Capítulo 10
Al llegar al hotel, Katheryn le regaló una gélida mirada a Ethan. No se despidió de él y entró a su habitación dando un portazo sin decir ninguna palabra. Pero lo que ella no sabía era que estaba en un peligro mortal y que Ethan solo quería protegerla.
El día siguiente, fue casi lo mismo. Los dos se cruzaban por el pasillo, se miraban y seguían su camino. Ethan trataba de hablarle pero ella simplemente le ignoraba, dejándolo parado en el vestíbulo.
-Mañana nos vamos, espero estés lista a las seis de la mañana.—Ethan tocó un par de veces su puerta de ella. —no quiero que te levantes tarde, intenta dormirte temprano.
-Tú no puedes darme órdenes.—le contestó, su voz apenas se oía por el ruido de la tv.
-Tú eliges, Katheryn, o te vas conmigo o te regresas sola.
-¡Me regreso sola!—le gritó.
-Mala elección. —hubo un silencio. —a las seis en punto te quiero lista, Katheryn.
-¿Y sino qué?—se acercó a la puerta y abrió. Ethan estaba sentado en el pasillo, mirándola desde su habitación.
-Tendré que sacarte a la fuerza.—le sonrió.
-Apenas me conoces de un mes y medio y piensas que tienes derecho sobre mí. —dijo, con sarcasmo. —que patético eres, Ethan.
-No Florecilla, no soy patético. —suspiró y volvió a sonreírle.
-¿No?—él negó con la cabeza. — ¿Entonces, qué eres?
-Se puede decir que soy tú ángel de la guarda.
Ella soltó una carcajada llena de vacilación.
-¿Estás drogado, Ethan?
-No.
-¿Por qué ángel de la guarda? Ahora suenas más patético.
-Solo te estoy cuidado, ¿Hay algo de malo en eso?—enarcó una ceja, y recargó su cabeza en la pared.
-Ayer fuiste un imbécil con el sujeto del parque, él solo quería ser amable.
-No lo conoces, puede que sea un violador.
-Entonces tú no serías el único violador sensual. —rió. Ethan se levantó y ella retrocedió.
-¿Ese tipo es sensual para ti?—se recargó en el marco de la puerta de ella, sonriéndole seductoramente.
-Sí, es muy sensual. —se mordió el labio, provocándolo.
-No tanto como yo, florecilla.
Se inclinó y la besó.
Tenía semanas que Katheryn anhelaba ese momento, Ethan no había vuelto a besarla y estaba emocionada de poder sentir de nuevo los labios de él en su piel.
-¿Estás celoso, Ethan Quin?—lo miró a los ojos con una sonrisa.
-Un poco. —vaciló.
Ethan estuvo todo el resto del día en la habitación de Katheryn, ayudándola a meter su ropa en la maleta. Luego salió para comprar la cena y ella se quedó mirando la tv, que estaba pasando un programa sobre las cosas paranormales y el titulo le había llamado la atención: ¿Cuál es la razón por la cual seguimos en este mundo?...
Esa era una de las tantas preguntas que ella se hacía del diario desde ciento cincuenta años atrás. Y ahora un grupo televisivo hablaba al respecto, confundiéndola aún más. Decidió cambiar de canal y poner discovery chanel. Un león atacando a una cebra… podía pasar horas mirando eso y no se aburriría, el león era su animal favorito.
-Traje comida china para cenar, ¿te gusta?—Ethan entró con una bolsa en la mano y la dejó sobre una mesita cerca de la cama. Pero Katheryn estaba hipnotizada con los leones que no le respondió. —Florecilla, ya estoy aquí. —le pasó una mano por el rostro y ella dio un respingo.
-¡Me diste un susto de muerte!—exclamó.—si me vuelves a asustar de esa manera, es probable que no llegué a año nuevo.
Él se quedó inmóvil y su rostro se puso pálido.
-¿Ethan, estás bien? Solo estaba jugando.
-¿Podrías solo por un segundo, mantenerte en silencio, Florecilla?—extendió sus brazos y la apretó contra su cuerpo, absorbiendo su aroma.
-Está bien.
La carretera estaba al borde del colapso, cientos de autos estaban esperando su turno de pasar hacia su destino. Eran las siete cuarenta y cinco de la mañana.
Katheryn estaba dormida en el asiento trasero y Ethan escuchaba música a un volumen bajo para no despertarla, ya que él había tenido que cargarla al auto porque no se había despertado y esperaría a que ella lo hiciera en medio del camino.
Una hora más tarde, los autos apenas habían avanzado un kilómetro fuera de Nueva York y el sol comenzaba a brillar con más intensidad en el horizonte. Los cristales estaban abajo para no desperdiciar el aire acondicionado y ponerlo más adelante pero la temperatura estaba subiendo.
-Enciende el clima, por favor. —Katheryn gimoteó desde atrás. —me estoy muriendo.
-Dentro de unas horas necesitaremos el clima, si lo pongo ahora la gasolina no ajustará.
-Hazlo, por favor…
Ethan se estiró hacia atrás para verla, Katheryn estaba hablando en sueños. Sonrió y puso el clima. Escuchó un respiro profundo de ella y se puso sus gafas de sol.
Un largo viaje de regreso les esperaba.
Horas después, un teléfono sonaba sin parar en medio de las maletas de atrás, Ethan estaba centrado en la carretera para contestar y Katheryn intentaba buscar su celular entre las cosas. Era las doce del día y el sol quemaba. El clima era lo único que les ayudaba a los dos, pero más a ella.
-¿Podrías estacionarte? Necesito contestar mi teléfono.
-No puedo, hay más autos detrás y es peligroso.
Katheryn rodó los ojos y siguió buscando, después el teléfono dejó de sonar.
-¿Lo encontraste, Florecilla?—le preguntó, sin dejar de ver el camino de autos que iban delante de él.
-Lo encontré, la que llamó fue Clara. —se pasó al lado del copiloto con ayuda de Ethan. —gracias.
-¿Qué querrá?
-No lo sé, intentaré devolverle la llamada. —se mordió el labio inferior mientras tocaba las teclas de su teléfono. Un segundo después, el teléfono volvió a sonar. — ¿Hola?—contestó y Ethan se volvió para mirarla. — ¿Qué pasa?... ¿Familiares…míos?—posó sus ojos en Ethan, quién la miraba preocupado. —no tengo familiares, Clara… ¡Por qué los dejaste pasar!... no…no… ¡Sácalos de mi departamento, ahora!—su humor estaba por los suelos. No tenía familia. — ¡Estaré allá en unas horas! ¡No los dejes solos en mi casa!—soltó un suspiro agobiante, que tuvo que cerrar los ojos y abrirlos de golpe segundos después. —te llamo cuando llegue.
-¿Y bien?
-Clara dijo que acaban de llegar familiares míos al departamento, los dejó pasar.
-Ninguno de nosotros tenemos familiares. —Su tono de voz era ronco y antipático. —llegaremos antes de lo previsto, sujétate. —presionó el acelerador y se salió de la fila de autos.
-¡Detente!
-Esas personas que están allá no son nada tuyo, lo sabemos de sobra, pero yo sé quiénes son. —gruñó. —ahora cierra la boca y deja que conduzca.
-¿Quién son esas personas? Quiero saberlo. —se abrochó el cinturón y clavó sus ojos grises en él. Pero él no respondió, estaba serio y con la mirada fija al frente. El matiz iba a una velocidad excesiva por el carril contrario.
-¿Recuerdas a Luke Greenwood, él chico de Central Park?—dijo, con cautela y ella asintió con perplejidad.
-Lo recuerdo bastante bien.
-Bien, pues las personas que están en california son amigos de él y no son nada confiables.
-¿Cómo sabes eso? ¿Conoces a Luke?
-Un poco.
-¿Cómo sabes que sus amigos están en mi departamento? ¿Él te lo dijo?
-Algo así. —Ethan arrugó la frente, no quería seguir con la conversación.
-¿Qué te dijo? No pudo saber nuestra dirección.
-No seguiré con tu interrogatorio, Florecilla.
-Desearía poder atraer de nuevo a los rayos para quemarte en el rostro. —dijo, enfadada.
-¿Puedes hacerlo?—le preguntó, con cierto interés tratando de cambiar la conversación.
-Solo pude una vez, días después de mi accidente. —Se encogió de hombros. —después…-simuló hacer una explosión con sus manos. —nada.
-Así que tienes el poder de tocar los rayos, excelente.
-¿A caso tú no puedes?
-No.
-¿Por qué no? A los dos nos pasó lo mismo.
-Por qué somos diferentes, Florecilla. —le sonrió, a regañadientes.
-¿Qué puedes hacer?
-Nada.
-O algo debiste haber hecho cuanto te pasó el accidente.
-Solo hice dormir a mi madre por muchas horas. —dijo con indiferencia. —y la hice despertar días después. Todos pensaron que había muerto.
Katheryn abrió la boca, sorprendida.
-¿Puedes hacerlo todavía?
-Sí, pero no es nada sorprendente. —bostezó y bajó la velocidad. Ya había pasado todo el tráfico y la carretera estaba desierta.
Los ojos de Katheryn se dilataron.
-¿Lo has hecho conmigo?—preguntó.
-¿Qué he hecho de qué?—frunció el ceño.
-Quise decir… que si has empleado lo que puedes hacer… conmigo.
-¿Hacerte dormir?—embozó una sonrisa.
-Sí.
-Solo un par de veces.
El puño de Katheryn voló directamente al brazo de Ethan. Él hizo una mueca de incomodidad y luego soltó una carcajada al ver el rostro de Katheryn. Estaba enfadada.
-¿Por qué fue el golpe?
-¿Por qué no me lo dijiste?—espetó.
-¿Tenía algún caso decírtelo? Necesitabas dormir.
-No puedes manipular el estatus de sueños de las personas, ¿lo sabías?
-No lo sabía pero gracias por el dato. —le guiñó el ojo.
-Entonces si tú aun puedes hacer eso, ¿Por qué yo no?
-Tal vez por qué no lo pones en práctica.
-¿Me ayudarías con eso?
-¿A jugar con los rayos?—le preguntó y ella asintió, sonriendo. —no lo creo, Florecilla. Yo paso.
-Eres un estúpido. —la sonrisa de sus labios desapareció.
-Odio los rayos, ya te lo dije.
-Odiamos los rayos y la lluvia, no por eso nos volverá a caer un rayo.
-Es mejor prevenir.
-Entonces en unas horas intentaré atraer un rayo y echártelo en el rostro sin importar que Luke Greenwood me mire, junto con sus amigos.
-Nunca dije que Luke estaría presente.
-Lo que sea, pero no te creo que los amigos de ese idiota estén en nuestro departamento. Es algo imposible. —rodó los ojos.
El sol estaba ocultándose, la velocidad en la que avanzaban a California era apacible. Ninguno de los dos decía nada, estaban a tres horas para llegar.
Ethan se estacionó en la orilla de la carretera y bajó en silencio. Katheryn lo observó sacar su teléfono y hablar con alguien.
-¿Qué demonios crees que estás haciendo, Palmer? Aún falta tres meses. —exclamó.
-¿Qué hago de qué, Ethan? Estoy en un maldito Spa en el Caribe. —espetó, furiosa. —a principios de enero iré por ella, ahorita estoy descansando.
-¿Estás en el Caribe?
-Sí, ahora deja de molestar.
-¿Está contigo Luke y Heidi, por casualidad?
-No, ellos están en Francia, ¿Por qué?
-Por nada. —cortó la llamada de golpe. Se volvió para el auto y se encontró con Katheryn mirándolo con el cejo fruncido.
-¿Con quién hablabas? Saliste sin avisarme.
-Hablaba con Clara, Florecilla. —le sonrió y se acercó a ella.
-¿Qué te dijo? Le dije que yo le llamaría luego. —se cruzó de brazos a observarlo. —por cierto, ¿Desde cuando tienes su número?
-Cuanto pides algún número de teléfono, ¿vas por ahí contándole a todo el mundo que le pediste el número a alguien?—elevó una de sus tupidas cejas. Ella bajó la mirada avergonzada.
-Bien, tú ganas. —espetó, alterada. —anda, llévame a casa. Tengo bastante sueño.
-Sube.
Volvieron a la carretera en dirección a California. Katheryn se durmió por segunda vez y Ethan tuvo que conducir en silencio por las siguientes tres horas restantes.
Los edificios de la ciudad le dieron la bienvenida, Ethan llegó al departamento por una calle contraria y como Katheryn estaba sumida en un sueño profundo—gracias a él—bajó dejándola asegurada y con el aire acondicionado encendido.
En la acera del departamento estaba estacionado un pequeño Chevy azul con placas mexicanas y detrás había una enorme camioneta Lincoln negra. Brenton y Clara están arriba, pensó.
Subió en silencio, George estaba dormido en una silla plegable justo a la mitad de las escaleras. Arriba se escuchaba voces discutiendo.
Llegó hasta la puerta de Katheryn y divisó al novio de Clara sentado frente a dos personas cuyos rostros no se podían ver gracias a su cabellera rubia despeinada, pero Ethan sabía quiénes eran. Y Clara estaba hablando con ellos en el otro extremo de la sala, su tono de voz era irritado.
-¿Qué hacen todos aquí?—irrumpió Ethan. Todos volvieron los ojos a él.
-Estos estúpidos insisten en que son familia de Katheryn y yo no les creo nada, Ethan. —su rostro de ella estaba encolerizado. Mientras que Luke y Heidi sostenían una sonrisa burlona.
Heidi tenía el cabello castaño y los ojos color café, y Luke tenía el cabello totalmente negro, sin ningún mechón blanco, sus ojos estaban azules como siempre.
-Fue un error, Clara. —Agregó, enviándoles una mirada de advertencia a Luke y a Heidi. —Les dije que se presentaran como familiares de Katheryn, para no incomodar a nadie pero veo que todo salió de control. —Se pasó una mano por él cabello. —ellos son mis primos.
-¿Son tus primos?—Clara arrugó la frente, enfadada. — ¿Por qué demonios les dijiste que se presentaran como familiares de Kath? ¡Ella estará furiosa por alarmarla!—retrocedió unos pasos y agarró a Brenton de la mano, barrió con sus ojos toda la sala y el pasillo. — ¿Dónde está Katheryn?
-Está en el auto, está dormida.
-Iré a levantarla y explicarle lo que ocurrió. —Tiró de la mano de su novio pero Ethan la agarró del brazo. — ¿Qué haces? Iré a verla.
-Está dormida. —repitió. Una vena palpitante de su cuello se cernió a través del cuello de su playera.
-Suéltala, idiota. —Brenton tomó el brazo de su novia y empujó a Ethan. —no la toques de esa manera o tendrás que acostumbrarte a respirar por un tubo por los siguientes treinta años de tu vida.
-Solo lárguense de aquí.
-Ya, Brenton. —Lo jaló a la puerta. —dile a Katheryn que me llame. Adiós.
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