LOS CHICOS DE LA FAMILIA WEASLEY subieron al tren, unos más emocionados que otros. Agatha esperaba con ansias poder quitarse el brazalete que rodeaba su muñeca de forma incómoda. Deshacerse de James sería el sentimiento más gratificante en semanas. Lástima que todavía le quedaban unas horas más amarrada a él mediante magia.
Arrastrando sus pies, Agatha siguió a los hermanos Potter por el estrecho pasillo del expreso de Hogwarts. Los chicos buscaban con la mirada un compartimiento que estuviera vacío en el que pudieran estar el resto del viaje hacia el colegio. Luego de un par de minutos buscando, encontraron uno donde solo había una chica sentada.
—¿Podemos sentarnos? El tren está lleno —preguntó James, en un tono monótono, como si le aburriera pedir un compartimiento. La realidad era que en otra ocasión para ese momento James estaría con sus amigos haciendo bromas a los de primer año. Lamentablemente, estaba atado a Agatha por el resto del viaje.
—Claro —respondió la chica en un tono amable.
En ese proceso, Agatha se tomó unos segundos para apreciar la apariencia física de la muchacha. Era más joven que ella, de eso no había duda. Parecía de la edad de Rose y Albus aproximadamente. Su cabello rojizo y ondulado apenas rozaba sus hombros, ojos azules brillaban en su rostro adornados por una constelación de pecas que se situaban en los pómulos de la muchacha.
Agatha y James se sentaron, pero Albus se quedó mirando a la chica sin moverse. Cualquiera diría que le habían lanzado un petrificus. Tenía un brillo característico en sus ojos como cuando Cupido está al acecho. Si le preguntaban a James, él diría que su hermano tenía una completa cara de tonto.
—Yo soy Agatha. —Se mordió la lengua al saber que tenía que volver a acostumbrarse a decir su apellido con el que estaba registrada—. Smith, Agatha Smith. ¿Tú eres?
La muchacha de cabellos pelirrojos sonrió de forma genuina.
—Skylar Moon, un placer Agatha —se presentó.
—Este idiota es Potter y el mini-idiota es Albus —habló Agatha, señalando a cada uno de los hermanos Potter.
Skylar hundió el entrecejo con cierto toque de confusión. Recordaba el apellido Potter de todos lados. No había persona en el mundo mágico que no conociera el apellido del Elegido.
—¿Potter no es un apellido? —preguntó.
Agatha asintió.
—Lo es, pero yo le digo Potter. —Suspiró—. Su nombre es J...Ja... Ja.. ¡Ah! Díselo tú.
El chico entornó los ojos, exasperado. Giró su rostro, dejando de molestar a su hermano, y miró a Skylar.
—Es James —completó y luego chasqueó sus dedos frente al rostro de su hermano—. Albus, Albus, Albus, ¡Albus! Sal de Skylandia y siéntate.
Albus parpadeó varias veces, sus mejillas adquiriendo un potente rubor por la vergüenza y apretó sus labios en una fina línea.
—Iré con Scorpius —anunció, dando media vuelta y se marchó sin decir más al respecto.
Skylar miró extrañada la puerta cerrarse y volteó para ver a Agatha y a James. Ambos tenían en sus rostros expresiones distintas, pero tan parecidas al mismo tiempo. Agatha había notado la cara de tonto que había tenido Albus al ver a Skylar y James solo pudo pensar «tenía que salir con la maldición Potter».
—¿Hice algo malo? —Preguntó.
Agatha fue la primera en reaccionar.
—No, es que Albus es algo tímido y se fue con su mejor amigo —mintió, sonriendo un poco para darle más credibilidad a su mentira.
Skylar asintió y miró por la ventana.
Agatha se permitió relajarse un poco e hizo lo mismo que la otra chica, aunque tenía el miedo de dormirse. Uno de los efectos secundarios del ataque del Oastori aquella noche había sido ese. Desde esa noche tenía el miedo de quedarse dormida y despertar de esa misma forma, sin importar las veces que su madre le había dicho que no volvería a suceder tan pronto, pues los ataques requerían demasiada energía que el espíritu no lograría recuperar tan pronto.
Viendo el cielo a través de la ventana, Agatha no pudo evitar el bostezo que escapó de sus labios y tampoco la pesadez de sus párpados. Sin darse cuenta de ello, Agatha se quedó dormida.
—¡Agatha! Despierta —escuchó que la llamaban, zarandeándola un poco—. Estamos por llegar a Hogwarts y te tienes que cambiar.
Abrió sus ojos de forma perezosa y rascó su cuello.
—Cinco minutos más —pidió, estirándose un poco para luego volver a apoyar su cabeza en su brazo.
—Está bien. Espero que disfrutes el viaje de regreso al mundo muggle —le dijo Skylar antes de salir del compartimiento, dejándola sola.
Agatha se sentó de golpe.
—¡Estoy despierta!
Sabía que no podía perder su educación en otro colegio de magia. Dudaba que Durmstrang la aceptara con los brazos abiertos, Mahoutokoro estaba fuera de opción cuando un espíritu maligno estaba persiguiéndola y ellos utilizaban túnicas que detectaban la magia negra, para asistir a Uagadou tenía que aprender a hacer magia sin varita y para asistir a Castelobruxo tenía que ser muy amistosa con las criaturas mágicas. La última opción sería Ilvermorny y dudaba que su madre la dejara cruzar el océano.
Se puso de pie y frunció el ceño al notar que se encontraba sola en el compartimiento. Asomó su vista por las cortinas de la puerta y pudo verlo esperando con impaciencia a que ella terminara de cambiarse.
Con rapidez, Agatha se colocó la camisa blanca de manga larga, la falda gris carbón, el jersey de cuello en V, el cual no llevaba insignia al no tener una casa todavía, las medias grises cuatro dedos bajo la rodilla y los zapatos negros cerrados. Sobre el uniforme se colocó la túnica negra sencilla.
Al terminar, sacó un espejo pequeño que llevaba en su bolso y observó su apariencia. Le gustaba más el uniforme de Hogwarts que el de Beauxbatons. Odiaba el azul de aquel uniforme y llevar los molestos tacones todo el tiempo.
—Te ves bien —habló Skylar al entrar al compartimiento.
—Gracias, tú también. —Agatha la observó, notando que Skylar llevaba exactamente el mismo uniforme que ella, estando sin insignia—. ¿Eres nueva aquí en Hogwarts? —preguntó.
Skylar asintió.
—Sí, al parecer la lechuza que traía mi carta se murió en el camino —bromeó—. Mi carta llegó cuando cumplí once años, pero por razones personales no podía asistir durante ese año y mis padres hablaron con ella, le explicaron la situación y ella nos dijo que entrara cuando resolviéramos la situación. Eso tardó dos años y ahora estoy aquí —concluyó con una sonrisa—. ¿En qué año vas a cursar? Yo voy a cursar el tercero.
—Quinto. Vas a estar con Albus, Rose y con Scorpius.
—¿Quiénes son ellos? —Preguntó, refiriéndose a Rose y a Scorpius.
—Rose es la prima de Albus y Scorpius es el mejor amigo de él.
—Hemos llegado —anunció James, dirigiendo su mirada hacia Agatha—. Al parecer ya somos libres.
Efectivamente, sus brazaletes emitieron un pequeño 'clic' y ambos pudieron quitárselos. Agatha no pudo reprimir su felicidad al por fin ser libre de James.
—¡Al fin!
Al bajar del tren y escucharon que un hombre extremadamente enorme y robusto, de cabello desgreñado y blancuzco, llamaba a los estudiantes de primer año. James les indicó que tenían que irse con él, ya que eran nuevas en el colegio y debían pasar por la ceremonia de selección.
Ambas siguieron a aquel hombre llamado Rubeus Hagrid, que las guio hasta unos pequeños botes, los cuales —mediante magia—navegaron a través del lago hasta una gruta debajo del castillo de Hogwarts. Cuando se bajaron de los botes llegaron hasta unas puertas gigantes en donde los recibió un hombre que, al parecer, era un profesor.
—Bienvenidos a Hogwarts. Yo soy el profesor Neville Longbottom, subdirector y profesor de herbología. En unos momentos pasarán esas puertas y se reunirán con sus compañeros, pero antes serán clasificados entre sus casas las cuales son: Gryffindor, Hufflepuff, Ravenclaw y Slytherin. Mientras estén aquí su casa será su familia... —Agatha se aburrió de escuchar ese discurso y se puso a mirar las pinturas y cada extremo del castillo con curiosidad.
Las pinturas parecían interesadas en los nuevos estudiantes. Algunas le saludaban y otras simplemente desviaban la vista, torciendo el gesto con desagrado.
—¡Agatha! —la llamó Skylar.
—¿Eh? —musitó, algo confundida, pero cayó en cuenta cuando se vio sola en el pasillo—. Ya voy.
Salió casi corriendo y se reunió con los de primer año que ya iban por la mitad del comedor. Era extremadamente grande y tenía cuatro mesas largas en las que estaban sentados los respectivos estudiantes de las casas. Al final del comedor había otra mesa en donde estaban sentados los profesores, en frente de esta había una silla y arriba un sombrero viejo, sucio y con muchos remiendos.
Una señora de edad avanzada dio su discurso de todos los años, al que Agatha tampoco prestó atención y dio inicio a la ceremonia de selección. El sombrero cantó una canción nueva describiendo cada casa. Al culminar la canción, todavía entre los aplausos de los estudiantes, el mismo profesor Longbottom sacó un pergamino y comenzó a llamar estudiantes de primer año.
—Brass, Pamela. —La niña se sentó en la silla y el profesor le puso el sombrero en la cabeza.
Todo el comedor se quedó en silencio, esperando con ansias la selección del sombrero.
—¡Gryffindor! —exclamó el sombrero.
La mesa mencionada estalló en aplausos y gritos. La chica se sonrojó y caminó hasta la mesa en la cual se sentó, siendo recibida por su casa.
—Craves, Sean.
El chico imitó la acción de la chica.
—¡Hufflepuff! —Gritó después de unos segundos de silencio.
De ahí fueron pasando los estudiantes. Muchos fueron a Gryffindor, otros a Hufflepuff, otros a Ravenclaw y uno que otro a Slytherin. Esta última casa era la más selectiva de todas.
—Potter, Lily.
—¡Gryffindor! —Exclamó el sombrero con solo ponerlo en la cabeza de la chica.
—Weasley, Hugo.
—Otro Weasley. ¡Gryffindor! —anunció rápidamente el sombrero.
La casa mencionada estalló en aplausos y gritos. La mayoría venían de los primos y hermanos de los chicos. Siempre resultaba emocionante cuando los Weasley recibían a un nuevo miembro de su familia en su casa.
—Ahora pasaremos con los estudiantes que empiezan más tarde o los que son de intercambio —mencionó Neville—. Moon, Skylar.
El sombrero meditó un poco para después exclamar:
—¡Slytherin!
La mesa de las serpientes estalló en aplausos y alaridos. Cuando se calmaron el profesor llamó a la siguiente.
—Smith, Agatha.
Pero como la rubia estaba distraída pensando en todas las cosas que podía tener Hagrid en la barba solo dijo:
—Presente. —Todo el comedor estalló en carcajadas—. Esperen ¿qué? ¡Ah! Ya voy.
Caminó hasta la silla y se sentó. Longbottom le puso el sombrero entre risas.
—Interesante —escuchó la voz del sombrero en su cabeza—. No había tomado una decisión tan difícil desde que estuve en la cabeza de Harry Potter —acotó.
—¿Qué se supone que eso signifique? —cuestionó entre dientes.
—Tal vez sea porque tu madre fue una Gryffindor y tu padre un Slytherin...
Los ojos grises recorrieron el gran comedor, sabiendo que todos los estudiantes tenían su vista en ella. Algunos murmuraban entre ellos, codeándose y señalándola. El sombrero llevaba más de un minuto en su cabeza sin hacer una elección.
—Mire Sombrero viejo avance y haga la maldita decisión. Yo no sé tú, pero yo tengo hambre y si no avanzas me sentaré en la que se me pegue la gana —advirtió, un poco más alto de lo que había pensado.
—Eres leal como un Hufflepuff, pero eres demasiado vaga para ser de esa casa —continuó diciendo el Sombrero ignorando la advertencia de la chica.
—¡Oye! —Se quejó Agatha—. Sin ofensas.
El estudiantado miraba la escena con diversión, tratando de descifrar lo que el sombrero le estaba diciendo a Agatha.
—Eres inteligente, de eso no hay duda, podrías ser una Ravenclaw, pero los pobres no tendrían ni diez puntos al final del año. Especialmente por tu gran empeño en romper las reglas. —Agatha bufó—. Fue por eso por lo que te expulsaron de Beauxbatons, ¿o me equivoco?
—¿Podrías dejar de decir cosas que no vienen al caso y ponerme en una casa?
—Eres valiente como una Gryffindor. —Agatha rodó los ojos y se quitó el sombrero—. ¿Adónde vas? No he terminado —fue la primera vez que el sombrero habló en voz alta.
—A la mesa que se me pegue la gana. Honestamente no tienes por qué decir esas cosas que no vienen al caso, Sombrero chismoso. Estás peor que las viejitas del salón de belleza —farfulló, cruzándose de brazos.
El sombrero formuló lo que parecía como una sonrisa.
—¡Oh, ahí está! Justo lo que quería ver. Eres orgullosa, astuta y sobre todo no dejas que alguien más te diga lo que tienes que hacer, eso lo odias. Es por eso por lo que estarás en ¡SLYTHERIN! —Gritó con fuerzas.
La casa estalló en aplausos y fuertes alaridos. Agatha sonrió con suficiencia y caminó elegantemente hasta la mesa de las serpientes. Se sentó al lado de Scorpius y Albus, los cuales quedaron a su derecha y un estudiante de primer año a su izquierda. Skylar estaba justo en frente McGonagall dio inicio al banquete y las mesas se llenaron de comida. Inmediatamente la rubia llenó su plato de comida y comió como si no hubiese un mañana.
—Felicidades por quedar en Slytherin. ¿Qué tú crees Albus? ¿Nos librará de la víbora de Charlotte Zabini? —Preguntó dramáticamente Scorpius a su amigo.
Ya veo que el dramatismo corre en la familia, pensó Agatha todavía con la boca llena.
—Definitivamente —respondió Albus, mirando de reojo a Skylar. Tomó un sorbo de su jugo de calabaza y le sonrió, haciendo que este se resbalara por su barbilla de forma accidental.
Agatha por poco se atraganta con su comida al reírse. Skylar le pasó una servilleta a Albus y él la aceptó con las mejillas rojas de la vergüenza, sintiendo cómo su amigo le palmeaba el hombro sin parar de reír.
—¿Quién es Charlotte Zabini? —Preguntó Agatha, desviando el tema de Albus, quien estaba deseando mentalmente que el suelo se abriera y la tierra lo tragara.
—Ella —contestó Scorpius Malfoy, señalando detrás de Agatha.
Agatha giró su rostro lo suficiente para ver a una chica morena, de ojos casi negros y cabello oscuro. La corbata verde y plata resaltaba en el uniforme, un poco más ajustado de lo que se suponía. Charlotte Zabini iba acompañada por dos chicas más, una de cabello rubio y otra de cabello castaño claro.
Con un movimiento de cabeza, le ordenó al estudiante de primer año que se encontraba al lado de Agatha, que se moviera y ocupó ese lugar, apoyando sus codos sobre la madera de la mesa. Le sonrió a Agatha, comió una fresa y enredó un mechón de su cabello oscuro alrededor de su dedo índice.
—Hola —saludó, pero Agatha la ignoró—. Te estoy hablando, ¿sabes?
—Sí, lo sabía, pero he decidido ignorarte. ¿Te importa? Estoy tratando de comer —habló Agatha arrastrando las palabras de forma fría.
Charlotte se quedó con una sonrisa congelada, sacudió su cabeza y chasqueó su lengua, ignorando las palabras de la chica.
—He visto como actuaste allá arriba y veo que tienes la madera para ser parte de nuestro club —señaló las chicas detrás de ella—. También eres bastante bonita. Definitivamente puedes ser parte de nuestra pandilla.
Agatha la observó con aburrimiento.
—¡Oh! ¿Ser parte de la pandilla de las reinitas de Hogwarts? —preguntó con falso entusiasmo—. No gracias.
—¿Qué? —preguntó la muchacha sin entender.
—Que te puedes ir de la mesa, taton—intervino Skylar.
—¿Taton? —Volvió a preguntar confundida—. Debes ver con las personas que te juntas, Agatha. Como puedes ver, Hogwarts es un lugar donde todos juzgan por las apariencias, debes elegir lo que es mejor para ti. No querrás que las personas tengan la idea errónea por pasarte con las personas equivocadas.
—Sí, mira, es que...he ordenado mis prioridades y ser equivocada contigo no está entre ellas —replicó con falsa amabilidad—. Para tú información, taton es tonta cuando lo repites muchas veces.
La mandíbula de Charlotte parecía que estaba a punto de rozar el suelo por la sorpresa.
—¿Me acaban de llamar tonta?
—¿Estás sorda o qué? Si quieres te lo deletreo para ver si te entra en ese cerebro que es como un nargle.
El tono que Agatha había empleado era rudo y frío, algunas personas de la mesa habían volteado a ver la escena al escuchar las palabras de ella.
—Los nargles no existen, Agatha —le recordó Skylar.
—Exacto, el cerebro de Charlotte tampoco.
—¡Oh! Ya vi lo que hiciste ahí.
Charlotte se puso de pie sin decir palabra alguna y se marchó del comedor dando grandes zancadas. Parecía que echaría humo por las orejas en cualquier momento por el coraje. Sus amigas la persiguieron y las personas que estaban en la mesa de Slytherin y habían sido capaz de escucharlo todo, rieron a coro.
Agatha tenía una enorme sonrisa en su rostro, su felicidad podía ser vista desde Marte. Si estar en Hogwarts significaba molestar a esas y a Potter durante todo el año entonces sería una estancia agradable.
Después de la cena, los prefectos los guiaron hasta la sala común y se fueron a sus respectivas habitaciones. A la rubia le tocó compartir la habitación con Skylar y otra chica cuyo nombre no recordaban o siquiera sabían. Al entrar a su habitación se toparon con una chica de cabellos oscuros casi azabaches y ojos cafés contrastando con sus labios rosados por naturaleza. Ella se encontraba vaciando su baúl con un movimiento sutil y grácil de varita.
Cuando la chica levantó su vista luego de haber culminado y se percató de la presencia de la pelirroja y de la rubia, ambas observándola con expresiones un tanto confusas. La chica sonrió con alivio.
—Supongo que ustedes son mis nuevas compañeras de cuarto —comentó sin dejar de sonreír. Era una de esas sonrisas que te transmitían felicidad y confianza. Se podía ver de lejos que era una chica agradable—. Soy Alexandra Nott, pero pueden llamarme Alex.
—Agatha Smith y ella es Skylar Moon —mencionó Agatha, devolviéndole la sonrisa de forma amable.
—¡Oh, lo sé! Las vi en la ceremonia de selección —comentó—. Demonios, eso suena un poco acosador. No lo dije en ese sentido, lo juro. Gran forma de hacerles saber a tus compañeras que sabes todo de todo el mundo —parloteó, más para sí misma que para las chicas que la acompañaban.
Una risa brotó de los labios de Skylar y Agatha se le unió. —Está bien, tranquila.
Alex se unió a sus risas de una forma un poco nerviosa, cuando pareció recordar algo importante, pues prácticamente corrió hacia una de las mesas de noche donde se encontraba un pergamino doblado cuidadosamente.
—Agatha...—comenzó a decir desdoblando el pergamino—...McGonagall quiere verte en su despacho.
La rubia agarró el pergamino en sus manos y asintió. Dio media vuelta para salir por el mismo lugar por donde había entrado, pero recordó un detalle muy importante: no tenía ni la menor idea de cómo llegar hacia el despacho. Con lo bueno que era su sentido de la orientación seguramente terminaba perdida por tres años en el castillo y aparecía el día de la graduación.
—¿Podrías acompañarme? —le preguntó a Alex—. Es que no sé en donde es.
—Claro.
Como no querían dejar a Skylar sola en la habitación, la invitaron a acompañarlas (también serviría para que Alex no tuviese que regresar sola luego de que Agatha entrara al despacho) y así las tres chicas emprendieron su camino por el castillo silenciosamente. No querían ser atrapadas fuera de la cama por Filch o alguna cría de la Señora Norris. Alex les había hecho una descripción muy gráfica de lo horrible que era eso.
En un momento del camino, Agatha se detuvo de golpe y las agarró respectivamente por sus brazos. Sus ojos grises se dirigieron del suelo al techo y luego los entornó con aburrimiento.
—¿Qué pasa? —Preguntó Alex en un susurro.
Una sonrisa se asomó en el rostro de Agatha al captar el celaje de una corbata roja y dorada. No podía ser más principiante o, simplemente, ella tenía más experiencia de la que él pensaba.
—James Potter —dijo en voz alta y giró sobre sus propios talones para encarar el escondite donde este se encontraba—. Realmente pensaba que no eras tan principiante en cuanto a hacer bromas se refería.
Al chico no le quedó más remedio que salir de su escondite, su rostro contraído en una mueca de frustración y molestia. Tres chicos más lo acompañaban, de ellos solo reconocía a uno, Fred. Los otros dos parecían ser hermanos gemelos, pues sus facciones eran tan parecidas que era dificultoso diferenciarlos.
—Cornamenta, no nos dijiste que ella iba a detectar la broma tan rápido —habló uno de los gemelos, este tenía una corbata azul perteneciente a la casa de Ravenclaw.
El otro gemelo, por extraño que fuese, tenía una corbata roja y dorada. Pertenecía a la honorable casa de Gryffindor al igual que Fred y James. Era extraño que un par de gemelos pertenecieran a casas distintas, pero eso hacía notar lo distintos que llegaban a ser.
—Tampoco nos dijiste que era tan bella —comentó el de corbata roja—. ¡Oh, pero que mal educados somos! Yo soy Lysander Scamander y él es Lorcan. —Señaló a su gemelo.
—Me atrevo apostar que tampoco les dijo que le partí la nariz dos veces durante el verano —habló Agatha con una sonrisa de suficiencia en su rostro.
Los amigos de James apenas pudieron reprimir sus risas y se burlaron del chico Potter, quien los miró con los ojos entrecerrados y bufó con exasperación.
—Amigo, será mejor que te vayas a dormir. Ya te humillaron lo suficiente —dijo Fred sin dejar de sonreír con diversión—. Es bueno verte de nuevo rubia.
—Lo mismo digo, Freddie. —Le guiñó un ojo y con eso, las tres chicas continuaron su camino.
Alex y Skylar no dejaban de halagarla durante todo el camino. La chica Nott les comentó sobre cómo James era prácticamente de la realeza allí en Hogwarts, aunque para su pensar solo tratara de llamar la atención.
Llegaron hasta una gárgola que les pidió la contraseña.
—Cucurucho de cucarachas —dijo Alex con voz clara.
—¿Es en serio? —Preguntó Sky.
—La directora todavía utiliza las contraseñas que solía poner Albus Dumbledore —explicó la castaña, encogiendo los hombros—. Hasta aquí llegamos. ¿Recordarás el camino de vuelta?
Agatha quiso decirle que no había prestado atención al camino, pero no lo hizo. En su lugar, Agatha asintió de manera convincente y se propuso a subir las escaleras hasta llegar a una puerta, la cual golpeó con sus nudillos. Entró al despacho y lo observó detenidamente, analizando con paciencia cada rincón del lugar.
Había un escritorio de caoba al final, en frente de este había dos sillas y detrás había un segundo piso del que salían dos escaleras. Había muchas estanterías llenas de todo tipo de libros y diferentes objetos, tanto mágicos como muggles. En el escritorio estaba sentada la directora McGonagall, que observaba cada movimiento que la rubia hacía.
—Señorita Malfoy, como ya debe saber yo soy Minerva McGonagall, la actual directora de Hogwarts.
Agatha apenas procesó el hecho de que la directora la había llamado por su respectivo nombre, aquel que le correspondía, pero que no tenía dado a que su acta de adopción seguía diciendo Agatha C. Smith. Sin embargo, no le dio mucha importancia, pues seguramente su madre le había contado todo el dilema a McGonagall para saber qué hacer con su problema.
—Lo sé, Minnie —canturreó el apodo que había ideado para la directora. Se dio cuenta de cómo los ojos de la directora se abrieron como platos y escuchó varias risas provenientes de los cuadros, incluso escuchó un pequeño resoplido—. ¿Para qué me llamó?
La chica caminó hasta una de las sillas y se sentó sin que la invitaran a hacerlo. Agatha era una chica con demasiada confianza y a veces ni siquiera prestaba atención a lo que era moralmente correcto y educado. Simplemente hacía lo que le apetecía.
—Tu madre me habló de tu problema con el Oastori... —Agatha la interrumpió.
—Mi P.P.O. —corrigió, una sonrisa adornando su jovial rostro.
—¿Qué? —Preguntó Minnie confundida. Su ceño fruncido la delataba por completo. Estaba llegando a pensar que la chica verdaderamente tenía problemas y no específicamente del que le habían hablado.
—Mi Pequeño Problema Oastori, pero eso es demasiado largo así que será mi P.P.O. —explicó sin borrar en ningún momento su sonrisa.
—Bueno, como decía, su madre me habló de eso y he decidido traer una nueva profesora de DCAO. Esta le dará unas clases aparte para ayudarla a poder enfrentar a su...—Agatha la volvió a interrumpir.
—Repite conmigo Minnie, P.P.O.
La directora inhaló con fuerza por la nariz.
—Su...—hizo una pausa. No podía creer que estaba pasando a ser manipulada de ese modo como lo hacían los merodeadores.
—Anda, tú puedes, Minnie —la animó y mordió su lengua para evitar reír a carcajadas al ver lo mortificada que se veía McGonagall al decir eso.
—Su P.P.O. —Repitió con el rostro serio—. Como decía, ella la ayudará a prepararse correctamente.
—Oh... ¿Quién es? —Preguntó, curiosa.
—Debe de estar por llegar.
En ese preciso momento alguien envuelta en una nube de humo y polvo salió de la chimenea y cayó de bruces en el suelo.
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Complaciendo a RosePP 💕 Sabes que te quiero 💕
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