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Capítulo 4: Porque comer no es tan bueno como parece.

Notas originales del 2014:

Aviso: Lameto la demora del capítulo, puesto que me dispuse más a querer terminar mi otro fanfic, a continuar éste. Sumándole además que me dio tendinitis en ambas manos y tenía que darme varias descansos cada vez que escribía porque el dolor era mucho.

Y muy importante: este capítulo puede incluir escenas fuertes por exceso de sangre y alto morbo asqueroso. Quedan con la advertencia.

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No más, antes de cualquier cosa, prefería ir a revisarme si tenía alguna "marca" nueva. Porque ahora las piernas me ardían bastante y sentía algún líquido —sangre,¿tal vez?— escurrir por debajo de mis pantalones, me niego a pensar que me meé encima o que el pedo de hace un rato me salió "premiado".

Conociendo a Lars, él siempre entra a una habitación así no más, sin haber tocado antes la puerta. Por tanto, lo más correcto sería entrar al baño y darme una buena ducha.

Me aseguré de que no hubieran moros en la costa y corrí al baño, cerré con seguro la puerta y me desvestí con toda la seguridad del mundo. Entré a la ducha, encendí la regadera y miré mi reflejo a través de los azulejos —y más que azulejos, son espejos, digo, te puedes mirar con extrema claridad—. El pentagrama que estaba en mi abdomen, lo volvieron a abrir. Porque hace unos días atrás estaba cicatrizado, ahora que lo abrieron, estoy lleno de sangre seca. Oh, como agradezco que mi ropa sea negra, así no se nota nada.

Acaricié con suavidad mi piel tratando de remover la sangre, hice lo mismo con el resto de mi cuerpo hasta que...

Me cubrí la boca para evitar gritar como niña.

Tenía escrito en mis dos piernas —con una letra muy prolija y perfecta— todo un testamento por decir de forma retórica, así de puta madre.

No sabría cómo explicarlo muy bien... Tenía escrito "Los siete" en la pierna izquierda, y "pecados capitales" en la derecha.

De ahí estaba redactado un pecado en cada pierna, dejando al último pecado, "envidia", cortado a la mitad. Decía "env" en una y "idia" en la otra.

Me costó al principio leer lo que decía porque la sangre brotaba a... ¿litros? No, eso es muy exagerado. Pero así se sentía. Cuando dejé de sangrar, lo pude leer muy bien y quedé todo shockeado.

Recordé las palabras del "Otro Lars que no es Lars", no sé... yo esperaba dibujitos o algo así. ¡Y no un testamento que se nota que fue hecho por el diablo!

Esta noche tocaría, según el orden en que está escrito en mis piernas, la gula. Ok, comer no es nada malo.

Yo nunca he sido alguien que come en exceso —el alcohol aquí no cuenta, perras—, todo por ser vegetariano, los chicos gastan más en mierda con carne y embutidos que en sus vegetales. Se podría decir que mantengo mi "figura", a pesar de no hacer ejercicio.

Pero yo nunca le diría que "no" a comer, si se debe hacer: lo hago. Entonces, ¿qué podría salir mal?

Mi relajante ducha se detuvo y me quedé pasmado, tratando de pensar en lo peor que podría pasar. Negué con la cabeza y continué mi baño, si me ponía a pensar sobre mis miedos, seguro Satán se va a aprovechar de eso para joderme la existencia, como siempre.

No diré nada de lo que hicimos la banda hoy con gran detalle; un montón de papeleo con respecto a las grabaciones con Megaforce Records, uno que otro desmadre con Anthrax.

No obstante, me cuidé bien de no comer demasiado ni de ingerir alcohol para poder estar sano en la prueba, sí, lo pensé muy bien, no quiero vómitos.

Ya todos se había ido a acostar —en dónde pudieron, algunos llegaron y cayeron al suelo—, yo me dirigí a mi habitación... andaban Scott Ian y Charlie Benante —guitarrista y baterista de la ya dicha banda amiga que tenemos—, tirados en el piso, durmiendo en el lugar en dónde Lars había escogido para dormir ayer. Sólo que Scott y Charlie, andaban sin almohada y abrazados a una alfombra que debe estar más empolvada que la mierda.

Me dio risa al ver sus caras de borracho y fui a mi cama, dónde estaba Lars, dormido y estirado ocupando todo el espacio disponible, con unos ronquidos de oso mutante incluidos. Lo moví un poco para hacerme un espacio y acostarme a su lado... en menos de un segundo quedé aprisionado contra la pared y él dejó de roncar. Se quedó súper tranquilo.

No tuve ningún indicio de curiosidad hasta ahora.

 Tentadores se ven así... medio abiertos, ¿serán tan suaves como en mi sueño? ... Y sí, estoy hablando de sus labios, ¿a qué no tientan? ¿a qué no te da una enorme necesidad por besarlos?

No.

Ahora no. No pienso en arriesgarme, es obvio que él no siente lo mismo que yo. O sino me lo demostraría, él es muy obvio con sus cosas. 

Y lo que siento, lo que yo siento por él es... curiosidad, insisto, sólo eso.

Tal vez en mis sueños pueda saciar mi curiosidad, sí, eso es.

Le dí la espalda para evitar estos pensamientos torpes, aunque me costara un mundo quedarme dormido. Si no era Lars quien roncaba como oso mutante, lo hacían Scott y Charlie.

Cuando llegué al infierno, lo primero que vi, fue al cachorro de cerdo que estuve criando ayer. Sonreí de oreja a oreja, lo cogí entre mis manos y le di un enorme abrazo.

Amo a los animales, ¿qué más puedo decir?

Cuando llegó el diablo hijo de puta, se puso negra la cosa —¡qué racista, siendo que yo soy más negro!—, lo miré feo, aparentando no tener miedo, porque aún no lo pierdo. Él se rió con maldad y dijo:

— Hoy es el día —Lo miré con cara de "no me digas"—, deja de hacerte el valiente conmigo, ya sabes que así nada bueno consigues.

Asentí y me senté en el suelo, todavía teniendo entre mis brazos al animalito.

-—Veo que te encariñaste con ese puerco asqueroso, eh.

— No es asqueroso —corregí, sin tomarle mucha atención al ser del infierno que estaba frente a mi, porque mi mente ya no lo veía como alguien a quién debía temerle, sino, verlo como alguien a quién odiar.

— No quiero interrumpir tu tiempo "Madre-cerdo", pero la prueba es ahora.

-—Claro —me coloqué de pie, y riéndome con ternura porque el cerdito estaba "atacándome", con eso, me refiero a que estaba mordiendo mi dedo índice de una forma demasiado adorable— ¿Qué debo hacer?

— Acompáñame.

— ¿A dónde?

— Es un secreto, tú solo quédate ahí quieto y no hagas nada idiota, ¿sí?

— Ok.

Dejé de estar en el infierno para transportarme a un lugar apartado de la ciudad, como una especie de campo muy desolado, se escuchaban gritos y chillidos muy fuertes. Muchas máquinas funcionando, caminé junto a Satán hasta la entrada... madera vieja y manchada con sangre.

Tragué saliva con nerviosismo, ya sabía qué lugar era este.

Un matadero.

Ante los ensordecedores gritos de los animales que debían estar siendo brutalmente asesinados, yo tanto como mi "mascota", nos encontrábamos temblando de miedo.

— ¿Sabes cómo es que se hace la comida que frecuentemente comes? —cuestionó este hijo de puta.

— S-soy vegetariano... —murmuré, cubriéndole las orejitas al animal.

— Mejor todavía, anda, vayamos a ver cómo se hace la comida que no comes.

Asentí y ambos entramos más a fondo...

Ok, vi a dónde tenían encerrados a los pobres animales de granja, siendo sobreexplotados: ya sea por sobredosis de comida y hormonas, los ordeñan demasiado o X cosa común que hacen aquí. No quiero entrar en detalles. Ya sabemos qué mierda ocurre por estos lares.

Llegamos hasta donde unos tipos agarraban del cuello directamente a los animales, en este caso, un cerdo adulto. Le pusieron una cuerda en la zona del cuello y lo colgaron del techo. 

Antes de cualquier cosa, le tapé los ojitos al cachorro que tenía en mis brazos, no sé, no quería que se sintiera mal. Comenzaron tajeándole el cuello, a su vez que la sangre salía a litros. Otros sujetos más estaban directamente arrancándole la piel con una cosa rara filosa.

Tuve la necesidad de cerrar los ojos, sin embargo, me resistí y seguí mirando. ¿Era ésta mi prueba? ¡Joder! Duele, en todo caso, ya he visto documentales acerca de ésto. No me corrompe tanto. Tuve que correrme hacia un lado para que no me salpicara sangre. Me dio mucha pena el que el animal chillaba de dolor hasta perecer. 

Después dibujaron unas marcas con un marcador en su lomo y de ahí comenzaron a sacar la carne por secciones. Lo separaron en diferentes tipos, le cortaron la cabeza (directamente con un machete gigante) y los restos que ya no servían los dejaron tirados junto a restos de otros de su especie que seguramente acabarían siendo embutidos.

Miré a este hijo de puta, con mucha rabia, no quería tener que ver ésto.

— ¿Tienes hambre? —negué— Oh, ¡qué pena! Hoy te toca la "gula".

— Lo sé.

— Bueeno... —Sonrió con enorme malicia—, devolvámonos, para que empiece la verdadera prueba. ¿Qué?

Regresamos al escenario inicial: el infierno. 

En el suelo estaba tendido un gran mantel, junto a un enorme plato , un par de cubiertos y una especie de librito negro que decía "Menú".

— Tome asiento, señor Hammett, que su cena pronto será servida.

 Fui a sentarme junto al cerdito, que lo posé sobre mi regazo, fruncí el ceño al notar que el plato estaba vacío.

— Y... ¿qué debo comer?

— No sé, lee tu mismo el menú de hoy.

Tomé el librito ese, lo abrí y se encontraba una fotografía del matadero en dónde recién veníamos, allí estaba una foto del pobre cerdo que asesinaron.

Abrí los ojos como platos y me dieron ganas de desmayarme en aquel momento. Abracé al animalito que tenía sobre mis piernas con tal fuerza, que nadie me lo iba a arrebatar.

— ¡No voy a permitir que le hagan algo! —Le dí un besito en la frente y lo llené de calor, esa foto que vi en el "menú", me ofendió mucho.

— Oh, no seas ridículo, Kirk, yo no le haré nada a tu puerco asqueroso... —Esbozó una sonrisa maqueavélica— Tú sí.

Me entró un gran escalofrío. Por más infierno que fuera éste, hubiera lava alrededor, fuego por otro lado... tenía frío, de soledad, mucho frío.

— No, yo no —negué, apegando al animal cada vez más a mi anatomía, tratando de conseguir yo calor de esa forma porque la temperatura bajaba demasiado rápido—... ni nadie.

— Ya aprendiste cómo los matan, ¿no es así? —ignoró mi negación— Aplícalo ahora, es un mal rollo que seas vegetariano, porque... te lo debes comer crudo.

— ¿Crudo? ¿Perdón? —me ofendí todavía más, no iba permitir que algo así pasara.

— ¿Quieres morir ahora? —Temblando de frío y miedo, lo miré... lo pensé muy bien, negué— Entonces... cómetelo, es sólo eso. ¿Por qué tanto alboroto?

Lo separé un poco de mi para mirar fijamente a esos ojitos que convencen a cualquiera. Aparte del asco, pena y otras cosas, era una culpa demasiado inmensa iba a cargar después de lo que voy a hacer.

 Oh, la inocencia que representaba esa pura mirada me causaba la peor pena que he tenido en años. Teniendo mi cuerpo temblando, sobre todo por los brazos, con mucha lentitud cogí el cuchillo. Lo puse frente a los ojos de mi pobre víctima. Mis ojos comenzaron a humedecerse, yo no quería tener que recurrir a ésto. Pero mi vida estaba en juego, en riesgo. Recordé las palabras de mi ángel redentor, me había dicho que ya estaba muerto este animal, pero no yo lo veía tan así.

Acerqué el filo cerca del cuellito suyo, cerré mis párpados e hice un corte profundo. De inmediato me alarmé por el aullido de dolor y tuve que retenerlo con mi otro brazo para que no se me escapara. No quería ver, porque eso me haría sentir más culpable todavía. Otro corte más y rodó una lágrima por mi mejilla. Comencé a cantar una canción infantil en mi mente para ahogar los gritos que emitía.

Un elefante se balanceaba, sobre la tela de una... ¡Ay, no! No llores, chiquito, me duele más a mi que a ti, créeme.

No me di cuenta que ya lo había decapitado hasta que su cabeza cayó al suelo. Abrí los ojos y lloré a torrenciales. Limpié mis lágrimas y proseguí a arrancarle la piel. Haciéndolo lo más rápido posible y con los ojos a medio cerrar. Ya no existían signos de dolor por parte del cerdito, aún así, me dolía continuar. Me fui guiando por la fotografía del menú para saber qué partes cortar.

Separé tal cual cómo lo recordaba y los restos los dejé a un costado.

¿Cómo los carniceros no sienten culpa cuando cortan ésto todos los días?

Sin haberme dado cuenta, estaba absolutamente embarrado en sangre. Para colmo de colmos, me había acostado con una camisa blanca. ¿Por qué soy tan idiota? Sólo espero que ésto no se quede así en la mañana o sino...

- Ahora que separaste la carne de la que se come de los restos inservibles —Me interrumpió Satán—, no me queda nada más que decirte: Buen provecho. Yo me voy, pero sabré de todas formas si te lo comiste o no, porque no pienso en quedarme a ver como lloras como marica y comes como bebé, no. Adiós.

Malparido hijo de puta, me abandonó.

Bueno, ahora podía llorar con más confianza. Sin sentirme tan ofendido.

Como mi camisa ya estaba toda manchada, no me molesté en limpiarme las manos allí. Así también limpié mis lágrimas, teniendo cuidado de no mancharme la cara.

Del modo más educada posible, escogí el pedazo de carne que se viera más blando (y sin menos grasa, aunque ya haya removido la mayoría, pero para la corta edad del cachorro, no era tanta), tomé los cubiertos y trate de partirlos en trocitos pequeños. La sangre seguía brotando por la mierda, y yo continuaba llorando.

Me sentía como un idiota, conocía a ese pequeño desde apenas un día y lloro como si lo tuviera de toda la vida. ¡No obstante, me encariñé tanto con él!

Con el tenedor cogí un trocito y lo acerqué a mi boca. Cerré los ojos de manera forzada, sentí como varias partes de mi cuerpo —sobretodo mi estómago— se ponían tensos cuando abrí mi boca y percibí la fría carne con mi lengua.

Cuando por fin lo introduje a mi boca, sentí un leve cosquilleo en el paladar. El sabor era horrible. Las arcadas no se hicieron esperar. Traté de morder y era demasiado duro. Aghh... no, la culpa se apoderaba de mi ser y ni era capaz dar el el primer pedazo.

Como quería que todo se acabase pronto, di un mordisco súper fuerte de una. Y eso fue lo que la cagó, porque sentí como uno de mis dientes (un molar, para ser exactos) se rompió, tuve que escupir para un lado el diente y la sangre del animal.

Me armé de valor, ya no podía seguir perdiendo el tiempo, no señor, lancé los cubiertos a la mierda. Metí cuánta carne pude a la boca e hice el intento por masticar lo menos posible, tragar y comer con gran velocidad. Todo sin atragantarme, verán el dolor de esófago por los diminutos huesos que se colaban y rasgaban mi interior como si se tratara de un castigo divino.

Empecé a desesperarme porque era la cosa más asquerosa que he hecho en mi puta vida, las lágrimas continuaban escapándose, otro diente herido, sólo que éste se salió por completo y mis encías comenzaron a sangrar. Mierda, ¡qué rico, no! Agh... ¡ésto no se lo deseo a nadie!

Escupí mi otro diente y proseguí para no volver a tener interrupciones como esa. Aunque me quede sin dientes iba a sobrevivir a esta mierda.

Aunque, después de todo, si tuve más cuidado de no morder tan fuerte.

Agradecí con toda mi alma de que se tratara de un pequeño cachorro de tantos meses a uno adulto. Porque pude acabarlo. Me tragué el vómito un sin fin de veces.

No obstante, sí dejé que la sangre cayera de mi boca, la repulsión me superaba.

Me puse en posición fetal, para continuar con mi llanto de bebé desconsolado.

Necesitaba a alguien.

— Lars, ¿a dónde estás?

Abrí los ojos de impresión por aquella frase que me salió del alma, yo sabía que no me refería a ESE Lars, yo quería referirme a mi ángel. Porque él podría consolarme y no vino para cumplir mis caprichos.

Sentía como una y otra vez el vómito subía por mi tráquea, mi sistema digestivo no me permitiría digerir esta mierda. Tengo un nudo en la garganta tremendo, porque todo lo que comí, tengo allí, no quiere bajar. Bueno, tampoco quiero que baje.

Sólo quería despertar, ohh, ¡maldita sea!

Un abrazo, sí, eso. Un abrazo de mi ángel, eso quiero por lo menos.

No podía creer que haya matado y comido a un ser tan inocente como era aquel cerdito. Oh, ¿por qué? Escuché un desgarrador grito y logré despertar en la realidad de golpe.

— ¡Joder, Kirk! —era Lars, que estaba sentado sobre la cama, con una cara de trauma extrema— ¿Qué te pasó? 

Me refregué los ojos y luego miré mi camisa. ¡Por la mierda!

Su mirada bajó hasta mis muñecas, cortadísimas como nunca antes. Él rodó los ojos, frunció el ceño y se cruzó de brazos. 

— ¿Es en serio? ¡Prometiste no volver a hacerlo!

Mi cuerpo temblaba, yo seguía con el "nudo" de carne en la garganta, me sentía tan mal. Mi estómago dolía mucho también. 

Hasta las lágrimas volvieron a brotar.

— ¿Están bien? —dijo Charlie, levantándose del suelo, yo me cubrí la camisa con las mantas— Oí a alguien gritar...

— Estamos bien —Lars lo miró confundido y luego seguramente recordó porqué él estaba aquí, sus ojos parecían cristalizarse—, pero tengo que hablar un tema muy serio con Kirk, ¿puedes retirarte?

— Claro... -se agachó y dirigió a su compañero, lo sacudió para que despertara— Oye, Scott, ya vámonos, los chicos deben haberse ido hace rato.

— ¿Ahh? —dudó Scott, se estiró y admiró su alrededor, sonrió al ver la alfombra en que había dormido— ¿Me la puedo quedar? —Lars y yo nos miramos, yo encogí los hombros, y oculté mi rostro con mi cabello para que no se notara mi llanto.

— Llévensela si quieren —contestó Ulrich, luego me miró muy preocupado.

— Vale, aquí está el amor de mi vida, Charlie, la llamaré Juana —Comentó a su vez que abrazaba la alfombra y se iban de la habitación.

No iba a negar que eso fue raro —y un tanto gracioso—... Lars continuaba su mirada seria y lo soltó de una vez:

— ¿Qué es lo que te ocurre?—encogí los hombros de nuevo, él tomó mi rostro levemente para que nos mirarámos— ¿Sabes lo mal que me haces sentir cada vez que me haces eso? —Señaló mis muñecas— Por favor, no lo hagas. Te lo ruego.

Aparté su mano para llorar tranquilo, no quería que me viera, era demasiado vergonzoso.

— Kirk, ¿podrías contarme qué pasó para poder hacer algo al respecto? —negué— ¿No confías en mi? —asentí— ¿Entonces? Somos amigos, deberías decirme.

Ni en puta broma iba a decirle. Puedo deducir por su tono de voz que está a punto de quebrarse, igual que yo.

De la nada, sentí como me abrazó... fue tan... lindo. Era exactamente lo que yo quería en mi sueño, oh, su cuerpo tan cálido contra el mío... la seguridad me envolvió, logré soltar todo el llanto que pude. Él acarició con suavidad mi espalda, consolándome de mis penas. Sin contarle nada de lo que pasó.

Todo iba tan bonito hasta que las ganas por vomitar me superaron.

— L-lars... —musité en un hilo casi inaudible.

— ¿Sí?

— Quiero vomitar...

Se apartó en menos de un segundo, yo me levanté y corrí al baño lo más rápido que pude.

Recordar la cara de trauma con que se quedaron Scott, Charlie y Frank al verme todo ensangrentado, no tenía precio, seguro hubiera sido más gracioso si Dan y Neil también se hubieran unido al "club" de los traumados.

Me tumbé contra el váter y vomite como nunca lo he hecho antes. Todo lo que tenía metido en la garganta, lo boté. Lo de mi estómago también, lo boté todo. Me forcé a mi mismo para continuar haciéndolo porque tenía sensaciones que me decían que todavía habían rastros de animal en mí.

— Uhh... creo que estás un poquito mal —Lars se sentó a mi lado, tomó mi cabello y puso su mano libre acariciando mi espalda, para que yo continuara vomitando— ¿La resaca? —asentí— Mierda, estás mal, Kirk, no sé que te pasó, quiero saber, estoy muy preocupado, no te lo puedo negar. ¿Puedes decirme? —negué, por fin me detuve, limpié mi boca con un poco de papel higiénico y nos vimos fijo— ¿Puedes decirme qué sientes, al menos?

— Náuseas, enorme dolor de estómago, ay... —Me sobé— me duele mucho... —sorbí mis mocos y limpié las lágrimas, no tenía caso, continué llorando— mucho dolor... culpa, mucha culpa, oh...

Me tapé la cara con mis manos, volvió a abrazarme.

— ¿Qué tanto te duele el estómago? De la escala de "tengo un pedo atajado" a un "me intoxiqué comiéndome a un cerdo crudo".

Dijo esa mierda y ya tenía el puto diluvio universal en mis ojos.

— Oh, lo siento, ¿dije algo malo? —asentí— Mierda, lo siento mucho, no quiero hacerte sentir mal, más mal de lo que sueles sentirte, digo... si te cortas es porque debes sufrir mucho, ¿no es así? —no hice ningún tipo de gesto, sólo le devolví el abrazo con mucha timidez.

— ¡Kirk! ¡Lars! —gritó James— ¡Vengan a desayunar! ¡Vamos llegando tarde a nuestro primer día para grabar!

Mierda, lo había olvidado, ¿cómo voy a grabar estando así de cagado?

— ¡Ya vamos! —contestó Lars, luego me soltó— ¿Ya te sientes mejor? —negué, separándome de su torso— Oh... mierda. Bueno, creo que si estás así de enfermo, mejor no comas nada.

— Tampoco quiero comer...

— Bueno, por mientras ve a tu habitación y cámbiate esa ropa, ¿sí? -forzó una sonrisa nerviosa- No quiero que los chicos te vean así, lo dejaré como un secreto entre tú y yo lo que acaba de pasar, ¿entiendes?

Le di la razón gestualmente.

Se fue al comedor para desayunar con los chicos y mientras yo me cambiaba de ropa, suspiré en alivio porque: había parado de llorar y la palabra "gula" fue borrada de mis piernas, es decir, superé la prueba.

Cuando me dirigí al comedor, los chicos de Anthrax se estaban despidiendo, como andábamos apurados por ir al estudio, ellos fueron quiénes limpiaron el vómito ahora. 

Recuerdo que cuando se fueron, el trío de traumados me dedicaron una mirada fría y extraña, no sabría cómo describirla. En el estudio, de verdad, fue un día de mierda para mi. Jon me dio permiso para que no toque con los chicos, hasta que me mejorara, ya que, mi ausencia no influiría demasiado en la grabación. Hoy consistiría más en ensayar y reescribir canciones para corregir uno que otro detalle. ¿Y yo? En un rincón, todavía deprimido y confundido.

Confundido por culpa de Lars, hijo de puta.

Al llegar a casa, los chicos cocinaban, me encerré en mi cuarto. Necesitaba algo de tiempo para reflexionar, porque en el estudio sólo podía pensar en Lars, y no quiero pensar en él.

Hoy toca "soberbia". ¿Qué tipo de tortura me pondrán? ¿Estará mi ángel para ayudarme?

— ¡Kirko! ¡A almorzar! 

Joder, que cocinan rápido estos giles.

Habían pasado suficientes horas, mi estómago tal vez esté apto para comer...

— ¡Lomo de cerdo asado con papas! —exclamó James.

Cubrí mi boca con las manos, volví a sentir como mi cuerpo temblaba entero y las ganas por llorar regresaron.

— ¡NO! -grité horrorizado, y corrí para devolverme, pero antes que nada, Lars me retuvo. Mierda, no, mi fisionomía, estoy... estoy... Sin darme cuenta, dejé una fosa de vómito en la entrada del comedor y mis pantalones adquirieron un color asqueroso.

— ¿Estás bien? —negué, queriendo zafarme.

— Tal vez sea vegetariano, ¿no es así? —interceptó Cliff tratando de "ningunear" mi vómito, digo eso lo torna el doble de incómodo— Me he fijado que siempre dejas la carne, Kirk, ¿es ese el problema? —asentí.

— Ahhh —continuó Lars—, más encima, como andas enfermo... eh... no te va a caer bien, bueno, mejor te preparo algo yo. ¿Sí? Tú anda a acostarte.

Se dirigió a la cocina y los chicos le quedaron mirando raro, yo también. Bueno, no tenía otra, me devolví a nuestra habitación y me quité los jeans, me valía cambiarme.

Me acosté dentro de la cama.

Hacía calor allá afuera, entretanto yo, me moría de frío.

—¡Listo! —Regresó con una bandeja, tenía un plato lleno de sopa.

— ¿Tan rápido cocinas?

— "Sopas instantáneas Maruchan, hierva tres minutos y disfrute" —Citó textualmente lo que decía el envase vacío que estaba al lado del plato.

— Oh, vale, ya entiendo.

— Es de vegetales —Sonrió y me entregó la bandeja.

— Ah, ok... —Iba a comer pero noté que no había cuchara— Lars... no tengo...

— Lo sé —Sonrió de forma pícara, y me sorprendí cuando se acostó a mi lado en la cama, sacó la cuchara de no sé dónde, cogió un poquito de sopa con ésta, tomó mi rostro y estaba a punto de darme comida como a un bebé cuando lo detuve.

— ¿En serio? Puedo comer solo, Lars.

— Si sé... Es más tierno de esta forma.

— ¿Qué?

— Ahora que te tengo de buen ánimo... déjame hacer algo bueno por ti, ¿sí?

— Ya... —rodé los ojos-— hazlo... ¡y nada más de juegos infantiles! Quiero llorar un ratito a solas, ¿sí?

Ok, eso de llorar lo dije sin pensarlo.

— Claro, con una condición.

— ¿Cuál? —crucé los brazos y le miré feo.

— Déjame abrazarte mientas lloras.

Creo que nunca me he puesto más rojo que ahora.

— ¡Jódete, Lars!

— Bueno, ok, ok... —Acercó la cuchara a mi boca— ¡Ahí viene el avioncito!

Abrí la boca y comí estando bastante picado.

¡Será hijo de puta!

Creo que... a Lars... ¿cómo lo digo? Este sentimiento tan raro...

¡Te odio, danés hijo de puta!

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