Doy por finalizada la entrevista cuando termino de hacerle las últimas preguntas y anotar algunos datos. El manto oscuro de la noche se encuentra sobre nosotros, sin embargo, he podido escribir gracias a la farola que tengo a mi lado.
—Se hizo de noche —comento, metiendo mi libreta en la mochila.
—Sí, se pasó el tiempo volando. —Sonríe.
—Ha sido una tarde agradable.
—Totalmente de acuerdo. —Coloca un cigarrillo entre sus labios y lo prende.
—¿Por dónde sales? —El parque tiene varias salidas.
—Voy por allí —Índica la salida por la que he entrado.
—Entonces te acompaño. —Pongo las cintas de mi mochila sobre mis hombros—. Yo también salgo por ahí.
Ponemos rumbo a nuestro camino en común, con su guardaespaldas caminando detrás de nosotros. Al salir hay varias direcciones, imaginaba que iría en una diferente a la mía, pero me equivoqué y parte de mí se alegra de que sea así. No siempre tengo oportunidad de estar con una mujer como Petra.
—Este es nuestro coche. —Interrumpe nuestra agradable caminata. El guardia hace que las luces intermitentes parpadeen un par de veces, al abrir el coche.
—Espero haber sido una gran compañía durante el camino. —Sonrío.
—Una de las mejores —me dice. No sé como reaccionar a lo dicho—. Espero haberlo sido yo también. —Ríe, antes de acercarse y plantar un par de besos en mi mejilla ¿Será lo más cerca que estaré de ella? Interroga mi lado perverso.
—Sí, también has sido una buena compañía. —Sin embargo, aún puedo controlar mi habla y mostrar que soy mi yo real.
—Recuerda que estamos en contacto y que estamos para todo aquello que necesites. —Guiña el ojo. Sus ojos son atrapantes, son como las serpientes de Medusa, una gorgona de la mitología griega. Por un momento me quedo en shot, con imágenes atrevidas pasando por mi mente.
—Sí... lo sé... —respondo, con dificultad.
El guarda que también hace la misión de un chofer, cierra la puerta después de que Petra entre en el interior del elegante coche. Este rodea el coche, mientras que ella se despide de mí con un gesto de mano antes de yo retomar mi camino.
Camino hasta llegar a mi coche. El miembro que se esconde en lo más profundo de mi pantalón anhela salir de mi pantalón. "Las fantasías están para cumplirlas" escucho decir a Julieta en mi mente, con una voz sensual.
Eso parece una sentencia dicha por ella, porque antes de arrancar el motor... La puerta del copiloto se abre de una forma que me sorprende, pero lo que más me sorprende es que Petra entre.
—¡Petra!
—¿Si? —cuestiona pacíficamente.
—¿Qué haces aquí? —interrogo sin poder asimilar de que está aquí, aún.
—¿Crees que no lo he notado? —Su voz suena un tanto sensual y ofendida.
—¿Notar el qué? —Trato de disimular.
—Conmigo no trates de fingir que no se te ha puesto dura —anuncia enfadada—. Ya te dije que estamos para todo aquello que necesites. —Deja sus labios rosados entre abiertos, mientras que su mano se dirige al bulto que se encuentra en mi pantalón.
—¡No! ¿Qué es lo que haces? ¿No ves que nos pueden ver? —Alejo su mano.
—¿Te da miedo?
—No es eso —hablo nervioso—. Podemos crear un escándalo público.
—Creo que a tu cuerpo eso no le importa. —Baja su mirada. Yo también echo un vistazo antes de reaccionar. Cada vez está más dura y tengo temor de que vaya a explotar.
—Puede esperar —Miento.
—Pero sabes que no es lo que quieres. —Vuelve a poner su mano, pero esta vez con más firmeza.
Ella sabe realmente lo que mi mente quiere mejor que yo. Esto es una locura. Empieza a masajear sobre la tela del pantalón. No sé como reaccionar.
—¿Puedo? —cuestiona, con esa mirada tan hechizadora.
—Sí —afirmo, rendido a ella.
Desnuda toda mi erección.
—¡Qué grande! —exclama al verla.
Su boca cada vez está más cerca de ella, hasta que se adentra. Se la introduce hasta lo más profundo de su garganta. Empieza a subir y a bajar. No parece costarle. El ritmo en que lo hace, es lento y continuo.
Benditas mujeres que han sido capaces de secuestrar toda mi fortaleza varonil ¿Pero qué no podrían hacer estás Diosas? Sé que son capaces de más. Si ellas dijeran de que fuera su esclavo de seguro que lo conseguirían.
Acaricio el cabello de la pelirroja, mientras ella cada vez baja más. Un poco más tarde, se detiene, se reincorpora en el asiento y puedo ver que parte de su rímel se ha corrido. Se limpia unas placenteras lágrimas llena de un oscuro maquillaje.
Una vez que ha tomado un poco de aire, vuelve al ataque, pero esta vez poniéndose encima de mí. Captura mis labios con los suyos, mientras yo atrapo su cadera con mis manos y entro en lo más profundo de ella.
Gime, gemimos. Se mueve a un ritmo que me hace sentir en el mismo cielo o en el mismo infierno, no estoy muy seguro. Ambos nos movemos. Los dos buscamos el placer del otro. Simplemente lo disfrutamos. Lo gozamos con la intensidad que lo deseamos.
Los movimientos se vuelven tan profundos como su mirada y el tiempo corre más lento que nosotros. Su blusa se perdió. Ahora puedo ver sus pechos rebotar, aunque no pierdo ni un milisegundo más para devorarlos. Exhala placer, en un suspiro, como si fuera el humo de uno de sus cigarrillos.
Enreda sus dedos en mi cabello, tira de él y vuelve a ganar territorio, en busca de mi ocupada boca. Su lengua busca la mía, mientras que sus movimientos de caderas no se detienen. Estamos a punto de estallar.
Nos movemos rápido, nuestras miradas se unen. Son aliadas de esta locura. Ellas saben como terminará todo esto. Y efectivamente, los dos expulsamos nuestros flujos en el mismo tiempo. Ella respira con su cabeza en mi cuello, mientras su vagina aún tiene atrapada gran parte de mí.
Cierro un momento los ojos. Dejo de sentirla sobre mí. No me siento dentro de ella. Abro los ojos. Ya no está. "Espero que te haya gustado" escucho su voz dentro de mí.
Me encuentro solo en mi coche, con una de mis manos sobre mi miembro y con el ombligo descubierto, con su alrededor con pequeños charcos de las gotas que han dejado mi flujo. Doy gracias de que la zona no está siendo muy transitada ahora mismo.
Me siento completamente como un enfermo mental que no es capaz de controlarse. Prendo el motor y me dirijo rumbo a casa. Durante el camino me siento frustrado por no poder controlar a mi mente.
La culpa la tienen ellas, han conseguido volverme loco, han logrado crear un agujero dentro de mí donde esconderse y salir cuando a ellas les interesan.
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