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Capítulo 22. Daño Colateral

Una vez de nuevo en el hospedaje y cuando se aseguró que todos dormían, Valquiria se dio un baño para intentar relajarse. Habían tenido suerte que no hubiese nadie que los viera en ese estado: sucios, ensangrentados y con la ropa rasgada. Paso un buen rato bajo el agua para sacarse todas esas emociones que la incomodaban más que la tierra y la sangre. Recordaba la mentira y la traición para reemplazar de alguna manera de extraña soledad que la recorría. ¿Por qué se sentía sola si siempre lo había estado? no dejaba de preguntarse. La única conclusión que tenía era que necesitaba darle un fin a eso, y en Noruega estaba eso. Necesitaba buscar en el lugar en el que se encontraban y eso era allí, en Oslo. Solo debía buscar más adentro de la ciudad y no a la lejanía que era donde se encontraban.

Cuando salió del baño se vistió con un viejo jean y una camiseta azul que llevaba en la mochila. Se tiró en la cama, debajo de la cama donde dormía Newén, pero pese al cansancio y a todo lo vivido no podía dormirse. Algo la atormentaba. Cerraba los ojos y el rostro de Caleb se le aparecía vivazmente. Ella lo había odiado por haberle mentido y nunca lo había perdonado, pero él aún así la protegió y dio su vida por todos. La culpa es el peor enemigo; se dijo ella misma recordando una vieja lección pero se aseguraba que no podía sentirla porque no sabía lo que era.

Cansada de dar vueltas en la cama se levantó, agarrando su campera de cuero y saliendo de allí. No sabía a dónde iba ni a que, simplemente caminaba a través de las calles solamente frecuentadas por personas tan jóvenes como ella. Todos se veían felices y relajados disfrutando de sus humanas vidas sin saber cuántos cazadores morían por ellos. Cerró los ojos para oír el sonido de la ciudad; los autos, las personas, los animales, el viento. Todo junto era caos y también era vida. Abrió los ojos para detenerse en una local de comidas rápidas. Pese a ser lo que era, de vez en cuando le gustaba disfrutar de las pequeñas cosas como si fuese alguien normal.

Sentándose en una mesa desocupada esperó a que le trajeran una hamburguesa.

— Aquí tienes señorita —le sonrió la mesera, rubia y alta, como la mayoría de los escandinavos.

— Muchas Gracias —sonrió Valquiria escuchándose a sí misma muy patética, pero solo tenía que ser simpática con los humanos.

La chica solo estuvo un pie alejada de ella que ya comenzó a comer casi sin masticarla. Dios santo, querido, gracias; pensaba degustando la hamburguesa y dándose tiempo solo para beber un poco de gaseosa. De repente, se detuvo al ver cerca de ella una guía telefónica. Agarrándola rápidamente, se terminó todo al mismo tiempo que ojeaba las hojas buscando el nombre de Lucius Harvey.

—Espero que sepas que estas buscando un aguja en un pajar —escuchó muy cerca, pero lo que su cuerpo experimentaba le advertía que ya lo conocía. Joshua estaba frente a ella, sentado y con las piernas cruzadas.

— No puedes aparecer así como así, hay humanos —dijo despacio.

— Entre a este lugar como otro más, la única que no me vio fuiste tu—sonrió casi desilusionado y giró hacia la muchacha que se acercaba.

— ¿desea pedir algo?— dijo ella con una esplendorosa sonrisa y sus ojos embobados.

— Un café, linda— le respondió guiñándole un ojo. Valquiria puso los ojos en blanco con una sonrisa irónica— Sabes que es imposible encontrarlo así, debe haber mínimo diez personas con el mismo nombre si es que tenés suerte de que aparezca —volvió a insistir con rostro serio.

— ¿y entonces qué? ¿Me quedó con los brazos cruzados hasta que el tipo este pase por al lado mío? —murmuró molesta.

Joshua se quedó en silencio mirándola pensativo. La chica volvió y le dejo el café, esperaba alguna respuesta por parte de él pero solo miraba a Valquiria, quien seguía buscando en la guía aquel nombre; la chica se ofendió y se fue rápidamente. Finalmente Joshua suspiró y le sacó de las manos la guía a Valquiria. Ella abrió la boca para quejarse pero él elevó un dedo para silenciarla.

— Sé de un lugar acá, donde podemos averiguar más —murmuró despacio observando los ojos llenos de expectativas de ella. Era como una niña a quien le acababan de regalar algo que ella había deseado toda su vida.

— A que es una fiesta media rara de los tuyos —comentó con una sonrisa divertida.

— Si. Pero hay que tener cuidado, sobre todo tu, sabes que los cazadores no son bienvenidos —respondió.

— Pero los humanos sí, yo soy humana. Dale, por favor, llévame —golpeó la mesa de la emoción.

Joshua no dudó mucho en pensarlo y asintió. Ella se puso de pie, dejando la plata en la mesa, y él la siguió. Valquiria miró con curiosidad el café recién preparado en la mesa porque sabía que Joshua odiaba el café.

Atravesaron gran parte de la ciudad para llegar a un viejo almacén. Era desprolijo y decadente. Ingresaron por una puerta lateral hasta que se encontraron con una mujer vieja y desalineada, que empezó a hablar en noruego. Joshua llevaba el ritmo de la conversación mientras Valquiria tenía que aparentar normalidad y fragilidad. Su postura no era tan altanera como de costumbre, sus hombros estaban caídos y su mirada llena de inseguridad observaba todo a su alrededor. Siempre fuiste una gran actriz; le dijo Joshua al mismo tiempo que escuchaba la contestación de la mujer sobre algo que él había preguntado.

La mujer dudaba cuando la observaba pero en ella no había rastro alguno de su procedencia. Pero Valquiria notaba que era solo una humana, así que no corría el peligro de que olieran su esencia. Tras vacilar, la mujer asintió y caminó bruscamente hacia el fondo del lugar. La oscuridad no dejaba ver bien alrededor, pero Valquiria notó cúmulos de cosas obsoletas como televisores, cocinas o heladeras. Ella se movía con Joshua manteniéndola muy cerca de él. La mujer se detuvo frente a una de las tantas heladeras, la abrió dejando al descubierto una escalera. Joshua la miró por un momento a Valquiria antes de bajar, buscando algún atisbo de querer dar marcha atrás pero ella tenía más seguridad que nunca. Él le sonrió agarrándola fuerte de la mano para descender juntos, pero antes él le dio unas monedas de oro a la mujer.

El sonido de la puerta cerrarse le dio un ligero cosquilleo en el estomago pero los dedos fríos de Joshua cruzados con los suyos la hacía poner sus pies sobre la tierra. Ese lugar estaría repleto de demonios, licántropos, polimorfos, hadas y algunos que otros humanos, y nada de eso podía controlarlo porque allí no había ley celestial que valga. Era frustrante tener que actuar como un humano viendo todo eso. Las luces parpadeaban, la música era estruendosa y todo era descontrol.

Joshua la arrastro hasta una mesa que encontró y se sentaron. Todo su cuerpo luchaba por mantener el control de sus sentidos porque al estar ahí los sentidos de cazadora se hacían más potentes. Tranquila; le dijo Joshua acercándose a ella para peinar el pelo hacia atrás. Hay que tener cuidado, hay cámaras y posiblemente micrófonos; volvió a hablarle yendo directamente a su cuello para besar su piel. Eso no significa que puedas tomar mi sangre; lo amenazó. Él rió sonoramente mirando hacia el lugar y localizando a un chico para llamarla. El chico se acercó enseguida, vistiendo traje como lo hacían el resto de los camareros. Un humano; reconoció ella notando la juventud en los rasgos armoniosos de su cara, rodeada de pelo castaño y lacio.

—¿Les traigo algo? —preguntó; sus ojos pequeños y brillantes los recorrieron rápidamente.

— AB positivo por favor, y para ella un whisky —respondió Joshua con soltura.

— Que sea doble— murmuró Valquiria.

Él los miró con curiosidad, sobre todo a ella por estar junto a un vampiro y el nivel de confianza que parecía haber. Anotando el pedido en su libreta se fue alejó sumergiéndose en el gentío. ¿Y ahora?; preguntó ella mirando a todos lados.

— Ahora vuelvo, espérame y no te muevas de acá. Si viene el chico págale con esto— le dijo dejándole unas viejas monedas de oro.

—Pero...— intento oponerse pero él ya se había ido.

Sin saber que hacer se apoyó sobre el respaldar, y distrayéndose mirando la fiesta descubrió la presencia del camarero de antes frente a ella.

—Estas sola —murmuró preocupado.

— Lo sé —dijo Valquiria mirando como dejaba los vasos sobre la mesa.

— ¿estás bien? ¿Él te tiene acá obligada?— pregunto con tímido respeto.

— No te preocupes por mi— le aseguró ella alcanzándole las moderas de oro.

— ¿Segura?— volvió a preguntar.

Valquiria asintió disimulando una sonrisa divertid ante la perspectiva de que ese chico se preocupara sin saber que era más fuerte que él. De pronto, se transformó en una piedra blanca al ver a Joshua a su lado. Solo brillaban sus ojos en la blancura de su expresión, tomó las monedas con más fuerza y se fue.

— ¿Qué fue eso? Joshua se sentó con la mirada en el espacio vacío que había dejado el chico.

— Está preocupado por mí, nada más. Vampiro, humana, igual nada bueno, ¿entendiste?— respondió ella tomando un sorbo bastante largo.

— Sí, pero igual no me agrada— sentenció.

— Solo estas celoso, es normal— rió entre dientes.

Entonces, ¿Qué averiguaste?; preguntó Valquiria enfocándose en el asunto principal. Él esta acá, a un par de mesas nuestras, en un sector VIP. Es un humano pero con mucho poder entre los míos; respondió. Los ojos de Valquiria se ensancharon llenos de deseos de verlo y casi frenética. Vamos; exclamo. Sus ojos eran perlados y su sonrisa era perversa. Espera, necesitamos pensar que vamos a hacer. No podemos ir así como si nada, el tipo está custodiado, rodeado de gente y de seres que son capaces de matar a alguien por él. Y más a alguien como tu; su voz era autoritaria. Ella puso los ojos en blanco pero desgraciadamente él llevaba la razón.

¿Cuál de todos es? preguntó ella con el objetivo puesto en encontrar a Amara Harvey. Ambos se encontraban sobre una de las barras que recorrían el lugar. Joshua dio una mirada rápido al sector VIP antes de volver sus ojos inquietantes sobre ella. Sentando en la punta de la única mesa roja. Usa camisa negra; le respondió mientras jugueteaba con su pelo. Ella disimulaba desinterés pero la verdad era que detestaba que él se aprovechara de eso para jugar con ella. Ya has jugado conmigo demasiado; gruñó Valquiria recordando todo lo sucedido en las catacumbas. Él sonrió moviendo un mechón de pelo detrás de su oreja. Nunca podría jugar contigo; murmuró pero las palabras rebotaron en su conciencia.

Cambió de postura para tener una mejor visión. Era un hombre que aparentaba más de cincuenta años, el pelo canoso, con ojos alargados y oscuros en un rostro rectangular. Sus facciones asimétricas le daban un encanto exótico. Él estaba rodeado de varios hombres que conversaban y reían entre ellos. Valquiria apretó sus dientes al verlos tan divertidos. El rencor se arremolinó en su corazón y estaba dispuesta a ir hacia ellos sabiendo que tenía que esperar a que él se fuera del lugar. De un momento a otro, una figura oscura se interpuso entre ellos y Amara Harvey. En medio de la oscuridad de su ropa, Valquiria vio el nerviosismo en su porte y la permanente pose de su mano sobre un lado de su cintura. Un arma.

Sin pensarlo dos veces, se movió a través de las personas que la separaban de aquella figura. Estirando su mano alcanzó el brazo y lo tironeó hacia ella.

— ¿Qué pensás hacer?— preguntó, enfurecida, quedándose detenida en la fisionomía conocida del camarero. Su frente se arrugó en una expresión de confusión, e inmediatamente miró a todos lados antes de arrastrarlo a un lugar más oscuro.

— ¿Qué te pasa? ¿Estás loca? —exclamó él tironeando de su brazo para zafarse, pero la fuerza de ella era superior.

— Lo que piensas hacer es una misión suicida, idiota —gruño entre dientes a solo unos centímetros de su cara. Él no negó nada. Sus ojos estaba abiertos de par en par y su boca se curvaba en una mueca de disgusto.

— No es de tu incumbencia —susurró él con los vestigios de coraje que le quedaban en el cuerpo. Valquiria lo arrinconó más contra un costado de la barra rozando con sus dedos su cuello y cerrando la mano sin hacer presión.

— Me incumbe más de lo que crees— amenazó. El chico miró con terror la mano de Valquiria sobre él; sus ojos brillaban como perlas.

—Están llamando demasiado la atención —comentó Joshua, despreocupado, apareciendo junto a ellos.

El chico lo miró con el mismo terror que miraba a Valquiria, cuando súbitamente se activaron las sirenas. Todos corrían caóticamente de un lado a otro para huir de ese lugar. Ella se giró bruscamente hacia el sector VIP pero Lucius Harvey ya no se encontraba allí. Una puntada en el pecho la atravesó. Había estado tan cerca de poder concentrar lo que deseaba, pero todo se había arruinado por aquel chico frente a ella. Sus manos presionaron sobre la piel del muchacho que gritó del dolor. No lo hagas, hay que huir; exclamó Joshua pero ella solo quería acabar con él.

— Es hora de irnos— comentó Joshua tomando el control de la situación, distanciando a Valquiria del chico por la cintura e intentando llevársela de allí. Pero ella no se quedaría atrás, por eso mismo cuando tuvo la oportunidad agarró del sacó al chico y lo tironeo hacia ellos.

Sosteniéndolo del sacó lo empujó sobre la pared de una callejón solitario. Los tres habían salido por una puerta alterna que desembocaba a unas cuantas cuadras de donde habían ingresado. La noche estaba iluminada por las luces de la ciudad y aún podía oírse el caos de la ciudad.

— ¿Quiénes son ustedes? —preguntó el chico aterrorizado. Sus ojos iban de Joshua, que estaba apoyado sobre la pared contraria, a Valquiria frente a él. Pese a que quisiera golpearlo, ella se controlaba enormemente.

A fin de cuentas él era un humano y se veía tan joven como Lena, aunque tenía cuerpo bien formado según notó ella al sostener su brazo para que no se escapara.

— ¿A quién querías matar con ese arma? —le preguntó. Él no respondió por el miedo que sentía. Valquiria golpeó la pared cerca de su mejilla y él se movió sobresaltado.

— Yo...yo...— hablaba con voz inestable— Un tipo en una mesa. Harvey, Lucius Harvey —respondió finalmente.

Valquiria lo miró a los ojos con detenimiento. ¿Puede ser que quisiera matar a la misma persona que yo? Se preguntó. Con la luz de las calles ella pudo diferenciar el color exacto de sus ojos, una mezcla de gris plateado y verde.

— ¿Por qué?— le preguntó sonando más suave y sin enojo.

— Él mató a mi madre —respondió. Ella cerró los ojos durante unos minutos. La misma razón recorría a ambas pero él había estropeado todo— Si no me hubieses detenido, ahora estaría muerto —gruño él con altanería. Valquiria abrió los ojos con una sonrisa petulante.

— También tu lo estarías y te salve el maldito culo, Imbécil— sentenció alejándose de él.

Un extraño silencio rodeo a los tres. Valquiria miraba al cielo nocturno cuando sintió sus sentidos dispararse. Buscó la mirada Joshua que observaba la zona por la que ellos habían salido de la fiesta.

— Estamos jodidos—pronosticó viendo a dos tipos forzudos convertirse en lobos.

Sus aspectos no eran completamente de animales, sino más bien, guardaban rastros humanos en medio de todo ese pelo y garras. Esos no eran simples licántropos demoniacos creados para acabar con lo que fuera, sino que eran licántropos nacidos como tal o transformados por un alfa. Ambos aullaron como grito de guerra hacia Joshua que tenía sus colmillos afuera y sus rasgos deformados.

— Eres un vampiro. ¡Mátalos! —exclamó el camarero deseando huir. Joshua le gruño antes de correr hacia sus enemigos naturales.

— ¿Cómo te llamas? —le preguntó Valquiria sonando ocasional.

— ¿Qué? ¿Yo? Therón —respondió inseguro.

— Genial, quédate acá en silencio porque nosotros no hemos terminado —comentó.

Rápidamente se saco la campera para no estropearla y corrió hacia el primer lobo, saltándolo por encima. Logró sentarse en su espalda, y con dificultad sacó su cuchillo de la pierna clavándoselo en la cabeza. Joshua, por su parte, peleo un tiempo con el otro y le termino arrancando la cabeza de un mordisco. Para su suerte, había sido más fácil y rápido de lo que habían creído. Ninguno recordaba cuando había sido la última vez que habían peleado juntos pero se sentía como mucho tiempo. Se miraron mutuamente con una sonrisa de satisfacción para terminar dándose cuenta que no veían a Therón por ningún lado. Trepando la pared con ayuda de Joshua, Valquiria subió al techo y fue recorriéndolos hasta que se bajó en una de las calles que desembocaba en otra calle importante y muy concurrida.

— ¿Ibas a algún lado?— preguntó Joshua apareciendo frente a Therón.

Él se detuvo precipitadamente intentando huir hacia otra dirección, pero se encontró con Valquiria y su puño cerrado que lo dejo inconsciente.

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