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20| Regalos anónimos para el baile

—¿POTTER TE INVITÓ AL BAILE? —preguntó Skylar sin poder creérselo. Tenía los ojos abiertos como platos y su expresión desencajada por su incredulidad hacia lo que su amiga le estaba diciendo. Sus palabras fueron adornadas por un tono que Agatha supo descifrar a la perfección.

La chica de cabellos rubios rodó los ojos. Se notaba a leguas que estaba molesta. ¿Quién se creía ella para hablarle así? Ni que fuese su padre. Según sabía, ella tenía derecho de asistir al baile con quien se le pegase en gana y no tenía que pedirle permiso a nadie. Además, habían sido ellas quienes la presionaron para que consiguiera una cita para el baile. No podían retractarse ahora por su elección de chico.

—Yo no diría invitar, obligar es una palabra más adecuada para la situación —optó por decir, mirando sus uñas con desinterés.

—¿Irás? —quiso saber Alex, apretando sus carnosos labios para ocultar una sonrisa.

Agatha frunció el ceño. No había pensado en eso. ¿Iría? ¿Estaba dispuesta a ir con el enema de James Potter? No. Sí. Podría ser mala idea, pero también sería divertido molestar a Potter y a Nicofea. Tenía muchos pros y contra para tener en consideración. Tal vez necesitaba consultarlo con su almohada antes de tomar una decisión.

—No lo sé —respondió, encogiendo sus hombros, aunque estaba claro que muy en el fondo, ya había hecho su elección.

ϟ

Hermione Granger caminó de lado a lado negando con la cabeza y colocó sus manos a ambos lados de sus caderas, dejando sus brazos en jarras para expresar su disconformidad ante la situación. Se negaba rotundamente a aceptar la propuesta de Draco Malfoy. Se detuvo en seco y se giró para poder verlo directamente a los ojos. Ambas miradas se encontraron. Gris y marrón. Plata y chocolate. Dos miradas distintas, pero compartiendo un solo sentimiento: furia.

—No, ella no pasará las vacaciones contigo —concluyó, rehusándose a dejarle ganar el argumento.

Draco soltó un resoplido.

—Es lo justo, Granger —objetó—. Ella pasó las vacaciones de verano contigo, pasará las de navidad conmigo.

—¿No pensarán que es raro que ella se quede en tu casa? Por eso se debe quedar conmigo. Yo tengo una excusa, tú no —refutó, como si tuviese todas las de ganar.

Una sonrisa se extendió por el rostro del hombre apellidado Malfoy. Ahora él tenía el control del juego.

—Si yo fuera tú, no estaría tan seguro de eso. —La sonrisa de Hermione desapareció de su rostro sin dejar rastro alguno—. Todos los amigos de mi hijo pasarán las vacaciones en mi casa y según tengo entendido, Agatha es la mejor amiga de él.

La ira brilló en los ojos almendrados de Hermione y un ligero rubor se acumuló en sus mejillas. Su cuello estaba caliente por su enojo. Le había ganado. Draco Malfoy había predicho sus movimientos para evitar que ella se saliera con la suya.

—Te odio.

—No lo haces.

—Fuera de mi vista —espetó.

Draco soltó una sonora carcajada. Eso era exactamente igual a los viejos tiempos. La única diferencia era que ahora ambos tenían una hija que los unía.

ϟ

—¿Cómo va la dieta que dijiste que harías? —le preguntó Albus a Agatha mientras la observaba comer como si no hubiese un mañana.

El plato de Agatha estaba lleno de todo tipo de alimentos. Tenía lo suficiente para lograr hacer una pirámide alimenticia y, de seguro, le sobraría. La comida casi se desbordaba del plato, pero a ella no le importaba. Era una adolescente en pleno crecimiento y desarrollo, necesitaba comer para poder estar al día con su metabolismo.

Pensativa, miró la mitad de la dona que tenía en la mano y le dio otro mordisco, encogiendo sus hombros para restarle importancia. No le preocupaba que sus pantalones ya le estuvieran quedando un poco más ajustados de lo normal, ni que se le dificultara subírselos del trasero.

—De maravilla —aseguró con la boca llena.

Alex rodó los ojos, aunque ya se estuviese acostumbrando a la falta de delicadeza y modales de su amiga. Estaba casi segura de que Agatha lo hacía a propósito porque sabía que la sacaba de quicio cuando comía de esa manera.

—Por Merlín, puedo jurar que vi toda la comida que tienes en la boca —dijo Alex, su rostro contrayéndose en una mueca de disgusto.

Agatha abrió la boca y le enseñó la comida masticada, a lo que Alex respondió con un gimoteo de asco

—Por mi madre que tú viviste con gorilas —susurró Dylan.

Ella se rio con ganas.

—Viví con Potter, eso es básicamente lo mismo.

Mientras tanto, al otro lado del comedor, James se encontraba hablando tranquilamente con Lily cuando una muchacha se sentó a su lado. Ni siquiera se giró para verla porque ya sabía de quién se trataba por el exagerado olor a fresas. La verdad era que no estaba de humor para soportarla ni mucho menos. La chica se aclaró la garganta falsamente para llamar su atención.

—Cuando las zorras nacieron ya Nicofea estaba gateando —murmuró Lily, pellizcando su trozo de pollo con su tenedor.

—¡Lily! —pronunció James con reproche al escuchar el vocabulario de su hermana.

Se notaba que estaba pasando mucho tiempo con Agatha. Ella era la única en todo Hogwarts que le tenía ese apodo a Nicoletta. Genial, ahora iba a tener que asegurarse de que su hermanita dejada de pasar tanto tiempo con Agatha. A ese paso, Lily tendría el mismo vocabulario que un leñador viejo.

—Jamie, ¿a qué hora pasarás a buscarme para ir al baile? —preguntó Nicoletta, ignorando a la hermanita de su novio, y apoyó sus codos en la superficie de la mesa.

—Lo siento, Nicof...Nicoletta, pero ya iba a ir con alguien más —fingió estar apenado, rascando su cuello con incomodidad. Por poco la llamaba por aquel atroz apodo. Demonios, hasta él se estaba contagiando de las ocurrencias de Agatha.

Nicoletta hundió su entrecejo sin entender las palabras de James. Era como si estuviese hablándole en un idioma desconocido, lo cual era bastante, pues Nicoletta dominaba cuatro idiomas en total. Inglés, italiano, francés y español.

—¿Con alguien más?

—Con alguien más —confirmó James.

—Tal parece que se te adelantaron taton —susurró Lily. James la fulminó con la mirada—. Está bien, está bien, me voy. Después hablamos sobre ese asunto —se despidió con un gesto, sin esperar respuesta de parte de su hermano.

James asintió, esperando a que su hermana estuviese lo suficientemente lejos, y se giró para ver a Nicoletta, quien parecía que se había comido un limón agrio.

—Cancela esa cita para el baile y vas conmigo.

—No puedo —soltó con rapidez.

Nicoletta se mordió el labio con fuerza y frunció el ceño. Enojada era una un eufemismo para como estaba en esos momentos. Se pasó la mano por su largo cabello y lo agarró con fuerza.

—¿Cómo que no puedes? —se interesó, enojada.

—No puedo y es el fin de la discusión. Me voy a dormir —anunció, y se marchó del comedor dejándola con la palabra en la boca.

ϟ

—¡Agatha Christina, mueve tu trasero de esa maldita cama! —ordenó Skylar en un tono de voz tan alto que Agatha tuvo que colocar su almohada sobre sus orejas para intentar ahogar el ruido.

—No grites, Skylar, estoy a tu lado no en Japón —masculló, y se quitó la almohada de la cabeza para lanzársela a la pelirroja. Esta la atrapó antes de que lograra impactar contra su rostro.

—Nosotras iremos a almorzar y espero que cuando volvamos estés levantada y bañada, o lo haremos por la fuerza. Créeme, no te gustará —advirtió Alex, saliendo con Skylar de la habitación, sabiendo que su compañera de cuarto no se movería pronto.

Agatha se quedó en la cama unos diez minutos más antes de levantarse e ir al baño. Luego de unos veinte minutos, salió con unos pantalones negros y una camisa sencilla. De su cabello rubio caían pequeñas gotas de agua que mojaban la tela de esta, haciendo que sintiera más frío de lo normal. Justo cuando iba a buscar su varita para realizar un hechizo de calentamiento, pudo notar un paquete sobre su cama. Una nota sobresalía en la esquina de la caja de tamaño mediano.

Con cuidado, tomó la nota en sus manos y la leyó.

«Úsalo y pórtalo con elegancia.

Como toda una Malfoy.

M.L»

¿M. L? ¿Quién demonios es «M.L.» y cómo sabía que ella era una Malfoy? Sacudió la cabeza y guardó la nota procurando que nadie la viera. Después le preguntaría a su padre o a su madre sobre eso. Abrió la caja y vio la suave tela color verde. Con mucho cuidado, lo sacó de la caja, observando el elegante traje en corte 'A' que le habían enviado. Lo dobló nuevamente y lo guardó. Se puso unas zapatillas deportivas antes de salir de su habitación, todavía confundida por el vestido.

Caminó por la sala común, la cual estaba prácticamente vacía ya que la mayoría de los estudiantes estaban arreglándose para el baile. Se rio al imaginarse a Charlotte con una mascarilla de aguacate y con muchos rollos para el cabello. Negó con la cabeza, salió de la sala común y se encontró con Alex y Dylan...besándose.

—Conque almorzar, ¿huh? —tentó—. En mis tiempos no se le llamaba así, Alexandra.

Inmediatamente, ellos se separaron sonrojados. Les habían pillado con las manos en la masa.

ϟ

Lily observó a Rose cepillarse el cabello frente al espejo, y se permitió escudriñarla con la mirada. Se parecían bastante: ambas tenían el cabello pelirrojo, la piel blanca y unas cuantas pecas en el puente de la nariz y las mejillas. Lo que las diferenciaba era que Rose tenía el cabello ondulado y rebelde, mientras que Lily carecía de ese cuerpo y vida, teniendo un cabello lacio.

—¿Estás bien, Lils? —le preguntó Rose. dejando el cepillo sobre la cama para poder mirarla durante un segundo.

—Sí, ¿por qué preguntas? —sonrió para pretender que nada estaba pasando por su mente.

—Te estaba hablando y tú ni caso hacías.

Un toque de vergüenza logró que Lily se sonrojara un poco. A ella no le sucedía todo el asunto de distraerse. No, siempre era buena escuchando. Esa era la razón principal por la que sus hermanos solían hablarle de sus asuntos privados. Escuchaba, pero no comentaba y, si lo hacía, eran las palabras adecuadas.

—Solo pensaba —aseguró, y no era mentira. Realmente estaba pensando. Últimamente eso era todo lo que hacía; pensar y pensar.

—¿En qué? —quiso saber.

La menor de las primas encogió sus hombros para restarle importancia al asunto.

—Quidditch —mintió automáticamente. No era sobre el deporte que estaba pensando—. Ahora, ¿qué me estabas diciendo?

Rose suspiró y se mordió el labio inferior, volviendo a su nube.

—Te decía que Scorpius era el que me mandaba las cartas. ¿No es hermoso? —Lily iba a hablar, pero ella continuó su parloteo incesable—. Lo sé, lo sé. Es hermoso e iré al baile con él. Solo espero que papá no se entere o lo matará y a mí me encerrará en una torre.

Lily forzó una sonrisa y asintió.

—Son las dos de la tarde, ¿a qué hora tienes que estar en el baile? —optó por cambiar el tema.

—Scorpius me va a recoger a las siete en el retrato de la Dama Gorda.

Un sabor amargo se instaló en la boca de Lily, pero prefirió ignorarlo por completo. Especialmente porque no entendía de dónde venía.

—Gracias por la, no requerida, información extra —murmuró con pesar, sintiéndose diminuta en la habitación. Esa fue la primera vez que Lily sintió envidia de su prima. Rose brillaba sin esforzarse, era preciosa y talentosa. Lily...Lily solo sabía escuchar.

ϟ

James se sentó en el suelo de la sala común y observó cómo sus amigos se golpeaban entre risas. Negó con la cabeza y sonrió. Solían ser unos animales, parecían gorilas, pero como quiera no elegiría a unos mejores amigos que esos. Solo ellos eran capaces de comprender su nivel de locura.

En ese momento, rompiendo la pequeña burbuja de felicidad, Nicoletta se acercó a ellos y se cruzó de brazos.

—¿Cancelaste? —preguntó, dando pequeños golpecitos en el suelo con la punta de su zapato.

—Te dije que no podía —le recordó con obviedad.

El rostro de Nicoletta enrojeció tanto como el cabello de los Weasley.

—Yo soy tu novia James, tienes que ir conmigo.

Fred y Lysander fruncieron el ceño con confusión e interés.

—¿Con quién irás al baile? —Preguntaron al unísono.

«Devlin, ¿ahora qué digo?», se preguntó inmediatamente. Luego cayó en cuenta de lo que había pensado y quiso golpearse a sí mismo. «¡Por Merlín, ahora se me pegó esa palabra que la rubia dice!»

—Lo sabrán en unas horas —aseveró.

—Maldito.

«Se llevarán una gran sorpresa», pensó con una sonrisa que prometía malicia en sus actos. Era su típica sonrisa para cuando tramaba alguna de sus inesperadas bromas.

ϟ

—Agatha Christina Smith, avanza y ponte esos tacones —ordenó Alex con severidad.

Agatha estaba técnicamente lista. Alex había rizado su cabello, Skylar la había maquillado, se había puesto el vestido que M.L le había enviado, se puso la sortija que su padre le regaló por sus quince y otra que Alex le prestó. Solo faltaba que se pusiera los tacones, pero ella se negaba.

—No me pondré esas trampas mortales, Alexandra Nott —negó—. Además, ni siquiera se verán con el vestido —argumentó en un vano intento de convencer a su amiga, pero Alex era obstinada.

—Te juro que te lanzaré un Imperius si no te los pones en este instante

—¡Está bien! —se rindió, agachándose para comenzar a ponerse los tacones—. A veces te odio.

—No, no lo haces —dijo, terminando de ponerse los aretes—. ¿Listas?

Alex tenía un vestido estilo griego color gris, unos tacones color negro, un bolso de mano a juego y el cabello recogido en un moño formal. Skylar tenía un vestido de palabra de honor negro, unos tacones dorados, los accesorios del mismo color que los zapatos y se había alisado su pelirroja cabellera.

—Sí —masculló Agatha terminando de ponerse los tacones.

—¿Escribiste el discurso que tenías que hacer en caso de que ganes? —preguntó Skylar.

«¡Devlin! El discurso.»

—Claro que sí —mintió.

Alex rodó los ojos y sacó un pergamino de su bolso.

—Sabía que no lo escribirías por lo que me tomé la molestia de escribirte uno. Si ganas, solo tienes que leerlo.

—¿Nos podemos ir ahora? —Preguntó Skylar, impaciente.

—¿Por qué estás tan ansiosa? —quiso saber Agatha.

Skylar se mordió el labio.

—Porque tal vez ustedes hayan asistido a varios bailes, pero yo no. Quiero tener la experiencia por mí misma.

Agatha y Alex la observaron con ternura. Para ellas, Sky, era su hermana menor y nada cambiaría eso. Ambas se acercaron a la pelirroja y la abrazaron.

—Vamos, antes de que se nos haga tarde.

Las tres chicas salieron de la habitación y llegaron a la sala común donde Dylan y Albus las esperaban vestidos de gala. Dylan cogió la mano de Alex y la hizo dar una vuelta, silbando por lo bajo.

—Te ves hermosa Lexie —halagó a la castaña.

—Oh, gracias, Dylan. Yo sé que estoy hermosa no tenías que decírmelo —habló Agatha sarcásticamente.

Todos rieron.

—También te ves hermosa, Agatha. Ya sé quién va a ganar el concurso esta noche.

Agatha rodó los ojos ante la mención del concurso.

—¿Nos podemos ir? Ya van a dar las siete —notificó Skylar, mirando a Agatha cuando dijo la hora.

Todos salieron de la sala común y caminaron hasta las puertas del Gran Comedor. Allí Dylan, Alex, Skylar y Albus entraron mientras que Agatha miraba a su acompañante. Se veía jodidamente caliente, tenía que admitirlo. No pudo evitar mirarlo de arriba a abajo.

«Piensa en Voldy, Agatha. Piensa en Voldy», intentó mentalizarse, pero fue en vano. James lucía increíblemente atractivo en su atuendo de gala, su cabello inexplicablemente despeinado como siempre, y sus ojos resplandeciendo de expectación.

—Vaya, rubia pensé que vendrías en pantalones y botas —confesó, y no disimuló cuando la miró de arriba a abajo. Agatha se veía despampanante—. Por cierto, llegas tarde —se obligó a decir para apartar sus ojos de ella.

«Ya la cagaste.»

—Solo fueron tres minutos, idiota.

—Agatha, James —los llamó la familiar voz de su profesora de DCAO—. Espera un minuto. ¿Viniste con James? —preguntó Dakota, incrédula.

Agatha rio.

—Los milagros ocurren.

La metamorfomaga tuvo que obligarse a no pensar en ellos dos estando juntos. Tenía que detenerse antes de que estuviera pensando en los nombres de los hijos que tendrían. Siempre le gustó Brett si fuese niño.

—Como sea —sacudió su cabeza, concentrándose—. El desfile empezará en unos minutos y Slytherin es la última. Estén listos —informó antes de volver al interior del comedor.

James le tendió su brazo a Agatha y ella suspiró antes de entrelazar el suyo con el de él. Lo miró por el rabillo del ojo e inmediatamente apartó la mirada, sintiéndose incómoda de momento. Estaban a solo segundos de ser anunciados ante todo el cuerpo estudiantil de Hogwarts y eso le ponía los pelos de punta.

Dakota les hizo una señal indicándoles que les tocaba y entraron al Gran Comedor con una gran sonrisa fingida. Todos se quedaron boquiabiertos al verlos juntos. Jamás se esperaron que la princesa de Slytherin fuera al baile con el príncipe de Gryffindor. Habían sido testigos de su mutuo odio y de sus constantes peleas.

—Esto es incómodo —murmuró Agatha sin dejar de sonreír.

—¿Tú crees? —preguntó James en un susurro. El sarcasmo era evidente en sus palabras.

Llegaron a la mesa de las concursantes y se sentaron junto a los demás. Una vez ahí, Agatha se permitió apreciar el lugar.

El Gran Comedor estaba totalmente diferente. Las mesas de las casas fueron reemplazadas por montones de mesas redondas, la mesa de los profesores fue sustituida por una tarima y el techo del comedor ya no mostraba el cielo, sino que ahora parecía que nevaba. Las velas ya no estaban, sino que ahora había estalactitas de hielo en su lugar.
En el centro de las mesas había unas esculturas de hielo, entremeses y bebidas, y justo detrás de la tarima había un gran árbol de navidad.

Fred, Lysander y Lorcan se acercaron a la mesa de los concursantes con una gran sonrisa.

—Vaya sorpresa que nos dieron —comentó Fred, burlón.

—Merlín, Agatha pareces una mujer.

—No jodas, Lysander. Siempre pensé que era un hipogrifo —le soltó Lorcan a su gemelo y le dio un golpe en la cabeza.

Lysander se quejó.

—¡No me des, Lorcan! —Exclamó y luego se recompuso al notar que la mirada de Agatha seguía puesta en él—. Lo que quería decir era que te veías hermosa.

—Gracias, Lysander.

McGonagall y Dakota subieron a la tarima captando la atención de todos. Los chicos se marcharon con sus respectivas parejas y todos pusieron atención a lo que la directora decía. Luego de dar un discurso inmenso, de esos que parecían cuentos para dormir, llamaron a las cuatro concursantes a la tarima para pronunciar los resultados.

—Luego de sumar los puntos y contar los votos de ustedes...—Agatha dejó de escuchar al oír la palabra votos.

«¿Había votos? ¿Cómo demonios yo nunca me entero de nada?»

—...en cuarto lugar con un total de 104 puntos es Rose Weasley, representante de Gryffindor. —Se escucharon los aplausos de los estudiantes—. La concursante que quedó en tercer lugar con un total de 110 puntos es Emily Storn, representante de Hufflepuff. El segundo lugar obtuvo un total de 123 puntos y la ganadora obtuvo un total de 130 puntos...

«¿Aquel se acaba de sacar un moco? ¡Qué asco!»

—...Y la ganadora es Agatha Smith, representante de Slytherin.

—¡Presente! —exclamó al captar su nombre entre tanta palabrería—. Esperen, ¿qué?

Todos los de Slytherin estallaron en aplausos y alaridos al escuchar que la representante de su casa ganó. Dakota se acercó a Agatha, le puso la corona plata que tenía el escudo de Hogwarts, la cinta que decía «Señorita Hogwarts» y le entregó un ramo de flores.

—Te toca decir el discurso que se supone que escribiste —habló Dakota en un susurro para que solo ella lo escuchara.

Agatha se paró en el centro de la tarima y con dificultad sacó el pergamino que Alex le había entregado. Como había un hechizo para que todo aquel que hablara en esa parte de la tarima se escuchara por todo el comedor, no había ningún problema.

—Es un gran honor haber ganado este concurso....¿Quién demonios escribió esta mierda? Alex, lo juro, no sirves para escribir discursos, si te dedicas a eso puedo asegurar que te morirás de hambre. —La mencionada rodó los ojos. Agatha hizo el pergamino una bola y la arrojó a quién sabe dónde—. Yo no quería esto. Si soy sincera, nunca lo quise. Realmente no entiendo como hay chicas que se mueren por entrar a concursos así y ganarlos. Están perdiendo su tiempo, en serio. Además de que no tiene ningún sentido.

» Para mí cada una de ustedes es una princesa o una reina el día de hoy, o lo que sea que se supone que es esto. Sé de chicas que estuvieron horas y horas preparándose para este baile para lucir hermosas cuando ellas ya lo son. Esta corona, la cinta o el ramo de flores no te hace más importante. Solo son eso: objetos materiales sin importancia. Una corona no dice absolutamente nada de ti. En estas últimas semanas lo único que he escuchado por los pasillos es: «Ojalá yo fuera Señorita Hogwarts» o «Cuánto desearía participar en ese concurso». No hagan eso. Cada una de ustedes son Señoritas Hogwarts porque todas formamos parte de este maravilloso colegio.

—¡Te amo, Agatha! —gritó una chica al fondo del comedor.

—Yo también te amo quién quiera que seas. Bueno, no quien quiera que seas porque si eres Charlotte o Nicoletta no te amo —dijo, haciendo reír a los estudiantes—. Lo que quiero decir es que yo no merezco esto —señaló el ramo de flores—, ni esto —señaló la cinta que decía «Señorita Hogwarts»—, ni mucho menos esto. —Señaló la corona.

Se giró hacia Emily y le entregó el ramo de flores. Ella lo aceptó con una sonrisa y sus labios se movieron diciendo un «gracias» sin sonido. Agatha le sonrió. Se acercó a Alice, se quitó la cinta y se la puso a la chica de Ravenclaw. Por último se acercó a su hermana y le sonrió con ternura.

—¿Qué haces, Agatha? —Preguntó Rose confundida.

—Dando las cosas que no merezco a personas que sí lo hacen.

Agatha se quitó la corona y se la puso con cuidado a Rose. La pelirroja la miró con los ojos llenos de lágrimas y la rubia la abrazó con fuerza.

—Te quiero, Agatha —susurró Rose sin dejar de abrazarla

—Yo también te quiero, Rose, más de lo que piensas.

Se separó de la pelirroja y se giró para ver a todos que estallaron en aplausos y alaridos.

—Damas y caballeros Agatha Smith, la primera Señorita Hogwarts —anunció Dakota con una sonrisa de oreja a oreja

Agatha se bajó de la tarima e inmediatamente sus amigos corrieron y la abrazaron.

—Estamos muy orgullosos de ti —Dylan fue el primero en hablar.

—Fue asombroso lo que hiciste y ese discurso fue magnífico —felicitó Skylar—. Me hiciste llorar, perra.

—¿Qué puedo decir? Tengo un don para la improvisación.

—Escuchen, les quería preguntar, ¿quieren pasar las vacaciones de navidad en mi casa? —Preguntó Scorpius.

—Yo como quiera voy a estar allí la mayor parte de las vacaciones, tonto —respondió Alex.

—¿Por? —Preguntó Skylar sin entender.

—Somos primos Sky —le dejó saber Alex y la pelirroja la miró confundida—. Scorpius Malfoy-Greengrass, Alexandra Nott-Greengrass. Su madre es hermana de mi madre...—Skylar la interrumpió.

—Ya entendí, ya entendí. No hay necesidad de hacerme un mapa.

McGonagall, que seguía en la tarima, dijo algo que Agatha no escuchó y con un movimiento de varita hizo desaparecer varias mesas haciendo espacio para la pista de baile. El profesor Flitwick ya estaba con el coro de Hogwarts listo para tocar la canción para el primer baile de la noche, el cual sería de las concursantes y sus acompañantes.

Scorpius fue con Rose a la pista, al igual que Alice y Emily con sus respectivas parejas. Solo faltaba la tan aclamada Señorita Hogwarts. James se acercó a Agatha y le tendió la mano. La rubia la miró sin saber qué hacer, todos los miraban.

—¿Sabes todos nos están mirando y sería realmente incómodo si no quisieras bailar con tu acompañante? —cuestionó James con una sonrisa que decía «si no avanzas, te mato».

Agatha rio y cogió la mano de James, sintiéndose extraña al sentir la calidez de su piel contra la suya. Ambos caminaron hasta la pista de baile, la música comenzó a sonar y ellos a bailar.

—Esto es lo más extraño que he vivido en mi vida —murmuró James.

—¿Qué? —Preguntó Agatha.

—Tú y yo en un mismo lugar sin intentar asesinarnos. ¡Ah, perra me pisaste!

—Fue sin querer —fingió una sonrisa inocente.

James rodó los ojos.

—Ni siquiera sé por qué demonios te invité a ti al baile. Eres exasperante.

Agatha soltó una carcajada.

—Tú sabes que en el fondo de tu horrible y feo corazón me aprecias —señaló.

—Te lo creíste.

Ambos rieron. Era extraño verlos sin discutir o pelear y todos lo habían notado.

Jamie, ¿qué demonios es esto? —Escucharon la chillona voz de Nicoletta—. Así que no viniste al baile conmigo por venir con...esta. Si no fuera por Lottie nunca me entero de esto.

—Perdona, pero «esta» tiene nombre y apellido.

Nicoletta la fulminó con la mirada y Agatha alzó una ceja. ¿Qué se creía para hablarle así? ¿Su madre? Ni siquiera su madre le hablaba de esa forma. Tal vez Nicoletta pensaba que la iba a intimidar al hablarle y mirarla como si quisiera matarla. Intimidar su trasero. Ella no se intimidaría ni aunque el mismo Voldemort la amenazara. Ya había vivido cosas peores, como coger clases en un colegio muggle. Las matemáticas sí que eran intimidantes.

—¿Te crees que nos importa? —Preguntó Charlotte que acababa de llegar.

Tenía un vestido tan ajustado que parecía que se le iban a salir las chichis.

«Esta chica no deja nada para la imaginación.»

—Oh, miren, tenemos aquí a la taton número uno y a la taton número dos. Ahora se pueden ir a tontear juntas. ¿No es bella la vida?

—¿Por qué no te metes en tus asuntos? —Preguntó Nicofea, digo, Nicoletta.

—¿Realmente eres bruta o te haces? Tú lo hiciste mi asunto desde el momento en el que me mencionaste —espetó Agatha.

—Rubia, ignora lo que te digan —dijo James en voz baja para que solo Agatha lo escuchara.

Decidió hacerle caso por primera vez en la vida y se giró para irse.

—Miren qué cobarde es. Es de esas que habla mucho y hace poco —escuchó a Charlotte decir a sus espaldas.

«Oh, ahora la cagaste».

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