Daria le mandó el artículo de la noticia. Seth había entrado en una joyería de Liverpool.
Ámbar
•«¿Y?»
Daria
•«¿Has leído el artículo? ¿Crees que te habrá sustituido rápidamente por otra? No creo que sea para su madre»
Ámbar
•«Prefiero no pensar. Además, tengo problemas con mi familia relacionados con él»
Puso al gatito en su regazo, acariciándolo antes de volver a teclear.
Daria
•«Qué rollo. La familia tradicional, estricta e inmudable»
Ámbar
•«Ya ves»
Daria
•«¿Cuándo regresa?»
Ámbar
•«Según Jaxon, mañana»
Daria
•«Vale. Veremos si viene solo, o acompañado»
Ámbar
•«No sé qué estaría comprando. Ni para quien. Poco me importa»
Daria
•«¡Qué mentirosa!»
Ámbar
•«Bueno. Mejor mentirse y mantenerse al lado correcto de la línea»
Daria
•«Llevas tiempo dudando de si rebasarla»
Ámbar
•«¿Y ser acosada constantemente por todo lobo sediento? Creo que no»
Daria
•«¿Y al margen de eso? ¿Qué escogerías si no hubiese esa molesta opción?»
Ámbar
•«Si él fuera real, me hubiera decidido. Porque es distinto»
Daria
•«Distinto... ¡Es Seth! Eres fan de Seth»
Ámbar
•«De un Seth que no sobrepasa ninguna pantalla. Al que puedo ver desde la distancia. Escuchar mientras suena su música en un concierto, o en Internet. El inalcanzable Seth. El Seth real asusta mucho más. Te lo aseguro»
Daria
•«El Seth real ya ha pasado por tu cama. Y te ha gustado. Porque es tan humano como tú. ¡Vamos, Ámbar! Te gusta. Y le gustas. Y te gusta su música. Lo que hace. Su modo de ser cuando no es el Seth ficticio al que representa. Incluso es todo un poeta. Y escribe canciones solo para ti»
Ámbar
•«¿Tratas confundirme?»
Daria
•«Solo, piénsalo bien»
Ámbar
•«Volveré a pasar por un amor jodido»
Daria
•«Quien no apuesta, no gana. Pásalo bien»
Ámbar
•«Me encariño demasiado rápido. Mejor, me voy a la cama. Antes de que continúes corrompiéndome así»
Daria
•«Vive la vida, Ámbar»
Ámbar
•«Siempre que no haga daño a nadie al tomar ciertas decisiones. Piénsalo bien con Izan. Asegúrate de que no haya daños colaterales»
Daria
•«¡Ay! ¡Sí, mamá! Venga, vete a la cama o acabarás volviéndome una muchacha formal»
Ámbar se quedó un instante con la cabeza reflexionando sobre la conversación que acababa de abandonar. «Vive la vida. Arriesga. Pásalo bien. ¿Por qué no?». Se lo había planteado tantísimas veces, que otras tantas la había detenido la parte de su mala experiencia.
Fijó la mirada en el techo con Misha adormilado a su costado.
—¿Tú qué harías si estuvieras en mi lugar? —consultó al pequeño, como si él pudiera responderle. Suspiró—. ¡Bah! Ya lo pensaré mañana.
Fue a dejar el teléfono sobre la mesilla. Se paró. Lo regresó consigo para abrir Internet. Y allí estaba el reportaje que Daria le había dicho sobre Seth. No podía verse qué había adquirido de dicha joyería. Pero, a ver, ¿quién entra a una joyería porque sí, sin necesitar nada? ¡Ah, claro! Cualquier famoso. «¡Oye, que bien se había podido romper el reloj y necesitar un Rolex nuevo!». «Incluso cualquier recuerdo goloso de la ciudad». Su Pepito Grillo era un cabroncete de primera porque le estaba gritando que había otra. Bueno, unas cuantas más, no, una sola. Y que habría ido a adquirir cualquier tontería para ella.
—No. No, no, no —murmuró con el corazón latiéndole a mil por la inquietud—. Esta noche tampoco vamos a dormir, bonita. Porque tu cabeza sigue siendo un enorme campo minado. Cuidadín.
Se rio de sí misma. De sus ocurrencias. De lo que se había montado solo por el líder de una famosísima banda que bien podría durarle lo que un caramelo a la puerta de un colegio.
—¡Estás loca!
Bien ida de la cabeza.
Llegó un mensaje de su hermana. ¡Qué bien! Por si su cabeza no era suficiente runrún, ahora sí que iba a estallarle.
Reiko
•«¿Lo mandaste a comprarte un anillo? ¿Os vais a casar en secreto? ¿Acaso has perdido la cordura? ¡Baka!»
¿Ella? ¿Pedírselo? ¡Estaríamos buenos!
Blanqueó la mirada. Maravilloso. Si era una noche que, a causa del avance de sus problemas, ya le iba a ser difícil conciliar el sueño, con esto iba a ser peor.
La ignoró, regresando el teléfono a su lugar, silenciándola durante ocho horas. Necesitaba pensar con claridad. Y así, seguro que no podría.
—¡Qué! —Jaxon la miraba como a quien le hubiera salido un cuerno en mitad de la frente. Su mueca estreñida hablaba por ella misma. Levantó los brazos a la defensiva evitando la discusión—. Mejor, cierra la boca, ¿sí?
Él se encogió de hombros. Ni se movió a abrirle la puerta para no tener otra vez una regañina más. La dejó entrar sola. Se metió cuando ella ya estuvo dentro, en lugar seguro.
Hubo un pequeño silencio. Ámbar no se pudo aguantar más.
—Tengo una cosa que preguntarte.
La observó por el espejo retrovisor interno.
—Dispara.
—¿Qué hacía Seth en una joyería?
«¿En serio, cotilla? ¡Qué poco has tardado en soltarlo!»
—No tengo acceso a esa información —soltó, esquivándola.
—Quiero averiguar si no ha tardado nada en encontrarme sustituta, o cuántas es capaz de tener a la vez, porque me parecería un cabrito en potencia.
—Así son los famosos —bromeó Jaxon, divertido.
—Hablo muy en serio. No sé ni qué quiere de mí.
—Bueno... no estoy allí, con él. Pero hasta donde sé, aún sigues en su punto de mira.
—¿Yo y cuántas más?
—¡Qué malpensada! —rio.
—¿Y si no estuviera equivocada?
Él negó con incredulidad achicando la mirada.
—Será mejor que te lleve al trabajo antes de que prendas fuego al coche con tu ira.
—Jaxon...
Este alzó la mano pidiendo que lo dejara en paz. Ella rodó los ojos furiosa.
—Sois tal para cual —masculló. Él pudo oírla. Con esa intención iba la cuchillada.
Llegaron a la tienda. Que no hubiera gente a las puertas era todo un alivio. Aun así se extrañaron. ¿Dónde estarían todos? Prefería no imaginarlo. Tal vez era que habían alcanzado el sábado y tendrían a algún famoso en su punto de mira al que explotar.
Ya que no había tanto peligro, así, Jaxon le dio espacio. La notaba tan agobiada que qué menos que ofrecerle un incentivo bueno de vez en cuando.
Dio los buenos días, se cambió y salió afuera. A Abie le faltó tiempo para acercarse.
—¿Y bien?
—¡Él no me está comprando ningún anillo! ¡No hay boda! —escupió airada.
Abie frunció el ceño.
—¿De qué hablas? Yo solo quería saber si ya le habías dado mi número de teléfono a Jaxon.
—Ah... era eso.
—Sí.
Negó.
—¡No me jodas! ¡¿Por qué?!
—¿Y por qué no se lo das tú?
—¿Porque me intimida un poco?
«¿Intimidarla? ¡Si ella da más miedo que el mismísimo Jason Statham con la cara de mala hostia que pone!»
Ámbar señaló hacia atrás.
—Voy a casa. La señora Mathew me ha dicho que me ponga allí.
—¿Y qué hay de lo mío?
Ahora señaló hacia la calle.
—Lo tienes fuera por si quieres algo —aclaró, alejándose de ella.
—¡Ja! Muy graciosa —escupió, en una pataleta—. Desconsiderada —masculló después.
Acabó la jornada de la mañana. Salió lo más deprisa posible, antes de que Abie le insistiera otra vez. De inmediato, se encontró con Jaxon en la puerta, observando todo con gesto desconfiado. La atrapó con cuidado y la arrastró deprisa hacia el coche.
—¿Qué pasa, Jaxon?
—La prensa. No quiero otro lío como el de ayer.
Obedeció.
Primero la ayudó a entrar con prisas. Luego rodeó el coche y entró él. Puso el motor en marcha y salió sin demorarse.
Hubo un corto silencio durante un par de semáforos.
—Quiero que te tomes el fin de semana libre —pidió ella desde el asiento de atrás—. De seguro, querrás ver a tu chica, a tus hijos, no sé.
—No tengo nada de eso. No tengo tiempo para eso.
—¡Venga ya! —Aprovechó la brecha—. ¿Sabes que conozco a alguien que se muere de ganas por quedar contigo?
—¡No!
—Es muy similar a ti. No. Un segundo. Es mucho peor. Mucho más peligrosa.
—¡Ah, no! A mí no me endoses a tu compañera de trabajo —enseguida adivinó—. Me mira como si quisiera comerme, literalmente.
—Literalmente, quiere comerte, aunque de otro modo.
—¡Ni lo sueñes!
—¡Os llevaríais genial!
—No.
Ámbar rodó los ojos.
—La diversión que te estás perdiendo...
—Prefiero antes hacer deportes de riesgo. No, gracias. Respecto a ti, ¿qué tienes pensado hacer?
—¿Con qué?
—Con quién... con Seth.
—Paso. Paso de llevar a todo el mundo, las veinticuatro horas del día, pegados a mis talones.
—Yo podría ejercer de tu guardaespaldas.
—Eso no lo decides tú.
—Seth no dirá que no.
Ella puso los ojos en blanco.
—¿Tratas de sobornarme?
—¿Por qué no? Él es distinto cuando está contigo. Incluso su padre se ha dado cuenta del cambio. Además de Jayden.
—Siento pena por su madre. ¿No hay algún tipo de terapia que la pudiera mejorar?
—La estabilidad. Bueno. No entiendo de eso. Dudo que pueda sanar porque hay mucho daño cerebral o eso escuché decir. Pero sí podría tener mejor calidad de vida si hubiera más estabilidad en su vida.
—Imagino. La gente mejora cuando se siente feliz.
—Tú lo has dicho.
—¿Seth ha vuelto a visitarla?
—No ha tenido tiempo. Estos conciertos serán más seguidos, y fuera de Seattle. A bastantes millas de distancia.
—Ya. Vaya. Qué rollo.
Él asintió entristecido.
—Pásate por alguna floristería. Le llevaré flores.
—¿Qué? ¿Ahora? ¡No le has preguntado a Seth si le parece bien que la visites!
—Si tú no se lo dices... por mí no lo sabrá. Pediremos al personal médico que no hable sobre mi visita allí.
—¿Crees que te van a dejar que entres si no eres familia, y sin su permiso? Tienes que llamarle. Él tiene que dar su permiso.
—Sabes que hace que no nos hablamos.
—Tú eres quien no quiere hablarle.
Suspiró.
—Es complicado.
—No lo compliques aún más —casi rogó Jaxon—. No le hace bien a nadie.
https://youtu.be/RIqS4hR2wlA
Baka: Tonto/a
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