Clavel
Volar.
Caer en picada.
Perder las alas
hasta que se desvanezca tu identidad,
perdiendo de vista lo que antes ha sido,
forjando murallas rotas
que pocos logran penetrar.
Armar una coraza, ponerte una armadura
y entrar en batalla, sin ganas,
con las piernas temblando y el rostro
sudando.
“¡No mas!”.
Los ojos enrojecidos tantean el panorama.
¡No hay peligro! No existe peligro para el valiente
pero el valiente se ha quedado dormido ya, ahora al cobarde le toca luchar
sin espada.
Cae rendido a los pocos segundos,
con el hombro sangrante, oscuro el semblante.
Él mismo se quiere matar.
Es el rey de su tragedia
y su vida desea terminar.
Los suspiros son arrancados de su cuello
y cae en cama
y cae en coma
hasta que vuelve a despertar.
Volar.
Volar por el cielo.
Sentir el rocío.
Preguntarse:
“¿Quién he sido?”
y si acaso
algún forajido sabrá tu verdad.
Despegar los pies de la tierra hasta
que las alas tocan al sol y se queman,
el problema es que nunca llegan.
El problema es que nunca vuelan
alto, tan alto para acariciar al cielo con la yema
y entonces despejar
toda duda incorporea que se aloja en el pensar.
¿Lo dejarás volar?
Entonces huyes hasta el bosque,
vacío de ninfas,
y entierras la cabeza en la tierra
como fiera malherida.
Ahí es cuando las ilusiones empiezan.
El tiempo se distorsiona y duele la cabeza.
¿Cuánto tiempo le lleva a la luna despierta?
Todo ruge, todo llora,
el pájaro ha detenido su trinar.
Colapsa.
Colapsa el cuerpo como los cúmulos de sangre negra en el hombro del herido,
como lo coágulos de sangre que nunca lograron sanar y se quedaron adheridos
a la carne putrefacta que se niegan a arrancar.
Colapsan las rocas de la caravana
así como los escombros de las tinieblas.
Todo tiembla,
todo se regenera hasta el éxtasis marchito
donde todo lo finito se muestra infinito
pero es solo un miserable espejismo.
¿Qué mas queda? Volar
por el horizonte con las piernas atadas
para que estas se olviden del tacto de la tierra
y durante la precipitación se alejen de esta.
Es un triste, muy triste...
Final.
(La boca le tiembla. Exhala el pianista
y encorva su espalda para reposar
de la algarabía quebradiza
forjada por sus dedos)
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