Quería sentirse protegida en los brazos de su héroe y recuperar la seguridad que le transmitía con su presencia.

—Todo estará bien. No tienes porqué llorar —la contuvo, aunque él también estaba sensible —. No estás sola. Todos te ayudaremos a salir adelante. Te lo prometo. —Se apartó con cuidado y le regaló una sonrisa. Naomi asintió tratando de mantener la calma, pero era tanto lo que necesitaba desahogar que se le hacía imposible creer en sus palabras—. Enseguida regreso. —Su intención era ir por el médico, pero Naomi lo sujetó fuerte para que no se alejara de ella—. Tranquila. Voy a buscar ayuda —agregó mientras mantenía el agarre de Naomi—. No te vayas a escapar —bromeó para animarla.

Por suerte, funcionó. Naomi se sonrió a pesar de la tristeza y, conforme, Elian se retiró de prisa hacia la sala donde los médicos de guardia solían estar.

Enseguida el equipo médico entró a la sala a observar el resultado de los aparatos y para saber cómo se encontraba su estado físico y emocional. Durante la revisión, Elian quedó apartado y aprovechó a llamar al jefe.

El grito de alegría que se escuchó fue tan fuerte que parecía que estaba a su lado. Elian le pidió calma y que le pasara rápido el mensaje a Elisa, que seguramente se moría de ganas por saber qué estaba pasando al haber tanto escándalo.

Después de cortar, caminó por el largo pasillo mientras buscaba el número de Gianluca en el listado de contactos. Hacía tiempo que lo tenía agendado, pero jamás lo había llamado. Era la primera vez en hacerlo, y encima para dar una buena noticia. Esta vez no iba a ser egoísta. Sabía cuánto había deseado Gianluca que Naomi despertara.

El tono sonaba una y otra vez, sin que nadie contestara del otro lado. Miró su reloj de pulsera. Eran más de las cuatro de la mañana. Estaba a punto de cortar cuando la voz de Gianluca se escuchó:

—¿Elian?

—Tienes que venir rápido al hospital. ¡Naomi despertó! —No perdió el tiempo en explicaciones.

—¿En serio? —Su voz tembló—. ¿Cómo se encuentra?

—Puedes venir a verlo por ti mismo.

—No lo sé...—dudó mientras apartaba las frazadas para sentarse al borde de la cama. No estaba seguro de ir. Recordaba que lo último que Naomi había visto de él era la pelea con Antonello—. Prefiero ir cuando todo esté más tranquilo. Si se encuentra bien, no tengo de qué preocuparme.

—A pesar de haberla visto muy angustiada, confío en que todo estará bien. Pronto me darán el parte médico —explicó lo poco que podía.

—Se repondrá... y, si no lo hace, tendremos que poner mucho de nuestra parte para ayudarla. Ella lo hizo con nosotros y tenemos que devolverle el favor —contestó, seguro de sus palabras.

—Eso no lo dudes —afirmó la idea. No iba a permitir que Naomi volviera a caer en el dolor. La ayudaría a salir adelante fuera como fuera.

Después de hablar con Gianluca, Elian iba y venía, sin dejar de mirar su reloj. No le gustaba que tardaran tanto en darle una respuesta sobre el estado de Naomi. Su corazón latía a mil, y sentía que se ahogaba de los nervios. Por suerte, escuchar la voz del jefe lo hizo relajar. No iba a estar solo para enfrentar las novedades que le dieran. Elisa también se acercó a él y con una sonrisa lo saludó, junto con un abrazo que le dio calor a su alma.

—¿Cómo fue? ¡Cuéntanos, Elian! —pidió, emocionada por escucharlo.

Elian le relató cómo Naomi fue quien lo había despertado y, sin dudarlo, el jefe aprovechó la oportunidad para regañarlo.

—Qué ironía, ¿no? Tú eres el que tiene que velar por ella y terminas dormido, y es Naomi quien te tiene que despertar.

—Lo sé. No hace falta que lo recalque.

—No le hagas caso, Elian. ¡Estamos felices de que Naomi haya vuelto! —Miró hacia la habitación donde se veía como la atendían—. Ojalá pronto nos dejen pasar... y serás el primero. —Lo señaló.

—Es mejor que vaya usted —recomendó, sorprendido por el pedido de Elisa.

—No. Prefiero hablar con ella cuando esté más calmada porque sé que, si me ve ahora, tendrá otra emoción fuerte y quiero evitarle problemas —explicó—. Entraré luego de que pase el jefe. Mientras tanto, no le digan que estoy, así no la ponemos ansiosa, ¿sí?

Ambos asintieron a pesar de estar en contra.

—Buenas noches. —Un médico se acercó y los saludó amablemente con un apretón de mano a cada uno—. El cuadro de la señorita Mattiussi es algo complejo, pero con mucha paciencia y afecto de parte de ustedes podrá salir adelante en poco tiempo. —Leyó su planilla—. La lesión que tuvo en el cerebro no fue grave, por lo que no tendrá secuelas importantes. Sus movimientos son lentos, pero se mantienen firmes. A medida que haga la rehabilitación, volverá a la normalidad.

—¿Y sus recuerdos? ¿O el habla? —Elian preguntó expectante.

—Tranquilo, joven. Voy por partes —respondió leyendo las notas—. Sus recuerdos están algo confundidos. Especialmente con su nombre. Cuando la llamamos, lo negó con la cabeza, desesperada. Además, se la percibe muy frustrada por no tener claras las ideas. —Hizo una pausa mientras veía la cara de preocupación de los tres—. Despacio le tendrán que recordar cómo son las cosas.

—¿Dijo algo en particular que le lleve a descifrar que tiene sus recuerdos alterados, además de negar con la cabeza su nombre? —Elisa preguntó con temor.

—Me temo que en ese punto tenemos una desventaja. —Hizo una pausa—. Naomi no puede hablar.

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