reencarnacion(dia 4)
Una alarma sonaba insistentemente tratando de hacer reaccionar a un castaño que estaba enterrado entre sabanas y almohadas. De mala gana el muchacho estiro la mano para tomar el despertador. Con dificultad logro enfocar la vista y comprobar que ya debía levantarse. Resignado se separó de la comodidad de su cama, se aseo tomo un ligero desayuno y se encamino a su trabajo. Atender una cafetería le era algo tedioso pero las cuentas no se pagaban solas. Llevaba tres años en esa ciudad y aunque quisiera cambiar de profesión los horarios de sus clases le impedían buscar otro empleo. Solo debía resistir un año más y medio mas y por fin se graduaría. Ya con su título en mano se le abrirían nuevas puertas o eso al menos esperaba. Quería cambiar de ambiente y de gente. Necesitaba moverse tal vez así encontraría al joven de sus sueños.
Desde que Osamu tenía memoria soñaba con una época antigua en la que él era alguien reconocido por su buen pasar económico y su habilidad para los negocios. En un carnaval una joven que leía la fortuna le dijo que esos no eran simples sueños. Si no recuerdos de una vida pasada. Así que se esforzó por obtener más detalles de lo que ocurría pues en esos sueños compartía su vida con otro joven, aunque no podía ver completamente sus rasgos. Había un solo detalle que podía recordar claramente, su tan peculiar y hermosa mirada bicolor.
Pero no todos esos recuerdos eran buenos. En uno de ellos vio cómo se llevaban al chico de su lado y luego era asesinado y al poco tiempo el mismo se quitaba la vida al no poder soportar la culpa. Ahora entendía el porqué de las cicatrices que ocultaba con vendas en su cuello y muñecas. La misma joven le dijo que sus recuerdos habían surgido porque había algo que debía reparar.
El castaño solo podía pensar en disculparse con quien fuera su amante y tal vez buscar la manera de compensarle. Tal vez no había posibilidad de retomar aquella relación, de hecho, se sentía indigno de volver a verlo, pero al menos quería tratar de entablar una amistad con él y asegurarse de que en esta vida estaba bien.
Pero por ahora solo tenía que concentrarse en los pedidos que debía entregar. Mientras estaba en eso la campanilla de la entrada sonó indicando el ingreso de nuevos clientes. Apenas termino de servir se acercó a la mesa, en la que un par de jóvenes se habían acomodado, para entregarles el menú. Mientras se acercaba escucho como la joven regañaba a su acompañante.
- .... sabes que la consientes mucho y por eso se comporta así. -
- vamos lucy, kyouka es la más pequeña entre nosotros. No tiene nada de mala que de vez en cuando le consiga sus dulces favoritos. - esa vos dejo a Osamu paralizado por casi un minuto. La conocía muy bien, aunque hasta ese día no la había escuchado en persona.
- es que no lo haces de vez en cuando Atsushi, lo haces todos los días y eso no es bueno para su salud. Además, no quiero que ninguno se arriesgue a ser descubiertos- ese nombre también era muy familiar para el castaño. No quería ilusionarse. Tal vez solo era una coincidencia así que retomando el control sobre sí mismo reinicio la marcha.
- entiendo lo que dices y tienes razón Lucy te agradezco que te preocupes por nosotros. Te prometo tener más cuidado y reducir la cantidad de dulces que le lleve. - al terminar de hablar Atsushi noto la presencia de un joven algunos años mayor que ellos.
- sean bienvenidos a nuestro café. ¿Tienen algún pedido en mente o prefieren revisar nuestro menú? - Osamu al fin pudo detallar al joven. Un peligris algo menor que el de piel clara y una hermosa y brillante mirada heterocromatica. Le costaba concentrarse en cumplir con su rutina pues solo quería admirar esos ojos.
Para Atsushi la situación no era muy diferente. Sentía que esa vos y ese rostro le eran muy familiares, pero estaba seguro de que nunca se habían cruzado hasta ese día. La intriga y curiosidad lo empezaron a invadir y estaba decidido a desentrañar ese misterio
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