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Capitulo 23. El Duque

Byron quedó en un perpetuo silencio, y todas las miradas estaban en ningún lado. No era fácil para ninguno de los presentes oír todo eso, sobre todo para Byron. Parecían tan lejanos aquellos tiempos, y ahora los estaba reviviendo con mayor impacto. Veía a Marissa, Lena y Therón, y no podía evitar ver en ellos a sus viejos amigos.

Marissa era muy similar a su padre. Sus ojos oscuros y sombríos, llenos de sagacidad. Los rasgos fuertes y esbeltos, y esa personalidad un tanto antisocial y austera.

Ver a Lena, era observar una mezcla extraña entre Sarah y Louis, junto a Ernestina. Él sabía bien que Valquiria había heredado gran parte de la personalidad de Louis, y Lena poseía aquella serenidad, encanto y belleza de Sarah, junto con la vitalidad y el sentimentalismo de Ernestina.

Therón tenía los mismos rasgos de Wenceslao y de Aurora; la tez bronces, los ojos grises, y el pelo castaño. Aunque su personalidad distaba, podía percibir que en el fondo poseía la misma chispa irónica de ambos y el sentido de lealtad.

— Solange volvió a su país, y en Paris comenzó a especializarse en diplomacia, relaciones públicas y economía, entre otras cosas —dijo Byron tras un largo suspiro—. Louis fue asignado a Rep. Checa junto a Bernardo y Aurora, mientras Constantin cumplió su palabra de ir en busca de Mailén. Él pasó por muchas cosas, antes de que sus padres lograran aceptarlo pero nunca se dio por vencido. Ya era un cazador independiente y tenía a su disposición el dinero suficiente para no depender de sus padres —agregó con una breve sonrisa—. Mientras tanto, Sarah, Ernestina, Gianella y yo seguimos estudiando para poder terminar nuestro último año.

— ¿Qué edad tenían Ernestina y Gianella? —preguntó Marissa con curiosidad.

—16 y 15, respectivamente. Todos conocíamos sus potenciales, sobre todo Sarah. Ella era la principal persona que les insistía en estudiar, y estaba para ayudarlas en todo —respondió.

Lena sonrió con melancolía. Sentía un vacio angustioso en su corazón. Tras oír todo aquello, deseaba haberlos conocido más, y sentía celos de Valquiria por recordarlos.

— Un tiempo luego de nuestro recibimiento ocurrió una gran lucha, que posteriormente llamaron la batalla de los temerarios —explicó él—. Como bien encontraron, se dio en Rep. Checa. Allí nos encontramos todos luego de que descubriéramos que la mayoría de los ataques estaban siendo comandados por alguien que se hacía llamar el Duque —agregó.

Lena, Marissa y Therón intercambiaron miradas cómplices, decididos a recordar aquel sobrenombre y todo lo que Byron acababa de contarles.

— ¿Quién es el Duque? —preguntó Marissa.

— Un sirviente de los caídos. Él seguía las órdenes de comandar parte de sus ejércitos en busca del fin de los cazadores —respondió Byron—. Él estaba allí oculto y una vez lo encontramos, sabíamos que la solución era acabar con él. No fue fácil. Tenía demasiada protección pero cazadores de varios sitios se unieron a nosotros. Edward y Víctor Law participaron junto a Emer Ferguson, Soren y Tosh Larson, y Wenceslao Colette —agregó mirando a Therón. Él parpadeó anonadado, con la mirada ensombrecida y el cuerpo tenso por el temor de lo que podía llegar a venir.

— ¿Y el Duque? —preguntó él.

— Murió —respondió Byron—. Sarah y Louis fueron los encargados de acabar con él, mientras los demás aguantábamos los ataques, y otros ayudaban a los heridos. Hubo muchas bajas, pero nuestro grupo logró mantenerse en pie aunque casi moribundos —susurró con pesar.

***

Llegó en tiempo record al Royal Tower, y una vez estuvo allí buscó a Newén de inmediato. Se sentía molesta e irritada, y tener a una especie de perro que la seguía no ayudaba con su humor.

En el momento en que dio con Newén, de pie en el pasillo, Valquiria respiró hondo y se acercó sin dudarlo. Entre sus manos reposaba un libro, y se veía tan sereno como siempre. Y al oír sus pasos, él levantó la vista para observarla con el juicio en la mirada.

— ¿Leonardo llegó a tiempo? —preguntó él alejándose de la pared. Ella asintió, y ambos miraron a un lado de Valquiria para contemplar a Demyan con curiosidad.

— No me lo pude sacar de encima, es más molesto de lo que creí —comentó Valquiria sacándose el saco y cediéndoselo a Newén.

Su ropa no pasaría inadvertida allí y pese a que nadie se atrevía a ir a decirle algo, de todas formas se desharía de aquello que la caracterizaba como un kamikaze. La expresión de Newén se volvió confusa y se dirigió hacia Demyan para tenderle la mano mientras ella se recogía el pelo.

— Buenas noches, soy Newén Belisario. Un gusto conocerte —le dijo él con diplomacia, y una tenue sonrisa. Demyan respondió a su saludo, analizándolo cuidadosamente.

— Gracias, igualmente. Soy Demyan Archibald —dijo, y Valquiria lo observó con curiosidad al conocer su apellido—. ¿También eres un cazador? —preguntó.

— Así es —respondió Newén a un Demyan claramente desorientado—. Supongo que conociste a Leonardo. Yo soy el más normal y centrado de los tres —sonrió mirando a Valquiria que puso los ojos en blanco.

Demyan sonrió con diversión. Se veía demasiado relajado junto a Valquiria, siendo que la mayoría de las personas, y sobre todo quienes no la conocían, temían de ella. Él poseía una presencia imponente con su ropa oscura.

— ¿Y qué se supone que vas a hacer aquí? —preguntó Newén a Valquiria. Ella sonrió seductoramente, y en sus ojos ardían el desafío y la excitación.

— Voy a conseguir información ahí dentro —respondió señalando a una de las pruebas. Demyan abrió la boca para preguntar, pero ella ya estaba cruzando la puerta y guiñándoles un ojo a modo de despedida.

Quedaron sin palabras, haciéndose preguntas mentales. Demyan señaló la puerta por la que acaba de desaparecer, y Newén lucia derrotado con su mano en su frente.

— Ella acaba de... —murmuró Demyan en voz baja, y Newén asintió cerrando los ojos en busca de algún tipo de fuerza espiritual.

— Si, ahí hay una fiesta dedicada a Dionisio —reconoció y meneó la cabeza con desazón—. Vamos, esperemos en el auto. Quizás tengamos suerte y salga rápido —comentó caminando hacia el ascensor. Demyan estaba reacio a dejarla allí sola, pero Newén la conocía más e insistió—. No te preocupes por ella, tiene buenos métodos de supervivencia.

Demyan respiró hondo, con su mano aferrada a su espada, y la mirada ensombrecida sobre aquella puerta. No podía comprender que era lo que ella tenía que tanto le llamaba la atención, y tampoco porque la veía frágil siendo que evidentemente no lo era. Valquiria le resultaba un tortuoso misterio que estaba decidido a entender.

Había pasado alrededor de una hora, y Valquiria aún no volvía. Newén miraba la vida nocturna de Londres, disfrutando de un poco de música en español, y percibía la intranquilidad de Demyan. Él había estado en todo momento con los ojos fijos en la salida del hotel. Movía sus manos inquietamente sobre sus piernas, y de vez en cuando hacía preguntas para intentar distraerse.

Newén tuvo que hacer un gran esfuerzo para disimular las sonrisas que se le formaban. El movimiento de sus dedos se volvía mas inestable a medida pasaba el tiempo hasta que se detuvo, y Newén dudó si estaba teniendo un ataque cardiaco o algún tipo de colapso, pero vio la tranquilidad en sus ojos al ver a Valquiria salir de allí.

— Hacia Soho —ordenó Valquiria una vez estuvo sentada en el asiento trasero. Newén puso en marcha el auto y ella se recostó con cansancio.

Demyan se giró hacia Newén con desazón, y se volvió a Valquiria para observarla sedienta y agotada.

— ¿Se puede saber cómo te fue? —preguntó él. Valquiria oscureció su mirada, volviéndose altanera.

— Tengo una dirección, eso significa que bien —respondió pero él no pareció conforme. Ella puso percibir su actitud protectora y el enojo burbujeando, y se adelantó para estar lo más cerca posible de él—. Solo hago mi trabajo, pero si te preguntas si me acosté con alguien para obtener la información, bueno, no te voy a responder a eso —murmuró sombríamente.

Estaban a centímetros el uno del otro. Con sus ojos dilatados mantenían aquella conexión visual, llena de tensión. Él contenía la respiración para disminuir el enojo mientras ella seguía intentando probar sus límites. Finalmente, él suspiró para volver a su posición de antes con los ojos puestos en el camino. Valquiria sonrió de lado, con una mezcla de perversidad y diversión, sin poder dejar de observarlo y preguntándose por qué él era así.

Por su parte, Newén condujo a través de las calles intentando comprender qué demonios ocurría entre Valquiria y Demyan si acababan de conocerse.

Valquiria miraba a través de vidrio la oscuridad de la noche, deseando que fuese más prolongada. Faltaba poco para que un nuevo día comenzara pero necesitaba respuesta lo más pronto posible. Tras unos segundos de descanso, ella comenzó a dar indicaciones a Newén hasta que decidieron estacionar el auto.

No había muchas personas en aquella zona, y los que se veían no eran precisamente humanos. Valquiria se tensó alerta, volviendo a su abrigo y asegurándose de tener sus armas. Tomó la vanguardia hacia uno de los comercios de allí, y asegurándose de que Demyan no fuese presa fácil.

Observó rápidamente la construcción frente a ella con aires clásicos; de piedra oscura, grandes ventanales y una puerta de madera oscura. Escalones precedían la puerta y avanzó con confianza sin dejar de ver minuciosamente todo. Bajó sus ojos hacia la perilla donde había un símbolo similar a una estrella fugaz.

Sostuvo con fuerza su cuchillo, y se aseguró que Newén y Demian estuviesen preparados. Ambos asintieron, y ella giró la perilla para adentrarse en aquel sitio que parecía ser una especie de lugar de ocio. Numerosas personas iban de un lado a otro; parejas, grupos de amigos, y otros en solitarios, recorrían los salones conectados donde se desplegaban cientos de juegos de azar, mesas en donde sentarse y beber, y sillones donde sentarse para disfrutar de las pantallas gigantes.

Arrugó el ceño con confusión, girándose a Newén y Demyan, que estaban igual de perturbados ante aquel sitio de diversión para todo tipo de persona o ser. El ambiente calmo y de jolgorio traía cierto recuerdo de fiestas de épocas antiguas, donde caballeros y damas se reunían a disfrutar de juegos como niños. La elegancia se notaba incluso en la decoración sobria de los pisos de madera, y las paredes con recuadros de paisajes.

Valquiria respiró hondo y evaluó la situación. Sus ojos se posaron en una chica tras un escritorio, cerca de ellos, y decidió ir hacia allí. A medida se acercó, la recepcionista le sonrió viéndose agradable y simpática. Era una humana, eso podía reconocerlo Valquiria aunque en su cuerpo percibía otro tipo de seres.

— Buenas noches, bienvenidos a El Imperio —la saludó la recepcionista con una brillante sonrisa. Su pelo negro estaba atado fuertemente con un rodete, para combinar con su atuendo elegante.

— Buenas noches —sonrió Valquiria queriendo verse simpático. Posó sus manos en el escritorio y se acercó un poco a ella para dar cierta intimidad—. Mi nombre es Valquiria Von Engels —dijo, y solo bastó eso para que su expresión se volviera gélida. Sus ojos verdes flamearon con temor, y su sonrisa se borró. Valquiria mantuvo su tenue sonrisa, dándose cuenta que ella reconocía su nombre.

— Él la ha estado esperando —murmuró la recepcionista poniéndose de pie. «Me imagino» pensó al mismo tiempo que la chica llamó a otra, vestidas igual, para que aguardara en su lugar mientras los guiaba.

Valquiria le hizo señas a Newén y Demyan para que la siguieran. Los tres caminaron tras la recepcionista a través del pasillo que conectaba todos los salones hasta el sector mas alejado, donde terminaba en una puerta corredizo que desembocaba en un pequeño vestíbulo. Una puerta negra era el eje central allí. La recepcionista se disculpo y la atravesó con cuidado, sin dejar ver que habia en su interior.

Transcurrió unos minutos para que ella volviera a salir, un tanto más nerviosa que antes. Los miró a los tres, y con torpeza se despidió para volver a su sitio. El vestíbulo se sintió más pequeño de lo que era con ellos tres allí. Newén aguardaba apoyado sobre la pared con los brazos cruzados, mientras Demyan seguía sin soltar la espada oculta bajo su abrigo. Valquiria se mantenía delante de la puerta con actitud altiva.

Sus rasgos se oscurecieron al igual que sus ojos en el instante en que la puerta se abrió completamente, dejando ver al Duque. Demyan tensó su cuerpo percibiendo el rechazo que le daba aquel chico de apariencia juvenil. Newén quedó estupefacto e inmediatamente se giró hacia Valquiria. Ella sonrió de lado, viéndose como un ángel a punto de caer del cielo e ir directo al infierno. Distendió su pose para adelantarse y golpear con su puño directo en la nariz de Joshua.

— Ouch —exclamó él encogiendo su cuerpo levemente. Demyan retuvo el aliento con desconcierto y preocupación—. ¿Eso significa que me extrañas o que no? —preguntó con aire inocente.

— Significa que eres un idiota —reconoció Valquiria, haciendo caso omiso de la punzada que sentía al verlo tan igual que siempre y recordando la última vez que lo había visto.

Vestía un jean y una camisa blanca que incrementaban su belleza. El pelo un tanto cobrizo, estaba peinado hacia un lado. Y sus ojos tenían el mismo brillo perverso que siempre. Joshua sonrió asegurándose que su nariz permanecía intacta y la contemplo un instante con ensoñación antes de detectar la presencia de los demás.

— Newén, tanto tiempo —lo saludó y posó sus ojos en Demyan—. ¿Leonardo se hizo cirugía y se tiño el pelo? Lo recordaba distinto —ladeó su cabeza con diversión. Valquiria resopló mientras Demyan estaba a punto de tener un colapso mental por no comprender que estaba ocurriendo.

— Él es Demyan, un humano, ni te atrevas a acercarte —le advirtió ella, y él levantó las manos a modo de rendición.

— ¿Ustedes se conocían? —preguntó Demyan. Valquiria no respondió y Joshua se apoyó en el marco de la puerta para tenderle la mano.

— Soy el ex novio. Joshua Campbell, un gusto —le sonrió mostrando los afilados colmillos. Demyan se sorprendió, girándose hacia Valquiria con incredulidad, y finalmente sonrió.

— Una cazadora saliendo con los chicos malos —levantó sus cejas y sonrió con malicia.

Joshua rió, volviendo a ocultar sus colmillos, y dando paso a su estudio, pero Valquiria detuvo a Newén y a Demyan asegurándoles que todo estaría bien. El primero se vio sin otra alternativa, mientras Demyan parecía ofendido.

— Me cae bien —comentó Joshua tras cerrar la puerta, señalándole la silla delante del escritorio a ella.

Valquiria tomó lugar allí sin dejar de analizar el lugar lleno de antiguos libros, cuadernos, y carpetas. Ese lugar tenía un aire aun más antiguo que el resto del lugar.

Pese a la situación, Joshua se mostraba con soltura sirviendo dos vasos de Whisky y cediéndole uno a ella que tomó sin problema. Luego se sentó del otro lado, y suspiró sin dejar de mirarla.

— ¿Cómo me encontraste? —preguntó; su voz era baja y suave, sumergido en sus pensamientos.

— Alguien de seguridad del Royal Tower me lo dijo —respondió ella, también abstraída por aquella solemnidad—. Me costó encontrarle, pero me debía un par de favores —agregó. Joshua sonrió de lado y tomó un sorbo.

— Lo siento —dijo tras un breve silencio. Valquiria buscó en sus ojos la mentira, recordando la traición, pero no había nada que le dijera que era otro de sus juegos.

— ¿Por qué? —preguntó, pensando en todo lo ocurrido. Se le vino a la mente el momento en que creyó que su hermana y su abuela estaban en serio peligro, y el instante en que pensó que moriría a manos de un ángel completamente loco.

— Te lo expliqué ese día: solo soy un soldado más y sigo órdenes —respondió—. Me habían pedido que ayudara a tu captura, y lo hice porque no me quedó más alternativa. Pero siempre me aseguré que no te fuesen hacer daño. Lo de tu abuela y Lena, eso no lo planeé. La logia creyó que teniéndolas a ellas, sería más fácil doblegarte —explicó. Valquiria ladeó la cabeza, pensando una y otra vez en aquellos días.

— ¿Las ordenes de quien sigues? —inquirió. Sus dedos rozaban la madera del escritorio juguetonamente. Joshua chasqueó su lengua y meneó la cabeza.

— No puedo nombrarlo, nadie puede —concluyó. Valquiria respiró hondo.

— ¿Es la misma persona que comanda estos ataques? —volvió a preguntar, y Joshua negó.

— Yo comando los ataques. Pero él es quien me comanda a mí, y a otros —respondió. Valquiria asintió, con miles de preguntas en su mente. Su mirada oscurecida sobre un Joshua que se veía cansada, algo que no era usual en él.

— ¿Y por qué te ordena? Tenía entendido que Joshua Campbell no sigue las órdenes de nadie —comentó, y Joshua rió con oscuridad. Tomó un largo tragó y miró a su alrededor, meditabundo.

— Siempre me has preguntado cómo fue que me convertí en lo que soy, y siempre evite responder —cruzó sus piernas y se acomodó en su silla—. Él me convirtió cuando este mundo recién comenzaba, porque quería ser joven por siempre y tener todo lo que quisiera. Soy tan antiguo como los siete primeros —respondió.

Valquiria no logró controlar los músculos de su cara para no verse sorprendida. Lo miraba boquiabierta, y él sonrió con serenidad. Sabía que era antiguo, pero no tanto.

— Demonios —exclamó ella sin aliento.

— Exacto, uno de los mayores es mi padre —dijo con falso entusiasmo. Valquiria recordó aquella voz que le hablaba de vez en cuando. Rápidamente suplanto el asombro por la preocupación.

— ¿Puede ser que él haya estado hablándome en mi mente? —preguntó. Era la primera vez que decía aquello en voz alta, y extrañamente le resultaba un gran alivio. La expresión de Joshua tomó un aire perturbador, y la miró fijamente.

— ¿Qué te decía? —preguntó.

— Había veces que oía: está llegando o es la hora. Pero esa creo que era Merari. Y cuando reconocía lo que creo que es su voz me llamaba musa, que deje de sufrir y que solo siga mi destino —respondió dudosa. Joshua se movió incomodo en su silla y desordenó su pelo.

— ¿Conoces a Merari? —preguntó confundido.

— Ella intentó matarme en Noruega —dijo exaltada. Joshua respiró hondo, como su fuese algo que necesitase y se puso de pie para comenzar a caminar por la habitación. Ella se mantuvo en la silla viéndolo prácticamente enloquecer—. Puedes explicarme un poco, porque no entiendo nada.

— Son muchas cosas —susurró casi para sí mismo—. Esto se está descontrolando. Ella se está descontrolando —asintiendo y se detuvo para mirarla con devastación—. Merari es conocida como el ángel de la muerte y la venganza. Cuando mi padre aún vivía en el paraíso, ambos eran una pareja —explicó. Valquiria rió con sarcasmo, cada vez más confundida.

— ¿Y qué tiene que ver conmigo? —preguntó en un grito furioso.

— Porque eres su musa —respondió. Había una preocupación más allá de la racional gobernándolo y se notaba en su mirada oscura, y nada podía evitarla, ni siquiera alimentarse.

Valquiria tragó saliva para bajar el nudo de ira que se formaba en su garganta, y temía un ataque de ira. Todo eso la estaba enloqueciendo, sumergiéndola en una vorágine de tortura en la que poco a poco perdía un poco mas de ella.

— Debes irte —le dijo él de repente—. Éste sitio pertenece a los Hijos de la Luz, y si descubren que estas acá en este instante vendrán por ti y no podre hacer nada para salvarte —dijo él acercándose a ella. Ella parpadeó, sintiéndose dentro de un extraño sueño. Cada vez más preguntas y acertijos incoherentes. Sus dedos juguetearon en su mejilla, sin dejar de ver fijamente sus ojos grises—. Es algo mundial, y están en todos lados —susurró con compasión.

Ella asintió sintiendo que no podía haber más nada allí que pudiese ayudarla. Joshua se alejó para permitirle ponerse de pie, ambos quedaron contemplándose un largo tiempo.

— Tienes que cuidarte. Yo haré todo lo posible por ayudarte —murmuró, posando su mano a un lado de su cara. Ella se mantuvo inexpresiva, aún aturdida, y él aprovecho para darle un breve pero profundo beso en los labios—. Hasta pronto, ángel mío —le dijo, depositando otro beso en su frente y dejándola libre para irse.

Valquiria caminó hacia la puerta sintiendo un peso agotador sobre ella. Recapitulaba todo lo que sabia y solo era un montón de información que debía conectar. Le dio un último vistazo a Joshua, quien permanecía allí en el mismo sitio, contemplándola absorto.

Cruzó el umbral y cerró la puerta en un perpetuo silencio. Su mirada estaba en el vacío mientras caminaba por el pasillo. No tenia la certeza que Newén y Demyan la seguia pero oía un murmullo zumbante que no lograba identificar. Salió de ese lugar con la necesidad de tomar aire fresco, y se sobresalto ante el sonido de su móvil.

— Von Engels —atendió, sonando abrumada.

— Valquiria, soy yo —dijo Lena del otro lado, e inmediatamente ella sintió un poco mas de fortaleza dentro de sí misma.

— ¿Qué sucede? ¿Estás bien? —preguntó.

— Sí, estoy bien. Sé que es tarde, pero quería avisarte que estuve investigando acerca de los ataques, y también sé que me lo prohibiste, pero descubrí que los ataques estaba ordenados por alguien que se hacía llamar el Duque —respondió. El ceño de Valquiria se arrugo, y con su mano se aferró en el brazo de quien tenía más cerca—. Byron nos contó a Marissa, Theron y a mi sobre la Batalla de los Temerarios, porque creemos que están relacionados. Y todo aquello, terminó cuando mamá y papá asesinaron al Duque —agregó.

Valquiria contuvo el aire en sus pulmones y se giró hacia la puerta. Percibía todo dándole vueltas, sobre todo cuando oyó en el fondo de su mente una risa de mujer disfrutar gloriosamente de su tormento. Se aferró con fuerza al brazo de Demyan pero era tarde, estaba cayendo en la oscuridad que tanto temía.

***

Abrió los ojos para reconocer el claro en el que solía estar con Newén y Leonardo. El verde resaltaba esplendoroso, y el cielo sobre ella era de un azul sin igual pero rápidamente todo el paisaje onírico se volvió demencial. La oscuridad de las nubes contaminó el cielo y el verde se volvió opaco y grisáceo. La vida que emanaba ese lugar se fue pudriendo en solo segundos. Los arboles se veían viejos y demacrados, mientras el suelo que pisaba era tierra inerte.

La risa volvió a azotarla en todos los sentidos. Valquiria se giró para toparse con una anciana, que con ojos color sangre le sonreía perversamente.

— Los bastardos se encontraran y el imperio se erigirá. De ellos saldrá el fruto que el infierno traerá, y el cielo al fin llorará —canturreó ella observándola con dicha, hasta que la anciana simplemente se esfumo y Valquiria elevó la vista hacia el cielo nocturno.

Sonrió al verlo despejado, pero una pequeña luz tomó más fuerza hasta que notó que estaba cayendo. La estrella fugaz tomó más fuerza y ella sintió que estaba a punto de caer sobre ella, obligándola a encogerse sobre sí misma.

La risa se volvió gutural hasta que de repente, se detuvo precipitadamente y con un grito de espanto se marchó. Valquiria dudó y miró a su alrededor nuevamente. El claro se veía igual que siempre; el verde de los árboles y el pasto, el azul del cielo y en medio de todo eso vio a un chico a su lado estirando su mano hacia ella.

— Todo está bien —le dijo él; su voz era armónica e hipnotizante, y Valquiria se sintió caer en un excitante embrujo. Tomó su mano con cuidado, pero él le brindó tal seguridad que no dudó en ponerse de pie y hacer frente a él.

Había algo etéreo en él. Su piel era suave como la seda. Tenía una actitud cuidadosa y carismática, en su rostro armónico resaltaban un par de ojos azules como ese cielo, pero al mismo tiempo sin igual. Su pelo negro se movía ondulante con el viento. Y él le sonrió con familiaridad y confianza.

Valquiria parpadeó, teniendo la seguridad que era un sueño, y algo en el fondo le advertía que había algo malo con eso.

— Vamos, ven conmigo que llegó la hora —le dijo él y ella asintió con falsa seguridad. Él posó su mano en su cara, recorriendo suavemente las curvas como si fuese algo maravilloso. Sus ojos brillaron, y Valquiria sonrió tenuemente—. Eres la personificación de la perfección —agregó él, y Valquiria sintió un escalofrío pese a lo ideal que se veía aquella situación.

Aquello era una pesadilla, y estaba comprendiendo que él no era otro que aquel demonio que la atormentaba. Su sonrisa se esfumó e intentó alejarse de él. El demonio mantuvo su sonrisa, y la presión en su brazo, pero toda su confianza se esfumo cuando sus ojos se posaron más allá de ella. Ella siguió la línea de su visión y sintió alivió de ver a Caleb. Él se veía como nunca: enfurecido y sacado de quicio.

Ella deseó poder hacer o decir algo, pero tan pronto como Caleb la miró, ella volvió a caer pero esta vez para despertar.

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