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Capitulo 5. Voluntad

Aún era de noche y la lluvia había cesado para el momento en que subieron al avión. El silencio que merodeaba entre ellos era sutil y palpable, jugueteando entre los ánimos oscuros. Parecía ser una característica común entre los cazadores aquel mal humor aberrante. Sin tener la necesidad de decirse algo, con un suave asentimiento todos se saludaron y subieron para irse. Los bolsos eran pequeños pero tenían todo lo necesario. Incluso Leonardo parecía negado a ser sociable. Él simplemente se subió y se dirigió a su lugar, la cabina de piloto. Los demás lo siguieron, eligiendo sus lugares y poniéndose cómodos para un largo viaje.

— Esto va a ser genial, ¿No te parece prima? —escuchó Valquiria una voz a su lado.

Lo miró venenosamente, sin esforzarse en fingir lo repulsivo que le parecía todo. Norbert rió con malicia desplomándose sobre el asiento del otro lado del pasillo, justo en frente de ella. Él cruzó sus piernas y sacó sus auriculares, sin sacar aquella sonrisa arrogante. Norbert seguía igual de despiadado y desalmado que siempre, y por un lado lo agradecía. Tras todo aquello en Noruega, le costaba más hablar las cosas e intentar demostrar algo afectivamente. En cambio él, lo único que había cambiado era su pelo, que estaba un poco más largo pero del mismo rubio oscuro.

— Esto va a ser genial —murmuró para sí misma con tono sarcástico, haciendo de cuenta que no escuchó a su primo.

Newén, que estaba a su lado, la miró preocupado. Su mirada dulce y oscura la analizaba desde que habían recibido la noticia que debían irse. Esa misión no iba a ser fácil y todos lo sabían. Los ojos de Valquiria se posaron en sus manos, donde descansaba una carta que le había dado Byron antes de partir. Aún no la había leído y sabía cuando lo haría. Tu sabrás cuando leerla, pero hazlo; le dijo él. Ella apretó los dedos sobre el papel y escuchó el sonido que hizo con satisfacción pero la duda e incertidumbre de no saber su contenido la perseguiría, lo sabía.

— ¿Todo va a bien? —preguntó con suavidad Newén, fingiendo no estar atento a ella y leyendo el libro que tenía entre sus manos.

— Si —respondió con brevedad ella. Newén asintió y siguió con la lectura, mientras ella guardaba el sobre en su mochila y daba un vistazo al avión nuevo y elegante.

No eran muchos los cazadores que iban allí. Eleonora estaba unos asientos por delante de ella, sentada con una McAlister pero no sabía cuál era. Todos eran altos y pelirrojos, y de espaldas no lograba diferenciarlos. Martiniano pasó junto a ellos y siguió caminando. Sus ojos grises se posaron en Valquiria y le guiño un ojo, juguetonamente, para luego sentarse junto a Norbert. Ella levantó una ceja e intentó que una sonrisa no floreciera; ese vuelo podía llegar a ser más interesante de lo que creyó. Acomodándose contra el asiento, Valquiria cerró los ojos hasta que sintió unos fuertes pasos. Abrió los ojos al mismo tiempo que comenzaban a hablar.

— Buenos días cazadores. Se podría decir que estoy a cargo de ustedes, y saben lo mal que me sienta ser niñera, así que si alguno se mete en líos o hace lo que no debe, puede tener la seguridad de que su culo será mío para patear cada vez que este de mal humor. ¿Y cuando estoy de mal humor? —preguntó Larson, un hombre de pasados los treinta años, alto, macizo y en muy buen estado. Su pelo era una mata de rulos bien definidos color miel, que llevaba la mayor parte del tiempo atado, y sus ojos eran de un suave verde.

— Todo el tiempo —respondieron todos a coro. Martiniano y Norbert se miraron sonriendo, mientras Eleonora lo miraba con astucia y Valquiria ponía los ojos en blanco. Larson sonrió satisfecho y se estiró para cerrar la puerta.

— Excelente, ahora descansen pedazos de gusanos —murmuró yéndose hacia la cabina.

Valquiria y Newén intercambiaron miradas cómplices. Leonardo estaría algo malhumorado para cuando terminaran ese viaje; si había algo que le molestaba de la familia Larson era ese ferviente ánimo por querer burlarse de todos los Gonzaga.

Newén volvió a su lectura, mientras Valquiria cerró los ojos para descansar, pero aún no podía sacarse de la mente la existencia de aquella carta, y mucho mas la visita a Londres. Aunque quisiera no dar importancia, no había nada que sacara el pasado de su vida y lo que representaba aquella ciudad. Pensaba en Lena, y en lo afortunada que era de ser tan ignorante al respecto.

~~~

La segunda mañana en la mañana fue similar al anterior: las sirenas, el mal genio de Marissa, la espera de Theron y el desayuno en el comedor. El calor se hizo evidente desde la mañana temprano, y Lena usaba la pollera azul y la camisa blanca arremangada. Habia dormido tan profundamente que tenia dolor de cabeza, haciéndola ver cabizbaja y apagada. Todo lo contrario estaba Theron, con una ligera sonrisa en su rostro y demasiado relajado. Atravesaron el patio que separaba los edificios y al entrar al edificio académico se dieron cuenta la cantidad de personas que se congregaban en una parte del pasillo. Lena dudó y miró a Theron que se veía preocupado.

— La lista con las comisiones —dijo sombríamente, y ella sabía lo que eso significaba.

Quería gritar y correr lejos de allí, pero no podía. Tenía que saber que horarios tenía y con qué profesor. Lenta y cuidadosamente, caminó hacia la cartelera rodeada de alumnos. Aunque era bastante alta para su edad, ella no lograba ver con claridad. Se ponía en puntas de pie para observar pero no había oportunidad alguna.

— ¿A quién buscas? —preguntó una voz cerca de ella.

Sin saber si le hablaban o no a ella, se giró para encontrarse con un par de ojos verdes que la miraban penetrantemente. Quedo muda ante aquella mirada tan fresca, y la sonrisa picara en el rostro del chico. Un rostro alargado y de rasgos pronunciados era enmarcado con una cabellera ondulada de color dorada. Había quedado completamente en blanco y no sabía qué hacer o decir.

— Lena Law —respondió una voz a su lado, y sin ver supo que se trataba de Theron.

Aquel chico intentó ocultar la sonrisa y miró la cartelera. Lena se volvió roja como un tomate de la vergüenza. Cerró sus ojos para maldecir y para pedir que se le hubiera asignado con Theron.

— Felicitaciones, te fue asignado uno de los mejores grupos. Con el profesor Gonzaga —dijo el chico.

Lena abrió los ojos con sorpresa y Theron la miró boquiabierta, acercándose a la cartelera para confirmarlo y saber su comisión.

— ¿Con Leonardo? —preguntó Lena anonadada. Aquel chico arrugó su frente y ladeó la cabeza.

— No, con Neilan Gonzaga. Probablemente sean familiares, ¿Los conoces? —le preguntó. Lena se sintió decepcionada y se pregunto cómo sería un familiar de Leonardo, y si tendría el mismo humor y carisma.

— Solo de nombre —respondió Lena sumergida en sus pensamientos. Aquel chico del cual no tenía idea el nombre sonrió con simpatía y asintió. Le echó un vistazo a su reloj antes de volverse a ella.

— Tengo que irme, que tengas un buen día Lena —murmuró con picardía, guiñándole un ojo y alejándose rápido.

Ella lo siguió hasta que se perdió en la lejanía. Todo había sucedido tan rápido y torpemente que no había tenido oportunidad de saber el nombre de aquel chico.

— Me asignaron a Gonzaga también —dijo Therón apareciendo frente a ella lleno de felicidad. Lena se alegraba pero no podía sacarse de la mente el rostro angelical de aquel chico— ¿Lena? —la llamó Theron.

Ella sacudió la cabeza, saliendo de la ensoñación de imaginarse junto a él, siendo abrazada y quizás besada por aquellos labios gruesos. Estas desvariando Lena; le dijo su conciencia. Miró a Theron frente a ella, deshaciéndose del velo de pensamientos. Sus ojos grises la observaban con divertida confusión.

— Estoy comenzando a sospechar que los chicos tienden a producirte una implosión en tu cerebro que te deja knock-out —rió maliciosamente. Lena fingió sentirse ofendida y golpeó suavemente su brazo. Therón se rió— Vamos que llegamos tarde Law —exclamó comenzando a caminar.

Esa mañana fue rápida y peculiar. En la primera hora tuvo clases de Hechos y Personajes, una materia que ya había oído por parte de su hermana. Solía aburrir a todo el mundo, incluso a Theron, pero Lena lo encontraba interesante. Quien daba la clase era una mujer de origen oriental, que según Valquiria tenía un humor de perros. En su imagen parecía no transcurrir los años, con un cuerpo delgado y rostro de porcelana. El pelo le caía recto hasta el hombro y sus ojos eran filosamente oscuros. A tan solo segundos de presentarse, la Profesora Xiong comenzó a hablar sin parar hasta que terminó la hora. Su silencio fue el anuncio de que debían correr hacia la siguiente clase, que era Semiología.

Se extrañaron cuando vieron el salón prácticamente vacío en comparación a los demás. Los alumnos eran contados y estaban desparramados en distintos puntos del aula. No hubo mucho problema para encontrar asiento. Se acercaba la hora y el salón se llenó apenas, y solo segundos despues ingresó una mujer grande y voluptuosa. En su cara se veían vestigios de su gran belleza en la juventud. Su pelo estaba recogido en un rodete blanco como la nieve, alrededor de un rostro rectangular de tez tostada y pecas, donde resaltaban sus brillantes ojos celestes agua. A Lena le fue fácil identificar que esa era la profesora Shantal Olivan. Al momento de hablar, se confirmo a sí misma que el mal carácter debería ser requerimiento indispensable para poder dar clases en la Academia. Aquella mujer era todo menos simpática y compresiva. Con razón no hay nadie; se dijo mirando el libro con distintos tipos de símbolos y leyendo sus significados.

En el instante en que quiso prestar atención en donde estaba, se vio en un salón con espejos y rodeada de estudiantes. A su lado estaba Theron con los brazos cruzados y el ceño fruncido, con una postura incomoda. Ella ladeó su cabeza, confundida.

— ¿Qué te pasa? Parece que hubieses comido algo que te hizo mal —le preguntó. Él la miró ofendido y suspiró.

— No me gusta bailar. Ósea, se que por ser de Brasil debería tener buen ritmo pero te aseguro que soy un desastre —explicó en voz baja a Lena. Sin haberse imaginado eso, ella se rió divertida y le palmeó la espalda.

— Conmigo como compañera de baile, siempre vas a ser un gran bailarín —le dijo festivamente.

Therón torció el gesto mientras veía entrar al salón a la profesora de baile. Se trataba de una mujer alta y con gran presencia. Llevaba puesto un vestido floreado y su pelo color miel estaba recogido en un rodete desordenado.

— Buen día, mis maravillosos alumnos —saludó a todos la profesora con sus brazos extendidos. Su piel era de un tono dorado que a Lena siempre le hubiese gustado tener. Todos respondieron a su saludo y la profesora sonrió aun más.

— Soy la profesora Laurent, pero pueden llamarme Mirella. Podemos dejarle el otro título a la amarga de mi hermana Brigitte —explicó con divertida dulzura, mirándolos a todos.

Recorrió la habitación hasta el equipo de música y apretó el botón de play. La música inundó el ambiente que parecía colmado del humor caído.

— A ver, mis queridos estudiantes. Acá están para aprender a bailar así que pueden dejar esa amargura por la vida seudo-emo que tienen para otro momento. El baile es alegría, elegancia y libertad —murmuraba moviéndose danzarinamente— Ahora, se ponen en pareja. Es la hora del show —exclamó.

Lena sonrió llena de aquel humor tan chispeante de la profesora, y se sintió como en casa. Miró a Theron, traviesamente, y le agarró la mano para arrastrarlo al centro, porque aunque él se reusara, ella aprendería a bailar más de lo que ya lo hacía.

~~~

Todo era tan gris, tan húmedo, tan Londres. Tras descender, el grupo de Austria se dirigió a la casa donde se hospedarían en el tiempo que llevarían allí. Era un edificio de dos pisos, de aspecto moderno cercano al centro de la ciudad. Era espacioso, y con las habitaciones suficientes para ellos y muchos más cazadores. Sin muchos rodeos, se acomodaron en las habitaciones vacías y decidieron distraerse a su modo hasta que fuera la hora determinada para la reunión.

— ¿Por qué no puedo estar en una habitación solo? Esta Eleonora, y saben que significa eso —murmuró, ofendido, Leonardo sentado en su cama. Frente a él estaba Newén que miró a Valquiria que acababa de entrar a la habitación.

— Significa que vas a estar mas solo de lo usual, comportándote como un pre púber y con armas a tu alcance, lo que te hace enormemente peligroso —indicó ella. El rostro de Leonardo se llenó de amargura y cruzó sus brazos como un nene.

— Odio cuando estas con ese humor post-sexo —susurró molestó y Valquiria sonrió divertida.

— Alguno de los dos debía tener suerte con los Arias Colette —dijo caminando hasta Newén y sentándose a su lado. Newén suspiro y movió su cabeza en negación.

— Por favor, recuerden la regla de no detalles —indicó. Valquiria y Leonardo se miraron antes de reírse.

— A veces pienso que Valquiria es mas masculina que tu —comentó Leonardo, recibiendo una patada en la rodilla por parte de ella— Perra —exclamó adolorido.

— Bastardo —se defendió ella. Newén levantó la mano en señal de paz y ambos se callaron.

Los ánimos cayeron precipitadamente. Newén observó a Valquiria analítico.

— ¿Has leído la carta? —le preguntó en voz baja. Valquiria no dijo nada, pero Leonardo los miró a ambos confundido.

— ¿Qué carta? ¿Hay carta? ¿De quién y por qué? —preguntó. Valquiria lo fulminó con la mirada y Newén resopló.

— ¿Es que a veces no puede callarte o simplemente hacer menos preguntas? —se quejó Newén. Leonardo hizo como que no lo escuchó y miró a Valquiria.

— ¿Acaso es sobre... —quiso preguntar pero ella lo interrumpió.

— No —dijo con firmeza pero algo en su mirada les daba duda— Si. Bueno, no lo sé —dijo tras dudarlo un par de veces.

No era normal en ella la duda e incertidumbre y eso, ya les decía más de lo que Valquiria admitiría. El silencio que les siguió fue solemne. Ninguno decía nada y se limitaban a observar sus manos. De repente, aquella paz se quebró.

— ¡Gusanos! Es hora de irnos —gritó Larson desde el pasillo, sin dejarles más remedio que levantarse e irse.

A diferencia del antiguo esplendor arquitectónico de la academia de Austria, la academia de Londres se veía como un colegio privado moderno y privilegiado para la vista de la sociedad humana. En realidad había más edificios, pero se encontraban dispersos hacia las afuera de la ciudad. El tráfico era una locura y la forma de manejo de Valquiria lo era aun más. Cuando se estacionó frente a la academia, Newén y Leonardo de sintieron aliviados.

— ¡Manejas como una descerebrada Von Engels! —gritó Larson por el comunicador que tenía el auto.

Newén y Leonardo asintieron pálidos, mientras que Valquiria sonrió, tomando aquello como un cumplido. Los tres se bajaron del auto rápidamente para encontrarse con el resto en la puerta del edificio. Eleonora miraba a Valquiria con una sonrisa burlona mientras que Norbert y Martiniano la observaban con aprobación. Por su parte, Naomi McAlister parecía ajena a todo aquello. Ella era una cazadora solitaria que prefería estar ajena a todo el drama pero que no renegaba de socializar con otros cazadores, como la mayoría de los que pertenecían a la dinastía Collins.

Como si se trataran de chicos de primaria, Larson los contó antes de abrir las puertas de la academia. Las decisiones marcan el camino; leyó Valquiria el lema mientras caminaba hacia el interior. El silencio era sutil. Solo se oían sus pisadas avanzando hacia la oficina de dirección. Se cruzaron a algún que otro cazador pero no se detuvieron en formalismo. La academia tenía un gran sentido vanguardista. Grandes ventanales, patios construidos con diseños futuristas. Subieron el ascensor y solo se detuvieron frente a la oficina. Alrededor de ellos, todos trabajaban, o al menos eso le hacía creer. Algún que otro los miraba de reojo, analizándolos y juzgándolos.

Más alejada del grupo, Valquiria observó la placa de dirección y sintió un escalofrío. Se sintió débil y supo que no había salida. Intentaba no demostrar como en su interior se estaba quebrando aquel poder que tenia de que todo le fuese indiferente. Tanto tiempo. Tanto tiempo había logrado zafarse de los obstáculos, que ahora ya era tarde. Leonardo y Newén se giraron a observarla en el preciso instante en que la puerta se abrió. Y ella quedó con sus ojos abiertos como platos ante la imagen de aquel hombre entrado en años. Años habían pasado desde la ultima vez que lo había visto. Toda una vida y ahora así como así, lo tenia en frente.

— ¡Moviendo! —exigió Larson adelantándose.

Saludó al director de la academia y se adentro. Todos lo siguieron, incluso Valquiria. Sus piernas se sentían débiles pero se esforzaba por ser fuerte. Se ubicó detrás de sus amigos, que eran más altos y así pasar desapercibida, y en el interior, se posicionó en el lugar más alejado y oculto. Leonardo y Newén se miraron con duda pero no dijeron nada. Se ubicaron cerca de ella, y procuraron hacerla sentir mejor.

— Espero que hayan tenido un buen viaje —dijo aquel hombre.

Era alto, robusto, con gran presencia en ese lugar. Su rostro era rectangular, con arrugas que demostraban sus años, brillantes ojos castaños y cabello claro. Él acomodó su traje antes de sentarse tras su escritorio. Invitó al resto a sentarse pero solo Larson aceptó.

— Así es —asintió.

— Bueno, supongo que saben ya toda la situación. Su grupo trabajara con mi grupo que está conformado por otras seis personas. Lo que harán será lo usual: rastrillar la zona, evaluar los daños, tomar medidas de precaución y luego accionar —explicó con su acento ingles.

Valquiria lo observaba tajantemente y aunque deseaba prestar atención a lo que decía, no dejaba de oir voces y ver imágenes del pasado. La amargura la corroía como el veneno y su mirada se volvió cemento duro sobre aquel hombre. Inesperadamente, se escuchó el sonido de la puerta e ingresó un chico de estatura media alta.

—Buen día —saludó a todos.

Él vestía demasiado común para ser un cazador. Tenía un rostro y cuerpo privilegiado, unos sagaces ojos color celestes verdosos, cejas pobladas y labios gruesos. Miró a todos con desdén y detuvo su mirada en Valquiria. Ambos se miraron fijamente con magnitud. El rostro de él estaba en blanco y lentamente se formaba una pequeña sonrisa inquieta, mientras que ella, solo se sentía incomoda y con ganas de correr. Si querer demostrarlo, irguió su espalda y lo miró con indiferencia, pero le costaba ante aquellos ojos. Nadie se daba cuenta de aquel intercambio, con excepción de Leonardo y Newén que posaron protectoramente junto a ella.

— Quisiera presentarles a mi hijo Hamish, él será uno de los cazadores que trabajara con ustedes —indicó Víctor, el director de la academia.

Valquiria lo miró boquiabierta al mismo tiempo que el chico sonreía con mayor emoción. Santa mierda; pensó queriendo que la tragara un agujero en la tierra.

— Padre —lo llamó el chico sin sacar sus ojos de ella. El director se detuvo y lo miró curioso. Sus ojos siguieron la línea de visión y terminaron en ella.

Valquiria pudo ver el momento exacto en que algo se rompió en el interior de aquel hombre. Ira, dolor, culpa, remordimiento y amargura, pasaron por la mirada y expresión de él. Ella siguió viéndose inexpresiva ante el cambio de estado de él, y pese a que le resultaba satisfactorio aún deseaba escapar. Demasiado tarde, ahora se fuerte; se dijo. El director intentó recomponerse pero la palidez aún persistía.

— A lo que iba, los demás cazadores están en la sala de conferencias. Será mejor que se reúnan con ellos para ultimar detalles —dijo tras aclararse la garganta.

Sus ojos iban desde Larson a Valquiria, como una poderosa fuerza magnética. Larson comenzó a hablar cosas que a nadie le interesaban hasta que les ordenó moverse. Y aunque quería irse entre las primeras, Valquiria sintió una presión en su brazo que le impidió moverse. Leo y Newén se detuvieron ante la imagen de Hamish sosteniendo su brazo. Ella lo miró venenosamente pero no dijo nada. Más atrás estaba su padre que no dejaba de observarla. Con una rápida mirada, ella le indicó a sus amigos que siguieron. Inseguros, le hicieron caso.

— ¿Puedes soltarme? —preguntó malhumorada sacando el brazo. Hamish asintió con solemnidad y se alejó.

— ¿Valquiria? —preguntó Victor. Ella lo miró y puso los ojos en blanco.

— ¿Si no lo fuese me dejarían seguir con la misión en paz? —preguntó.

— Ey, nadie te ha dicho que te vaya a hacer algo. No seas susceptible, prima —exclamó Hamish. El rostro de ella se oscureció y deseó golpearlo.

— No me llames así, tu y yo no somos nada —siseó. El director de la academia, Víctor, la observó analítico.

— Lo lamento —susurró. Ella lo miró inaudita y rió con amargura.

— ¿Lo lamento? ¿Es todo lo que puedes decir tras 14 años de olvido y desprecio? —exclamó. La culpa se veía en él como un manto de oscuridad y ella lo estaba disfrutando. Pero a su lado, Hamish solo parecía divertido— No intenten que los trate como si los conociera o viceversa, porque no es así. Acá, solo soy un número más. Una Von Engels —dijo— Porque ustedes los Law, para mí, no existen —agregó dándose la vuelta y yéndose.

Siempre había corrido lejos pero parecía que de tanto correr terminó tropezando con ellos. Lo que menos quería en la vida era tener que trabajar con su otra línea de sangre, los Law, pero parecía que ya no había opción.

~~~

Sentía nervios ante la perspectiva de tener clases con el hermano de Leonardo, y según había oído, él era uno de los mejores profesores. Tras el almuerzo, fue hacia el vestidor y se cambio rápidamente. Otra vez tuvo aquel cosquilleo inquieto al verse con el equipo. Aún no lograba acostumbrarse a él, y mucho menos, verse como una cazadora. Mirando el reloj en el vestuario, se fue hacia el pasillo donde la esperaba Therón. Él estaba apoyado sobre la pared con los brazos cruzados y la mirada en el suelo, pero en el momento en que la escuchó acercarse, se le dibujo una sonrisa.

— ¿Cómo siguen tus pies? —le preguntó Lena divertida, tras recordar los tropezones en la clase de baile. Él movió su cabeza y oculto su sonrisa tras su mano.

— Creo que sufrí mas en esa clase que ayer con el profesor Martin —murmuró avanzando hacia el campo.

En el exterior, el cielo estaba despejado y el calor se hacía notar. Ambos caminaron entre los estudiantes corriendo y peleando con ánimos renovados. El ambiente le resultaba a Lena embriagador. Le encantaba estar entre el verde del bosque y rodeada de personas, aunque en su mayoría fuesen malhumorados. Cerca de una de las canchas, Lena vio a un grupo de estudiantes relajados conversando y al ver en medio una bandera azul marino supo que ese era su grupo. Miró a los demás grupos con otros colores de bandera y se sintió curiosa al respecto.

— A los cazadores nos gusta la competencia, así que vamos a tener que respetar esa bandera y protegerla cuando sea necesario —explicó Therón con conocimiento— En una de mis competencias en Rio, tuve que tomarme la mayor cantidad de chupitos de tequila sin vomitar" se rió ante el recuerdo y Lena sonrió.

— Así que, prácticamente, ¿competimos por cualquier cosa? —preguntó y Therón asintió.

El grupo de estudiantes no era tan numeroso como el del día anterior. Quizás serian veinte en total. A unos pasos de ella, había un chico entrado en la adolescencia de cabellos rubio y rizado, conversando con otro más bajo, de piel morena y grandes ojos negros. A unos metros, una chica de pelo rojizo se reía con un chico con el mismo color de pelo y los mismos ojos celestes. Lena observaba a todos los estudiantes con análisis pero fue interrumpida por la llegada del profesor. No fue difícil distinguirlo de cualquier otro profesor, ya que era una imagen exacta y con mas años de Leonardo. Se veía más alto y con más físico, pero tenia el mismo pelo rebelde oscuro, el rostro con rasgos llamativos y aquellos ojos sombrios pero de un color castaño verdoso.

— Buon pomeriggio —saludó a todo con una sonrisa traviesa. Vestía unos pantalones militares claros y una remera sin mangas azul y blanca— Soy Neilan Gonzaga, y seré su profesor de ahora en mas. Así que pidan a Dios que me apiade de sus almas —canturreó observando la lista en su manos. La sonrisa de Lena y el buen humor se esfumaron ante aquellas palabras pero solo quería que él fuese tan bromista como su hermano y aquello no fuese verdad.

Todos se acercaron para que Neilan comenzara a tomar asistencia, e intentara recordar algún que otro rostro. Lena no dejaba de mirarlo, buscando las diferencias y similitudes con su hermana. ¿La gente hará lo mismo con Valquiria y conmigo? Se preguntó dándose cuenta que había una figura más detrás del profesor. Ella miró con interés y se dio cuenta que se trataba del mismo que en la mañana le había dicho en que comisión estaba, y con frente a quien había actuado como tonta. Él la miró y sonrió divertido, haciéndola sentir avergonzada nuevamente. Pero pese a eso, no podia sacar sus ojos de él. Se veía demasiado bien con el equipo de cazador con esa imagen de ángel vengador.

— Law —llamó el profesor, y a Lena le costó reconocer que se refería a ella.

Con torpeza levantó la mano y sintió la mirada penetrante de Neilan sobre ella. Su análisis visual duró apenas unos segundos, pero le bastó para saber de quién se trataba, o eso supuso ella ante la sonrisa simpática.

—Bueno, mi asistente Dominic les dirá los grupos en que se dividirán. Quiero suponer que les gusta los juegos con obstáculos —los miró a todos desafiantes, y se encontró con la aprobación de la mayoría. Pero Lena solo miraba a aquel chico que ya tenía nombre— Pero antes —canturreó moviendo el dedo— Quien llega ultimo a aquella posta, será quien tenga que ordenar todo el desastre que haremos —gritó dando un silbatazo. Todos empezaron a correr y Lena se vio perdida, mirándolos alejarse. ¡Mierda! Exclamó comenzando con la carrera.

~~~

— ¿Puedes explicar que mierda te sucede? —preguntó, impaciente, Leonardo.

Iban en el auto, un Jaguar XF color rojo, de vuelta a la casa. Habían pasado alrededor de dos horas escuchando las directrices de Víctor junto con los cazadores de allí. Valquiria los había observaba con aburrimiento; no eran más que un par de cazadores malcriados y vanidosos, mientras intentaba no encontrarse con la mirada presuntuosa de Hamish. Le costaba lidiar con un primo y una línea familiar que la había abandonado, ahora sumaba otra a la cual detestaba aun más. Y se paso todo el tiempo cruzadas de brazos y en silencio. Dando un volantazo brusco, Valquiria bufó por lo bajo.

— Victor Law es el hermano de mi madre, ósea mi tío. Y el bastardo ególatra es mi primo —explicó breve y concisa.

Leonardo y Newén se vieron estupefactos ante la noticia. Ellos conocían un poco sobre la estirpe de los Law pero nunca creyeron conocerlos en tales circunstancias.

— ¿Pero cómo? Creí que... —Newén no terminó con la frase pero Valquiria lo miró, a través del espejo retrovisor, con entendimiento.

— Víctor era el hermano mayor. Una vez se graduó de la academia de Austria se volvió a Londres y conoció a su esposa, con la que tuvo varios hijos, entre ellos Hamish —explicó malhumoradamente.

— ¿Y los demás? —preguntó dubitativo Newén. Valquiria golpeteaba el volante con nerviosismo.

— No tengo idea. Deben estar desparramados por Inglaterra y el mundo, creyéndose los mejores y abandonando a mas familiares —dijo con amargura. Newén y Leonardo se miraron, encogiéndose de hombros.

— Siempre creí que mi familia era un loquero, pero la tuya me gana —susurró Leonardo buscando algo de música en la radio. Valquiria entrecerró sus ojos sobre él pero decidió no responder— ¡Larson! ¿Cuándo comenzamos con el rastrillaje? —preguntó Leonardo al intercomunicador, aburrido de buscar música.

— En dos horas, cuervo. Saben lo que eso significa —exclamó, refiriéndose a Leonardo por el animal de su familia, y un sonido extraño les indicó que la comunicación con el auto donde iba Larson se cortó. Valquiria, Leonardo y Newén se miraron. Tenían dos horas para hacer lo que quisieran, sin ser molestados.

— ¡Al Royal Tower! —gritaron al unísono, mientras Valquiria giraba en U para ir hacia allá.

~~~

El cansancio que sentía no se comparaba en absoluto con el del día anterior. Las prácticas habían terminado, pero aún no podía irse porque había sido lo suficientemente lenta como para llegar entre los primeras. Se dijo una y otra vez que no se distraería con nada, y mucho menos con un chico por muy lindo que fuese. Se repetía eso mientras juntaba los conos justo en el preciso momento en que Dominic se acercó a ella.

— ¿Necesitas ayuda? —le preguntó él con agrado.

Ella lo miró con los ojos entrecerrados, intentando verse desafiante pero solo era una mala actuación. Él le sonrió divertido y ella suspiró resignada. Tenía solo unos minutos para llegar a tiempo a su reunión con su futuro tutor y ni siquiera lograría salir del vestidor como una persona normal.

— Por favor —rogó ella penosamente. Dominic asintió y comenzó a ayudarla.

— Así que estas entre los de primer año —murmuró él, con ganas de iniciar conversación.

Lena puso los ojos en blanco, todo el tiempo que llevaba allí le había servido para saber que a nadie le agradaba los de primer año.

— Eh... si —dijo despacio, esperando encontrarse con una mirada reprobatoria o algún gesto condescendiente. Pero, para su sorpresa, él solo asintió con simpatía y curiosidad— ¿En qué nivel te encuentras? —le preguntó ella. Dominic miró el cielo rojizo antes de responder.

— Nivel medio, no puedo avanzar hasta tener ciertas materias que todo el mundo odia —torció sus labios en un gesto de desagrado.

Ella entendía a que se refería con solo pensar en Leyes Celestiales y en Introducción a la Historia. Recogieron las ultimas cosas y las llevaron al gimnasio. Lena miraba en cada instante el horario, con miedo.

— ¿Tienes algo que hacer? —le preguntó Dominic con curiosidad. Ella lo miró desentendida hasta que él le señaló su reloj.

— Tengo que reunirme con mi tutor —explicó— No puedo dejar de pensar qué condiciones pondrá para aceptarme —murmuró tirando las cosas en uno de los cuartos donde se guardaban todas las cosas.

Dominic sonrió suavemente, mirando el suelo.

— No creo que sea tan complicado. Mi tutor solo me exigió matar un licántropo sin usar armas —murmuró descuidadamente. Los ojos se Lena se abrieron y su mandíbula cayó. Por dios, este lugar es el infierno; pensó horrorizada pero vio la risa de Dominic y se sintió burlada.

— Es solo una broma —rió divertido yendo hacia la puerta y permitiéndole el paso. Ofendida, Lena le golpeó el brazo con suavidad, caminando junto a él.

— En este lugar todos tienden a hacer bromas pesadas y a estar de mal humor, no se cuando voy a llegar a acostumbrarme —dijo para si misma avanzando hacia el vestuario. Él la alcanzó rápidamente y ladeó su cabeza, pensativo.

— No creo que lo hagas —se encogió de hombros, y Lena lo miró con enojo— A lo que me refiero es que no es algo fácil acostumbrarse, incluso para quienes han estado toda su vida acá —se explicó.

Lena se sintió frustrada. ¿Y si nunca podía llegar a avanzar? ¿Y si quedaba sola? Lena, estas pensando en negativo; se retó mentalmente.

— ¿Siempre estuviste acá, como los demás? —le preguntó una vez salió del vestuario con su mochila y su uniforme dentro.

Dio un rápido vistazo de cómo se veía, y pedía al cielo que el tutor no le molestara que se presentara con el equipo de entrenamiento. Dominic asintió.

— Prácticamente nací y me crié acá, poco conozco del mundo de los humanos —respondió con solemnidad.

Ella lo vio con pena; había tantas cosas que no había conocido que se sintió afortunada pese a todo. En una brecha de silencio, ambos suspiraron. Solo se oían sus pasos contra el pasto una vez salieron de allí, y dirigiéndose hacia el edificio académico.

Ella no dejaba de imaginarse distintos tipos de escenarios para cuando llegara a su reunión con el tutor. Y ya se había hecho la imagen de un hombre grande y robusto con un mal genio. Miedo. Desde que estaba ahí no dejaba de sentir miedo por todo, y temía enloquecer.

— Así que eres una Law —susurró Dominic rompiendo con el silencio. Lena volteó hacia él, para verlo con los ojos en el cielo color sangre.

— Así es —asintió ella respirando aquel aroma veraniego que había en el aire.

— ¿Perteneces a los Law de Inglaterra? —preguntó con curiosidad.

Lena dudó. Ella no sabía mucho acerca de la familia de su madre pero sí tenía la seguridad de que ella era inglesa. Asintió sin palabras, y preguntándose si quizás habría algún familiar suyo que no conociera en ese lugar.

— ¿Y tu? —preguntó. Dominic estiró su cuerpo, y su expresión se volvió arrogante.

— Soy un Larson de Dinamarca, los únicos en esta academia —exclamó. Lena se rió ante aquella actitud que le recordaba a Leonardo. Dio un último vistazo a su reloj y se dio cuenta que lo mejor era correr.

— Disculpa, pero debo irme. Ha sido un placer y muchas gracias —sonrió con aquella frescura que la caracterizaba.

Movió su mano como despedida y salió corriendo. Dominic se quedó se pie observándola, con la mirada oscurecida. Su pelo se veía rojizo ante aquella luz, y su expresión era de sumo análisis. Siempre había sido bueno para evaluar a las personas en solo segundos, pero parecía que con otros requería más tiempo.

El edificio estaba vacío, y solo se oían sus pisadas mientras corría hacia el aula. Llegó al piso superior y frenó torpemente frente al aula. Respiró hondo y esperó unos segundos a que su respiración se tranquilizara para luego golpear la puerta.

— Adelante —escuchó una voz profunda y sombría que le produjo escalofríos.

Con los nervios a flor de piel abrió la puerta lentamente. Sus grandes ojos grises recorrieron el aula, igual a las demás, y se encontró tras el escritorio con un par de ojos azul zafiro que la observaban con reprobación. Tragó saliva para bajar el nudo en su garganta y entró al salón dubitativamente. Para su sorpresa, el profesor Kenway era joven, quizás de la misma edad que su hermana y poseía una belleza clásica y masculina. Su pelo negro azabache estaba peinado hacia un lado, resaltando las líneas de sus pómulos y mandíbula. Su nariz era recta y sus labios finos. La expresión que tenía era la viva imagen del juicio, e hizo sentir a Lena en problemas.

— Buenas tardes, profesor Kenway —lo saludó Lena en un tono quedado, queriendo que su voz no sonara quebrada.

Él no respondió de inmediato. Cerró el libro entre sus manos con lenta amenaza y mantuvo la fría mirada sobre ella.

— Supongo que eres Lena Law —murmuró. Ella asintió y quedó de pie frente al escritorio sin saber que hacer o decir— Te esperaba hace cinco minutos —inquirió. Una ráfaga de calor le subió por la espalda a Lena, y se vio mortificada.

— Lo siento, es que... —intentó explicarse pero el profesor levantó su mano para callarla.

— No quiero explicaciones si no las pido —expresó. Lena asintió con su cabeza de acuerdo, muriéndose por dentro pero intentando verse fuerte.

Lena quedó en silencio con sus ojos en los papeles sobre el escritorio para no sentirse inhibida con aquella mirada, sin saber que decir. El profesor no dijo palabra alguna mientras se alejaba levemente del escritorio y apoyaba su pierna derecha sobre la otra.

— Valquiria Von Engels me pidió que fuese tu tutor —susurró pensativo, y Lena no pudo evitar notar que la nombraba por su nombre— Estuve todo el día pensando cual podía ser la razón de aquello —agregó mirándola aun más profundo. El azul de sus ojos era como un océano donde Lena se sentía cada vez mas ahogada, pero no precisamente en una buena forma.

— Ella solo intenta ayudarme —dijo Lena descuidadamente.

Tarde se dio cuenta que él no querría sus explicaciones pero el profesor solo frunció aun más el ceño con una media sonrisa irónica. Lena se movió inquieta y puso los ojos en blanco.

— Está bien, ella nunca intenta ayudar a nadie, pero está haciendo el intento, ¿no? —preguntó.

El profesor Kenway asintió volviendo a su inexpresividad, bajó su pierna para volver a acomodarse más cerca del escritorio. Miró entre el caos de hojas que llevaba y sacó una carpeta. Él la extendió hacia ella, que la tomó con precaución, mirando curiosamente los anillos en su mano: uno era una alianza y el otro un anillo de sello como el de su hermana.

— ¿Y esto es? —preguntó abriendo la carpeta y ojeando el contenido. Él sonrió para sí mismo por unos segundos.

— Son tus horarios para las reuniones, el material que te conviene leer y otras recomendaciones mas. Debajo, están los horarios y lugares en los que me puedes encontrar ante algún problema pero no te abuses. Y por favor, llega a horario —explicó. Lena no pudo evitar sonreir de alegría cerrando la carpeta y abrazándola.

— Gracias. Mi herm.. mi amiga siempre me dice lo del horario —comentó casi hablando por demas. El profesor Kenway levantó una ceja con escepticismo y cierta diversión ante su comportamiento, pero de repente la expresión de Lena se volvió en blanco— Espera. ¿Tengo que hacer alguna clase de prueba para que me aceptes? ¿Matar a algo, dejar de comer o practicar algun rito raro? —preguntó temerosa. La seriedad del profesor se quebró, y su risa retumbó por el aula.

— No, ¿quién te ha dicho eso? —preguntó ocultando su sonrisa tras su mano. Ella no supo que decir, sintiéndose tonta, y se encogió de hombros— Voy a ser tu tutor sin pruebas. Simplemente es un favor que se está devolviendo —expresó con solemnidad dándole tranquilidad a Lena.

— Mucho mejor entonces —sonrió de nuevo. Sus ojos brillaban con expectación y ya quería ir a su habitación a ver con más atención que era lo que debía hacer. Él pestañeó, sumergido en un manto de pensamiento, y asintió.

— Ahora puedes irte, creo que por hoy hemos terminado —dijo señalando la puerta. Más optimista que antes, Lena movió su cabeza en señal de saludo sin poder borrar la mueca sonriente.

— Hasta la próxima profesor, y muchas gracias —exclamó antes de desaparecer tras la puerta. Kenway se tardó un buen tiempo y poder sacar sus ojos de aquel espacio donde ella acababa de desaparecer. Finalmente, sacudió su cabeza para deshacerse de aquel extraño deja-vu que estaba experimentando.

~~~

Parpadeó al ver en donde estaba. Era una habitación con diseño antiguo, como la de la logia. Giró sobre si misma para asegurarse si estaba en lo correcto, pero, ¿Cómo podía ser eso posible?. De repente, sintió una opresión en su pecho y vio la sangre caer así como si nada. Con desesperación, poso sus manos en su pecho haciendo presión. Era extraño pero tenía miedo, si seguía desangrándose moriría en segundos. Sintió su cuerpo débil y cayó de rodillas.

— Oh, pobrecita —canturreó una voz melódica, llena de amargura y diversión.

Miraba a su lado pero solo veía una sombra negra escabullirse de su foco de atención. Aquella voz y aquella sombra. Sabía quién era pero por alguna razón le costaba reconocerlo.

— Este es tu destino, y así el cielo y el infierno quedaran en paz como hasta ahora —escuchó la voz más cerca aún, como un molesto susurro en su oído que era imposible alejar. Intentó moverse pero el cuerpo no le daba para más— Tu vida no vale nada bastarda —canturreó con victoria antes de que una luz cegadora la obligara a cerrar los ojos.

Sin fuerza, se acurrucó sobre su propio cuerpo hasta que sintió calor en su mejilla donde una mano la tocó.

— Sh... no pasa nada —escuchó otra voz que le hablaba con ternura. Conocía aquella otra voz y quería abrir los ojos pero no podía— Mientras te cuide, ni ella ni nadie podrá tocarte —le dijo en un susurró que la tranquilizó, sintiendo el roce de la mano en su pelo, y la sumergió en un profundo sueño.

Con una sensación de inesperado alivio y descanso, Valquiria abrió los ojos y se vio dentro del auto donde estaba haciendo guardia junto a Newén mientras Leonardo daba vueltas en la zona. Intentó no mostrarse inquieta, pero no podía evitar aquel presentimiento que todo aquello que había ocurrido en Noruega era solo el comienzo. Sintió el inesperado temor de que Lena estuviese en peligro, y ella tan lejos como para poder ayudarla.

Respiraba agitadamente, y reacción sobre saltadamente cuando Newén posó su mano sobre su brazo.

— ¿Está todo bien? —le preguntó preocupado. Valquiria desvió la mirada de él hacia la oscuridad que la rodeaba, ya no recordaba bien en qué zona de Londres estaban pero tenía la seguridad de estar lejos del epicentro de la ciudad.

— Si, todo está bien —dijo sonando lo más segura posible.

Newén asintió y volvió a su libro, mientras ella no dejaba de imaginarse a su hermana en los peores escenarios. No, ella está en la academia y tiene a Caleb; intentó ser optimista pero bien sabía que ella era todo menos eso.

— Chicos, creo que andaría necesitando ayuda —se escuchó la voz de Leonardo a través del intercomunicador.

Newén y Valquiria cruzaron miradas antes de salir corriendo hacia el interior del bosque. Ella se detuvo un instante a mirar el cielo oscuro y tormentoso, era cuestión de segundos para que una gran tormenta comenzara y esperaba que eso no fuese lo que sucediera con su vida.

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