Capitulo 19. Xanx
Bajo la tierra los túneles llevaban al mismo lugar, hacia aquella extraña galería que era eje central de todo. Pero más allá de ellos, y por medio de una puerta que se descubrió para Valquiria, ella pudo observar otro sector que estaba formado por habitaciones. Y allí, en la oscuridad y soledad de la zona más alejada el demonio estaba siendo prisionero.
— Hacía mucho tiempo que no me divertía tanto en una misión —reconoció Viridis. Valquiria la miró fulminantemente. Mientras que Demyan era testigo de la extraña sinergia que había entre ambas.
Observándolas unos pasos alejado, con los brazos cruzados y una mueca que no lograba formarse una sonrisa. Pasó su mano por su mandíbula y sus ojos se agudizaron sobre el cuerpo del demonio amarrado entre fuertes cuerdas.
— ¿Las cuerdas serán suficientes? —preguntó él.
— No, pero al menos hay que intentarlo —respondió Valquiria, al mismo tiempo que Viridis ladeaba su cabeza y se acercaba al demonio. La expresión de Demyan se llenó de confusión.
— ¿Me pueden decir que es lo qué estamos intentando? —preguntó.
— Hacer que el demonio diga algo que sirva, lo cual no creo que ocurra —respondió Valquiria con poco ánimo.
— ¿Se puede hacer eso? —preguntó él con curiosidad.
— A veces se puede, otras veces no. Todo depende del tipo de cuerpo y el tipo de demonio que lo posee. Aunque suele ser más fácil cuando son personas —Viridis explicó con un ligero encogimiento de hombros.
— Si —murmuró Valquiria malhumoradamente. Estaba con una pose altanera y desestructurada. Viridis la miró venenosamente
— ¿Podrías intentar ser más optimista? —le preguntó.
— Nop —respondió cruzando sus brazos—. Pero alégrate por saber que estoy dando otra oportunidad a esto —reconoció. Viridis puso los ojos en blanco dramáticamente, llevando su mano a su frente y posando como una damisela desconsolada. La expresión Valquiria se volvió pedante y cínica—. Como actriz apestas —murmuró.
Viridis le dedicó su dedo medio con una flamante sonrisa. Y Demyan suspiró indignado, acercándose a ellas y posicionándose en el medio.
— Ustedes parecen una pareja —se quejó él. Valquiria se volvió inexpresiva y Viridis sonrió.
— Estamos con los trámites de divorcio —opinó con diversión, y Valquiria suspiró.
— Por favor, soy alguien de buen gusto —se quejó acercándose al demonio para despertarlo—. Empecemos con esto.
Ella se agachó y sacó de su saco un dispositivo multiusos. Lo evaluó y tras posarlo sobre él, apretó un botón para darle una descarga eléctrica. Un potente rugido emergió de él. Valquiria se alejó un poco y lo observó analítica, al igual que Viridis. Por su parte, Demyan estaba alerta con su espada en mano. El demonio se movió furioso y no dejaba de gruñir con ojos eyectados.
Valquiria intercambió miradas con Viridis, y cedió su lugar para que ella pudiese actuar. Viridis, con la debida precaución, sacó de entre su ropa un pequeño frasco que abrió y derramó parte de él en la bestia. Éste gritó al mismo tiempo que ella cerró los ojos y comenzó a rezar en vos baja.
Valquiria intentaba ser paciente, esperando a un lado junto a Demyan. Él se veía algo desorientado pero poco a poco iba entendiendo sobre que iba lo que Viridis hacia. Su conocimiento sobre el mundo Kamikaze era basto pero siempre había algo que desconocía. Él tenía la certeza que los exorcismos podían hacerlo los descendientes de Rafael, pero no sabía que los descendientes de Miguel también podían hacerlo.
— Demonio, di tu nombre —la voz de Viridis se elevó en la sala y miraron expectantes. La bestia profirió un grito gutural, y ella volvió a repetir— Demonio, te ordeno que digas tu nombre —le exigió. La bestia gruño y se movió violentamente.
— Xanx —dijo en medio de un grito poco claro. Los ojos de Viridis se posaron en Valquiria y ésta se acercó más.
— Xanx, te exijo que respondas a mi pregunta: ¿Cuál es el objetivo de los ataques? —indagó; su voz era filosa y autoritaria. La bestia se encogió y miró directamente a Valquiria.
— Atacar... crear... separar—respondió torpemente. Todas las expresiones se llenaron de confusión.
— ¿Las ordenes de quién siguen? —volvió a preguntar Valquiria, y la bestia gruñó, negada a responder—. Responde —insistió mientras Viridis lo amenazaba con el agua bendita, pero aún se negaba.
— Prohibido. Está prohibido —murmuró. Valquiria contuvo el deseo de golpearlo y respiró hondo.
— ¿A qué deben atacar? —preguntó Demyan intercediendo, y dudando que el demonio fuese hablar con él.
— Todo. Atacar todo —respondió. Demyan se vio sorprendido pero aún poco convencido con la respuesta.
— ¿Qué deben crear? —volvió a preguntar.
— Más como nosotros. Más. Atacar, crear. Separar ángeles —murmuró una y otra vez. Demyan frunció el ceño y miró a Valquiria en busca de algún tipo de ayuda.
— Ellos suelen llamarnos a nosotros ángeles —respondió con voz apagada y pensativa. Luego suspiró con clara frustración y movió su pelo con impaciencia—. Esto no está ayudando. Es casi tan inútil como lo que dijo el otro demonio —se quejó ella.
— ¿Y qué dijo el otro demonio? —preguntó Viridis elevando la voz. Valquiria entrecerró sus ojos sobre ella, fría y amenazantemente.
— Nada útil —siseó, y Viridis puso los ojos en blanco.
— Ellos pueden ser algún tipo de distracción para algo más —comentó Demyan deseando apaciguar el ambiente. Ninguna de las dos dijo algo, y solo se limitaron a mirarlos—, pero evidentemente, esta cosa no puede darnos la respuesta a ese algo más —agregó.
Viridis respiró profundamente aire para acercarse al demonio. En una de sus manos descansaba un revolver y en la otra el frasco con agua bendita que lentamente derramo sobre la bestia.
— Di algo que sirva —insistió, haciendo que su voz se elevara autoritariamente y sonara como un latigazo. El demonio gritó.
— El duque —exclamó.
Viridis quedó petrificada. Sus ojos se desviaron a Valquiria, y en su palidez se observaba pequeños rasgos de asombro. Demyan observó a ambas, comprendiendo claramente que ese nombre les resultaba conocido. Valquiria, conteniendo el aire, asintió y Viridis se irguió sobre ella misma apuntando su arma.
— Él esta llegado, y volveremos —murmuró el demonio segundos antes de que ella le atravesara la cabeza con varias balas.
— ¿El duque? ¿Acaso, eso significa algo? —preguntó Demyan desorientado. Valquiria asintió, aún perdida en la bruma de sus pensamientos.
— Más de lo que quisiera —susurró casi para sí misma con pesar.
***
Todo estaba demasiado tranquilo. Algo extraño para ser un bar e incluso para él podía percibirlo. Observó cuidadosamente los alrededores, pero había cierta calma de ensueño.
Las luces eran tenues allí, y no podía identificar a nadie conocido más que a su amigo allí presente. Algunos del equipo se habían quedado en la casa mientras otros andaban por Londres a libre albedrio.
Sus ojos oscuros se posaron frente a él. Leonardo movió la silla y se sentó, al fin con su trago en su mano. Se veía feliz como un niño con su juguete, solo que este tenia alcohol y varios efectos perjudiciales. Él estaba usando un jean y una camisa, luciendo más sencillo de lo que acostumbraba ser.
Newén no meditó mucho ni su elección de indumentaria ni su elección de bebida, solo descendió la vista hacia las hojas de su libro. Stephen King era uno de sus autores preferidos, y que Leonardo lo haya arrastrado al Royal Tower no significaba que no puede disfrutarlo de todos modos.
De pronto, en medio de la suave música y el murmullo de los presentes, Newén oyó el resonar de su móvil. Lo agarró y tras identificar el número atendió.
— ¿Qué pasa? —preguntó solemnemente.
— Problemas —respondió Valquiria. Newén suspiró y asintió como si ella lo estuviese viendo; era tan fácil para ella meterse en problemas que él ya había perdido toda esperanza que algún día lo llamase por algo que no fuese eso.
— ¿Alguna pista? —preguntó.
— Hmm... —dudó ella—. Humanos suicidas; nuevo ataque; demonio tiró pistas; humano necesita transfusión; y necesito ir al Royal Tower —respondió. Newén cerró los ojos y frotó sus dedos en ellos. Luego respiró hondo y alejó inmediatamente el vaso de Leonardo de él para beber un largo sorbo.
— Ey, es mío —se quejó éste con expresión martirizada. Newén dejó el vaso e hizo una seña obligándolo a callar.
— Leonardo va para allá, te espero en el Royal. Envía las coordenadas por mensaje —dijo y tras la aceptación de Valquiria cortó.
La expresión de Leonardo se mantuvo estupefacta, sobre todo cuando vio a Newén terminarse la bebida en solo segundos. Pero él era el temple y centrado del grupo, no podía enloquecer porque se perdería el eje pero siempre había veces que se sentía demasiado perdido y agotado.
— Valquiria me acaba de avisar que necesita que transfundas a un humano herido. Al parecer hubo ataques que no registramos y resultó herido... o eso es lo que pienso que pudo ocurrir. Ella debe venir aquí por algo importante, no me dijo. Así que vete, enviara la dirección por mensaje de texto —explicó quedando nuevamente sediento de tanto hablar.
Leonardo parpadeó, con la expresión en blanco.
— ¿Estás bien? —le preguntó él viéndose preocupado. Newén asintió.
— Si, es solo que todo esto me abruma. Esto, aquello, lo otro: es demasiado —suspiró.
— Lo sé, hermano —respondió Leonardo, y en su mirada había comprensión porque ambos compartían la mayoría de las responsabilidades—. Ellos nos advirtieron sobre esto, y es nuestro deber hacer lo que sea —agregó.
Newén se detuvo un minuto en aquellas palabras, y tomando la verdadera dimensión de todo aquello que aún no tenía explicación. Solo sabían que venían tiempos difíciles, pero no cuan difíciles les serian.
— Ha trabajar se ha dicho —dijo Leonardo poniéndose de pie. Su expresión seria volvió a su picardía de siempre—. Si pregunta Valquiria, dile que tuviste que sacarme de aquí con los de seguridad. Eso sería memorable —murmuró mirando a un par de tipos en la puerta.
— ¡Ni se te ocurra! —le advirtió Newén, y Leonardo rió sonoramente.
Ambos se despidieron rápidamente, y tras minutos, Newén había quedado a solas en aquella mesa alejada de todo. Volvió a observar el alrededor, hasta que posó su mirada en dos personas que extrañamente le llamaron la atención.
Había algo hipnotizante en ellos. Ella era pequeña y menuda, como una muñeca y su pelo era largo, con grandes ojos. Y él, era un joven asiático con el pelo negro y ojos rasgados llenos de misterio. No sabía que era, pero había cierto aire de familiaridad. Newén ladeó la cabeza, analizándolos agudamente, hasta que su mirada se encontró con la de ella. Una extraña tranquilidad lo recorrió en el instante en que ella sonrió.
Newén no podía quitar sus ojos de ellos hasta que un par de personas se metieron en medio, y luego, ellos simplemente desaparecieron como por arte de magia.
***
— Entonces, mis padres estuvieron en aquella batalla... —susurró Lena.
— Aún no he llegado a esa parte pero sí, todos de alguna u otra forma estuvimos allí —dijo Byron—. Tu padre resultó herido en aquella batalla —agregó mirando fijamente a Marissa. Ella se veía más seria de lo habitual, meditabunda y tensa.
Por lo visto, Vicente Guerrero era su padre, y Lena se preguntaba si aún vivía ya que ni siquiera lo había nombrado antes.
Marissa asintió y suspiró mientras se acomodaba en la silla.
— Wenceslao, mi abuelo. ¿Él sabía en que estaba metida mi tía Aurora? —preguntó Therón, evidentemente anonadado por el relato. Byron asintió.
— Fue uno de los primero en saber que teníamos un grupo de estudio, pero nunca creyó que evolucionaría en lo que en realidad fue —dijo con voz monótona y solemne.
Lena dudó al ver el libro aún entre sus manos, pero luego se lo mostró a Byron. Su mirada cobro cierto aire melancólico y tomó entre sus manos el libro para observarlo con minuciosidad.
— Hacía muchos años que no veía esto —dijo casi para sí misma, con una suave sonrisa—. Lo escribió Solange; ella decía que era bueno mantener cierto registro de lo que sucedía pero creí que lo tendría ella —dijo, y su sonrisa se profundizó al ver la lista al final—. Estos eran nuestros nombres en código. También teníamos alías para comunicarnos sin ser identificados.
— Eve era el de mi tía, ¿no? —preguntó Lena.
— Así es —Byron la miró fijamente—. Ella solía usar ese alias en todos lados. Era una persona brillante y risueña, llena de vida —murmuró con tristeza, y suspiró.
Luego hubo un instante de silencio. Breve y preciso, que les ayudo a asimilar y recordar muchas de las cosas que allí se estaban contando. Resultaba extraño, a los tres por igual, oír cosas tan familiares y desconocidas al mismo tiempo.
Sobre todo para Lena. Habían pasado tantos años y se sentía tan ajena a aquella imagen de sus padres que Valquiria defendía y quería vengar. Y ahora, con aquel relato, sentía que los conocía un poco más y se alegraba de identificar ciertos rasgos similares con ellos y con su tía.
— Y entonces —dijo Therón en voz baja, lentamente volviendo a la conversación— ¿Qué sucede después?
Los ojos de Byron se movieron alrededor de la habitación en busca de memoria e inspiración.
— Llegaron las vacaciones, y allí nos separamos. Algunos fueron a misiones, otros viajaron o solo descansaron —respondió—. Pero cuando volvimos las cosas fueron diferentes. Algunos ya se habían recibido y no estaban en la academia, el grupo disminuyo y mientras intentábamos llegar a nuestro objetivo, debíamos luchar contra los demonios personales.
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