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«Capítulo VIII»

Una vez llegaron al puerto, fue cuestión de minutos para que la velas fueran izadas, el ancla levantada y dejaran Eblary. Los camarotes fueron repartidos, dejando a Fallen y Lissa en la planta alta del navío de alta gamma, mientras que JungKook tomó el que estaba en la parte posterior del barco al bajar las escaleras dónde era llevado por un miembro de la camarilla.

JiMin se dedicó a admirar tal belleza, un lugar amplio y limpio con un aroma suave y fresco. Las sábanas compartían tonos entre blanco y un celeste. En el techo había una hermosa luna tallada parecía ser venerada por un enorme lobo. Las manos de JiMin comienzan a picar deseosas de tocar todo, solo había visto los barcos en libros. Estar en uno, viajar en el, parecía irreal.

—¿Te gusta?

El elfo saltó en el lugar ante la voz de JungKook, girando lentamente. El cabello platinado del alfa brillaba ante la luz de las velas, con sus ojos sumamente claros, tal cual gemas.

El elfo asintió, moviendo sus cabellos de fuego en el proceso, casi se había olvidado del lobo. JungKook cruzó los brazos, observando a JiMin con atención. El elfo captó el ceño fruncido y la mueca en los labios. Y JiMin recordó que ahora, tenía con quien compartir lecho. No sabía si gritar o lanzarse a llorar como un niño pequeño.

—Escucha, acabamos de conocernos y lo entiendo, pero no estoy lo suficiente loco y me estás haciendo sentir de esa forma —JiMin se mordió los labios ante sus palabras—. Parece que estoy haciendo un maldito monólogo, aquí. Responde algo.

—Lo siento —susurró JiMin, retrocediendo un paso. JungKook se pasó la mano por el rostro, pareciendo contar hasta mil.

—Por la luna, deja de disculparte. Cambia tu actitud, esa hará más efecto que ir por la vida diciendo cuánto lo sientes —demandó el lobo encantadoramente suave.

JungKook se movió por la habitación con un suspiro, quitándose la camisa y dejando el pantalón. Las lámparas prendidas daban una imagen íntima y JiMin se encontró tragando la saliva que se acumulaba en su boca una y otra vez. La espalda del lobo era ancha y llena de músculos, y como todo miembros de su especie no le importa enseñar piel. JiMin se preguntaba si allá, en el reino de nieve sería siempre así. La piel de JungKook era brillante, pálida y parecía dura y JiMin lograba divisar una cicatriz, no era grande, en el centro de la espalda, tres pequeñas líneas.

JiMin se removió incómodo, desviando la mirada al ver a  JungKook pasar demasiado cerca. El elfo se encontró prietando los muslos y entrelazando las manos en su bajo vientre, sin saber exactamente cómo actuar.

—¿Puedo hacerle una pregunta? —JungKook se inclinó a verlo con una ceja alzada, esperando—. Una vez lleguemos a WinterFall, ¿cómo será nuestra relación?

La pregunta pareció tomar a JungKook por sorpresa, incluso JiMin le había costado digerir tales palabras. JungKook giró por completo hacia él, apoyándose en la cómoda de caoba, haciendo sentir a JiMin como un pequeño niño juzgado por ser demasiado estúpido bajo el velo rojo.

—¿De qué hablas? —JiMin pestañeó varias veces, el tono de JungKook era suave, no denotaba enojo o cualquier otra emoción negativa.

—¿Convivencia? —preguntó con duda—. Sé que el matrimonio es más que simple palabras. Hay obligaciones que cumplir, deseos. Me gustaría saber, ¿qué se espera de mí?

Si JiMin pudiera nombrar la forma en que JungKook sonrió, sería como un maldito y feroz lobo hambriento. JiMin sintió que el aire se escapa de su labios en una exhalación temblorosa al ver a JungKook acercarse. El lobo respiró sobre su mejilla a través del encaje y el elfo tembló al sentir las manos del su ahora esposo caer y abrazar sus caderas. JiMin era delgado, esbelto y fácil de manejar, su figura era perfecta para estar entre las manos de JungKook. Y eso le encanta al lobo más de lo que debería.

—¿Estas preocupado porque vaya demasiado profundo, cariño? —las palabras salieron en un susurro ahogado y JiMin intentó alejarse en el acto, más no le fue posible.

Los dedos de JungKook se aferraron al contorno de sus caderas, por encima de la delgada tela del pantalón y las mejillas del elfo se calentaron en respuesta. JungKook acercó el rostro al joven, respirando sobre el velo, juntando ambas frentes. Las manos del lobo subieron lentamente y JiMin apretó los muslos ante el calor que comenzaba a expandirse sin remedio. La piel del elfo ardía y el corazón latía tan rápido en su pecho que su boca comenzaba a sentirse seca.

La respiración de JungKook sobre el velo lo hacía sentir mareado, arrancando un sonido bajo y extraño de sus labios al tacto de las manos del lobo sobre su cuello. JungKook apretó la zona, ligero y dulce, pasando el roce de las llemas de los desos a su mejillas. JungKook no se alejó, moviéndolos juntos, chocando contra una de las paredes del camarote.

—Te sonrojas como un pequeño cachorro, tiemblando ante el más mínimo toque —jadeó el lobo pegando su mejilla contra la de JiMin.— Sé que eres totalmente inexperto, querido. Sí supieras lo esa información hace en un lobo, estarías llorando de necesidad.

JiMin cerró los ojos, incluso si JungKook no podía verlo. Todo se sentía demasiado extraño, íntimo.

—He leído un poco —susurró de vuelta, el lobo riendo por su respuesta.

JungKook se alejó no más de dos pasos, con una de sus manos bajando lentamente por el pecho del elfo. El rey lobo sonrió enorme al ver que los pezones de JiMin estaban erectos, pasando un dedo por cada uno y obteniendo como respuesta un gemido. JiMin se tapó la boca con ambas manos con los ojos desorbitados en sorpresa. Oh, mi luna, JungKook quería ver qué expresión tiene en estos momentos.

—La práctica dista mucho de la teoría —aclaró con calma.— JiMin. ¿puedo alejar el velo de su rostro?

El elfo pareció olvidar por un segundo lo raro que se sentía su cuerpo, recuperando su voz.

—Prefería que no lo hiciera.

—¿Por qué? —pregunta JungKook—. Tu padre solo dijo un montón de mierda al respecto, pero nunca la razón detrás de tal cosa.

JiMin respiró a puro dolor, la cercanía de JungKook no dejaba de hacer estragos en él.

—Según me han dicho, nací maldito, y la prueba está en mi rostro —explicó— Quienes quiten el velo sufrirán las consecuencias. Y no solo ellos, también su gente.

—No lo creo.

JungKook levantó la mano con intenciones de ver el rostro bajo el encaje y  JiMin lo detuvo antes de siquiera lograr tocar la prenda, sosteniendo la mano del lobo misma con la propia. La diferencia entre ambas era enorme.

—Mi madre murió y Eblary cayó en una total devastación después de mi nacimiento —JungKook no parece sorprendido con ello—. No creo que quiera correr ese riesgo, majestad.

—¿Y si lo retiras tú? ¿Qué pasa?

—Imagino que entonces las consecuencias caerán sobre mí.

JungKook dijo algo por lo bajo, alejándose y negando como si estuviera en contradicción.

—Eres tan complicado —gimió como si ese hecho le provocara una pena absoluta—. Me es incómodo no poder ver nada de tu rostro. Si al menos pudiera ver tus labios…

—Puede obligarme. Sí me da la arden no me quedará más remedio que cumplir su petición ahora que soy su esposo —aclara JiMin—. ¿Por qué me da opciones?

—¿Por qué no dartelas? —preguntó JungKook de vuelta con tono despreocupado, justo como en el castillo, al darle la oportunidad de traer a Fallen—. No sé que clase de hombre crees que soy, y tampoco qué has oído de mi gente pero, dejaré algo en claro.

JungKook se acercó de nuevo a JiMin, tomando el rostro del chico entre sus manos.

—Tú, eres mi esposo, Park JiMin —el cuerpo del elfo se estremeció. La voz de JungKook era baja, oscura y demandante—. Te elegí y mi plan es conservante. No necesito joyas rotas a mi alrededor.

JiMin, por alguna extraña razón, sonrió ante lo último.

—Esta joya está maldita.

—Está bien, puedo lidiar con ello —simples palabras, demasiada complicidad—. Entonces, ¿tus labios?

JiMin asintió, con la duda bailando y un extraño sentimiento de necesidad bailando en su vientre. JungKook había preguntado, él le había dado a elegir. Así que con sus propias manos, JiMin alzó el velo, solo lo suficiente para que sus labios y nariz quederan al descubierto. Y entonces, JungKook observó los belfos del joven, los cuales parecían un pequeño botón de flor, gruesos, redondos y brillantes, con una nariz respingona y la piel sonrosada en los cachetes, algo que JungKook estaba seguro que era producto a la vergüenza.

Tocando los labios con dos dedos, medio e índice, JungKook se deleitó con los labios del elfo suavemente, con JiMin jadeando y abriendo la boca ante el tacto, haciendo tambalear la razón del lobo.

—¿Está bien así? —preguntó JiMin por lo bajo sin recibir respuesta—. ¿Señor?

JiMin abrió los ojos y dejó caer la tela en el acto, sus labios siendo devorados por JungKook ferozmente. El lobo chupó los labios del hombre lentamente, la inexperiencia era clara, a JiMin se le dificulta seguir el ritmo y no es como si JungKook se lo estuviera dejando fácil.

El rey apretó al joven contra su cuerpo. Él lobo jadeó, seguido de un gemido tembloroso por parte de JiMin, y eso fue más que suficiente. El alfa caminó a través de la habitación, llevando consigo al joven, sintiendo como este se ponía duro en sus pantalones y parecía entrar en una espiral de descubrimiento.

La lengua del lobo no hacía más que arrazar, con  JiMin jadeando y salivando sin remedio, aguantándose del cuello del lobo con miedo caer por sus piernas temblorosas

El cuerpo de JiMin se sentía extraño, su intimidad dolía y pulsaba, levantado y duro. JungKook se restregó suavemente contra él, la diferencia de alturas le permitía alzarlo y simular embestidas, y JiMin sentía que puede llorar justo allí. Justo ahora, no había miedo, ni tampoco incertidumbre, JiMin estaba acostumbrado a esas sensaciones, pero a esto. Por los Dioses, esto era un sentimiento desconocido y que lo estaba devorando lentamente. Los síntomas eran muy parecidos a los descritos en los libros al sentir deseo carnal y se está volviendo loco con ello.

JiMin tembló al ser lanzado a la cama, con el velo mal acomodado en el rostro y la respiración jadeante. JungKook se alejó, dejando el dedo pulgar entre los labios abiertos y jadeantes del elfo, uno que fue empujado en húmeda cavidad y chupado en reflejo simple. El lobo sonrió.

—Se ven y saben deliciosos —metió el dedo más profundo entre los belfos del elfo—Dulces, suaves, exquisitos. Realmente eres una joya, Park JiMin.

JungKook se alejó por completo, caminando hacia el baño, y JiMin lo observó aún perdido, tocando ese lugar lleno de exitación con sus propias manos. Incorporándose en la cama, JiMin vio a JungKook volvertear hacia él.

—Vamos, debes descansar. WinterFall no está demasiado lejos.

JiMin no supo qué sentir o decir, pero algo estaba claro en su cabeza. Jeon Jungkook era alto, fuerte y un jodido lobo, uno que podría someterlo fácilmente en cualquier momento y lugar, y JiMin podía ser un manojo de nervios y calor justo segundos atrás, pero no se sentía preparado para ir más allá. Así que cuando JungKook se acostó a su lado bajo las sábanas y apagó las luces, entre la oscuridad que envolvía ambos cuerpos y la calma que brinda el mar, solo pudo decir una cosa:

—Rey Jeon —llamó con suavidad.— Gracias.

JungKook no respondió inmediatamente, girando hacia JiMin, acomodado la sábanas sobre el joven como si de un niño pequeño se tratase, acercándose y envolviendo al elfo en un abrazo. Silencio, una respuesta silenciosa y extrañamente cómodo.

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JungKook no siento que sea malo, pero sabe exactamente lo que hace y el porqué. JiMin por otro lado, no es tonto, no débil, pero deberá aprender a sobrevivir entre lobos.
Disculpen la demora.

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