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Decimoctava vida

Entre su armario buscó la ropa más casual que pudiera tener para estar camuflado en su salida de casa. Un pantalón jean y una polera de algodón cubriéndose encima por una casaca del mismo material serían suficiente para mandarlo a encontrar su reloj de pulsera entre los cajones de su mueble, donde también guardaba otros objetos que empezaron a dejarse mostrar cuando hizo caer un libro que contenía varios papeles de colores sueltos entre algunas páginas. Cada papel se encontraba garabateado.

Supo que él las había escrito porque reconoció claramente su letra y no dudó en leer algunas hojas revelando cierta información que desconocía, por más que su nombre estuviera escrito, no tenía razón de alguno de los sucesos que se mencionan. Lo más confuso fue leer los nombres que le hacían sentir cierta sensación de haberlos oído antes y con mayor razón daba creencia a lo que le dijo aquella misteriosa muchacha. Guardó cuidadosamente los papeles dentro del bolsillo de su polera para poder continuar con su plan.

La empleada le hizo la guardia como se lo solicitó, consiguiendo escabullirse por el patio trasero sin que alguna cámara de vigilancia lo grabe o algún otro empleado noté su extraña forma de salir de casa; saltando los muros. Una vez en la calle buscó alejarse de su residencia para poder llegar hacia la autopista y abordar un taxi. Dentro de aquel vehículo sacó los papeles para seguir leyendo y enterarse a qué lugar debía dirigirse.

—Ahora pasamos al segmento del clima con Ji Woo —anunció el comentarista de la televisión—. ¿Cómo será el clima de hoy?

—Gracias por el pase, Hyuk Woo —saludo primeramente—. Buenos días, televidentes. Como se ve en la pantalla, el día de hoy se anticipa una tormenta eléctrica. Tendremos lluvia desde muy temprano. Las nubes de aquel color señala-

Baek Hyun apagó el televisor.

Era tiempo de salir de casa. Hoy es el cumpleaños de Kyung Soo y aunque quiso negarse a la invitación, su mejor amigo le indicó que esta misma noche Lay viajaría a China indefinidamente. Su padre lo llegó a localizar después de tantos años para pedirle que volviera a casa y ayudar en el negocio familiar. Siendo la principal causa por la que Lay huyó de casa, apenas culminó la secundaria. Pero no podía huir esta vez, puesto que su madre se encontraba mal de salud debido a sus acciones. Y aquel tema lo preocupaba. Era hora de regresar.

Se puso ropa abrigadora antes de salir del edificio hacia el sótano para poder sacar su bicicleta y colocar el mango del paraguas en el timón. Las primeras gotas de lluvia se estaban asomando, como indicó el comentarista del clima, y no quería llegar tan empapado a su antiguo hogar.

—¡¡¡Habla!!! —alzó la voz con enojo Woo Hyun por aquellos eternos minutos en silencio que mantenía Lee Jung Su desde que llegó a la estación de policía el día de ayer—. ¿Fuiste tú? ¿Fuiste quién le disparó al muchacho? —el aludido ni siquiera se inmutó en verlo a la cara, simplemente se mantenía de manos juntas debajo de aquel único mueble en la habitación—. ¡Mierda! —maldijo Woo Hyun ganándose una mirada en reproche por su compañero que le hizo acordar la advertencia de su superior sobre evitar conflictos para no ser sacado del caso.

—Señor Jung Su —habló Tae Jun cortésmente—. Sus cómplices ya hablaron con nosotros y lo señalan a usted como el autor principal del delito. Así que queremos corroborar el hecho con usted y saber los detalles de aquel día. Puede que sus anteriores cargos disminuyan en años, pero sobre un homicidio en primer grado, varía de acuerdo con el código penal. Será llevado a cadena perpetua y posiblemente sin libertad condicional.

Jung Su soltó una bocanada de aire y dejó de observar la mesa metálica para dirigir su mirada de Woo Hyun a Tae Jun y sonreír de lado como si aquello no le hiciera ni la menor cosquilla de culpa. Woo Hyun no toleró aquel gesto y estiró los brazos a tomarlo del cuello de su saco para empezar a sacudirlo entre cuantiosas palabrotas. Tae Jun debió pedir la ayuda de dos oficiales para evitar un conflicto mayor.

—Creo que es aquí —dijo al taxista para poder salir del vehículo—. Quédese con el cambio, gracias.

—Espera, muchacho —Chan Yeol volvió a verle a la cara y observar que le hacía entrega de un paraguas—. Lo necesitarás.

Chan Yeol agradeció el gesto sin entender bien hasta notarlo con sus propios ojos; aquellas primeras gotas de lluvia caer desde el cielo.

—Dijeron en la radio que haría mal clima hoy. Cuídese —dicho aquello, el taxista siguió con su ruta.

No abrió el paraguas hasta que empezó una persistente llovizna que lo hizo tener cuidado con sus apresurados pasos por la acera y terminar cubriendo sobre el techo de una parada de autobús. Una o dos personas se encontraban en aquel mismo lugar. Se sentó en la banca para sacar algunos papeles y leer precisamente el sitio donde debía llegar. Según lo que decían sus garabatos, debía ubicarse en una pista de dos sentidos para que un chico en bicicleta venga a ayudarlo.

—No tiene mucho sentido —pensó, intentando ver en otros papeles algunas pistas, pero no tuvo cuidado con el viento que levantó algunas de sus hojas por los aires.

Chan Yeol se alarmó y trató de atrapar las hojas que lo condujeron a cruzar la pista teniendo un ojo en capturar los papeles y otro en no ser impactado por algún vehículo. Sabía que estaba siendo muy imprudente y llamando a ser el centro de atención de algunos peatones que miraban con reproche y preocupación su accionar. Más cuando se agachó a recoger el último papel que le faltaba y no evitar que un auto no llegará con detenerse a tiempo. El grito de una mujer se oyó por lo ocurrido, en lo que una luz cegadora lo hacía parpadear antes de recibir aquel fuerte impacto que lo llevó a terminar recostado en la pista.

—Dee Dee, despierta. Despierta, Dee Dee —pudo comenzar a oír una insistente voz infiltrarse por sus orejas, consiguiendo poco a poco tener que despertar y parpadear para aclarar su visión que lo hizo encontrar con el rostro de aquel muchacho decaído de la bicicleta—. ¡Por fin! —se oyó el alivio en su tono y no dudo en ayudar primeramente al animal a ponerse de pie.

Para Chan Yeol todo estaba siendo confuso y no podía retirar el asombro en sus grandes ojos que lo hacían observar lo pequeño que se notaba a lado de ese muchacho. Y tal como él, estaba adolorido. No quiso caer en la locura por tener cierto recuerdo de los papeles que claramente señalaron de que esto iba a pasar. Fue salvado por el muchacho de la bicicleta. Por supuesto, también supo que no se encontraba en la pista donde sufrió aquel atropello, sino en otro lugar desconocido.

—Tenemos que llamar a la policía —dijo Baek Hyun—. No podemos permitir que se salgan con la suya. Tenemos que rescatar a los demás —Chan Yeol no sabía a qué se refería, pero saber que ambos recibieron alguna especie de paliza lo llevó a suponer que en algo grande se habían metido—. ¿Puedes caminar? —quiso decir «sí» sin saber que de su boca solo saldría un maullido. Por lo que volvió a afirmar y dejar escapar más maullidos que lo mantenían sorprendido y frustrado—. Calma, Dee Dee. Yo también estoy molesto por no haber hecho lo suficiente.

Esas palabras mantuvieron en silencio a Chan Yeol para tratar de acordarse sobre lo que leyó en los papeles y estar teniendo cierta aclaración sobre los sucesos que le eran desconocidos.

Ambos llegaron hacia la entrada posterior del hospital para ser recibidos por dos hombres de seguridad y ciertos enfermeros que los auxiliaron de inmediato. Baek Hyun terminó cayendo de rodillas contra el suelo por el daño de los golpes en su cuerpo.

Chan Yeol se mantuvo a su lado por sus heridas, ser menores y su venda de la pata habérsele cambiado por otra. En cambio, Baek Hyun, se encontraba recostado en una cama de hospital a la espera de que despierte tras haber recibido medicamentos y ser curado de sus heridas exteriores. La puerta principal de la habitación fue abierta para hacer ingresar a una muchacha particularmente familiar para Chan Yeol. Más cuando ella lo llamó por su nombre.

—Creo que he causado muchos problemas últimamente —confesó con algo de vergüenza y mirando hacia Baek Hyun—. No quería que esto pasará. Soy la única que puede solucionar todo esto.

Chan Yeol oyó como una campanita sonar en su cabeza para hacerle parpadear acompañándose de cierta sensación de cansancio. Tambaleante se empezó a mover por la cama y con la poca voz que salía de su boca llegó a decir el nombre de aquella muchacha.

La muchacha lo miró con sorpresa y chasqueando los dedos evitó que Chan Yeol terminará por sucumbir al sueño que ella misma le provocó.

—¿Q-qué h-has dicho?

—Ji Eun —repitió tratando de recuperar al cien la consciencia para contarle lo que estaba sucediendo—. Me dijiste tu nombre para que te tuviera confianza y también me dijiste que recuerde y vuelva a hacer un gato.

Ji Eun seguía impactada por toda esa información que la llevó a pensar en lo más lógico que pudo haber pasado.

—¿Ya eres un humano, verdad? —Chan Yeol afirmó—. Yo... ¿Todo se puso peor? —nuevamente, recibió una afirmación que le hizo darse suaves palmadas en la cabeza por ser tan torpe con su magia—. ¿Qué he hecho? —se quejó dando vueltas en su mismo sitio como si renegara y hablara consigo misma por sus propias acciones.

Todavía podemos solucionar todo.

Esa pizca de esperanza detuvo las continuas vueltas de Ji Eun para verlo con atención.

—Una cosa es revertir un hechizo, Chan Yeol. Pero... jugar con el tiempo trae consecuencias. Seguramente, mi otra yo que te pidió volver te habrá dicho lo que pasará, ¿verdad? Sobre...

Quedarme como gato, completo.

—Exacto. Podrías perder tu derecho a recuperar tu vida humana. ¿Has pensado sobre ello?

La verdad, Chan Yeol no esperó actuar como lo venía haciendo. Su vida estaba tomando otro curso si no fuera por haberse vuelto a cruzar con cierto muchacho que se encontraba decaído por la muerte de su amigo y el hecho de nuevamente ver a la bruja que cambió su vida aquel día de su audición. Esos sucesos lo llevaron a sentir que su vida no estaba marchando de la forma que esperaba y presentía que tenía algo pendiente sin saber que podría ser. Era una sensación que venía a él los días posteriores. Y ahora que sabía la razón, no quería destruir dos vidas; la de Baek Hyun y de la familia Jo. No podría cargar con ese peso como si nada.

¿Podré ver a mi familia por última vez?

—Posiblemente —le aseguró—. Yo veré que estén bien.

Gracias, Ji Eun.

—Chan Yeol, ¿recuerdas por qué te convertiste en un gato? —obteniendo una negación de su parte—. Porque no querías ser un adulto desconsiderado como tus padres —reveló—. Y sé, que no lo eres. Lo que estás haciendo va más allá, Chan Yeol. Tu cuerpo seguirá siendo el de un gato, pero prevalecerá la mente del humano que eres. Ya has revertido tu hechizo y el tiempo ahora... es el único que puede ayudarte.

Chan Yeol no entendió qué quiso decir con esa frase última y más con la petición de que se deje cargar.

—Es para teletransportarnos —le comunicó—. Baek Hyun no puede venir, aún no despierta. Y no puedo hacerlo sola o todo empeorará. Debemos evitar los sucesos del futuro y evitar que el hecho de que hayas regresado no sea en vano. Así que, ven, rápido.

Pese a que no quería ser cargado, tuvo que saltar a sus brazos para en segundos desaparecer de aquel cuarto de hospital y aparecer en la entrada de una fábrica abandonada cerca de las estaciones de trenes de carga. Él se bajó de inmediato de los brazos de Ji Eun para inspeccionar los alrededores y ver, al igual que ella, ciertos autos negros estacionados por otra entrada.

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