Epilogo
[...]Un día, el gran guerrero decidió que su tiempo en la tierra estaba cumplido. Cedió su objetivo a sus hermanos de batallas, donde les dio indicaciones y los dejó a su libre autonomía. Aunque no se encontraban seguros, él tenía la suficiente fe en ellos como para asegurarles que podrían continuar por sí solos.
Podían oírse cantos y llantos en el momento en que volvió a su lugar, que no volvió a dejar. Pero desde entonces vigila a sus soldados desde muy cerca. [...]
Fragmento perteneciente al Génesis Kamikaze, El Exilio.
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