Capitulo 13. El escuadrón de sombras
Las luces estaban tenues en la sala de conferencia en la academia de Londres. El día gris y la lluvia, acompañaban la poca animosidad entre todos los reunidos. La liga oscura, había sido nuevamente reunida para intercambiar los informes de cada zona de la ciudad.
Los ataques estaban cediendo o eso era lo que parecía por el momento. Los cazadores de la academia de Londres iban poco a poco tomando relevo nuevamente de sus puestos en la ciudad. La armonía iba brotando hasta la superficie y la tendencia de normalidad se iba instalando. Una armonía y normalidad que preocupaba aún más a los cazadores.
Se sentía como el silencio previo a una tormenta, como preámbulo de algo grande y peligroso. Creando una falsa sensación de confianza que se lograría desmoronar en segundos una vez se desatase lo que sea.
Alrededor de la mesa que precedía Víctor Law, se encontraban todos escuchándolo, o por lo menos haciendo el intento de escucharlo. Junto a Víctor, Larson permanecía de pie para asegurarse que sus cazadores prestasen atención. Su altura y su cuerpo fuerte, lo hacían ver como una especie de dios griego; poderoso y bestial.
A un lado, Hamish y Ethan escuchaban a Víctor con mirada aburrida. El primero estaba desplomado sobre la silla, con expresión sombría y la mente en algún sitio lejos de allí. Por su parte, Ethan, se veía tranquilo curioseando sobre la figura de Eleonora, frente a él, quien observaba las hojas sobre la mesa con pedantería y desafío.
A su lado, Naomi oía con aparente interés a Víctor mientras jugueteaba con un bolígrafo que terminó clavando en el rodete rojo anaranjado que llevaba. Sus ojos turquesas se posaron más allá de ella, donde Norbert y Martiniano intentaban disimular su desinterés por informes y estadísticas. Uno luchaba contra los bostezos mientras el otro contemplaba a Valquiria, quien permanecía observando a Víctor pero realmente no lo escuchaba, y algo en su expresión debelaba una preocupación más allá de la que debía sentir por la situación.
A la derecha de Valquiria, Newén se impregnaba de toda la información para poder utilizarla si era necesario. Mientras que Leonardo estaba llegando a enloquecer del aburrimiento. Viridis, quien se había unido a último momento, estaba sentada al otro costado de Valquiria; su serenidad conservadora y diplomática era tan dispar a Valquiria que costaba entender que entre ambas hubiese algún tipo de amistad. Una la fiereza, y la otra, la cordialidad.
La languidez de los minutos ponían en perspectiva los días allí que parecían eternos. La ausencia de Aaron se percibía pero no era algo que afectase completamente a todos, sobre todo a Hamish y Ethan quienes eran sus amigos.
— Así que eso es todo —murmuró de repente Víctor y todos volvieron a cobrar vida en la sala, saliendo de aquel aturdimiento para volver a concentrar sus energías en sus tareas—. Volverán para una nueva expedición y luego podrán descansar un poco —agregó él mirando a Larson, quien se adelantó para dedicarles una mirada a los cazadores con advertencia.
— Se dividirán en los siguientes grupos: Arias Collete 1 con McAlister —ordenó mirando a Eleonora que puso los ojos en blanco—; Arias Collete 2 con Einarsen; Law y Hamilton; Belisario y Gonzaga; y por ultimo Von Engels y Alcander —finalizó mirando a Valquiria y a Viridis, una tenía una expresión mortífera mientras la otra sonreía encantada— ¿Alguna objeción? —preguntó, y Valquiria estuvo a punto de levantar la mano si no fuese porque Newén la miraba con precaución para que no hiciera ningún berrinche.
Aquella pesadez en la habitación se disolvió al mismo tiempo que todos se pusieron de pie para volver a sus puestos en una ciudad que le daba la bienvenida a la oscuridad de la noche.
Solo quedaban algunos que otros alumnos en la academia mientras los cazadores se dispersaban, y en uno de los pasillos, Valquiria caminaba a paso largo y preciso, con humor de pocos amigos.
— ¡Oh vamos! Será divertido —exclamó Viridis acercándose a ella, mientras Newén y Leonardo caminaban tras ellas, disimulando estar atentos a la conversación de ambas y reteniendo las ganas de reírse de Valquiria.
Valquiria puso los ojos en blanco al mismo tiempo que giraba en el pasillo para tomar la salida más rápida.
— ¿Cuando vas a reconocer que me extrañas? —le preguntó Viridis, con sus ojos negros brillando con diversión.
— Nunca —respondió Valquiria, y Viridis suspiró sin verse afectada, ya que conocía de antemano el temperamento de ella.
— Hace algo de dos años que no nos vemos ¿No preguntaras por mi vida? —Preguntó a lo que Valquiria negó rotundamente— Bueno, te lo diré igual: he sacado un nuevo disco, he estado de gira en América, me han contratado para participar de una película y para que canté en uno de esos megas eventos súper famosos, ¿no es genial? —exclamó encantada.
— La verdad que si —respondió Leonardo tras ellas. Valquiria lo miró iracunda mientras Viridis le sonrió con simpatía. Newén posó su mano sobre su boca para que su sonrisa no reflotara, y aclaró su garganta para intentar llamar la atención.
— ¿Víctor volvió a insistir? —preguntó él cambiando de tema con la mirada inquisitiva en Valquiria. Ella lo miró por un segundo antes de volver la vista hacia el pasillo.
— No —respondió ella. Su voz sonó pensativa. Su tío había insistido muchas veces para que hablara acerca de lo que había sucedido, pero no había nada por decir, por lo menos nada útil para ellos.
Los ojos de Viridis se agudizaron, evaluativos sobre Leonardo, Newén y Valquiria, pero no dijo nada; ella sabía cuando podía hablar y también cuando callar.
Las puertas de la academia se abrieron frente a ellos, siendo azotados por el aire revuelto de la ciudad. Una tormenta se estaba acercando, y podían sentirlo en la piel. Viridis suspiró, volviendo a taparse la cara con la capucha y se giró hacia Valquiria, que en sus ojos grises podía verse la misma tormenta que se venía. Newén y Leonardo siguieron el paso hasta la camioneta, a la espera tanto Viridis como de Valquiria.
— Te ves diferente, ¿Sabes? —la voz de Viridis, tenue y pensativa, llamó la atención a Valquiria. Pese a que no se podía ver su rostro, ella podía notar que no había nada de diversión o burla. Y como si la hubiesen jalado de un hilo, Valquiria se irguió aun más, casi a la defensiva. Se volvió inexpresiva y la tenacidad en sus ojos, oscureció su aspecto.
— Quizás estés perdiendo la visión, deberías consultar a un oftalmólogo —murmuró Valquiria con frialdad y acortó los metros que la separaban de la camioneta. Bajo el manto de oscuridad, Viridis sonrió meneando la cabeza y teniendo la certeza de que lo que veía era verdad.
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La noche estaba en su apogeo; fría y solitaria en las lejanías de la ciudad. La lluvia se había detenido y solo quedaba su aroma en el ambiente. El olor de la tierra húmeda y de los arboles se mezclaba con la humedad. Las gotas pendían de las hojas juguetonamente, y caían en los charcos creando sucesivas ondas.
Pese a todo, lo que prevalecía era la tranquilidad. Una tranquilidad que llevaba a pensar en nuevos ataques y a estar mas expectante a lo que fuese. Los irises grises de Valquiria eran apenas un fino anillo, que observaban todo meticulosamente desde la oscuridad de las malezas. Respiró aquel aire impregnado por la naturaleza salvaje e indómita, y siguió caminando lentamente. Su pelo estaba suelo y mojado, y las gotas que caían resbalaban por su grueso y largo abrigo negro. En una de sus pálidas manos descansaba su cuchillo personal.
Miró hacia atrás por alguna pista de Viridis pero ella no estaba a la vista, y dudaba que estuviese cerca, y así lo prefería. Desde el momento en que ambas se habían conocido a los diez años, su relación había sido así: frágil y fuerte al mismo tiempo. Estudiaron y pelearon juntas hasta ser tan buenas en ello que no había mas competencia en la academia que ellas mismas. Y así había nacido aquella eterna rivalidad amistosa que nadie, más que ellas, comprendía.
A pesar de que los pasos de Valquiria eran suaves, se oía el pequeño crujido de las ramas y hojas. El bosque en el que estaba sumergida era extenso y casi imposible de conocer completamente. Y aunque dudaba que allí pudiese haber algún tipo de peligro, sabía que allí en la oscura soledad era donde los demonios preferían ocultarse.
De pronto, un crujido de mayor sonido la obligó a detenerse. Se agazapo hacia el suelo, viéndose como un animal expectante a punto de atacar, y mirando su alrededor con énfasis. Solo tardó un latido cardiaco en que aquel sonido de repitiera, fuerte, preciso y constante. Reconoció un suave arrastré mientras los pasos seguían enviando ecos hacia su posición.
Analizó sus sentidos que estaban normales, pero dudó frente a la desconfianza que sentía sobre todo. Levantó la vista hacia el árbol que se erigía sobre ella y de un salto llegó hasta las copas de los arboles, desde donde fue avanzando desde su posición sin ser descubierta.
Avanzó unos cuantos metros hasta que llegó al lugar donde creía que provenían los ruidos, pero al descender no había nada. Dudó antes de descender y se tomó su tiempo en solo observar la escena. Cuando se bajó del árbol, las hojas crujieron bajo sus pies y notó las condiciones del suelo. Entre las hojas y las ramas identificó huellas de barro que no coincidían con ningún tipo criatura que ella esperaba encontrar allí, sino que eran marcas de botas.
Su expresión se tiño de curiosidad y tras pensarlo medio segundo, comenzó a seguir aquellas huellas que de la misma manera repentina en la que aparecieron, también desaparecieron. «¿Qué mierda?» pensó cerrando sus manos en puños, preguntándose si eso era algún tipo de trampa pero respiró hondo y volvió a percibir sus sentidos en completa normalidad. «Demonios» profirió el insulto mentalmente, prefiriendo encontrarse con esa criatura antes que andar siguiendo migas de pan que llevaría hacia alguna bruja hambrienta. «Solo que no soy Hansel y Gretel» suspiró estirando su cuerpo como un gato.
Echó un vistazo a su alrededor sin poder localizar nada en particular hasta que un sonido suave y casi imperceptible le llamó la atención. Era tan suave como un susurro, y estaba segura que no eran cosas de su mente que intentaban confundirla. Aquello era verdad y provenían de algún sitio cercano, muy cercano.
La peligrosidad de su mirada inspeccionó hacia arriba y tras no encontrar nada, recorrió el suelo en buscas de pistas. De pronto, entre la espesura de la maleza y la tierra revuelta encontró un pedazo de hierro, grueso y fuerte. Repasó con sus dedos su contorno e identificó una especie de compuerta. Una sonrisa victoriosa y llena de júbilo se cruzó por sus labios. Sus ojos brillaron al mismo tiempo que hizo la fuerza suficiente para abrirla, y se sumergió en aquel manto de oscuridad más negra que aquella noche, sin importarle el peligro que trajese porque para Valquiria no había cosa más peligrosa que ella misma.
El sonido de sus pies chocar contra el suelo hicieron un suave eco. No veía nada pero ya no sentía el mismo frio que arriba, ni tampoco la humedad. Analizó la posibilidad de encender una de sus linternas pero espero a que sus ojos se ajustasen un poco a la nueva oscuridad, para verse rodeada de paredes de tierra que eran parte de un túnel.
Retuvo el aire en sus pulmones. Había estado muchas veces encerradas; al principio había sido demasiado traumático pero solo era cuestión de tiempo para aprender a acostumbrarse. Y así era la vida del cazador: acostumbrarse a vivir, acostumbrarse a luchar, acostumbrarse a matar, acostumbrarse a la posibilidad de ser matado. Una punzada dolorosa cruzó su pecho al pensar en Lena pero inmediatamente descartó toda posibilidad de imaginarse diversos escenarios para ella. Lena estaba a salvo, y de eso no tenía duda alguna.
Largó el aire suavemente al ritmo de sus pasos avanzando por aquel lugar. Ella se sentía tranquila pese al estado de alerta. Notó como aquel susurro previo cobraba más fuerza, y se aferró aún más a su cuchillo. Y a medio camino de lo que fuese que había al final, se encontró con que el túnel se dividía en dos.
Valquiria ladeó la cabeza y en sus ojos había astucia. «Cualquiera sea el camino que elijas, va a ser el incorrecto» recordó las palabras que le había dicho su mentora una vez. Ella puso los ojos en blanco al pensar en Emer Ferguson y tomó el camino de la derecha sin molestarse en pensar cuál podría ser el correcto.
Las voces fueron haciéndose más claras al mismo tiempo que podía sentir el calor en el ambiente y como la claridad emergía desde algún sitio.
— ¿Qué fue lo que sucedió? —la voz de una mujer resonó y Valquiria detuvo su andar para agazaparse contra una pared.
Inspeccionó hacia la orientación en que los sonidos se filtraban y tras andar unos pasos más, observó como el túnel comenzaba a estar formado por cientos de arcos que rodeaban lo que parecía ser una especie de cueva, formada por viejos ladrillos. En medio de aquella habitación había una mesa donde descansaba una persona. Valquiria dudó si estaba vivo o muerto, ya que solo podía ver su cuerpo tendido lleno de sangre. A su alrededor, un pequeño grupo de personas se reunieron, y observó preocupación y temor en aquella persona de la que provenía la voz que había oído.
— Eran demasiados —dijo alguien que Valquiria no pudo divisar, ya que estaba sobre aquella persona tendida y malherida.
Los ojos de ella dieron un rápido vistazo por el sitio y notó que parecía haber sido un lugar hermoso e importante en algún momento de la antigüedad antes de ser abandonado y que solo quedasen sus cimientos para tierra. Su techo era una cúpula de vidrios multicolores desde donde se desprendía un gran candelabro de velas que era lo que iluminaba gran parte de aquel lugar. Y en las paredes de mosaicos descansaban piras de fuego que aportaban más luz.
— No deberían haber ido solos —dijo aquella mujer que había hablado antes. Valquiria notó su aspecto pequeño, su rostro de rasgos muy bonitos para simples humanos, y su pelo era castaño rojizo.
Observándolos, se sintió decepcionada por haber encontrado solo humanos, habiendo esperado algo más. Y se estaba girando para irse cuando el frio del hierro de un arma de fuego se posó en su frente. Valquiria se tensó ante la compañía inesperada pero no por aquel intentó de ataque hacia ella.
— ¿Quién eres? —le preguntó el chico frente a ella. Era alto y robusto. Su pelo dorado era corto, y sus rasgos eran filosos bajo aquella luz. Sus ojos claros flamearon con advertencia cuando ella no respondió.
Las conversaciones en la sala se detuvieron y aquel chico la obligó a seguir caminando para quedar a la vista de todos.
— Tenemos un intruso —sentenció él, a los demás que posaban sus ojos en Valquiria—. ¿Quién eres? ¿Y qué haces aquí? —preguntó.
— Podría hacer la misma pregunta —murmuró Valquiria en tono frio, manteniendo su postura tranquila. Aquel chico la amenazó moviendo el arma aún más cerca de sus ojos, y ella sonrió— Si vas a disparar hazlo ahora, antes que te quedes sin manos —agregó. El chico se volvió iracundo, al mismo tiempo que emergió el sonido de personas hablando y por último, un grito fuerte exigió callar a todos.
— Neryan, aléjate de ella —habló aquella voz que Valquiria ya había oído antes.
— Con que te llamas Neryan —canturreó Valquiria ladeando su cabeza y haciendo más fuerza de su cara contra el arma—. Vamos, anda, mátame —lo provocó con una sonrisa. La confusión y el temor se arremolinaron en los ojos pardos de Neryan, que miraba hacia donde estaban los demás.
— No le hagas daño —comentó aquella voz masculina. La expresión de Neryan se volvió tormentosa—. No te lo estoy diciendo a ti —reconoció aquella voz, y Neryan se volvió confuso al igual que Valquiria.
Su máscara de inexpresividad se levantó cuando volteó para cruzar miradas con aquella voz, que ya había oído y con quien ya se habían encontrado. No era otro que aquel individuo que había querido ayudarla un par de noches atrás. Sus ojos cristalinos, como los recordaba, se posaban firmemente en ella, al igual que las miradas de los demás, llenas de reproche, malestar y temor.
— ¿Qué? —preguntó Neryan.
— Ella es una cazadora —explicó aquel chico e inmediatamente el arma se alejó del rostro de Valquiria, y la rigurosidad sobrevino en el rostro de Neryan.
Los ojos de Valquiria brillaron de diversión sobre Neryan, pero aunque le hubiese gustado desarmarlo y doblegarlo sobre el suelo a la espera de clemencia esperó, porque la curiosidad le había picado y esperaba ver hasta dónde podían llegar.
— ¿Qué haces aquí? —le preguntó aquel chico acercándose a ella.
Con la luz, Valquiria podía notar las curvas tenues de sus pómulos y su mandíbula fuerte, rodeada de una barba incipiente. Sus ojos rasgados y felinos brillaban con curiosidad. Ella no estaba habituada a los humanos ni los toleraba, pero había algo en aquel humano que le llamaba la atención. Quizás, era aquella actitud despreocupada y llena de confianza que le resultaba ridícula lo que le divertía.
— Esta es mi zona de guardia —respondió ella mirándolo fijamente— ¿Y qué hacen ustedes aquí? —le preguntó. Él pasó su mano por su pelo y dio un vistazo al pequeño grupo de personas tras él, todos ellos se veían preocupados y con actitud defensiva.
— Éste es nuestro sitio de reunión —respondió sin dar más detalles. Valquiria levantó una ceja con condescendencia, dándose cuenta que él tenía tan pocas ganas de dar explicaciones como ella. Luego movió su cuerpo lentamente y observó a la persona tendida en la mesa, que estaba siendo tapada por el pequeño grupo.
— Si no se apresuran, se va a morir muy pronto desangrado —murmuró ella. La chica joven y de pelo rojizo se apresuró a ir hacia aquel hombre e intentó hacerlo despertar.
— Él está bien, puedes irte. Aquí no hay nada que concierna los kamikazes —gruño Neryan. Valquiria reprimió la sonrisa e intentó controlar su pedantería. Solo le dedicó una mirada a Neryan llena de advertencia y comenzó a abrirse paso hacia aquella persona.
El pequeño grupo que constaba de cuatro personas se posó frente a ella, levantándose en armas; dos de ellos poseían revólveres, mientras que otro llevaba una navaja y el que restaba un machete. Ella se detuvo, jugueteando con su cuchillo entre sus dedos y ladeó la cabeza.
— Si no quieren que se muera salgan de mi camino. Los cortes que tienen allí son rasguños mortales, y si tiene un gramo de suerte puede que no sean de algún licántropo infectado —elevó su voz autoritariamente, llenando el ambiente de tensión y temor. Los cuatro se miraron para luego recaer en la presencia de ambos chicos tras la espalda de ella.
— Déjenla pasar —dijo alguno de los dos, y ella asintió cuando las cuatro personas se abrieron paso.
El hombre que descansaba en la mesa apenas cabía en ella, pero no parecía ser inconveniente para el trabajo que debía hacer Valquiria. Le dio un rápido vistazo a sus heridas y tras deshacerse de su chaqueta, ató su pelo en lo alto y buscó en algun lado algo que pudiese ayudarla.
— ¿Acaso no tienen alcohol? —preguntó a nadie en particular. La otra chica en aquel grupo, alta y rubia, negó con la cabeza, y Valquiria puso los ojos en blanco— ¿Ron? ¿Vodka? ¿Whisky? ¿Tequila? ¿Grapa? —inquirió. Todos se miraron nuevamente, y hasta que algunos comenzaron a buscar, y no pasó mucho tiempo para que junto a ella descansaran unas cuantas botellas de licor.
Ella evaluó algunas de las botellas y se decidió por una de vodka. Tomó un trago para calentar su cuerpo del frio del exterior y luego mojó uno de sus cuchillos, y sus manos pasándolas por el fuego para eliminar cualquier cosa que pudiese empeorar el estado del hombre.
— ¿Alguien puede decirme que es lo que le sucedió? —inquirió revisándolo con meticulosidad. El silencio incomodo se prolongo y de pronto sintió alguien que se acercaba hasta quedar a su lado.
— Fuimos a hacer una de las expediciones de rutina —respondió el chico rubio que parecía ser el único que podía dialogar con ella. Valquiria se preguntó si era una especie de líder de aquel grupo—. Todo estaba tranquilo hasta que aparecieron unas criaturas que nos atacaron. Al principio luchamos pero luego no nos quedó más alternativa que huir —agregó. Valquiria asintió notando como uno de los hombros del hombre estaban desencajados.
— ¿No sabes qué tipo de criaturas eran? —preguntó buscando a su alrededor algo que la ayudase a volver el hombro a su lugar. Sus ojos terminaron en un trapo largo que cubría un sillón. Fue directamente allí, sin prestar atención a su alrededor y mientras volvía retorcía el trapo para colocarlo bajo la axila de hombre.
— No estoy seguro que fuesen licántropos ni vampiros —reconoció él—. Se veían similares a aquella cosa, ¿recuerdas? —le preguntó él. Valquiria levantó la vista hacia él y asintió.
— Un demonio parasito —explicó ella, señalándole las manos del hombre— Jala para tu lado a la cuenta de tres —le ordenó ella tomando ambas tiras del trapo y preparándose para hacer fuerza— ¡Tres! —dijo y ambos hicieron fuerza para lados opuestos hasta que un ligero sonido se oyó y Valquiria supo que había sido solucionado— Necesito aguja e hilo, gaza o lo que sea que tengan —comentó.
Ella volvió a su lugar tras cortar pedazos de tela y vio como el chico, que permanecía a su lado, ordenó a algunos de los presentes. Valquiria le cedió aquellos retazos a él para que ayudara mientras tanto.
— Has presión en la herida del cuello —dijo ella mientras volvía a mojar sus manos con vodka. Él asintió dándose prisa para hacer lo que le habían dicho.
— Por cierto, me llamo Demyan —dijo él levantando la vista hacia ella.
— Valquiria —asintió ella con diplomacia, encargándose de las demás heridas—. ¿Qué clase de humano va a intentar pelear contra un demonio? —preguntó ella con una sonrisa irónica.
— Un par de humanos suicidas que quieren proteger a otros humanos —sentenció él, mirándola con una seguridad que ella no creyó propia de los ellos.
Valquiria volvió a su tarea que por muy complicada que fuese la hacía sumergir en una extraña tranquilidad. Percibía las miradas de todos sobre ella pero eso no le afectaba, solo deseaba terminar su trabajo que era para lo que había estudiado tanto. El silencio, de pronto, se rompió con el sonido de un celular. Su celular. Maldiciendo en silencio y con las manos en las heridas, ubicó a una de las chicas y le pidió que tomase su celular de su chaqueta.
La chica rubia corrió nerviosa hacia ella, y tras encontrar el celular lo dejó en su oído. Alejándose tan de prisa como llegó.
— Von Engels —respondió cortantemente.
— ¿Se puede saber donde estas? —la voz de Leonardo resonó en el auricular, y ella resopló al haber llamado en un momento menos oportuno.
— No —respondió volviendo a su idioma de siempre— ¿Sucede algo? —preguntó.
— Intento comunicarme contigo y tú, tardas en responder. Larson acaba de ordenarnos que cedamos con la guardia. ¿Quieres ir al Royal Tower porque Newén no quiere acompañarme? —respondió sonando con un nene. Ella gruñó viendo como llegaban con las cosas que había pedido.
— ¡Estoy un poco ocupada en este momento! ¿Qué te parece si vas y nos encontramos allí? O mejor, pregúntale a Viridis o a Hamish; creo ambos serian una dupla casi envidiable —dijo con malicia y escuchó del otro lado la risa despreocupada de Leonardo.
— Estoy seguro que te estoy interrumpiendo algo importante —murmuró—, solo espero que el sexo sea lo suficientemente bueno para que tu humor mejore —canturreó.
— Eres un idiota —exclamó ella desinfectando el hilo y doblando la aguja, al mismo tiempo que Demyan se alejaba del hombre— Llámame cuando haya algo que valga la pena —exigió cortando la llamada y tirando el celular sobre su saco. Limpió y desinfectó la herida para luego suturarla—. Él va a necesitar transfusión de sangre y va a ser necesario que recurran a un hospital —dijo mirando a cada uno de ellos.
— Pero no podemos —exclamó la chica pelirroja, con temor. Sus ojos oscuros se veían revueltos de tantos sentimientos. La mirada inquisitiva de Valquiria se posó en Demyan.
— Si no recupera sangre, todos los esfuerzos no habrán servido de nada —le advirtió ella, y vio como la figura de Neryan se abría paso hacia ellos hasta quedar a unos metros de ella.
— ¿Y si buscáramos recursos? ¿Podrías ayudarlo? —preguntó. Valquiria reconoció la sentida preocupación que había sobre aquel individuo allí dormido.
Ella vio como el aspecto de aquel hombre no se asemejaba a Neryan tanto como si lo hacia Demyan, pero notaba la familiaridad que reinaban allí. Eran un grupo pequeño, y quizás se conocían desde siempre. Una extraña sensación la recorrió. Ella asintió sin dudarlo, porque no había nada que pensar. Su deber como cazador era proteger a los humanos de todo aquel daño producido por un mundo al que supuestamente ellos desconocían.
Neryan suspiró aliviado y se alejó rápidamente de ellos, llevándose con él a las demás personas y dejando la sala en completo silencio y armonía.
— ¿Es usual que los cazadores sepan tanto de heridas? —preguntó Demyan con curiosidad. Ella negó.
— De heridas si, de medicina no —respondió, y vio la duda en él—. Estudie medicina y me especialicé en traumatológica al desempeñarme como médico militar —agregó. Su expresión se llenó de sorpresiva admiración, algo con lo que ella no llegaba sentir completa comodidad— ¿Y ustedes? ¿Cómo saben tanto acerca de los cazadores? —preguntó.
Él sonrió de lado, desordenando su pelo.
— Nosotros pertenecemos a familias que siempre han estado ligadas a los cazadores desde hace mucho tiempo —respondió—. No con todas las familias de cazadores, solo unas pocas, pero hemos podido trabajar en conjunto para bien mutuo —agregó. Valquiria asintió terminando con la sutura y tapando la herida.
Se alejó de su esporádico paciente, agarrando la botella y recostando en el sillón. Bebió un poco para calmar la sed antes de limpiar sus manos y tirar la botella vacía a un lado.
— Nunca había oído algo semejante: cazadores y humanos trabajando juntos —murmuró pensativa. Aquella idea sonaba aún mas descabellada cuando ella misma lo decía. Sonrió con ironía y posó sus ojos gélidos sobre él— Adivino que deben tener algún nombre sombrío que les de mas peligrosidad de la que en realidad tienen —Demyan sonrió divertido y se acercó a ella, dando un rápido vistazo por el alrededor.
— Todo este lugar está preparado desde hace años para que nosotros nos perfeccionemos, y aunque ahora lo dudes, somos más fuerte y peligrosos de lo que parecemos —dijo él. Su rostro se volvió sombrío y sus ojos celestes grisáceos flamearon con un sentimiento que Valquiria no lograba codificar.
— ¿Entonces el nombre cual es? —preguntó ella ladeando la cabeza, con una cuota de humor. Él tapó sus labios para que su sonrisa no reflotara.
—Trabajamos tras los rastros de los cazadores y no recibimos reconocimiento alguno, así que nos llamamos el escuadrón de sombras —respondió con un encogimiento de hombros.
Valquiria meneó la cabeza hasta que se estremeció violentamente. Su cuerpo se contorsionó y profirió un rugido al mismo tiempo que sus ojos se dilataron. Demyan se acercó a ella con preocupación y tras ver su expresión, se paralizó.
— Los están atacando —concluyó él al presentir que era lo que le sucedía.
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