Capítulo 1 || Eyes On Fire
Julio 2013. Buenos Aires, Argentina.
El frío invierno seco se metía entre la piel y los huesos de las personas. El aire soplaba violentamente las hojas y todo lo que hubiera a su paso. Ocultándose entre varios abrigos una criatura caminaba por las calles solitarias y melancólicas. Solo se vislumbraban sus ojos a través de la capucha y la bufanda. Con su mirada fija sobre las veredas rotas e inestables, recitaba en su mente un gran conjunto de palabras no muy agraciadas hacia su época del año menos preferida.
Todo era frío, plagados de días grises y el fantasma de la soledad que aparecía en cada esquina. El invierno era solitario, sobre todo para ella que parecía ser la única que lo odiaba. «Siempre contra la corriente» pensó inmediatamente. Y por más que mirara hacia las veredas e intentara coordinar sus pies los tropezones llegaban cada vez más a menudo.
Era tarde, la oscuridad se profundizaba con el tiempo y la inquietud de ella. Sentía que la ciudad podría devorarla en solo segundos si continuaba tardando en llegar a su casa. Las calles vacías incrementaban su preocupación y desconfianza, y usaba su teléfono para ocupar su mente con algo.
No hay nadie siguiéndote; se dijo a sí misma buscando un poco de calma para no pensar demasiado. Dando pequeños vistazos a su alrededor mientras apresuraba su paso y sentía su corazón latir apresurado. Escribía mensajes para apaciguar sus nervios y que el camino fuese más tolerable cuando percibió un par de figuras que se cruzaron en su recorrido. Un extraño presentimiento la recorrió, punzando en su pecho. Le costó un par de segundos distinguir que eran una chica y un chico de aspecto juvenil, y aunque podía estar aliviada, una voz en su interior le advertía que tuviera cuidado.
Respiró hondo queriendo calmarse, y simulando no importarle esa extraña aparición continuó caminando, deseando irse hacia otra dirección, pero las dos figuras volvieron a interponerse en su camino.
— Hola, ¿te molestaría ayudarme con algo? —inquirió el chico que poseía una voz demasiado grave para un rostro aniñado. Su español estaba lejos de ser perfecto pero ella lo entendía.
Desconfiada, Nina miró a la chica a su lado quien sonreía como si él hubiese dicho una broma divertida. La chica lucía como una adolescente rebelde con el cabello color fucsia y ropa que no era muy adecuada para ese clima.
— ¿Qué necesitan? —inquirió, sabiendo que no había nada que pudiese tener que fuese de ayuda para ellos. Dando pequeños pasos hacia atrás, notó el cambio en la expresión de ambos.
— A ti —respondió la chica, con la mirada brillante.
La adrenalina se disparó en el cuerpo de Nina, girándose para salir corriendo pero se detuvo precipitadamente. El pánico se acumuló en su garganta cuando sintió una fuerza que le impedía moverse libremente. Los dos desconocidos se posaron frente a ella; en sus expresiones había curiosidad y diversión.
— ¿Estás seguro que es ella? —preguntó la chica con un marcado acento español. Sus ojos revoloteaban sobre Nina como si fuese algo insignificante. El chico se encogió de hombros, acercándose a ella para probar algo que ella no sabía qué podía ser. Quería preguntar qué era lo que buscaban y rogarles que la dejaran porque no había nada en ella que fuese de utilidad, pero las palabras no salían y no entendía por qué.
— ¿Roxy? —inquirió el chico, mirando de soslayo a su acompañante. La chica de pelo rosa suspiró suavemente y fue en ese momento que Nina sintió la presión ceder levemente. Ambos caminaron hacia ella, arrinconándola contra la fría pared, sin darle posibilidad de escapar—. Hola, de nuevo. Mira, no queremos ser como malos de películas pero necesitamos que vengas con nosotros —le dijo él, mirándola como si intentara verse preocupado por ella pero fracasando en el intento.
— No sé qué quieren, pero les aseguro que no tengo nada que les sea útil —respondió queriendo que le creyeran, pero vio en ambos impaciencia y desdén.
— Permíteme diferir —insistió el chico, con una expresión que indicaba que sabía más de ella de lo que suponía, al mismo tiempo que la tierra bajo sus pies tembló suavemente. El miedo le heló la piel y sus ojos se expandieron— Nina Mendizabal —su nombre le dio escalofríos, aumentando su tensión, con el pánico acentuándose en su pecho—, necesitamos que vengas con nosotros, queremos ayudarte —murmuró él con mirada serena.
— No voy a ir con ustedes y no necesito su ayuda —exclamó molesta, queriendo escurrirse entre ellos pero la fuerza que antes la detuvo volvió a invadirla, inmovilizandola contra la pared.
— Intentamos hacerlo por las buenas porque no tenemos otra opción —sentenció él. El suelo volvió a vibrar vertiginosamente, sentía que era cuestión de segundos antes de que se abriera una grieta que pudiese devorarla. La prisión sobre ella era asfixiante y dolorosa, sus huesos parecían querer repeler la gravedad que le era impuesta y aunque estaba a punto de gritar, su voz se encontraba atorada en su garganta.
Se sentía atrapada en una pesadilla de la cual no era tan fácil despertar.
En solo un segundo, fue repelida contra otra pared. Su cabeza golpeó violentamente, un pinchazo agudo se expandió al resto de su cuerpo. El dolor se tornó insoportable mientras oía difusamente la conversación de sus agresores.
— ¿crees que con otro golpe quede inconsciente? —inquirió la chica, con una suave risita.
— Deja de hacer eso, sabes que hay que llevarla viva —se quejó él.
— Por favor, esto no es nada, podría matarla si quisiera además si es ella, es más peligrosa consciente —la voz de la chica hizo eco en Nina en medio del dolor; un suave quejido salió de entre sus labios, pero la prisión continuaba encapsulandola.
Quería correr, gritar y pelear para defenderse pero estaba impotente, tirada en el suelo entre la suciedad y el frío. La angustia la recorrió mezclándose con el enojo. Una pequeña chispa comenzó a crecer en su interior con mayor fuerza. Déjenme en paz; rogó en su mente, pidiendo un poco de clemencia.
Las voces se extinguieron suavemente, sintiendo su cabeza pulsar dolorosamente, intentando moverse. Cuando se dio cuenta de que la gravedad ya no estaba en su contra miró a los dos chicos; sus expresiones estaban plagadas de incertidumbre y maravilla. Un halo de fuego la separaba de ellos, quienes retrocedían al sentir el abrasador calor.
Había algo de indignación y recelo en Roxy cuando la volvió a mirar, enfocada en los ojos de Nina que habían dejado de ser castaños, y lucían rojos intensos como rubíes. No había sorpresa ni horror o miedo ante lo que veían, solo una extraña seguridad e interés.
Nina no entendía por qué ellos querían llevársela o por qué aún continuaban allí luego de ver lo que podía hacer. Había luchado durante años para lograr un poco de control, pero a ellos no les había costado nada desarmarla. La gente normal hacía daño pero si ellos eran diferentes, al igual que ella, podían hacer aún más daño.
En un instante de esperanza, ella creyó que esa pequeña muestra podría haber sido suficiente para ahuyentarlos, pero no fue así. La expresión de Roxy se agudizó al mismo tiempo que el dolor volvió a atormentar a Nina. Su grito quebró el silencio hasta que no se oyó más. Sus entrañas y huesos parecían desgarrarse con cada segundo que transcurría, y en medio del dolor, creyó que no habría salida posible de esa pesadilla que estaba experimentando. El calor crecía en su interior, el muro de control se desvanecía y Nina temía lo peor.
Por su expresión, Nina veía que Roxy disfrutaba de su sufrimiento mientras el otro chico la juzgaba intensamente aunque no hacía nada para solucionar la situación. Llegó un punto en el que el dolor fue insostenible, y su cuerpo quedó completamente entumecido.
Una vez roto el umbral, ya no había más nada, ni siquiera control. Chispas de fuego se fueron creando en distintas partes de su ropa hasta que quedó entre llamas. El calor que la envolvía no la quemaba, solo la protegía. Su pelo cobrizo se movía ondulante entre llamas. Repentinamente, no solo se encontraba ella misma entre llamas sino que también a su alrededor. Ligeras chispas golpearon a Roxy quien empezaba a desesperarse sintiéndose calurosa y con miedo. Eso pasaba con los pocos que habían logrado llegar tan lejos con Nina y era algo a lo que se rehusaba a producir, pero, ¿cómo podía reaccionar ante el sentimiento de un dolor que rogaba morir?
Ya no había satisfacción en Roxy, e Ítalo lucía completamente furioso. Nina era una llamarada roja con ojos que ardían como brasas.
— Roxy, ¿Qué hiciste? Lo arruinaste —le gritó furioso Ítalo. Ella lo miró con ojos desorbitados— Vámonos, y prepárate para lo que vendrá —murmuró Ítalo autoritariamente.
— Pero... —Roxy no quería ceder. Nina se ponía de pie, serenamente, como una escultura al rojo vivo, sumergida en algún estado transitorio.
— Ahora —gritó él, obligándola a irse. Roxy miró por última vez a Nina, llena de ira y recelo, y con una promesa sin decir entre sus labios se fue.
Entre el calor que la sanaba, la visión de Nina se fue volviendo difusa, y el dolor en su cabeza parecía ir mermando. Cuando se dió cuenta que no veía a los dos atacantes, sintió un poco de tranquilidad, aunque tenía presente que el fuego a su alrededor no se extinguía.
Entre pasos torpes y débiles caminó hasta apoyarse sobre la pared. Estaba tan concentrada en querer volver a erigir su muralla de control que no prestó atención a la sombra silenciosa y lánguida que se acercaba a ella.
— ¿Estás bien? —inquirió una suave voz, haciendo que Nina se asustara, las llamas a su alrededor se elevaron efusivamente—. No voy a hacerte daño —advirtió con voz tranquila y melódica.
— Yo... yo no puedo —susurró, al mismo tiempo que su mente se nublaba. Entre la confusión, notó que el chico parecía sonreírle pero realmente no lo veía bien. Él se acercó sin tenerle miedo, más allá que ella retrocedía para no dañarlo.
La sensación de extrañeza volvió a recorrerla. El aire frío dejó de sentirse, las hojas ya no volaban a su alrededor, y daba la sensación que el aire había dejado de moverse sobre ella mientras que el resto era torbellino de aire. Los segundos pasaron y el fuego comenzó a ceder. La poca fuerza que quedaba en ella la usó para extinguir el resto de las llamas y devolver el control a su mente. La puerta que ocultaba todo lo que más temía se selló, y respiró hondo cuando lo logró.
— Uma me espera —susurró justo antes de desvanecerse. La sombra lánguida la atrapó antes de caer al suelo, y permaneció contemplando su aspecto sucio y quemado, repasando los rasgos suaves de su rostro con curiosidad. Una efímera mueca sonriente cruzó por sus labios antes de alzarla entre sus brazos.
Bạn đang đọc truyện trên: Truyen247.Pro