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Capítulo 13

¡¡¡Buenas noches!!!

Siento actualizar tan tarde (por lo menos lo es aquí en España), pero quería enseñarles este capítulo. No es el mejor de toda la historia, ni mucho menos; aunque presenta un momento que a mí me gusta especialmente.

Me gustaría saber si a vosotros también os gusta y ¿qué pensáis de Selene? ¿y de Bucky?

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La luz inundó la habitación porque no habían cerrado las cortinas. La verdad, Selene no entendía porqué no existían las cortinas fuera de España. No pedía mucho, tan solo era el mejor aparato del mundo para evitar aquello. Suspiró frustrada ante aquello y se giró. Entonces se dio cuenta del brazo que agarraba su cintura y sonrió con suficiencia. James ya se había despertado y miraba a la sirena.

-¿Debería denunciarte? No sé cuánto llevas mirándome y si se puede considerar acoso- dijo con la voz ronca y una sonrisa burlona. Él alzó las cejas y acercó más a la mujer para conseguir que sus pieles chocasen. El calor volvió a hacerse presente.

-Creo que no es justo que me denuncies, tú fuiste la que me ha encandilado. Me has traído a tu cama y todo- Selene alzó una ceja. Hizo que su posición cambiase para estar sobre él. La verdad era que el brazo de metal no había sido un problema, como ella había imaginado. James se mordió el labio cuando ella rozó sus intimidades a la vez que se apoyaba sobre su pecho. La cascada de pelo moreno rozaba con su carne, que se ponía de gallina.

-No te quejaste -Dejó un beso en su pecho desnudo, después ascendió por su cuello y su mandíbula. James cerró los ojos y esperó por un último movimiento que nunca llegó. Cuando creía que ella iba a besar sus labios y comenzaba a sentir que su amigo se despertaba, el peso sobre su cuerpo desapareció. - Mejor así. Ahora si puedes quejarte de algo-.

Su melodiosa risa y su voz demasiado alejada hizo que abrieran los ojos. Selene tomó su camisa del suelo y se la puso con diversión. No podía ser, nunca le habían dejado con el calentón. Nadie había llegado tan lejos para después abandonarlo. Quería sentir sus labios, su piel, su calor. No era fiable y no parecía que aquello fuese a llegar a ningún puerto, no obstante, quería poder disfrutar.

-Voy a bañarme. Repasa lo que haremos hoy- Había perdido el control durante unos segundos. Se había sentido cómoda en los brazos del soldado y eso no podía pasar. No estaba bien. Suspiró pesadamente y sonrió al darse cuenta de que estaba envuelta en su ropa. Olía a la colonia que ella mismo había compadro y a su desodorante favorito. Un olor demasiado tentador. Aunque no saldría, no cuando había conseguido dejar claro que quien mandaba era ella.

🌊 🌊 🌊

-¿Dónde vamos, cariño? - James juró que podría haber hecho cualquier cosa por saber que la mirada que le dirigía la morena era verdadera. Sus ganas de volver al hotel, a pesar de disminuir debido a una leve jaqueca, aumentaban por segundos. Se había puesto unos jeans ajustados y una blusa demasiado bonita como para existir. El americano empezaba a dudar de aquello, creía que las prendas de ropa mejoraban al estar cerca de la sirena, seguro que era parte de su magia.

-La torre de Hassan II está allí, deberíamos visitarla- Bucky rodeaba su cintura con el brazo. Deseó no tener el brazo de metal para poder sentir su contacto realmente. Podía ser que aquello también lo hubiese medido. Un recuerdo azotó su mente y se paró en seco. Selene se paró al momento en que él se llevaba las manos a la cabeza.

-James, James...- Se suponía que su nombre no era James, sino Sebastian; la princesa no pudo evitar utilizar el verdadero. Vio la oscuridad en su mirada y la tormenta golpeaba demasiado fuerte aquella vez. Nunca había visto al hombre demostrar dolor, tan solo molestia y desasosiego. - Estoy aquí.

Rodeó su cintura y enterró su cabeza en el pecho de él. Se aseguró de poder escuchar el acelerado corazón resonando contra su oído. Él no había separado sus manos de su pelo, incluso lo había despeinado. Se separó para volver a conectar sus miradas. Se planteó si sacarle de aquel recuerdo o esperar. Después se acordó de que necesitaba que estuviese bien, que tuviese su atención puesta en su persona y decidió. Estaba segura de que él la consideraría una mierda de persona eventualmente, pero no se arrepentía de nada.

-James, escúchame. - Agarró una de sus enguantadas manos para separarla de su cabeza. Ignoró el pánico en su mirada al sentir aquello. - Vas a dejar de montar esta escena, nos miran. Olvídate de esa pesadilla y céntrate en cuidarme y seguir con tu trabajo. - El canto de sirena inundó su tono. Al separarse, la claridad había vuelto. Sonrió con suficiencia al darse cuenta de que el poder de su voz iba mucho más de lo esperaba con respecto a los problemas del hombre. Miró sus ojos y le robó un beso con alegría, varios de los transeúntes apartaron su mirada y les dejaron tranquilos; era tan fácil molestar y distraer a alguien...- Ahora, me habías dicho que iríamos a ver esa Torre, ¿no?

Aquella edificación resultó ser más impresionante de lo que ella había creído en un principio, no por el minarete a medio construir que habían visto durante su subida por los jardines, sino por el patio frente a ella. Un sultán almohade había deseado construir la segunda mezquita más grande del mundo en su época. Aquello finalizó con una torre del estilo de la época del sultán a medio construir, tan solo 44 metros de los inicialmente proyectados. Se hicieron varias fotos, que colocó rápidamente de fondos de pantalla en ambos móviles.

En realidad, para ella, lo impresionante fueron las columnas destruidas. Aquellas que habían sido preparadas para soportar el edificio. Se habían quebrado por culpa de un terremoto y la visión desamparada y a medio camino entre el abandono y la falta de construcción dejaban una sensación bastante helada en su corazón. Más cuando se giraba y veía el conjunto construido para Mohammed V. Al entrar junto a James, su garganta se secó y se sintió, tras muchos años sin aquel pesar, como un pez fuera del agua. Todo demasiado recargado, muchos lujos, incluso militares cuidando las entradas. Su familia estaría así, a miles de kilómetros de distancia, con miles de conchas y nácar de decoración. El arte atlante mucho menos recargado a aquella que veía. Ella estaría en un sitio así en el futuro.

-¿Te ha puesto nerviosa? No pensé que te doliese tanto ver eso que odias.

-¿Por qué crees que lo odio? - No estaba segura de que se acordase de aquella conversación, tampoco sabía cuando la nube que había creado su voz desaparecería. Suponía que tardaría unas horas, las suficientes para llegar a la tarde. Aquella era la parte difícil.

-Lo noté en vuestro relato. - Una mentira más, una mentira menos. Una de las razones por las que no sentía pena ante aquel comentario era que él mismo no sabía lo que decía. Era fácil para cualquiera pensar que o se odiaba o se amaba, pero la escala de grises tan solo aumentaba junto a las posibilidades de un dilema moral. La empatía, por ejemplo, era algo que Selene solo utilizaba en situaciones concretas. James había sido el objetivo de demasiadas.

-De donde vengo, la familia real no es lo mejor. Los reyes son unos déspotas y la princesa una niñata mentirosa y consentida que ama vivir entre lujos. - No mentía y aquello era lo peor. La verdad fluía y ella no se sentía culpable. Probablemente habría sido más correcto decir "es una zorra que solo busca su propio beneficio y una ególatra", pero eso sería ser más sincera de lo que debía. No podía dejar que él atase cabos demasiado rápido. De hecho, prefería que no los atara nunca.

-¿No crees que merezcan tanto reconocimiento? - Él hacía todo lo posible por entender el punto de vista de la guerrera que tanto había llamado su atención. Era una pena que su imagen no fuese más que una burda mentira.

-No entiendo por qué se creen que todo el patrimonio de un país es suyo. Debería pertenecer a los habitantes- La afirmación parecía ser lo más parecido a lo que su personaje hubiese dicho, aunque no creyese lo mismo. Por supuesto que parte de ese patrimonio era suyo, si bien debían reorganizar la economía del reino atlante no podía olvidarse de todas las horas que había perdido para abarcar la educación de todos los atalantes. Todos los poderes, economía marina, ecología, derecho cívico, historia, lucha, estrategia...Demasiado tiempo encerrada frente a libros y profesores.

-Hay gente que se cree la dueña del mundo, esa es la peor calaña. - La voz del moreno sonó sombría y ella se giró para poder conectar sus mirada. - Esos individuos...Llega un momento en el que alguien les para los pies, se dan cuenta de que no son nadie. No realmente. Ahí, caen. Se dan con la cruda realidad y se enfrentan a la vida sin ningún tipo de ayuda externa. Todos caen por confiarse más de la cuenta.

-James...- Aquello era demasiado doloroso como para escucharlo. Hablaba con el rencor de años sirviendo a las filas de HYDRA, décadas en las que había trabajado como la marioneta de unos tarados en busca del poder. Ella no era distinta.

-Tú te crees la dueña porque huiste y te hiciste un hueco, pero tus ojos no lo miran todo como si fuese tu pertenencia. - No supo responder, sabía que era cierto. Aunque la razón era que la sensación de pertenencia solo se creaba cuando estaba bajo el agua. Ella era de los monstruos que él odiaba y era mejor que no lo descubriese hasta que encontrasen al culpable de las amenazas. Además, besaba bien y ella no estaba preparada para dejar que su capricho marchara aún.

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