Capitulo 16. Anarquía Versus Autoridad
El desayuno había sido más liviano que de costumbre.
En el gran comedor todo era un gran murmullo de jóvenes desayunando; algunos hablaban, otros discutían, y otros estudiaban. El día estaba nublado y hacía que muchos revivieran. Muchos de los cazadores preferían los días tormentosos o de lluvia, no soportaban el calor después de tanto entrenamiento.
Quienes no tenían un muy buen humor eran Louis y Bernardo, no hablaban desde que el director se había ido de su habitación. Ni siquiera tenían ánimos de desayunar. «Que mierda... tengo que hacerme respetar» pensaba Louis dejando a un lado su desayuno. Estaba cansado de seguir órdenes. Quería seguir sus propias órdenes y que nadie le dijera nada. Pero Bernardo no pensaba así, él estaba temeroso de su futuro aunque se mostraba altivo.
Una vez que todos comenzaron a moverse hacia sus clases, ellos también lo hicieron hacia la oficina del edificio principal. Tras recorrer los pasillos y atravesar los pasadizos que servían de atajo, llegaron al lugar lleno de personas concentradas en sus obligaciones. Louis no pudo evitar saludar a algunos de ellos; lo conocían desde que había nacido, además de que se pasaba mucho tiempo allí.
Tras golpear la puerta de la dirección esperaron unos minutos hasta que escucharon la voz de Norbert Von Engels darle permiso. Manteniendo una cordial seriedad se sentaron frente a él a la espera de su castigo. «¿Tendré el mismo castigo que quienes pelearon en el comedor?» Se preguntaba aunque se daba una idea de que no sería así; su abuelo conocía sus gustos más de lo que quisiera.
- Louis, Bernardo -comentó a modo de saludo- Espero que hayan amanecido sin resaca -levantó una ceja y sonrió de lado; su humor era tan extraño que no sabías si reír o temer.
Ellos quedaron en un sepulcral silencio. Él suspiró moviendo los dedos de su mano sobre el escritorio. Louis no podía dejar de ver su anillo, el anillo familiar. Era un objeto sagrado y de culto. Era la prueba física de ser un cazador entrenado y de seguir un legado milenario. Mientras su abuelo buscaba algo en su escritorio, él seguía con la mente en el anillo. Él todavía no lo tenía, como muchos de su edad pero había algunos que ya tenían la fortuna de poseerlo. El león alado con la espada, la balanza y los laureles, esos eran los símbolos que poseía.
Su mente volvió a la realidad cuando entre sus manos había una pequeña carpeta que Norbert les entregó a él y a Bernardo. «¿Más cosas para estudiar?» Se preguntó arrugando la frente mientras la miraba. Levantó sus ojos hacia los de su abuelo; él no se veía enojado porque sus ojos no estaban ensombrecidos, sino que brillaban. «Él se divierte dándome tarea, ¿Acaso le vino la senilidad de golpe?»
- En esas carpetas esta la información que necesitan acerca de, quiénes van a ser de hoy en adelante, sus tutelados -explicó.
Bernardo y Louis se miraron intentando que su asombro no fuese muy notable. «¡¿Está loco?! » Estaba a punto de quejarse cuando su abuelo lo detuvo. Para su pensar, ese era el mejor castigo que ellos podían recibir. Pero ninguno de los dos podía ver lo bueno en eso. Eran ya desastrosos con sus asignaturas y no sabían cuan peores iban a ser con asignaturas que no fuesen propias.
- Empiezan hoy mismo, después de cenar. Se tendrán que encontrar con ellos y presentar como sus tutores. Van a ayudarlos en una serie de clases en las que ellos se encuentran en desventajas y estarán a prueba tanto ellos como ustedes. Además, tendrán acceso a la biblioteca y a salas de entrenamiento para que no anden de noche por las afueras de la academia. Y vean cómo lado bueno, que así estarán más que preparados para las próximas clases -les indicó.
No sabían de qué forma reaccionar. Ahora tenían una responsabilidad sobre alguien, como si fuese un hijo. «Definitivamente no tendré hijos». Louis se dio cuenta que su abuelo los miraba a la espera de alguna queja, comentario o cualquier cosa.
- ¿Mi padre sabe de esto? -Fue lo primero que se le ocurrió preguntar.
- Por supuesto que sí, hijo -respondió casi riéndose. Él era tan raro y cambiante.
- ¿Hay alguna otra alternativa? -volvió a preguntar.
- Nein -respondió con su escalofriante alemán.
- ¿Y si no me gusta la persona de quien tengo que ser tutor? -preguntó Bernardo.
- No es que te vayas a casar con la persona a quien vas a tutelar, simplemente tienes que intentar ayudarla. No hay cambio, queda así -impuso con firmeza.
Por lo visto no había más alternativa, era eso o la muerte. Bueno, no realmente la muerte, pero no ser un cazador para Louis era un destino igual a peor.
- ¿Algunas preguntas más? -miró a ambos a la espera de algun comentario mas. Louis levantó su mano.
- Dos. Una: ¿Vamos a hacer más cosas que ser tutor?; y Dos: ¿Qué pasa con la compañera de cuarto de Ernestina? -inquirió.
- Pregunta uno: por el momento sí; Pregunta dos: será trasladada a otra habitación, no se habla más de ese tema -sentenció. Louis puso los ojos en blanco pero enseguida acomodo su expresión, él detestaba que le hicieran eso o cualquier gesto de anarquía. Aunque para él, todo era gesto de anarquía.
***
Una vez salieron del edificio principal, Bernardo y Louis se separaron para ir hacia sus respectivas clases. Yendo hacia el edificio miraba la carpeta a la que no se animaba a abrir. Se preguntaba quién sería, que sería: hombre o mujer. Si era mujer le gustaría, quizás tendría una oportunidad; y si era hombre rezaba para que no fuese alguien raro, allí había muchos de esos. Miró el reloj en su mano y notó que iba a llegar tarde a la clase de religión. Le resultaba bastante aburrida como todas las demás materias teóricas.
El primer día de clase se preguntó cuánto le llevaría cursar esa materia y cuantas religiones había en el mundo, y resultaba que varias, con muchas historias, leyendas y creencias. Así era como llevaba un par de años intentando terminarla de una vez por todas. Cuando llegó a su casillero agarró sus cosas y guardó allí la carpeta, no tenía intención de ver quien seria.
Empezó a correr a través de los pasillos para llegar al aula, estaba llegando cuando se topo con una de sus compañeras. Ella lo liquido con la mirada; poseía unos castaños ojos que le transmitían el rechazo que sentía. Llevaba el pelo recogido, vestía de manera recatada, y llevaba sus libros en la mano dándole una apariencia de erudito. Poseía un semblante sereno y delicado, era callada y medida. Pero no todo ángel, es celestial. Y así era ella, intentando verse de una forma pero era de otra.
- Entra primero, linda -le dice él señalando la puerta. Ella le sonrió.
-Sabes que tengo nombre, ¿No? -preguntó simulando simpatía. Pese a los años que llevaba allí su acento ingles era muy marcado.
- Perdón, primero usted señorita Law -le guiño el ojo.
Sarah no le respondió y simplemente ingreso al salón. Louis, por su parte, puso una expresión de desagrado para luego ingresar. Ella le resultaba antipática en una manera que no lo producía ni siquiera su enemigo.
***
En cuanto su última clase de la mañana llegó a su fin, él salió como una bala hacia los corredores. Había una cosa buena además de terminar con las clases teóricas y era que en la tarde tendría la acción que tanto esperaba. Guardaba las cosas en su casillero. A punto de cerrarlo, observo la carpeta que horas antes le había entregado su abuelo. Se sentía frustrado teniendo que encargarse de la educación de alguien más y no poder ocuparse enteramente de él. Algunos lo llamarían egoísta pero él no veía nada de malo en eso. Bruscamente agarró la carpeta y se la llevó consigo hacia el gran comedor.
El lugar estaba atestado de gente pero se la ingenio para obtener su comida mas rápido, conversando con unos conocidos en los primeros lugares. Con la bandeja en mano se dirigió hacia su mesa de siempre, ubicada dentro de la elite del lugar; ese lugar era destinado a quienes tenían mejores promedios, provenían de las familias más prestigiosas o aquellos que osaban de una gran popularidad.
Corriendo un poco a Corney de su lugar, se sentó en medio de él y de Bernardo. Entre las bandejas con la comida descansaba la carpeta de Bernardo y Louis tiró la suya encima. Ambos la miraban desanimados y quienes los rodeaban no dejaban de preguntarse qué era lo que sucedía.
- Nada -respondieron a dúo. Algunos arrugaron la frente, como Corney.
- Si no van a hablar de eso, por lo menos cuenten como les fue en el examen de hoy -comentó este y recibió una mirada amenazadora por parte de los dos- ¿Qué les pasa que están de tan mal humor? -preguntó exaltado.
- Tal vez, la chica que les gustaba los rechazo -Aurora rió de forma despiadada.
- Han llegado a mi oídos rumores de que algo muysimilar también te sucedió a ti -dijo Louis haciendo que su sonrisa se borrara inmediatamente.
Louis comenzó a comer haciendo caso omiso a la carpeta frente a él o a la presencia a su alrededor de sus compañeros más cercanos. Comió con paciencia y muy poco, porque esa tarde descargaría toda su frustración en las prácticas.
- ¡Buenas! -Sarah saludó a todos con una sonrisa que hizo que el humor de Louis se volviera más negro- ¡Von Engels! Es una pena que no te hayan dejado terminar el examen, la próxima tienes que ser más rápido o por lo menos estudiar -comentó con expresión de pena.
Ella estaba sentada frente a él. Y él sin decir nada la miró inexpresivo, con sus gélidos ojos grises. Mostrándose inalterable mantuvo fija la mirada, intentando intimidarla. Pero ella no se quedaba atrás, con una expresión entre altanera e inocente seguía con el juego visual. Ninguno de los dos estaba dispuesto a ceder, era demostrar quién era fuerte y quien débil. Sarah sonrió abiertamente y pretendía tomar la carpeta sobre la mesa cuando él, siendo más rápido la agarró.
- Metete en tus propios asuntos, ángel -él le guiño el ojo y se levantó precipitadamente de la mesa para irse de allí.
Escucho un ligero murmullo que se expandió a sus espaldas, pero a él no le importaba. A nadie le interesaban sus cosas.
***
Aunque el sol no estuviese, el aire húmedo era bastante molesto. Le resultaba insoportable sobre todo después de correr un largo tiempo alrededor de la academia. Ese era el tipo de precalentamiento que le gustaba al profesor Colette, seguido de flexiones y una serie de actividades que podrían hacer que un simple humano falleciera en el intento. Pero claro, ellos no eran simples humanos.
- Ustedes, soldados, son cazadores. También conocidos como Kamikazes. Son la fuerza sobre este planeta encargada de hacer que las leyes se cumplan. Ustedes mandan, ustedes tienen el poder de hacer justicia.
Esas eran las palabras que a Colette le gustaba usar para hacerlos sentir bien y fuerte. Pero todos sabían bien que eran. Humanos evolucionados, tanto física como psíquicamente, preparados para el exterminio y caza de criaturas engendradas por el mal. La balanza y la espada de Miguel; la justicia y la condena.
Si había algo por lo que se caracterizaban los Colette, tanto el profesor como su hermana Aurora, era por su disciplina y rigidez. En su momento el profesor Colette, también conocido como Wen había sido un alumno complicado pero si había algo en lo que no fallaba era en la disciplina para el combate. Y dada su historia de rebeldía, en su madurez se encargaba de enseñar a los alumnos acerca de la batalla entre la adolescencia y el oficio.
Entre tanto precalentamiento, al fin arrancó la clase haciendo que todos se pusieran en parejas. Como era usual, Louis se dirigía como si lo guiara una fuerza sobrenatural hacia Bernardo. No tuvieron que mirarse para chocar las manos y empezar a pelear. Bernardo poseía una gran fuerza que hacía doblegar a Louis con facilidad pero este era ágil y rápido haciéndolo un gran luchador.
Lo tenía en el piso acorralado, cuando Louis le pegó en las costillas Bernardo cedió un espacio que supo aprovechar para distanciarlo y tomar ventaja. Se levantó y sosteniendo su brazo giro sobre su eje para quedar a sus espaldas, practicando una maniobra para inmovilizarlo. Su amigo intentó zafarse pero ante su imposibilidad no le quedó otra opción que rendirse.
- Hoy estas, particularmente irritable -se quejó Bernardo poniéndose de pie- A mí también me castigo el director pero no me ando comportando como un idiota - su voz sonaba fuerte y llena de irritación. Sus ojos se volvieron más oscuros de lo que eran.
- No necesitas comportarte como tal, porque ya lo eres -lo increpó Louis con rabia.
Bernardo con veneno en sus ojos le lanzo su puño firme en dirección a la cara que Louis supo bloquear, y le pegó con la otra en la panza. Con gesto de dolor, Bernardo arremetió contra él para terminar ambos en el piso con un intercambio violento de piñas. Ambos no dejaban de dirigirse ataques y de bloquearse para no salir perdiendo. De pronto, percibieron como fuerzas superiores los alejaban.
- Arias y Von Engels, ¿Qué carajo hacen? -preguntó con un grito autoritario Collete; era un tipo alto y forzudo, con el pelo ruliento oscuro y brillantes ojos grises que resaltaban en su tonalidad de piel.
- Disculpe señor, nos dejamos guiar por la competencia -explicó Louis.
Wen Colette se acercó más a Louis, intentó detectar algún gesto de flaqueza pero no encontró nada. Volteó hacia Bernardo y caminó hacia él.
- Soldado Arias, ¿Algo para decir? -le preguntó.
- Nada Señor -respondió mirándolo a los ojos. El señor Colette asintió y miró alrededor, algunos estudiantes miraban curiosos mientras otros seguían con la competencia.
- ¿Acaso di la orden de que dejaran de practicar? -inquirió al resto. Todo el mundo volvió a las practicas, inclusive Louis y Bernardo, quienes se dieron las manos en sentido de disculpa y volvieron a luchar.
***
Era la hora en la que todos estaban en busca de su cena después de un día agotador y jovial. Solamente había algunos pocos que seguían en sus habitaciones. Entre esos estaba Louis. Salía del baño solamente con un jean y secándose el pelo para tirar la toalla al piso. Echó un vistazo hacia el campus para ver el anochecer oscuro y plagado de misticismo. Se desplomó en su cama para observar a Bernardo en su cama leyendo.
Aunque en un comienzo se lo veía totalmente negado a la idea de mirar la carpeta, tras una guerra mental decidió espiar un poco. Para ese momento, su rostro reflejaba la excitación que tenía por correr hacia afuera. Louis puso los ojos en blanco recordando la presencia de su carpeta en los pies de la cama.
- Solo puedes tener esa cara si se te encargo ser tutor de una mujer que probablemente parezca una modelo -comentó agriamente. Bernardo movió su cabeza para negar.
- Si, se me encargo tutelar a una chica, específicamente Solange Zanders pero lo interesante es que le tengo que ayudar en combate, tiro, carreras, y en karate -explicó.
Louis se encogió de hombros con un gesto de desinterés. Bernardo lo miró con intriga y le señalo con un movimiento de cabeza su carpeta. Le mantuvo la mirada unos segundos, en su interior se debatía si mirarla y cargar con las consecuencias de sus actos, o no prestarle atención y perder todo su progreso hasta el momento. Porque si él no cumplía con eso, seria desheredado y desterrado de ese mundo. Para ser un simple mortal quien podría haber tenido un brillante futuro como cazador.
Con el entrecejo arrugado cruzó los brazos sobre su pecho. Miraba la carpeta como si fuese su más grande reto. Era más parecido a un niño enchinchado que a un joven guerrero. Escucho un resoplido de Bernardo. Él se levantó y fue en dirección a la puerta. Le murmuró algo antes de dejar la habitación pero estaba tan concentrado en su guerra interna que no le prestó atención, solo pudo oír la palabra arrepentimiento. Estaba solo e indeciso.
Se paro bruscamente para caminar en círculos. «No te pueden dominar» se decía a si mismo en los momentos en que parecía ceder. «¿Piensas dejarte ganar por la autoridad? Si te niegas, estarías dándole la razón en que no eres buen cazado». La otra personalidad de su conciencia salía a flote. Dando un suspiro se detuvo. «La autoridad se puede ir al infierno, les voy a demostrar lo que soy» se dijo a si mismo agarrando la carpeta y abriéndola.
***
Recorrió los pasillos con la mente en aquellas hojas. No podía dejar de preguntarse cosas acerca de aquella persona. Le había sido encargado el entrenamiento de asignaturas especialmente físicas de un joven cazador de 15 años. Él se encontraba a mitad de camino y parecía que lo único que le impedía progresar era su falta de agrado por los entrenamientos. Louis nunca había oído de él pero quizás porque solo conocía a los más eliticos. Seguramente aquel chico seria de esos a lo que le faltaban socializar, que no tenían amigos y se pasaban todo el tiempo en la biblioteca.
En su mente tenía una difusa imagen de un ser pequeño y morrudo, con abundante pelo revuelto y ojos tapados en grandes lentes. Al prestar atención se dio cuenta que se encontraba ya en la habitación de él. Golpeó despacio y quedó a la espera. Transcurrieron unos minutos cuando se abrió la puerta y se asomo un chico pequeño y robusto. Tenía grandes ojos azules detrás de unos lentes y lo miraba desorientado. Louis no pudo evitar sonreír ante tan cliqué, mientras pensaba en su reputación. «Esto apesta» El chico parecía haberse quedado tan pálido como una hoja y sufrir alguna especie de amnesia en la que no sabía cómo hablar.
- Disculpa, ¿Eres Warden Byron? -le preguntó.
La respiración de él se agito mientras miraba a su alrededor. Una figura un poco más alta que él se interpuso sacándolo del foco de atención. Este otro chico era más alto que él y con una espalda ancha, parecía uno de esos cazadores que custodiaban cosas de gran importancia. Con una fría mirada verde movió sus finos labios hacia un lado, haciendo una mueca de desilusión.
- Von Engels, ¿No es cierto? -preguntó éste; su voz era profunda y lo hacía ver mucho mayor que él. Louis asintió- Byron Warden, un gusto -le tendió la mano presentándose con fuerte acento inglés.
Louis le tendió la mano con lentitud. No era como se lo imaginaba. Si no hubiese visto su informe nunca creería que él era patético para lo físico. Su cara era rectangular, con rectas líneas, ojos caídos y alargados.
- Así que tu eres mi tutor.... Creí que Louis Von Engels era más extrovertido -murmuró pensativo Byron con una media sonrisa. Louis rió incomodo, rascándose la cabeza.
- Disculpa, solo creí que... -comenzaba a hablar.
- ¿Era una rata de biblioteca? -preguntó Byron- Algunos creen eso y otros que soy un experto en lucha; las apariencias engañan, no soy ninguna de las dos -rió.
- La verdad que sí -admitió.
Byron se miró a sí mismo y a su alrededor. Llevaba el equipo de entrenamiento: pantalones anchos y remera negra con unas zapatillas. Se encogió de hombros con una expresión de "estoy listo para empezar" y cerró la puerta tras él.
***
Ambos, en silencio, se dirigían hacia el gimnasio. Afuera de la academia estaba oscuro y húmedo. El cielo lo cubría una densa nube que volvía a la noche extraña. Ninguno hablaba solo admiraban el silencio sepulcral. Llegaron al gimnasio y se encontraron en el interior con Bernardo y una pequeña chica morena. Ella era Solange Zander una chica francesa que era algo así como una erudito en el estudio pero no así en el combate. A medida se acercaron a ellos dejaron de practicar esgrima. Él sonrió al ver a su amigo y a Byron, a quien lo recorrió de pies a cabezas sin entender la razón de la tutoría. Ella posó sus grandes ojos negros en Louis con una mueca satisfactoria. Esa expresión que ponían todas cuando veían a alguien que les daba gusto ver. Louis saludó a su amigo de forma relajada y presentó a Byron.
- Arias Bernardo, pero todos me llaman Arias -sonrió él dándose cuenta que le tocaba presentar a la chica a su lado- Solange Zanders -murmuró decepcionado.
- Buenas noches -Louis y Byron movieron la cabeza. Ella parecía ser tímida y tener solo ojos para Louis, quien reía divertido.
Miró a Bernardo y notó la señal que le hizo. Fueron a un lado, y enseguida Bernardo se puso de espaldas para que ni Solange ni Byron los escucharan. Él se veía molesto o decepcionado. Un par de arrugas ocupaban el entrecejo y la frente.
- Es más insoportable de lo que la imagine. Intento enseñarle práctica y ella me salta con lo teórico en ese insoportable acento que tiene. Sabe de todo y me corrige absolutamente todo lo que hago. Ya no se qué hacer -comentó entre susurros; estaba frustrado y Louis intentaba mantener la seriedad.
- ¡Pobre de ti Arias! Trata de relajarte, de esto depende nuestra formación. A mí me toco un ingles, veré que puedo hacer. Si necesitas ayuda, avísame -le dio unas palmadas en la mejilla, a modo de ánimos para continuar.
Louis hizo unos pasos hacia atrás y con su mano llamó a Byron. Respiró hondo y le indicó que harían. Como primera medida, empezaron a correr alrededor del gimnasio varias vueltas para entrar en calor. En un momento no pudo evitar sonreír al recordar al profesor Colette. Con el tiempo se dio cuenta que Byron era bueno corriendo e incluso tenía más resistencia con él. Cada vez le parecía más extraño que alguien como él necesitase una tutoría. Cuando pasaron a practicar lucha libre, Louis midió su fuerza y notó sus desventajas. Él era torpe y su cuerpo grande le impedía ser ligero. Pero mas allá de eso, él parecía saber mucho sobre lucha.
- No entiendo que haces aquí si eres bueno -murmuró Louis alejándose y tomando un descanso.
Byron agachó la cabeza con una sonrisa y sentándose en el piso extendió su mano hacia una botella. Louis estiraba su cuerpo respirando hondonadas de aire.
- Puede que sea bueno, pero soy de esos que mientras hacen algo piensan en otra cosa, quieren ser buenos en todo y no terminan siendo nada -murmuró alejando la botella de él, con expresión pensante. Él miró a Louis con firmeza impregnando en su tono de voz un aire de sabiduría- En este instante, por ejemplo, estoy pensando que tengo que ir a clases de jardinería antes para ver el progreso de mis plantas y anotar todo en mi agenda -agregó.
Su amplia sonrisa rompió la seriedad del momento. Louis lo miró con diversión. Era lo más disparatado que había oído decir a alguien. La mayoría de quienes estaban allí odiaban ese tipo de clases, y ni las mujeres las toleraban. Y a él además, le encantaba. Desvió la mirada para que él no pensara que se burlaba. A metros de ellos, Bernardo y Aurora seguían practicando en medio de las interrupciones de ella.
- Se lo que piensas -escuchó la voz de Byron- Pero aunque no lo parezca la jardinería ayuda a moldear la paciencia; una características que no muchos tenemos y que es preciada -indicó. Louis borró la sonrisa y sus ojos adquirieron unos tonos más opacos. Él no era paciente sino todo lo contrario y eso era lo que lo había metido en tantos problemas.
Para que la noche no fuera hacia un rumbo cuasi psicológico y filosofal, Louis empezó a hablar acerca de las actividades de ahora en mas y tras darle unos últimos consejos ambos dejaron el gimnasio listos para descansar.
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