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¿Cómo que hoy no es martes? Perdón por la tardanza, se fue la luz en mi casita.
Julieta
Una simple oración. Cuatro palabras con la capacidad de que mi corazón se vuelva acróbata dentro de mi pecho, con fuegos artificiales explotando dentro de mi estómago y chispas invadiendo mis venas y las puntas de mis nervios.
—¿Por qué me lo preguntas de esa forma? Casi siempre es un: ¿quieres ser mi novia? —No es un reclamo, solo mi curiosidad pintando su aparición por encima de mis nervios.
—Porque estar contigo es un privilegio, y quiero saber si soy digno de merecerlo.
Mi corazón explota y vuelve a unir sus pedazos una y otra vez, bajo su mirada cargada de franqueza, la calidez de su mano sobre mi mejilla, la firmeza en su pecho moviéndose entrecortadamente contra mi espalda, en sus muslos apresando los míos y el sostén de su mano entre la mía. Si todo lo bueno en el mundo tuviera un rostro, definitivamente llevaría el suyo.
—Nadie es más digno de merecer mi corazón y todo mi ser, que tú, Carter Prescott. Tú y solo tu.
Mi mano libre se hace paso hasta detenerse en su mandíbula, mientras me acomodo entre su cuerpo para que nuestras miradas queden al mismo nivel. Su aliento cálido me hace cosquillas en la barbilla y aunque aún me siento un mar revuelto de emociones, me permito sonreír cuando deposita un beso en mi ceja, y luego otro en el hueso de mi pómulo. Cierro los ojos por la conmoción de la intimidad que reflejan sus actos, y él aprovecha para dejar otro beso en mi párpado.
Todo mi cuerpo arde bajo su toque. Cada centímetro de mi piel que tiene contacto con su cuerpo siente la electricidad anclada desde lo más profundo y mis labios se sienten celosos de las otras facciones en mi rostro que tienen la atención de los suyos, sin embargo, toda esa antelación solo me hace enamorarme de él cada vez un poco más, como nunca nadie había tenido la dicha de disfrutar.
—Y solo tú podías ser nombrada dueña absoluta de mi corazón, mi ser y mi merced, Julieta Esparza —especifica con firmeza, despegando su rostro solo los centímetros suficientes para que nuestras miradas den con las del otro—. Si había alguien capaz de hacerme desvariar y replantearme el amor, tenías que ser tú, con esa preciosa sonrisa tuya y esa insistencia en escarbar en mi interior.
—Tampoco es como si hubiera tenido que hacer mucho, soy encantadora por naturaleza. Ibas a caer ante mí en algún momento, solo fui paciente —juego y él presiona su cuerpo contra el mío hasta que puedo sentirlo por completo anclado a mí. Su calor y el mío son uno solo en este momento en que ambos ardemos de la misma hoguera—. ¿Quién de los dos será más afortunado?
—No es una competencia, pero soy yo. Tú eres el paraíso hecho carne.
—¡Por supuesto que no! La afortunada soy yo. Me hiciste una constelación para mí sola, y mira la declaración que armaste. ¿Qué he hecho yo por ti?
—Demasiado. Que me veas de esa forma y quererme son suficientes —declara mientras roza su nariz contra mi mandíbula, ahogo un suspiro antes de que el continué—. Además, me escribiste una canción y la cantaste frente a millones de televidentes.
—¿Es usted bastante vanidoso, noble caballero, para asegurar que esa canción era para usted?
—Estoy consciente de mis encantos —contraataca, depositando un nuevo beso sobre mi mandíbula. Sonrío sin poder evitarlo—. Y no hice esto solo, Dash me ayudó.
—¿Dasher? ¿Tú hermano? ¿Él que me detesta? ¿Te ayudó a hacer esto para mí? —La incredulidad empaña mi voz—. Estas jugando. ¿Dónde está la cámara escondida?
Carter le da un empujoncito a mi hombro con su cabeza, mientras su risa resuena contra mi piel y mis terminaciones nerviosas son quienes recienten el contacto, aunque lo disimulo muy bien al fingir que busco la dichosa cámara oculta a lo largo de la azotea vacía.
—Hablo en serio. Me ayudó a indicarme donde quedaban mejor las luces —exclama, señalando las orillas donde consigo divisar pequeños focos que son quienes lanzan la luz hacía arriba. Son como mini reflectores—. También me ayudó a buscar mejores opciones, mi primer camino fue comprar luces navideñas, pero él dijo que era impráctico ya que no hay donde colgarlas. Fue él quien propuso estas lámparas láser y gracias a Maika pudimos conseguirlas.
—¿De verdad Dasher te ayudó a armar todo esto? —No importa cuantas veces lo pregunte, y cuantas él responda, voy a seguir sintiéndome sorprendida.
—Tampoco creas que con sus muletas hacía gran cosa, solo se sentaba en una silla con su guitarra y me decía dónde ubicarme, mientras él ensayaba. Ya sabes que odia ir a los estudios y prefiere hacerlo al aire libre.
Si, me lo había mencionado hace unos días, cuando no vi su nombre en la tabla de horarios para los ensayos en el teatro y le pregunté si acaso se creía demasiado para no practicar.
Vuelvo a repasar el cielo nocturno, con esas estrellas falsas que se sienten tan reales frente a mis ojos. La emoción por verlas no se marcha, sigue impregnada en mis poros, como el rastro de las lágrimas en mis pómulos y saber que Dasher estuvo involucrado hace que una parte de mí deje de detestarlo solo un poco.
—¿Y Maika consiguió estas luces? —investigo y por alguna razón mencionarlo me causa gracia. No hemos hablado mucho, pero al menos sé que respeta a Carter, porque después de que regresara a la universidad, no volvió a insinuárseme.
—Alguien en la universidad le ayudó a armarlas.
—¡¿En serio?! ¡Eso es asombroso! Yo en la universidad, solo aprendí a hacer carteles didácticos —rememoro.
—Seguramente te quedaban hermosos.
Pero pese a su intento de halago, termino soltando una carcajada.
—Digamos que hacía el intento porque no fueran un completo asco —acepto—. Y me gustan las manualidades, pero los carteles siempre fueron mi punto débil. Nunca medía bien los espacios y sucedía que, los títulos quedaban torcidos o los dibujos incompletos.
Lo observo de reojo mirarme con dulzura y quiero darle un golpe para que deje de ser tan encantador.
—¿Algún día piensas terminar tu tesis y recibirte como maestra?
Niego, pero luego frunzo el ceño. No lo tengo claro, al menos no por el momento.
—No por ahora. Quizás en el futuro —Un suspiro abandona mis labios inevitablemente, porque el recuerdo no es bueno—. Pero, en conclusión, yo gano. Yo soy más afortunada.
—¿Así que aceptas que no eres tan encantadora? —juega y yo lo reto con la mirada.
Los hoyuelos en sus mejillas se remarcan en ese gesto repleto de diversión que quiero borrarle, pero que al mismo tiempo quiero capturar y guardarlo en un cofre de tesoros.
—¡Dios! A veces eres detestable. Sabes qué, retiro lo dicho, ya no eres digno de tenerme.
Con un gesto cargado de dramatismo suelto sus manos y me levanto de la silla, pero él es más rápido al seguirme y rodear mi cintura con sus manos, hasta conseguir elevar mis pies del suelo. Lanzo un chillido en respuesta a su acto, pero me río en cuanto nos da vueltas.
—¡Bájame, Carter!
—No. Tengo que recordarte porque soy digno de estar contigo —susurra contra mi oreja y el simple roce me hace desvariar.
—Empieza por bajarme.
—¿No te dolían los pies? Estoy ayudándote —Lo observo sobre mi hombro, mi corazón da un tirón dentro de mi pecho. Quiero sonreír, pero debo mantener mi actuación, aunque tenga razón, no quiero volver a tocar el suelo con estos zapatos.
—Bien.
—¿Soy digno de nuevo? —investiga, depositando un beso debajo de mi oreja, en la unión entre mi cuello y mi mandíbula. Ahogo otro suspiro, mientras siento mi sangre convertirse en lava. Niego—. ¿Qué quieres de mí, mi afrodita?
No sé qué estremece más a mi piel, si su voz ronca en ese suspiro contra mi cuello, su agarre contra mi cuerpo, o su manera de llamarme.
—¿Afrodita?
—Es la diosa de la belleza. Tu dijiste que querías que te llamara diosa, pero decirte hermosa diosa dueña de mi corazón es demasiado largo, es más fácil resumirlo en Afrodita, mi Afrodita.
Mi corazón se llena de flores rosas, al escuchar su explicación, y fijarme en la intensidad de su mirada, mientras él me gira entre sus brazos hasta que volvemos a quedar frente a frente, no hace más que provocar que las piernas me flaqueen y las cosquillas se aniden en mi estómago y debajo de mi vientre.
Rodeo sus hombros con mis brazos. Mis dedos rozando las hebras sedosas de su cabello rubio y mis palmas ancladas a la tersa y tibia piel de su cuello.
—Hermosa diosa dueña de mi corazón, está bien para mí —admito con una grata sonrisa, que es correspondida con una negación de su parte, mientras se muerde el labio inferior y me hace sentir envidia de sus propios dientes—. Pero, aun así, aun no eres digno.
—¿No? —investiga, presionando sus brazos contra mi cuerpo con más fuerza, nuestros pechos se rozan y nuestros alientos se mezclan con los del otro. El calor de ambos se siente como uno solo—. ¿Qué debo hacer?
Su aliento rozando una vez más sobre mi oreja y parte de mi sien en una voz ronca, me hace tragar saliva en seco.
Cuando deposita un nuevo beso en la unión entre mi mandíbula y mi cuello, mi corazón no es la única parte que late a lo largo de mi cuerpo y el calor dentro mío busca con necesidad una forma de ser liberada.
—¿Y si me convences? —Coloco una de mis manos bajo su barbilla, para impulsarla hacia arriba para que una vez más, sus orbes verdes, se pierdan entre mis cafés.
Conozco a la perfección el poder de mis encantos sobre él, no era ninguna broma y ser una persona perseverante alberga cada uno de los aspectos en mi vida. Sé cómo conseguir lo que quiero, y hoy mi único deseo es él.
—¿Así que mis encantos no son suficientes esta vez, bella dama? —Una de sus manos suelta mi cintura para deslizarse hacia arriba, rozando el camino en una caricia lenta y ardiente, hasta llegar a mi cuello y jugar con mi cabello, para lanzarlo detrás de mi hombro y despejar una nueva parte de mi cuerpo que ansía su toque con desesperación—. Pídeme lo que sea y es tuyo.
Trago saliva, mientras me acomodo entre su único brazo sosteniéndome, anclándome con mucha más fuerza a su hombro. Siento sus palpitaciones en la palma de la mano y mis dedos vibran ante ella.
—Bésame —Carter sonríe y su hoyuelo izquierdo se remarca en cuanto lo hace, consiguiendo que un nuevo suspiro se atasque a mitad de mi garganta, todo bajo su atenta mirada.
Siguiendo con mi orden, sus labios hacen contacto con mi mejilla y yo dejo escapar una risa por su juego.
—No.
—¿No era eso lo que pediste? No fuiste específica, Jules.
La diversión tiñe su rostro y por mucho que quiera buscar venganza a su juego, me niego a alejarme de él sin conseguir lo que quiero. Llevo mi mano hasta el otro lado de su rostro, deteniéndola al nivel necesario donde mis labios puedan rozar con los suyos.
—Bésame en los labios —pido esta vez, con los ojos entrecerrados, nuestras respiraciones mezclándose y una necesidad creciente por él.
Sin embargo, no rompe con esos centímetro que nos separan, por mucho que él también demuestre ansiarlo. Torturarme le es divertido y lo odio y amo por esto.
—¿Cuáles?
La rapidez con que mis ojos se abren a un nivel trascendental es solo comparada con las centésimas de segundo que tardo en ruborizarme de pies a cabeza. El cosquilleo en mi cuerpo, sin embargo, se ancla toda en una parte ubicada al sur.
—¡Carter!
—¡Jules! —Estoy por creer que se trata de una broma, pero pese a la diversión en su mirada, está ese brillo y la intensidad con que me observa, además del aura tensa a nuestro alrededor, de este calor y la necesidad por eliminar con cualquier rastro de distancia entre los dos—. No quiero fallar en mi misión —Y ahí está de nuevo esa voz ronca en un susurro sobre mis labios, que me hierve entera—. ¿Entonces, Jules? ¿Qué es lo que deseas?
¡Dios!
Por primera vez no tengo nada que decir. Esta es una nueva faceta de mí, al igual que esta es una nueva parte de Carter que no sabía que deseaba tanto. Sin detenerme a pensarlo y sin permitir que él me desvié de mi propósito, elimino con esos milímetros que nos separaban y abrazo mis labios entre los suyos en un beso tan ardiente como desesperado.
La parsimonia con que sus labios y su lengua juegan conmigo, es lo opuesto a la celeridad con que marcha la sangre dentro de mis venas y el ritmo al que se mueve su pecho contra mí.
En busca de mucha más cercanía, doy un pequeño brinco para anclar mis piernas a su cadera, pero no sé muy bien que falla, porque sus pies sobre el suelo son firmes y su brazo contra mi cintura me inspira seguridad, sin embargo, aun cuando el trata de mantener el equilibrio y yo de volver a colocar mis pies en el suelo, nuestros cuerpos caen de manera estrepitosa en la piscina.
Ahogo un grito.
Hago el esfuerzo por volver a la superficie, solo unos segundos después de tocar el agua y la carcajada que brota de mi pecho al hacerlo, elimina la tensión y culpa en el rostro de Carter, mientras se peina el cabello hacía atrás y yo hago lo mismo con el mío.
La tela del vestido gris se pega por completo a mi cuerpo como una segunda piel y lo único que puedo resentir es que la probabilidad de que se arruine por el cloro es mucha, y, sin embargo, tampoco hago el esfuerzo por salir del agua, contrario a ello, nado en dirección al rubio quien me observa con diversión y vergüenza.
—Me debes un vestido y un par de zapatos —acuso, a solo unos metros de distancia.
—Y tú un traje nuevo. Suerte que los celulares estaban en mi saco —señala e inevitablemente ambos giramos en dirección a donde está la dichosa prenda, sobre la silla donde estuvimos sentados—. Tienes algo en la mejilla.
—¿Si? ¿Qué cosa? —investigo mientras él trata de eliminar con la distancia entre ambos—. Espera, tú también tienes algo.
—¿En serio?
—Sí —admito, antes de salpicar agua en su dirección, en un gesto infantil que me causa demasiada gracia—. ¡No, Carter! ¡Espera!
Dejo escapar un chillido en cuanto sus brazos me atrapan y me pegan contra su cuerpo, pese a mis movimientos por liberarme entre risas de parte de los dos y la descarga eléctrica que sufre mi cuerpo en cuanto sus ojos y los míos se encuentran y la tibieza de su toque se intensifica por lo mojado de las prendas, siento que el agua cambia de temperatura o quizás sea solo mi piel.
Si hay algo que me encanta de ambos, es que no hay nada en línea recta, no somos un único sentimiento cuando estamos juntos. Somos como la música, llena de acordes e instrumentos. Somos participes de una colaboración que invita a reventarte el pecho, reírte y mover el cuerpo, pero que también enciende las fibras nerviosas del sentimentalismo y la adrenalina.
No somos una simple canción, somos todo un álbum o quizás una rocola repleta de historia, que se actualiza cada poco, cada que puede y que hay una mínima interacción entre estos dos mundos hechos a medida del otro
Rodeo su cuello con mis brazos una vez más y el ancla sus manos con mucha más firmeza contra la curva de mi cintura, hasta que la distancia entre nuestros cuerpos es casi inexistente. Nuestros pechos se tocan y la sensación, la cercanía, todo se arremolina en el sur de mi cuerpo. Bastan dos segundos en que nuestras miradas chocan, y nuestras sonrisas se congelan para que nuestros labios vuelvan a encontrarse.
Y no es un beso cualquiera. No es solo dulce, tampoco solo lascivo, ni tampoco está solo lleno de amor. Hay tanto que es difícil de expresar. Ni siquiera sé si sería capaz de detallarlo parte por parte, porque es algo para lo que no se encuentran palabras, que únicamente se siente en la punta de los dedos, en el fondo de los huesos o en el frenético latido de todo el cuerpo.
Dejo que mis dedos presionen con fuerza la raíz de su cabello y mis piernas terminen con el cometido que nos hizo llegar a donde nos encontramos, enroscándose con libertad contra su cuerpo, para así dejar de lado hasta el último milímetro entre nosotros y permitirme delirar con el roce ardiente de su cuerpo firme contra el mío.
Sus manos se enganchan con deleite a mi piel y el delgado material de mi vestido, permite que el contacto se sienta real, como si no existiera una sola barrera entre nosotros.
Cada centímetro de mi piel que siente sus caricias se funde en deliciosas sensaciones repletas de adrenalina. El camino que deja por la curva de mi espalda es maravilloso y consigue que mi sangre sea cambiada por lava hirviendo dentro de mi cuerpo.
—Jules...
—Aun no me has terminado de convencer —repongo de inmediato, con la voz sofocada y la respiración entrecortada. Me relamo los labios y la necesidad por seguir disfrutando de su boca sobre la mía, de sus caricias, de todo lo que a él respecta me invade acompañado de un escalofrío que recorre mi columna vertebral, en cuanto la intensidad de su mirada se encuentra conmigo.
Lo callo, presionando sus labios con mucha más valentía contra los míos y su respuesta no es más que un gruñido que me eriza hasta el último vello del cuerpo, antes de que presione mi cadera en un toque impetuoso para hacernos girar y dejarme atrapada entre su cuerpo y la orilla de la piscina.
La fricción del movimiento, de sus caderas contra las mías, provoca que un sonido gutural abandone mis labios y se ahogue en el beso que me da devuelta, antes de morder mi labio inferior y volver a apremiar contra mí cuerpo en un roce que me hace ver estrellas sin necesidad de abrir los ojos.
Engancho mis pies a su cadera, hasta ludir una vez más en el punto exacto que mi piel socorre su atención y él se aferra con vehemencia a mi espalda baja, despertando la misma necesidad.
—Y la idea es tentadora, pero no aquí —sopesa contra mis labios en una voz igual de sofocada y martirizada—. No tienes idea de todo lo que quiero experimentar contigo. Quiero adorar cada porción de tu piel, deleitarme de tu cuerpo siendo invadido de placer y complacer cada uno de tus caprichos; verte explotar en mil y un formas y conocer cada uno de tus puntos débiles. Quiero todo de ti, Julieta, pero no quiero que la primera vez sea dentro de esta piscina.
Pese a que su intención ha sido alejarme, después de escucharlo, engancho con mucha más voluntad mis manos a su cuerpo, mientras un escalofrío recorre mi espina dorsal y siento una descarga eléctrica en la punta de los dedos.
Carter Prescott me tiene delirando.
—¿Y si mi capricho fuese que me tomaras aquí? —bramo, contra sus labios en una voz sensual, antes de que él sonría.
—¿Siempre te sales con la tuya, Jules? —Sus manos hacen un recorrido por mi piel, en toques suaves y delicados que me desconcentran y me hacen surtirme en placer, pero que también llenan mi corazón de ilusión en cuanto veo la dulzura mezclada con la voracidad en sus ojos.
Carter es todo y más que un simple sueño hecho realidad. Cada mirada, caricia, palabra o gesto no hacen más que enamorarme de él en un punto sin retorno. Y estar entre sus brazos, después de lo que hizo por mí, de su declaración (que eché a perder) y de saber todo lo que despierto en él, me recuerdan algo importante.
—¡Yo también te tengo una sorpresa! —grito en cuanto él comienza a repartir besos en mi cuello. Mi declaración fuera de lugar, consigue hacerlo reír. El sonido rebota contra mis venas en aquel punto tan sensible, causándome cosquillas y una risilla en respuesta, mientras mi hombro se acerca a mi mandíbula en un acto reflejo.
—¿Qué será? ¿Qué será? —tararea con su nariz rozando debajo de mi oreja. Trago saliva ante la sensación y busco un punto fijo para concentrarme en lo que decía y no en lo maravilloso de su cercanía y sus mimos.
—Está en mi habitación. ¡Vamos! —Con un salto consigo separarme de su cuerpo y nadar hasta las gradas de la piscina, pero él se queda en el mismo sitio, con la cabeza inclinada hacia atrás—. ¿Qué pasa?
—Dame un segundo —pide, inhalando con fuerza por la nariz. La risa me invade al descubrir el motivo de su retraso—. No soy de piedra, Jules.
Y aunque me sigo riendo, también siento que los pulmones me fallan al impedir que pueda respirar como es debido en cuanto lo observo y me percato que esta noche aun no parece llegar a su fin.
*********
¿Hay calor o soy solo yo?
¿Cómo están? ¿Ya iniciaron clases?
¿Algo que decir del capítulo? *se sonroja*
Pregunta random: ¿Qué vacuna contra el COVID les aplicaron?
Gracias por leer. Las amo mucho. Feliz semana.
Nos leemos pronto.
Mz
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