Chào các bạn! Vì nhiều lý do từ nay Truyen2U chính thức đổi tên là Truyen247.Pro. Mong các bạn tiếp tục ủng hộ truy cập tên miền mới này nhé! Mãi yêu... ♥

Capítulo 13

¡Pum, Pum! El corazón de ella latía con debilidad, pero estaba fuera de peligro. Mattie logró sacarla sin ayuda pero Brenton estaba muy delicado. Los paramédicos venían en camino. Clara había recuperado la conciencia pero seguía mareada, rompió a llorar en cuanto vio a su mejor amiga y a su novio tendidos en el suelo, respirando dificultosamente.

-¿Qué pasó, Mattie? ¿Qué pasó?—gritó, asustada.

-Los dos cayeron al agua, señorita Ponce. Los paramédicos ya vienen.

-Pero, ¿Por qué no reaccionan?

-Se debe al alcohol que ingirieron. Usted debe beber agua, está intoxicada. —La miró enfadada, pero luego la abrazó con fuerza. — ¡Por qué se pusieron a beber! ¡Son unos niños!

-No pensé que esto se saldría de control. —se apretó los labios para no romper a llorar.

-Tranquila, ahora ve y ponte ropa cómoda. Yo cuidaré de ellos.

Clara subió tambaleándose y Mattie quedó haciéndoles compañía a Brenton y a Katheryn.

Los dos estaban sobre los sillones envueltos en cobijas calientes. Brenton estaba ardiendo en fiebre y no se movía, Katheryn también tenía fiebre pero deliraba palabras sin sentido.

-Palmer… ¿Qué… qué es lo que...?

Esa frase la repetía a cada segundo sin terminarla. Mattie estaba agobiada y no paraba de caminar de un lado a otro. Tres adolescentes a su cuidado y los tres habían terminados muy mal y su niño Brenton era él que estaba en peores condiciones.

-¡Necesitamos llamar al padre de Brenton, Mattie!—gritó Clara desde las escaleras. Dio un paso con dificultad y rodó tres escalones, cayó de bruces al suelo y se rompió el labio. — ¡Auch!

-¡Cielo santo! Niña, ¿Qué te pasó?

-No es nada. Hay que llamar al padre de Brenton.

Minutos después, ninguna de las dos pudo hacer la llamada. La ambulancia irrumpió en la casa y tres paramédicos llevaban cada camilla junto con maletas de primeros auxilios.

Mientras revisaban a los dos, Mattie les relató lo que había sucedido.

-Ellos estaban ebrios y cayeron. Por suerte los vi y pude sacarlos. —dijo Mattie, angustiada. — ¿Se pondrán bien?

-Tendremos que llevarlos al hospital. Sus pulmones están llenos de agua y si pasan más segundos sin ayuda, pueden morir de hipotermia. —Le dijo uno de los encargados. —el que está más grave es el chico.

Las llantas rechinaron justo a tiempo antes de estamparse contra la ambulancia que había en la entrada. Ethan sintió que su respiración se esfumaba.

-Primero que nada, debes saber que todo saldrá bien, ¿de acuerdo?—le dijo Luke al ver la expresión del rostro de Ethan.

-¡Algo pasó! ¡Lo sabía!—bajó con brusquedad del auto y corrió a la entrada. Dos paramédicos le bloquearon el paso.

-No puedes pasar.

-¡Mi novia está adentro! ¡Tengo que entrar!—rugió Ethan. Luke lo agarró del hombro. — ¡Suéltame!

-¡No pueden pasar!—insistió el paramédico. —aunque sea su novia, no puedes pasar. Mis compañeros están haciendo su trabajo y no deben ser interrumpidos.

Ethan asintió consternado, Luke lo sujetó del brazo y lo arrastró al auto. Pero en vez de lograr convencer a su amigo de que esperara un rato, Ethan se dio la vuelta con bastante agilidad y empujó a Luke al suelo. Corrió reuniendo sus fuerzas y embistió al paramédico. Los dos cayeron al suelo.

-¡No puedes pasar!—balbuceó el paramédico, agarrando su tobillo de él.

-Tengo que entrar, suéltame. No quiero herirte.

-Lograrás entrar sobre mi cadáver. —respondió, a la defensiva.

-Será un placer.

A solo un segundo de que Ethan le rompiera el cuello, sintió unas manos sobre su espalda. Se sintió mareado y una luz nítida lo cegó por completo, un gran vacío estaba debajo de sus pies.

Estaba flotando en algún lugar lejos de ahí.

“Crac”

Su trasero y espalda estaban sobre el asfalto. No podía moverse y tampoco abrir los ojos. Él ya sabía quién lo había hecho.

-¡Luke! ¿A dónde mierda me has enviado? ¡No puedo abrir los ojos y tampoco moverme!—gruñó, pero no hubo respuesta. — ¡Infeliz bastardo! ¡Dónde estás!

-Tranquilízate, Quin.

La voz de Luke se escuchaba muy cerca.

-¿Qué hiciste?—se retorció sin éxito. — ¡No puedo moverme!

-Dejaré que te muevas y que abras los ojos si prometes no actuar como un demente.

-¡Ya! ¡Lo prometo!

-No te creo. Suenas falso.

-Lo prometo.

-Estoy seguro que solo estás fingiendo pero de todos modos te dejaré libre. —resopló y se oyó un chasquido.

La claridad de los rayos del sol le quemó los ojos a Ethan, alzó ambas manos para cubrirse el rostro. Se sentó mientras que se tallaba los ojos con confusión. Su vista se fue aclarando y divisó a Luke, estaba de cuchillas frente a él, estaba sonriendo.

-¿Dónde estamos?

-Estamos en Londres. —se levantó y ayudó a Ethan a levantarse.

-¿Qué? ¿Por qué? ¡Katheryn está en problemas!

-No iba a permitir que rompieras el cuello a ese pobre hombre. Debes tranquilizarte.

-¿Qué? por supuesto que no iba a hacerle nada, siempre y cuando me dejara pasar.

-De todos modos, Ethan. Pareces un loco.

Las personas que pasaban al lado de ellos, los observaban con perplejidad. El aire corría con mucha fuerza y todas las personas llevaban abrigos gruesos y elegantes, mientras que ellos, solo tenían una simple camisa delgada y pantalones de lingo negro.

-¿Qué estás esperando?

-¿Qué espero de qué?

-¡Qué esperas para regresarme a la casa de ese idiota!

Luke rompió a reír por lo bajo. Sacudió su negro cabello y miró a Ethan detenidamente con una sonrisita de disculpas.

-Esto de teletransportarse no es del todo fácil. Tengo que esperar unos veinte minutos para volver a intentarlo y como ahorita traje a alguien… lo más seguro es que debo esperar una hora más o menos.

Las facciones de Ethan se endurecieron en un segundo. Apretó los puños y los alzó por encima del rostro de su amigo pero desistió y se abrazó así mismo. Estaba en el país donde había nacido pero en el momento equivocado.

Katheryn estaba sufriendo y él debía estar con ella y no a cientos de kilómetros de distancia de ella.

Clara estaba temblando en toda su totalidad posible, Mattie, el ama de llaves estaba tratando de tranquilizarla. Había pasado media hora desde que se habían llevado a Katheryn y a Brenton al hospital y nadie les daba noticias. El padre de Brenton había enviado un auto especial para que Clara lo alcanzara en el hospital. En todo el trayecto no dejó de llorar y de arrepentirse de haber tenido la estúpida idea de beber.

-No hay nada que justifique lo que le sucedió a mi hijo, ¡Nada!—gritó el padre de Brenton con el rostro rígido de la furia. — ¡Exijo saber cómo está mi hijo!

Pero ninguno de los doctores ni enfermeras le daban información. Todos estaban ocupados en otros pacientes.

-Clara, ¿Qué pasó exactamente?—se volvió para mirarla, ella se encogió en el asiento de la sala de espera. Sorbió de la nariz y no dijo nada. —Matilde, ¿Qué pasó?

El padre de Brenton estaba bien vestido. Un traje negro con una corbata roja y su cabello cano le asentaba muy bien a pesar de tener cincuenta años de edad.

-Señor Lawton, el joven Brenton estaba muy ebrio y cayó a la piscina. —respondió Mattie, apretándose los labios. —también cayó una amiga de él, Katheryn Levis. Es la mejor amiga de la señorita Clara.

-Pero, ¿Cómo es posible? ¿Por qué cayeron?

-Ya sabe que cuando estás bajo el efecto del alcohol no sabes lo que estás haciendo.

-De acuerdo. —Dijo, exasperado. —los dos serán trasladados a un sanatorio particular. Aquí no puede estar mi hijo.

Clara se levantó de repente de la silla y miró a todos lados desorientada. Su rostro estaba inexpresivo pero a leguas se notaba que estaba preocupada.

-¿Qué sucede, hija?—le preguntó el señor Lawton.

-¡Ethan no sabe lo que le ocurrió a Katheryn!—gritó ella. — ¡Debo decírselo!

-¿Quién es Ethan?

-Su novio. ¡Debo decirle!

-Mándale un texto. No le digas nada hasta que los trasladen a un sitio mejor.

-¿Perdón? ¿Trasladar?—una voz femenina algo rasposa interrumpió al padre de Brenton de repente.

-Sí, por supuesto. —dijo él, dándose la vuelta. Era una enfermera de unos treinta años, tenía mala cara. —aquí ni si quiera dan información de lo que está pasando adentro.

-Disculpe pero hace unos segundos un par de ancianas entraron de urgencia. —Sacó unos papeles y barrió con la mirada a todos los que estaban en la sala de espera. — ¿Quién es su paciente?

-Son dos. Mi hijo, Brenton Lawton y su amiga, Katheryn Levis. —respondió. —entraron a urgencias hace más de media hora. Y nadie ha venido a decirnos que pasa.

-Uhm. —dijo, mientras revisaba los papeles. —ah, aquí están.

Le tomó dos minutos leer todo lo que estaba en la hoja. El señor Lawton estaba impacientándose.

-Brenton Lawton está en coma. —dijo, con naturalidad—y Katheryn Levis está fuera de peligro. Está inconsciente pero en buen estado.

La mandíbula de Clara, Mattie y el padre de Brenton, se desencajaron de sus rostros. Brenton estaba en coma.

-¡No es posible! ¿Está segura?—gritó Clara.

-Puede leer esto por sí misma. —le enseñó los papeles y ella se negó a tocarlos.

-¿Puedo pasar a verlo?

-No, y tampoco puede trasladarlo. Está muy delicado.

El señor Lawton asintió a su pesar y se sentó para tratar de asimilar la noticia de que su único hijo estaba en coma.

Por otro lado, Ethan no paraba de caminar de un lado a otro. Sus pensamientos solo estaban en Katheryn y en nada más. De tanto cuidarla, de tanto sobreprotegerla, no podía pensar que ella moriría de una hipotermia por haber bebido. No podía dejar que eso sucediera, por qué no tendría sentido haberse puesto en contra de los demás elegidos.

-¿A qué horas exactamente podemos regresar? Ya ha pasado una hora. —exclamó, exasperado. Luke dejó de lamer su helado para verlo. —no hagas que te asesine con el cono de tu helado…

-¿Por qué con el cono? ¿Qué te ha hecho el helado?—bromeó. Pero lo único que recibió a cambio, fue una mirada gélida y fulminante por parte de Ethan. —bien, regresaremos pero cambia tu semblante.

-¿Por qué? tú fuiste él que me trajo aquí. —espetó.

-Si no sonríes, no regresaremos. —se cruzó de brazos.

-No lo haré.

-Entonces nos quedamos. Estimo a Kath, pero odio que seas tan gruñón.

Ethan rodó los ojos y sonrió forzadamente.

-¡Cielo mío! Mejor no lo hagas. Así está bien. Hay personas que pueden infartarse al ver tu horrible sonrisa. —hizo cara de miedo.

-¡Ya basta! Ya sonreí, llévame de vuelta.

-Hubiera tomado una foto de tu sonrisa del horror. —se burló. Extendió su mano en dirección a Ethan.

-¿Qué?

-Toma mi mano y no te sueltes. Es peligroso.

-De acuerdo.

Minutos después, los dos salieron disparados por las calles de donde estaba el departamento donde vivían.

El departamento de Ethan estaba iluminado y el de Katheryn estaba oscuro. Heidi se asomó por el balcón y los vio. Los dos estaban uno encima del otro con los rostros sumergidos en los brazos y piernas del otro.

-Hey, ¿Qué hacen ahí?—les gritó ella.

-¿No ha llamado alguien? ¿No ha llamado alguien diciendo algo de Katheryn?—gritó Ethan mientras salía de las extremidades de Luke.

-No, ¿Por qué? ¿Pasa algo?—preguntó ella, con el ceño fruncido.

-Creo que Katheryn está en peligro y esté idiota me llevó a Londres en el instante en la que la vería. —dijo Ethan, enfadado.

El celular de Ethan comenzó a sonar, era la melodía de mensaje. Sacó con impaciencia su teléfono del bolsillo y leyó el mensaje, era del número donde Katheryn le había llamado horas atrás.

-¿Quién es?—preguntó Luke, detrás de él. Ya iban hacia el departamento.

>>Ethan, soy Clara. Katheryn tuvo un accidente en la casa de Brenton, él también está mal. Estamos en el hospital central, ¿podrías venir? Katheryn está a salvo pero sigue inconsciente…<<

-Debo ir por mi auto. —guardó el móvil en sus bolsillos, se dio la vuelta para encarar a Luke. —ve por mi auto, ahora.

-Está lejos.

-No me importa, ve por él. Y me alcanzas en el hospital. —le ordenó.

-¿Puedo ir?—preguntó Heidi desde arriba.

-Prometan que no actuarán raros. Allá está Clara. —resopló.

-Prometido.

El olor a pinos y a frescura inundó las fosas nasales de Katheryn. Estaba de nuevo en aquel bosque de sus pesadillas pero era de día. El sol brillaba con fuerza por encima de su cabeza y un grupo de pájaros revoloteaban junto a ella. Pensó en correr y ocultarse, y tratar de pedir ayuda. Pero no había nada peligroso en estar ahí. Solo había silencio, paz y tranquilidad.

Inhaló con todas su fuerzas la frescura que emanaba el bosque y se sentó en el prado lleno de florecillas silvestres. Se dio cuenta que estaba vestida con un largo vestido negro de la misma época en la que ella había nacido, su cabello seguía igual, sus mechones plateados estaban ondulando por el aire frío.

No había nadie más a su alrededor, solo los pájaros, el sol, los pinos, el aire y ella.

-Katheryn. —oyó su nombre a una lejanía extensa. Volvió la mirada a todos lados pero solo había silencio. —Katheryn.

La voz repitió su nombre seis veces. Katheryn se puso de pie, preparada para pelear si era necesario. Pero solo había pinos y más pinos bloqueándole la vista.

-Por aquí, muchacha.

La voz era masculina y provenía de arriba de los pinos.

Katheryn se encontró con el mismo anciano de barba y de gafas de aumento que había soñado cuando se enteró que Ethan era alguien como ella. Pero, ¿Qué hacía de nuevo en su cabeza?

-¿Qué es lo que quieres?—preguntó ella.

-Buenos días para ti también. —respondió, sonriendo. De un salto alto, quedó a la estatura de Katheryn.

-Eres aquel anciano, Paul. Que me dijo que estaba en el purgatorio o algo así.

-En efecto, sí. —asintió. —me alegra que me recuerdes.

Paul comenzó a andar por el prado a paso lento y reclinable, Katheryn lo seguía lentamente por detrás.

-¿Qué es este lugar?

-No es el purgatorio, de eso debes estar tranquila.

-Lo sé, pero, ¿Qué es y por qué estoy aquí?—hizo una pausa y preguntó con cautela: -Y lo más importante… ¿Por qué razón está usted de nuevo en mi cabeza?

-Por qué quiero que te protejas, quiero que te cuides, pequeña. —dijo con sinceridad, dejó de andar y Katheryn paró en seco justo antes de incrustarse en la espalda del anciano.

-¿Protegerme de qué? no entiendo lo que dice.

-Sé qué no debo decírtelo porque va en contra de mis principios pero te lo diré. —se acomodó sus gafas y se dio la vuelta para verla. Katheryn tragó saliva.

-Hable, por favor.

-Ven, demos un paseo. —la jaló del brazo ligeramente. —tenemos tiempo de sobra.

-¿Estoy muerta?—su respiración de ella se precipitó.

-No, estás dormida. —le apretó la mano con dulzura y el pulso de Katheryn volvió a la normalidad.

-De acuerdo. —respondió con alivio.

Ambos se dispusieron a caminar por todos los senderos de aquel bosque, una colina enorme estaba frente a ellos pero para estar en un sueño, todo parecía tan real.

Repetidas veces Katheryn creyó ver a Ethan a lo lejos gritando su nombre, pero Paul le explicó que era parte de su mente que lo hacía presente a Ethan. Lo necesitaba tanto que hasta en sus sueños estaba él. Aquel comentario ruborizó a Katheryn y Paul soltó una risita confortante.

-Tuviste suerte de encontrarte con Ethan. —Le dijo el anciano mientras pelaba una naranja. — ¿Quieres?

-No, gracias. —Negó con la cabeza. — ¿Por qué tuve suerte? Ethan es como yo y hay otros pero no los conozco. Me pude encontrar con los demás al igual que Ethan.

-Aun no lo entiendes, pequeña Katheryn y es por eso que te diré algo que no es permitido decírtelo. —suspiró y tiró la cascara de naranja muy lejos.

-¿Qué es esa cosa que quiere decirme pero no puede?—insistió ella.

Un pájaro pasó volando por la cabeza de Katheryn y tuvo que agacharse para no ser embestida por él. Pero al parecer todos los animales del bosque se habían vuelto locos. Todos los pájaros, ardillas y otras especies comenzaron a gritar.

-¿Qué sucede?—preguntó entre gritos, ya que los animales bloqueaban su voz. Paul estaba sorprendido, sus ojos miraban todo a su alrededor. — ¡Paul!

-Ella está controlando tus sueños justo ahora. —dijo, con voz arrogante y molesta. —no puedo decírtelo ahora, será en otra ocasión.

-¿Qué?—logró agarrarlo del hombro. — ¿Quién es ella? ¿Por qué no puedes decírmelo ahora?

Pero Paul solo miraba a una dirección lejana. Una de sus manos se alzó y señaló algo con el dedo. Katheryn se volvió para mirar la dirección de Paul y se encontró con la misma chica parecida a ella pero con ojos azules, solo que con mechones blancos. Era la misma que había soñado la primera vez en ese bosque solo que de noche y con otros chicos iguales, incluido Ethan. Pero en esa ocasión solo estaba ella sola.

-¿Qué le ibas a decir, Paul?—preguntó ella, su voz estaba tan empalagosa que Katheryn se dio cuenta que detrás de esas dulces palabras estaba oculto una dosis de veneno burbujeante.

-Ella tiene derecho a saber qué es lo que le pasará. —espetó Paul. A simple vista ellos no se agradaban y eso a Katheryn le heló la sangre.

-¿A qué te refieres?—interpuso Katheryn, llena de sorpresa y de indignación.

Pero ninguno de los dos respondió a su pregunta. Se dedicaron a fulminarse con los ojos durante unos minutos. Palmer sonreía sardónicamente. Su vestido era idéntico al de Katheryn pero más perverso. Dos cuervos estaban posados en sus hombros, eso le hacía ver más espeluznante.

-¿Eres una elegida más, no?—preguntó Katheryn.

-Te equivocas, querida. —Le respondió, tajante. —yo soy la única elegida.

-¿Quién eres?

-Soy Palmer, y voy a matarte.

La luz radiante del foco que tenía justo enfrente de su rostro la hizo despertar, sus ojos le lloraron al entrar en contacto con la luz pero no le importó. Estaba sudada, estaba empapada de sudor y una enfermera le estaba cambiando el suero. Estaba en el hospital. Sola.

-Al fin despierta, señorita Levis. —Le dijo la enfermera. —está sudando, voy a tener que asearla de nuevo pero antes iré a avisarle a sus familiares, no tardaré.

-¡Espere!—dijo con la garganta seca. —quiero agua…

La enfermera le pasó una botella de agua y salió de inmediato a avisarles a todos que ella estaba despierta. Katheryn se bebió el agua en seguida sin respirar, tosió varias veces, dejó la botella en la mesita que había junto a ella y se dedicó a ver por las ventanas, era de día. El sol estaba tan radiante tal y como había sido en su pesadilla.

-Paul y Palmer…-dijo en voz baja.

Aquellas personas en su mente le pusieron la piel de gallina y decidió en no pensar en ellos en todo el resto del día o de su vida.

Un par de voces desesperadas se escuchaban desde afuera. La voz de la enfermera trataba de calmarlos pero fue inútil.

La puerta de la habitación se abrió de un portazo y Katheryn vio entrar a un Ethan demacrado, con ojeras y el cabello revuelto. Detrás de él estaba Clara, sus ojos estaban enrojecidos. Pero Katheryn no pudo articular palabra, porque en un segundo Ethan se le echó encima. La abrazó con tanta fuerza que por poco la deja sin aire, pero tenerlo junto a ella le hizo sentir bien.

-¡Cielo mío! Creí que no despertarías, Florecilla. —le besó la frente con dulzura. Y le envió una mirada llena de rabia a Clara y ésta se abrazó a sí misma y rodeó la cama para abrazar a Katheryn del otro lado.

-¡Amiga!—la abrazó. —creí que te perdería, en serio lo siento.

-Oye, no fue tu culpa…

-Oh sí, claro que lo fue. —Espetó Ethan. — ¿Ahora entiendes por qué no quiero dejarte sola ni un segundo? Es tu amiga y por poco mueres o quedas en coma como su novio…

-¿Qué?

-Lo siento, Clary pero es que…

-No importa, Ethan. —dijo ella, sollozando.

-¿Qué le ocurre a Brenton?—preguntó Katheryn, sobresaltada.

-Sufrió de hipotermia por caer al agua y como tenía demasiado exceso de alcohol en su organismo no pudo salir del coma. —Dijo, con tristeza. —está en coma y no ha dado signos de ponerse mejor.

-Pero yo caí al agua también, ¿Por qué no estoy en coma también?

-Por qué tú eres fuerte. —Interrumpió Ethan, apretando su mano de ella. —y ya no preguntes. Lo bueno es que estás bien y solo esperaremos a que Brenton se recupere.

-¿Y sí no se recupera?—preguntó Clara, sollozando.

-Estoy seguro que se pondrá bien, créeme. —dijo Ethan, con toda la seguridad del mundo.

Bạn đang đọc truyện trên: Truyen247.Pro