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Capitulo 2. El aliado y la arpia

El sector donde se encontraban los tres edificios principales de la academia se cerraba en una muralla de arboles solo permeable en los lugares donde los caminos empedrados la atravesaban. El gran claro que le seguía estaba limitado por la vegetación y las montañas, protegiendo de la mirada humana los campos y demás instalaciones de práctica. Leonardo y Lena recorrían el camino hasta que él se desvió hacia los arboles linderos. Con un ligero movimiento de manos le indicó a Lena que debía seguirlo. A medida avanzaban la luz de volvía mas opaca y el murmullo de la academia se hacía nulo. Tras unos minutos se pudo ver la luz filtrarse con más fuerza hasta que salieron a un pequeño hueco entre todos esos árboles. Lena se detuvo maravillada por la naturaleza, el silencio y la tranquilidad.

— ¡Miren a quien he traído! —exclamó Leonardo unos pasos delante de ella mirando hacia un lado.

Ella se giró y vio las figuras tan conocidas de Valquiria y Newén sentados sobre el pie de un árbol. Ambos la miraron al mismo tiempo, ella abriendo los ojos y él levantaron la vista de sus manos. Al igual que Leonardo, Valquiria y Newén vestían las ropas que usaban en sus prácticas, que le permitía hacer grandes movimientos.

Lena se quedó por unos segundos, que se sintieron años, viendo a su hermana. Ese era su lugar aún más que la casona Von Engels, ese era lo más cercano al hogar y se la veía tranquila. Pero sabía que no podía basarse en su apariencia porque muchas veces Valquiria aparentaba algo totalmente opuesto a lo que sentía. Eso era algo que había descubierto con lo ocurrido en Noruega. Aunque a partir de allí algo cambio, algo mínimo e imperceptible.

¿Qué había ocurrido mientras la tenían prisionera? Se preguntaba una y otra vez sin entender la razón de su silencio. En las noches, en la soledad y tranquilidad de su cama, Lena repasaba las imágenes que tenía en su mente de las magulladuras y cortes que Valquiria tenía en su cuerpo, y que poco a poco fueron sanando hasta desaparecer por completo. Pero lo que la había cambiado no era esas heridas físicas era algo mas y podía sentirlo. Sus ojos grises se encontraron fijamente con los de ella; mantenía una calma analítica, como si la estuviese estudiando o algo parecido, hasta que finalmente sonrió haciendo desaparecer esa perfecta mascara de insensibilidad. Se puso de pie con un ágil salto y caminó hacia ella. Lena también sonrió y corrió a abrazarla.

— ¡Te extrañe! —exclamó colisionando sobre el tórax de Valquiria. Ella rió sonoramente, una melodía poco conocida por Lena, y la rodeó con los brazos.

— Yo también —murmuró dándole un beso en la cabeza — ¿Cómo ha sido el viaje? —preguntó Valquiria deshaciendo el abrazo entre ambas.

— Supongo que bien —respondió pensando en el viaje lleno de nervios y temores, en la nostalgia que la rodeaba en ese momento y de la que se quería despegar.

Miró la expresión de Valquiria. Ella se veía pensativa aunque intentaba ocultarlo. Le dedicó una sonrisa que le dio a Lena la tranquilidad que estaba necesitando porque sabía que no estaba sola ahí, estaba con su hermana que siempre la protegería. Ella le peinaba el pelo a un lado para sacárselo de la cara cuando escucharon que alguien se aclaraba la garganta. Las dos miraron detrás de Valquiria, donde Newén esperando tímidamente su turno para saludar a Lena.

— Creo que no deberías monopolizar a Lena —inquirió simulando sentirse ofendido por estar a un lado.

Valquiria no pude evitar reírse y dio un paso al costado. Lena sonrió y fue a darle un abrazo. No se había dado cuenta cuanto los extrañaba hasta ese momento. Newén, como siempre, la trató de modo familiar pero manteniendo los modales. Ese era un aspecto en él que lo hacía distar de otros que conocía; siempre era caballeroso, respetuoso y medido, siempre... excepto cuando peleaba en una batalla. Ella lo había visto en persona y era un cambio tan brusco que costaba reconocerlo. Él vestía con un pantalón verde oscuro y una remera blanca que se ajustaba a su cuerpo haciéndolo ver atlético y esbelto; eso era otra cosa que le daba una imagen diferente a la que ella acostumbraba, con jeans, camisas y trajes.

— Creo que has crecido desde la última vez que te vi —sonrió trazando una línea imaginaria sobre su cabeza y comparándola con él.

Lena rió negando con la cabeza poco segura de que eso pudiese ser cierto; tenia la noción de que su crecimiento se había detenido hacia un tiempo haciéndola quedar de una altura promedio al resto de las chicas en Aage.

— Quizás sea que te has achicado —bromeó haciendo a Newén poner de mejor buen humor.

De reojo, vio a Leonardo ir a sentarse al árbol donde más tarde se sentaron todos. Valquiria parecía interesada en saber cómo habían sido los días previos de Lena, sobre todo a lo que tenía que ver con el tiempo que ella había pasado con sus amigos; no mucho tiempo antes de que Valquiria volviese a la academia le había recomendado que disfrutara de su vida tal cual era en ese momento.

— Así que mantén presente que será mejor que memorices pronto los horarios, llegues a tiempo y hayas leído parte de la lección del día, con esos tres pilares sobrevivirás sin problemas —volvió a darle otra recomendación. Lena estaba llegando a pensar que sería mejor escribirlas en un cuaderno para no olvidar sus palabras.

— Decirles esas cosas es demasiado tormento para su único día libre en este loquero —canturreó Leonardo entre risas.

Él se acomodó contra el árbol, posando sus manos detrás de su cabeza y cerrando los ojos. Lena tragó saliva con dificultad, como cada vez que escuchaba un nuevo sobrenombre para la academia. Como si buscara un poco de ayuda o de luz, miró a Newén que se veía tranquilo y confiado, haciéndola preguntarse qué cosas pasarían por su mente en esos momentos.

— Siempre podrás pedirnos ayuda cuando lo necesites —dijo él, y Lena asintió aliviada.

— Excepto a mi —comentó con amargura Valquiria, aunque sabía que lo que hacían era para proteger a Lena, negando cualquier vinculo entre ambas — Lo que me recuerda que tengo que darte esto —agregó sacando de su bolsillo un aparato pequeño, rectangular y negro, muy parecido al dispositivo multipropósito que a veces llevaba — Acá no hay forma de comunicarnos entre nosotros, por las normas que ponen demasiadas indicaciones. Eso es un localizador y también podes mandar mensajes con caracteres limitados. Registrados están los números de nosotros tres, por si nos necesitas —explicó enseñándoselo. Lena lo agarró y empezó a investigarlo con análisis, encontrando rápidamente las funciones del aparato.

— ¿Tienes alguna duda? —le preguntó Newén.

Tanto él como Valquiria la miraban como si fuese algo que debía decodificar usando toda su concentración. Lena dudó pero no quería saber nada de todas las cosas que comenzaban a atormentarla. Ella solo quería pasar un momento de tranquilidad estando con ellos, con quienes se sentía como en casa. Finalmente, negó con la cabeza guardando el localizador en su bolsillo y recostándose en el pasto.

***

Respiró hondo acomodándose lentamente. Con los ojos cerrados y percibiendo con más claridad lo que la rodeaba se dio cuenta que estaba sobre algo blanco y cálido. Una suave mano le movió el pelo y cayó en la realidad de que se había dormido sobre las piernas de Valquiria.

— No quiero ser demasiado optimista pero creo que todo va a salir bien —dijo Leonardo en voz baja. Lena escuchó con atención suponiendo que hablaban de ella y se quedó quietamente simulando seguir durmiendo. Esperó alguna respuesta pero no hubo ninguna— ¿Cuándo terminemos acá donde creen que nos mandaran? —preguntó Leonardo nuevamente.

— En América Central se han registrado muchas desapariciones y muertes —comentó Valquiria.

— Pero el asunto ahí ya se está controlando, es por eso que no estamos todos —opinó Newén. Se hizo brevemente un silencio antes de que alguien dijera algo.

— Otros no vinieron porque simplemente prefirieron no obedecer las reglas para hacer cosas que creen que son importantes —habló Valquiria con recelo, como si algo la molestara internamente. Una risa burlona resonó y Lena supuso que pertenecía a Leonardo.

— A veces son peores que unas niñas —murmuró él cínicamente.

— No me llames niña porque te corto la lengua —amenazó.

— Leonardo tiene un punto coherente, tanto Viridis como tu son amigas desde hace demasiados años como para comportarse como lo hacen —inquirió Newén.

«¿Amiga? ¿Valquiria tiene una amiga?» se preguntó Lena, siempre había considerado a Leonardo y Newén sus únicos amigos, además nunca había escuchado ese nombre antes.

— Ella no es mi amiga —se defendió como si la hubiesen ofendido. Ellos no dijeron nada pero Lena se los imaginó poniendo los ojos en blanco.

— Amiga, enemiga, o lo que sean, no podes pretender controlar su vida —la retó Newén sonando como un padre.

— Podría controlar su vida si supiese lo que hace —comentó ella. Los dos chicos resoplaron.

— Dices eso como si ella supiese siempre lo que haces —dijo Newén queriéndola hacer entrar en razón.

— ¿A qué hora comienza la próxima practica? —preguntó Valquiria. Lena se dijo que preguntó eso para cambiar de tema porque no era una persona de olvidar horarios ni clases.

— En media hora —respondió Leonardo.

— Bien. ¿Estás seguro que le explicaste bien donde era el claro? —preguntó Valquiria ansiosa.

— Sí, estoy seguro, pero sabes que es algo distraído y torpe —comentó Leonardo.

— No me lo recuerdes porque me voy a arrepentir de haber aceptado ser su tutora —dijo ella. La risa de Leonardo resonó con fuerza y después se detuvo bruscamente tras un sonido tosco.

— Auch —exclamó.

— Su abuelo me lo pidió personalmente, y todos saben lo que Wenceslao Colette significó para esta institución y para nuestros padres —explicó con solemnidad.

Lena quedó pensativa en saber de quién estaban hablando hasta que escuchó el sonido de hojas y ramas.

— Disculpen la demora —murmuró alguien con voz profunda.

— Te queda menos de un día para aprender a ser puntual —sentenció Valquiria.

— Lo importante es que llegaste —Newén dio un poco de optimismo a la situación.

Lena se movió apenas y abrió los ojos encontrándose con la mirada gris y acuosa de Theron. Se sorprendió de verlo ahí vistiendo un jean claro y una remera gris. La última vez que lo había visto había sido en Noruega y después de eso se había enterado que había vuelvo a Brasil con su abuelo.

Se veía igual que cuando lo conoció, el pelo castaño y revuelto, el mentón curvo, la nariz empinada y las cejas pobladas, pero ahora su piel estaba más radiante y tostada haciendo brillar a sus ojos aún más. Theron le sonrió y ella sintió el calor del ambiente impactar sobre su piel. A ella siempre le había costado tratar de chicos sobre todo cuando eran lindos como él. «Compórtate, es un familiar muy lejano» se dijo levantando la cabeza de las piernas de Valquiria.

— ¿Te despertamos? —preguntó Valquiria. Ella negó refregándose los ojos con las manos.

— ¿Qué hora es? —preguntó.

— Pronto serán las seis —respondió Leonardo.

Lena levantó los ojos al cielo que empezaba a volverse rojizo y volvió sus ojos a Therón.

— ¿Cómo estas tanto tiempo? —le preguntó. Él movió su cabeza con torpeza acercándose más.

— Muy bien, ¿Y tú? —le preguntó.

— Bien. No sabía que estuvieses acá —comentó. Therón dudó y miró a Valquiria. Lena siguió la dirección de sus ojos y se encontró con la mirada de ella.

— Él va a reiniciar su entrenamiento como cazador acá, por lo que serán compañeros en varias asignaturas —explicó. Lena sonrió maravillada con esa noticia porque conocería por lo menos a un estudiante de todos lo que eran.

— ¿De verdad? Eso es una noticia genial —exclamó mirando a Theron que sonreía con la misma alegría que ella.

— Pienso lo mismo —dijo él. Valquiria miró el reloj en su muñeca y se puso de pie en un salto.

— Sera mejor que nos vayamos. Creo que ya le hemos dado todas las indicaciones que necesitan saber a los dos —dijo ella sonando como una madre. Lena se puso pie siendo ayudada por Therón y ambos asintieron de acuerdo.

— Mañana va a ser un día largo, les recomiendo que cenen temprano y duerman lo mas que puedan —comentó Newén sacudiendo su ropa.

— Solo les faltó decirles que se cepillen los dientes —rió cínicamente Leonardo ubicándose a la izquierda de Valquiria. Ella puso los ojos en blanco y Newén sonrió tímidamente.

— Mejor vayamos todos juntos así no se pierden —comentó Valquiria acercándose a Therón. Sacó de su bolsillo un papel doblado y se lo entregó— Intenta por lo menos leer primeros cinco libros para el miércoles —le indicó.

— Está bien —respondió Therón irguiéndose y asintiendo con la cabeza; su postura y sus modales fueron tan rígidos como los de un soldado y Lena reconoció que así debía actuar de ahora en mas ahí dentro.

— ¡Andiamo! —exclamó Leonardo estirándose por última vez y sumergiéndose en el bosque.

***

Una vez identificaron la luz rojiza del atardecer filtrar a través de los arboles los cinco se separaron. Valquiria le dio un beso a su hermana en la frente y se alejó con Leonardo y Newén, quienes se despidieron con solemnidad. En medio de un suspiro miró a Therón permanecer a su lado con una expresión que le hacía saber que la entendía, y los dos emprendieron el camino hacia la residencia.

— Escuché que mi hermana es tu tutora —comentó Lena tras el silencio que se había instalado entre ambos. Caminaban por la plaza de la fuente a punto de entrar en la residencia.

— Si, mi abuelo insistió en que debía tener alguien que me guiara en el reinicio de mi entrenamiento. Él preguntó a Martiniano y a Eleonora pero ellos se negaron, y tras preguntarle a tu hermana ella aceptó —explicó con torpeza— La verdad es que estoy muy agradecido a ella, después de los sucesos en Noruega pensé que no querría saber nada de mi —pasó su mano por su pelo, desordenándolo, y sonriendo con picardía. Lena rió al recordarlo tirado en la cama durmiendo después de que Valquiria lo golpeara y le dejara un moretón en el ojo.

— A mí también me sorprende —comentó siguiéndolo hacia el patio interno, recorriendo la galería que lo rodeaba y tomando la salida norte.

«El comedor» recordó Lena la advertencia de Leonardo. Ambos siguieron el largo pasillo que se volvía más ancho a medida convergían otros pasillos hasta que se encontraron con unas puertas grandes, abiertas, de madera con relieves en oro.

— ¿Ya habías venido acá? —le preguntó.

— No —respondió Lena posando sus ojos en los grandes ventanales que cubrían las paredes y dejaban entrar la luz rojiza que caía sobre el suelo formado por cripticas figuras.

Avanzaron a paso lento permitiéndole ver la disposición dispersa de las mesas redondas a través de toda la sala. A un lado se encontraba una larga barra de madera, donde sobresalían las maquinas de café. Detrás, habían un par de chicos que Lena supuso que eran quienes atendían el lugar. Levantando sus ojos hacia el techo vio que había un piso superior, abierto en el centro, con más mesas y grandes ventanales en sus paredes, donde se accedía por escaleras laterales.

— ¿Querés tomar algo? —preguntó Therón apoyándose sobre la barra.

— No traje plata conmigo —respondió Lena desilusionada al ver a una chica irse con un batido de banana. Therón sonrió.

— No tienes que pagar nada, solo pedir lo que quieras —comentó haciéndole iluminar el rostro a Lena.

— Un licuado de frutilla —respondió.

Él asintió y llamó a la chica que estaba más cerca de ellos, haciendo rápidamente el pedido. Mientras tanto, Lena miraba hacia las puertas donde comenzaba a aumentar el flujo de personas que entraban y salían. Todo ese ambiente era demasiado diferente a su instituto, un lugar a donde asistían los jóvenes de toda la ciudad, solía conocer a la mayoría y se llevaba bien con ellos. En cambio, la academia se veía tan impersonal que le costaba pensar que alguien podía llegar a tener amigos ahí o llegar a enamorarse. ¿Mis padres se habrán conocido acá? se preguntó Lena. Era la primera vez que se preguntaba algo sobre ellos que no fuera el motivo de su muerte. A veces le costaba considerarse hija de alguien ya que el único papel que había tenido por mucho tiempo era el de nieta, hasta que llegó Valquiria.

— No estés tan preocupada, por lo menos no hasta mañana —murmuró Therón alcanzándole el licuado. Lena parpadeó saliendo de su burbuja de pensamiento.

— Este lugar y las personas son tan... —comentó ella sin encontrar la palabra justa.

— ¿Intimidante? —dijo él acertando perfectamente. Ella asintió dándole un largo sorbo al licuado— Supongo que ya nos acostumbraremos. La academia de Brasil a la que asistí, en Sao Paulo, era diferente, pero todas las academias lo son. Todo depende de cuáles son los lemas en que se rigen, de los directivos y de las personas que se encargan de la educación —explicó mientras tomaban asiento.

Lena sonrió, entendiendo su punto, y se quedó en estado de tranquilidad conversando con él por un buen rato. Era extraño, como nuevamente había vuelto a sentirse positiva al respecto de su estadía allí. Saber que no estaba tan sola, le daba fuerza.

***

Lena y Therón subieron las escaleras hasta llegar al piso en el que se encontraban sus habitaciones. Para la suerte de ambos, no se encontraban a tanta distancia una habitación de la otra. Él acompaño a Lena hasta la suya y rápidamente se entremezcló con los demás estudiantes hasta que desapareció de sus ojos. Ella suspiró, y se acercó a la puerta para golpearla. Ante el silencio que escuchó ingresó mientras la invadía el nerviosismo. Pero no había nadie allí. La luz bañaba la habitación dándole un aspecto más cálido. Cerró la puerta detrás de ella y fue hacia la ventana para observar hacia afuera. Ese día había sido extraño, aún más que cuando se despertó en un lugar que desconocía y su hermana entró a la habitación con un arma. Siempre había considerado que su vida era demasiado ordinaria, sin grandes emociones y falta de aventuras, pero en ese momento comenzaba a pensar que todo aquello no era tan malo como creía. Pero no, aún no podía arrepentirse de su decisión. Ella era fuerte, y aunque hubiese gente que lo pusiese en duda, debía demostrarlo.

Repentinamente Lena se estremeció al oír un sonido fuerte y rápido, como si hubiese caído un rayo cerca de ella. Se giró hacia la puerta y observo la figura lánguida y curvilínea de una chica. Ella posaba su mano sobre la puerta recién cerrada, y su mirada temerario la recorría de pies a cabezas. El silencio en la habitación se volvió palpable y escurridizo. La chica empezó a caminar hacia Lena, manteniendo su mirada con fuerza. Sus ojos eran rasgados, grandes y tan oscuros que Lena en se sentía caer en el vacío, y que desentonaban con armonía en su rostro pequeño y angular.

— Debo suponer que eres mi nueva compañera de habitación —murmuró voz ronca queriendo inspirar miedo.

Con toda la sangre abandonando su rostro Lena asintió. La chica tenía su altura pero su actitud hacia sentir a Lena una miniatura. Levantó la mano pasándola por su pelo, moreno, corto y salvaje, desordenándolo más.

— Las anteriores no duraron mucho, supongo que tampoco lo harás tu —siseó venenosamente.

Lena tragó saliva deseando correr a su casa. Entre tantas... ¿Me tenía que tocar con ella?. "¿Por qué no hablas? ¿Eres muda, hipoacusica o no hablas inglés? Porque si no te hablo en otros idiomas" preguntó ladeando su cabeza con desafío.

Su corazón latía deprisa ante su prepotencia y malhumor. Aunque el ingles no era su idioma cotidiano podía arreglárselas muy bien.

— Me llamo Lena Law, y soy de Austría. ¿Tu? —preguntó tras aclararse la garganta. La chica se irguió mas, con orgullo, estiró su mano para estrecharla con la de ella.

— Guerrero Marissa, de Madrid, España. ¿En qué nivel te encuentras? —preguntó mientras Lena sentía la fuerza de su agarre.

— Acabo de empezar —respondió. Marissa rompió con el saludo y quedó pensativa.

— Eres prácticamente una humana —comentó casi para sí misma. Lena miró a su alrededor, le costaba mantener la mirada de ella — Te doy una semana en este purgatorio —dijo moviendo su cabeza asintiendo.

Purgatorio. Poco a poco ella iba pensando que ese nombre podía llegar a ajustarse muy bien ahí. Una semana, eso era lo que Marissa creía que podría durar. La seriedad sepulcral de Lena se rompió con su risa melódica. Marissa miraba con extrañeza su comportamiento.

— Quienes me conocen dirían que duraría un día, así que gracias por el voto de confianza —exclamó Lena disminuyendo de a poco su sonrisa — Y en qué nivel te encuentras? —le preguntó.

— Este año comienzo el nivel avanzado. ¿Y porque no viniste antes? Tu familia debe ser de las menos tradicionales —preguntó con curiosidad.

— Simplemente se dio así —respondió Lena intimidada con la personalidad de Marissa.

Ella quedó brevemente en silencio, mirándola, hasta que se encogió de hombros y se fue hacia su cama, desplomándose pesadamente y agarrando la guitarra. Lena suspiró y se sentó en su cama. Todo parecía una prueba a su resistencia, una tras otras. Sentía que no tendría descanso ni en su habitación, y ese, ni siquiera era el primer día de clases.

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