Capitulo 4. Fortaleza
Miraba el reflejo pero le costaba reconocer la imagen. Su estomago rugió pero no de hambre, acababa de volver del comedor y había intentado comer lo más sano posible en proporciones que Therón llamaba adecuadas para luego tener que entrenar. Y ahora, allí estaba vestida con el equipo de entrenamiento sin poder reconocerse. Remera azul marino, pantalones negros y borceguíes. Era tan extraño ver esa indumentaria en ella. En Valquiria, Newén y Leonardo, los hacía ver fuertes, decididos y llenos de fiereza. En cambio ella, se veía como esos nenes que se ponen la ropa de sus padres para hacer de ellos. Solo que ella, nunca pudo hacer eso. Llevaba el pelo recogido en una trenza hacia atrás, y sus ojos se veían más grandes y grises. Me parezco a ella; pensó maravillada con la imagen de su hermana en su mente. Esa era una de las pocas veces que veía el parecido. La primera vez que la había visto se había quedado muda observándola, y no había necesitado palabras para saber de quién se trataba.
Sacudió su cabeza, volviendo al presente y respiró hondo. Era hora de empezar con el entrenamiento. Miró a su alrededor, donde vas estudiantes mujeres se cambiaban y ordenaban sus cosas en sus casilleros. Ella no tenía idea sobre a donde tenía que ir, pero sabía que Therón la esperaba afuera del vestuario. Dio un repaso a toda su indumentaria y se observó por última vez para luego irse.
— Whoa... verdaderamente te sienta bien el look voy a patear cuanto trasero pueda —exclamó Therón al verla salir de allí. Lena sonrió vergonzosa, tiñéndose de rojo toda su cara.
— Tampoco te ves tan mal —indicó ella deseando dejar de ser el centro de atención.
Él sonrió y su mirada se volvió más brillante. Vestía el mismo tipo de uniforme, dándole una apariencia de mayor seriedad y madurez. Con su mano, peinó su pelo hacia atrás y movió su cabeza hacia un lado.
— Vamos, la clase está a punto de empezar —dijo empezando a caminar.
Atravesaron el pasillo que desembocaba en un gigantesco gimnasio. Allí había maquinaria para distintos tipo de entrenamientos. Los cazadores y estudiantes se mezclaban, conversando, dando órdenes y practicando. Rápidamente, buscó entre todas las caras pero ninguna le era familiar. Se sintió decepcionada de no ver ese día a Valquiria.
—El primer día de clases en la academia tienes un entrenamiento que sirve para saber en que situación estas, a partir de allí, te asignan a tu grupo de entrenamiento y a un profesor —la voz de Therón la sacó de su búsqueda.
Ella asintió mientras salían al exterior. El aire caluroso le golpeó el rostro trayendo consigo el olor al verano. Arriba, el cielo se estaba nublando, amenazando con querer llover. A través de uno de los caminos empedrados que cruzaban, siguieron caminando hasta adentrarse mas en los campos de entrenamiento. Se veían claramente los diferentes grupos de varias estudiantes, pero mas allá de todos ellos, se encontraban un gran grupo de personas de diferentes edades.
—La mayoría de quienes están en los primeros años son muy jóvenes. Ellos no hacen tanto entrenamiento, y su cronograma es diferente. Así que vas a tenés que esforzarte si no quieres volver al jardín de infantes —sonrió Therón maliciosamente, con la mirada en el mismo lugar que ella.
Lena asintió, sintiendo todo el peso de tener que cumplir con las expectativas de su hermana y su abuela, y sobre todo, las suyas propias.
—¿Qué hay ti? —preguntó ella con curiosidad. Therón la miró de reojo y señalo al mismo grupo.
—Dado que abandone mis estudios en Brasil, puede que este adelantado en las materias de estudio, pero igual tengo que hacer mi prueba de aptitud física como tu —respondió ladeando su cabeza para que ella lo escuchara mejor.
Los dos quedaron en silencio, mirando el grupo a medida se acercaban. Todos hablaban distendidos, viéndose iguales con el uniforme.
—Después de Norbert y tu hermana, creo que ese no me asusta tanto —murmuró Therón mirando a un hombre alto y forzudo acercarse al grupo.
Lena quedó pálida al verlo y ni siquiera la sonrisa de Therón al alejarse la hizo tranquilizar. De complexión física grande y pelo rubio oscuro, algo le recordó a Norbert, y temió que tuviera el mismo comportamiento. Hombres y mujeres se separaron para ponerse en fila. Lena se paró erguida y tensa, mientras la mirada verdosa de aquel hombre los penetraba. Su rostro era una máscara inexpresiva.
—Buenas tardes estudiantes —dijo con una voz gruesa que hizo temblar la tierra— Mi nombre es Laurencio Martin, y vamos a ver qué tipo de condición tienen —agregó, finalizando con una sonrisa satírica que estremeció a Lena.
~~~
El sonido del violín resonaba en la habitación, dando serenidad a un día lleno de entrenamiento. Para Valquiria, su melodía era más efectiva que cualquier tipo de terapia. Junto a la ventana, ella practicaba su instrumento predilecto mientras Leonardo reposaba en un sillón, con las piernas estiradas y sus manos cruzadas tras su cabeza. Tenía los ojos cerrados y escuchaba música por medio de sus auriculares. Mas allá de ellos, Newén, estaba sentado en otro pequeño sillón donde leía una de sus novelas preferidas de la literatura rusa; siempre disfrutaba de los conciertos privados de Valquiria, aunque prefería el piano.
Los tres disfrutaban a su modo el tiempo que tenían sin hacer nada. Solos y en silencio en su lugar en la academia. Habían quedado atrás los tiempos en que se separaban a los hombres y mujeres con total rigurosidad. Mientras que los estudiantes tenían una separación más clara, los cazadores experimentados y los profesores tenían más libertades. Todos ellos vivían, usualmente, en el sector superior del edificio residencial; los profesores en el ala este mientras que los cazadores en el ala oeste, separados por un salón donde desayunaban, almorzaban y cenaban. Su casa en la academia, constaba de un pequeño salón con dos habitaciones y un cuarto de baño. La decoración era igual al resto del emplazamiento, altas paredes macizas, suelo de madera, con ventanales amplios y lámparas de épocas antañas que se mezclaban con novedosos muebles.
De repente, aquella armonía se quebró con un estridente ruido. Los tres se miraron, dejando de lado todo lo que venían haciendo e inspeccionaron su buscapersonas. Valquiria con expresión aburrida guardó el violín en su estuche, teniendo sumo cuidado, como si se tratase de una joya. Leonardo y Newén se pusieron de pie, mirando a través de la ventana a un cielo nocturno lluvioso, y tras el asentimiento de ella, los tres se decidieron a dejar su lugar.
— Más vale que sea algo bueno —murmuró Leonardo cerrando la puerta tras él.
Los tres recorrieron los laberinticos pasillos. Pasaron varios cuartos, esculturas y cuadros hasta que divisaron la imagen de uno de los héroes kamikazes más reconocidos. Ansel Gisleno Laurent, una cazador que asistió a esa academia y pertenecía a la dinastía Geert. Ellos se detuvieron frente a su figura altiva, arriba de un caballo con una ballesta entre sus manos. Valquiria miró alrededor, mientras Newén se acercaba y movía el marco. Un sonido, similar a un clic, resonó apenas y los tres sonrieron apartándose del lugar donde se abría un pasadizo bajo sus pies. Sin perder tiempo, bajaron por la escalera, cerrando la puerta del pasadizo con una palanca en el interior. Allí dentro, la luz era tenue, perteneciente a antorchas desplegadas en las paredes de roca húmeda. Sus pasos resonaban, y se mantuvieron en silencio descendiendo lo que parecía ser una escalera infinitiva, pero que permitía salir en menor tiempo que si hubiesen tomado la ruta que era debida.
Al final de la escalera había una puerta de hierro, que tras un poco de fuerza abrieron y traspasaron. Allí había un largo pasaje, tan desolado, frio y tenebroso como el que acababan de atravesar. Lo recorrieron a paso firme y rápido, sin siquiera mirar hacia los otros pasajes que se abrían en ese mismo lugar. Otra puerta de hierro protegía el otro extremo, y cuando cruzaron el umbral, se vieron encerrados en una habitación pequeña, con luces difusas y donde había todo tipo de material de limpieza.
Newén movió la puerta hasta cerrarla. Toda la pared era de madera, incluso aquel pedazo de pared que formaba la puerta. Por lo que era un buen modo de que ese pasadizo pasase inadvertido para quienes no lo conocian. Valquiria abrió la siguiente puerta, ya deseosa de llegar de una vez por todas. Tras ella, Leonardo y Newén le dieron un vistazo al pasillo en el que estaban. Las paredes eran de marmol, con cuadros, esculturas, candelabros, y todo tipo de adornos que le agregaban aún mas ostentosidad. Con un suspiro resignados y abarajando varias posibles causas, los tres se encaminaron a través del edificio central hasta llegar a la oficina del director, Byron Warden.
A esa hora de la noche, ya no quedaba nadie en las oficinas, pero persistía la luz en el despacho de Byron. Le dieron un suave golpeteo a la puerta para dar aviso de su llegada y entraron. Lo encontraron recostado cómodamente en su silla, con las piernas cruzadas sobre el escritorio. Una de sus manos descansaba bajo su cabeza mientras que la otra se movía danzarinamente con un habano encendido.
— Si son mis muchachos preferidos —comentó bajando sus pies e invitándolos a sentarse. Valquiria se sentó en una de las sillas, mientras Newén tomó la otra y Leonardo decidió acomodarse en uno de los sillones reclinables— ¿Cómo los trata la vida? —preguntó.
— Como la mierda, pero que se le va a hacer, ya le tome cariño —comentó Leonardo. Byron sonrió divertido y los miró analíticamente.
— Chicos, los llame para comentarles sobre su próxima misión —dijo apoyándose contra el respaldar.
Sus ojos verdes flameaban con sagacidad. Su pelo con canas brillaba, al igual que su barba de pocos días. Valquiria lo miró, elevando una ceja de manera escéptica. Él siempre parecía entusiasmado por darle misiones que creía que les iba a interesar.
— Hubo una serie de desapariciones y ataques en varios puntos del mundo, pero particularmente un grupo de ellas tienen características similares que no condicen con las restantes. Las desapariciones van en aumento al mismo tiempo que los ataques y las muertes aparentemente son azarosas —explicó.
— ¿Vampiros? —preguntó Newén. Valquiria se acomodó en la silla, cruzando sus piernas y analizando la situación.
— Es lo más probable —dijo Byron.
— ¿Y qué pasa con los cazadores locales? —preguntó Valquiria. Un extraño brillo paso a través de los ojos de Byron, vacilación.
— La mayoría están asignados a misiones. Los que quedaban trabajaran con ustedes si es posible —explicó. Un ligero silencio se expandió, y Valquiria ladeó la cabeza, agudizando su mirada sobre él. Había algo que él no decía, lo intuía.
— ¿Vas a esperar a que digamos que sí para decirnos absolutamente todo de la misión? —le preguntó con una tranquilidad amenazadora. Byron rió a carcajadas, dándole una bocanada a su habano y volviendo a reír.
— Von Engels tiene que ser —murmuró deteniendo su risa y centrándose en ella— La misión es en Londres, y quienes están aquí de la Liga Oscura —respondió. Leonardo rió desde su posición, pero rápidamente oculto su sonrisa ante la mirada iracunda de Valquiria. A ella no le gustaba trabajar con más cazadores que no fuesen ellos dos.
— ¿A quiénes? —Newén preguntó con curiosidad.
— Arias Colette, Einarsen, Larson y McAlister. Pero no van a ser muchos, y van a tener sus libertades —dijo. Newén asintió y miró a Valquiria, que tenía los ojos fijos en un punto lejano.
— ¿Por qué nos eligieron a nosotros? —preguntó Leonardo, notando la expresión en blanco de Valquiria.
— Pidieron que enviemos a nuestros mejores cazadores —dijo sin sacar sus ojos de ella. Su mirada gris era como el cemento, oscuro e impenetrable— ¿Dudan que sean los mejores? —preguntó juguetonamente, encogiéndose de hombros.
Ninguno respondió. El ambiente se puso denso, y parecía que todo giraba en torno a los pensamientos de Valquiria.
— ¿Y qué me dicen? ¿Van a aceptar o no? No quiero tener que imponerles ordenes como si fuesen otros soldados —reconoció, pasando su mano por su barba.
— Por mi está bien, pero no voy a aceptar algo en nombre de los tres —dijo Newén. Byron asintió y miró a Leonardo.
— Por mí, también está bien —asintió, y Byron poso sus ojos en Valquiria.
— ¿Y que me dices? —le preguntó él. Ella parpadeó y lo miró, con una sonrisa amarga.
— Muchas opciones no quedan, ¿o si? —dijo. Sus amigos habían aceptado, aunque sabía que si se negaba, no irían. Pero aún estaba Byron que podía usar su poder para hacerlos ir. Parecía que el destino estaba en su contra— Está bien, vamos a ir —aceptó a regañadientes. Byron sonrió levemente, pero sus ojos se veían turbios.
— ¿Cuándo nos vamos? —preguntó Leonardo.
— En la madrugada —sentenció.
El cielo había pasado de gris nebuloso al azul violáceo de un anochecer que anunciaba lluvia. Tras eso, no pasó mucho tiempo para que la tormenta iniciara. El viento golpeaba contra los muros de la academia, húmedos y fríos. Las luces de alrededor parpadeaban, y le otorgaban un aire siniestro y fantasmal. Lentamente, los cazadores habían vuelto de sus actividades. Y aunque el exterior era solitario, en el interior había tanto murmullo como cuando recién comenzó el día. El comedor, los pasillos y la galería tenían alumnos por todas partes. Mientras que, por otro lado, estaban los mas solitarios que preferían la soledad del dormitorio.
Tras un día entero de nuevas caras, nombres y actividades, lo único que deseaba era estar en soledad para poder relajarse. Al terminar las arduas practicas se había quedado con Therón conversando un tiempo para luego pasar por los vestidores y, finalmente, el comedor. Le dolía todo el cuerpo, y su mente parecía no funcionar ya claramente. Llegó a la habitación sin la presencia de Marissa, y sintió alivio. No sabía si estaba preparada para su malhumor aunque ella misma tampoco se encontraba con todos los ánimos para ser social.
Con un poco de música para crear ambiente, Lena se metió a la ducha. Aún se sentía sucia y pegajosa, y es que las actividades del Profesor Martin no eran precisamente suaves y tranquilas. Había corrido durante horas, saltado, tirando al piso, rodado y peleado con compañeros. Tras recorrer una larga lista de disciplinas físicas, El profesor Martín parecía no conforme pero sabía que el tiempo se había agotado. Para cuando el sol estaba cayendo en el horizonte, los estudiantes de primer año se encontraban desparramados en el piso intentando volver a tener un poco de vida. Todos los días serán así; se dijo Lena cayendo en cuenta del esfuerzo que requeriría para seguir allí. Resignada, se dijo que haría cualquier cosa por cumplir con su objetivo.
Se secaba el pelo con la toalla, mirándose en el espejo, mientras daba un último repaso al día. Había sido distinto a sus usuales y mundanos días. Un cosquilleo en su estomago le advirtió que aquella emoción que la había recorrido anteriormente, aún seguía ahí. Ordenó el baño, y salió quedándose helada al ver una figura en la oscuridad de la habitación, apoyada sobre la pared contraria a ella. Su cuerpo se tensó y sus ojos se agrandaron hasta que distinguió el rostro familiar.
— Valquiria —murmuró sorprendida.
Su rostro estaba en blanco, y su corazón comenzó a bombear frenético para contrarrestar el bajón de presión y la emoción que crecía al ver a su hermana. Corrió hacia su hermana, y la abrazó con fuerza. Valquiria sonrió suavemente y la rodeó en un abrazo.
— ¿Cómo estuvo el día? —le preguntó en un tono suave y analítico. Lena había estado todo el día esperando verla y ahora que la tenía cerca, no quería separarse.
— Bien, extraño. Pero extraño bien —respondió Lena, alejándose apenas de su hermana. La sonrisa de Valquiria se profundizó al mismo tiempo que la de Lena, pero sus ojos estaban oscuros. Se veían tormentosos y profundos— ¿Algo va mal? —preguntó Lena preocupada.
Caminando un pasos hacia atrás para verla mejor. Inmediatamente la máscara de inexpresividad de Valquiria se erigió en su rostro. Serena y lejana. Ella miró hacia la ventana, donde la lluvia caía torrencialmente, y volvió sus ojos hacia ella e intentó sonreír.
— Todo va a bien —asintió. Lena dudaba de la certeza de sus palabras pero no podía leer su expresión— Pero hay un asunto que he venido a conversar —agregó separándose de la pared, y acercándose a la cama de Lena.
Ella la observo caminar lentamente a través de la habitación. Miraba las pertenencias de Lena cuidadosamente, y las rozaba con sus finos dedos con suavidad.
— Nos han encomendado a una misión, nos vamos en la madrugada —dijo sombríamente.
Lena se sintió decepcionada y triste. Su hermana no estaría en sus primeros días de entrenamiento, y suponía que Newén y Leonardo tampoco.
— ¿A dónde es? —preguntó Lena acercándose a ella.
Valquiria tardó en responder; su cuerpo estaba tenso, y cuando Lena vio su rostro, observó la amargura que había en su mirada.
— Londres —respondió tajante. Lena sonrió y sus ojos brillaron; siempre había deseado conocer esa ciudad, pero no entendía porque su hermana parecía tener tal repelo.
— Pero volverán rápido, ¿no es así? —preguntó. Valquiria levantó la mirada de la mesa de luz de Lena y la observó fijamente.
—Eso no lo sé —indicó con un tono que hizo sentir a Lena en problemas.
¿Qué demonios le pasa?; se preguntó queriéndola entender y no sentirse ofendida. Lena parpadeó, y no respondió. Por su parte, Valquiria cerró los ojos, suspiró y volvió a abrirlos.
— Pero no estarás sola en tu entrenamiento. Me encargue de evaluar tu lista de asignaturas y actividades. Tendrás un tutor, y así te será más fácil lidiar con este loquero. Puedes escribirme ante cualquier cosa, y Theron estará contigo. Y por favor, ten cuidado en las clases de Angelología y Demonología; los ángeles y demonios son insignificantes en comparación con los profesores que dan la cátedra —dijo.
El miedo y el terror recorrieron a Lena como una sensación electrizante que atravesó su cuerpo. Su expresión de descompuso, y Valquiria lo notó, sonriéndole rápidamente.
— No hay nada de qué preocuparse, siempre voy a hacer todo lo que esté a mi alcance para permitir que nada te pase —le murmuró con optimismo.
Acarició su pelo con suavidad y sonrió amablemente. Cambiaba tanto de estados de ánimos que Lena se sentía mareada. Respiró hondo e intentó creer en sus palabras, aunque el temor la corroía.
—¿Dijiste algo sobre un tutor? —le preguntó tras recordarlo. Valquiria asintió, sacando un papel del bolsillo de su pantalón.
— Mañana, tras las practicas de la tarde, ve a ese aula. El profesor Kenway será tu tutor si es que te acepta —explicó. Lena la miró mientras tomaba el papel donde estaba escrito el número del aula.
— ¿Si me acepta? ¿Y que tengo que hacer para que me acepté? —preguntó. Valquiria dio un vistazo a la habitación con un encogimiento de hombros.
— Eso depende: algunos quieren que ayunes varios dias, sobrevivas en el bosque por un mes, aprendas tres nuevos idiomas para la siguiente clase, y le lleves un espécimen de algún que otro demonio —explicó airosamente. Lena abrió los ojos con horror y vio a Valquiria reírse de ella. La tranquilidad de que todo era broma la rodeó— Kenway no es de ese tipo de profesores —le guiño un ojo con malicia.
— ¿Pero existen profesores que hacen algunas de esas cosas? —preguntó con una mano en su pecho. Con una serena expresión, ella asintió.
— Por supuesto, todo eso me obligó a hacerlo uno de mis mentores —respondió como si no fuese nada, y Lena sintió nuevamente el horror de conocer la vida que su hermana había llevado sin saberlo.
Quería decir algo, no sabía que. No había sido justo que Valquiria hubiese pasado por todo eso sola, y ella tuviese las cosas fáciles. La hacia sentirse con culpa y remordimiento, y con demasiadas pocas agallas de haber investigado mas sobre su hermana.
— ¿Quién canta esa canción? Me suena conocida —preguntó escuchando la canción que sonaba de fondo.
Lena se dio cuenta del rápido cambio de tema, pero no dijo nada. Vaya tonta eres Lena; se dijo al no encontrar palabras. Prestó atención a la canción que su hermana comentaba y sonrió de alegría.
— Es Nayra, mi cantante favorita —respondió Lena y vio la expresión de Valquiria oscurecer.
— No sabía que te gustaba ese tipo de música —murmuró con tono amargo. Lena suspiró ante otro cambio de humor. Siempre había escuchado todo tipo de música, aunque le gustaba más el pop, y su hermana nunca se había quejado.
— Nayra es una de las mejores voces de la actualidad y un modelo a seguir para muchas chicas. Fui a su concierto hace algo de dos años, cuando estuvo en Viena, ¿Te acuerdas? —le explicó Lena a Valquiria.
— Como olvidarlo —susurró Valquiria, inexpresiva, volviendo a observar la habitación. Unas arrugas de desentendimiento llenaron el rostro de Lena y estaba a punto de decir algo cuando Valquiria se volvió rápidamente a ella— Sera mejor que me vaya, tengo cosas que hacer —le dijo acercándose. Le dio un abrazo rápido y le besó la frente en un gesto maternal— Cuídate —le susurró antes de alejarse.
Lena asintió, sintiéndose con ganas de llorar. No quería tener que separarse tan rápido de su hermana en ese lugar.
— Tu también —le respondió— Y saludos a Newén y Leonardo —agregó viéndola alejarse.
La puerta se cerró y Lena quedó de pie mirando el espacio donde acababa de estar su hermana. Bien, ahora estoy sola de verdad; se dijo con amargura. Sintió las lagrimas picar en sus ojos y su estomago encogerse. No, tienes a Theron; puedes conocer mas a Giles, vas a tener un tutor y esta Byron. Ademas, también esta Marissa, ¿no?; se preguntó al mismo tiempo que la puerta se abria. Marissa entró como un rayo. Tirando sus cosas sobre el suelo, revolviendo su pelo y recostándose en la cama. Tras unos segundos, se dio cuenta de la presencia de ella ahí. Pestañeó y la miró con el ceño fruncido.
— ¿Qué mierda de música es esa? —preguntó malhumorada. Lena miró el techo y meneó la cabeza. Realmente un gran aporte va a ser Marissa; dijo sarcasticamente volviendo al baño.
Bạn đang đọc truyện trên: Truyen247.Pro