Capítulo 06
Las horas pasaron rápido, la media noche ya estaba presente y Katheryn estaba profundamente dormida sobre el regazo de Ethan.
Nada podía despertarla de aquel instante.
-¿Por qué la tratas de esa manera, Ethan?—aquella chica de cabellos blancos fulminaba a Ethan desde el balcón, acompañada de tres chicas y cuatro chicos similares a ella. Ciertamente todos, incluido Ethan, eran similares a Katheryn.
-¿Cómo debería de tratarla, Palmer?—preguntó él, a la defensiva. Dejó a Katheryn en el sofá y se acercó a ellos. —no respondas, lo que yo quiero saber es por qué demonios están aquí.
-Vinimos por ella y lo sabes. —Respondió tajante. —ya sabes que solo uno de nosotros diez podrá sobrevivir aquí y yo quiero ser la que quede.
-¿Qué hay de ustedes? ¿A caso quieren morir para que ella se quede?—Ethan miró a los demás, pero todos se encogieron de hombros. —que bien valoran sus miserables vidas, idiotas.
-Ethan, no te hagas el héroe y entréganos a la chica. —Dio un paso adelante pero Ethan le bloqueó el paso. —hace diez años estabas ansioso por encontrarla y asesinarla, ¿Ahora qué ha pasado?
Ethan no respondió.
-No me digas que te has enamorado. —se burló secamente. —no seas estúpido. No puedes enamorarte, no de ella. De nadie.
-Tal vez haya alguna razón por la cual me siento bien estando con ella. —dijo Ethan nervioso. —no dejaré que la toquen.
-Ella es una de nosotros, podemos asesinarla si queremos. —interpuso uno de los chicos, sus ojos eran muy azules. —anda Ethan, deja a Palmer acabar con Katheryn.
-¿Por qué quieren matarla a ella primero? Mátense entre ustedes y él que gane puede venir por nosotros. —siseó él, apretando los puños. Los ocho chicos rompieron en risa.
-No nos hagas reír. —Musitó Palmer, sus ojos azules brillaban de frustración. —la asesinaremos y así tendremos más tiempo de vida.
-No. —interpuso él, suspiró. —ella debe saber todo antes de que acaben con ella.
-¿Qué quieres decir?—terció el mismo chico que había hablado.
-Palmer, Ben, Luke, Jake, Cristian, Brenda, Heidi y Gabriela. —sentenció Ethan absorto. —dejen que yo se lo diga, estaré días con ella en donde ella nació. Le diré todo y después pueden hacer con ella lo que deseen.
-Tengo una mejor idea. —dijo Ben sonriendo, Palmer y los demás lo observaron excitados. —te daremos el plazo de cuatro meses, pasando año nuevo, ella será nuestra.
-De acuerdo. —asintió. —podrán matarla pero ella lo sabrá todo.
-Y luego te mataremos a ti. —sonrió una de ellas.
-Me parece justo. —respondió.
Pero antes de que todos se fueran por el balcón, Ethan los llamó. Los ocho chicos se detuvieron y se volvieron para verlo.
-¿Ustedes han tenido que ver con lo que ha soñado Katheryn?—preguntó.
-En efecto, sí.
-¿Qué le han hecho pasar en su cabeza?—apretó los dientes.
-Solo le decimos que debe venir con nosotros, eso es todo.
-No, ella me dijo que yo estaba en sus sueños. —gruñó. — ¡Por qué me metieron a mí!
-Metimos a los nueve porque somos los elegidos, somos como hermanos, ¿Lo olvidas?—Palmer sonreía.
-¿Hermanos?—Ethan rodó los ojos. —hermanos que se quieren asesinar entre ellos.
Dicho eso, los ocho se saltaron del balcón y desaparecieron entre las calles.
Ethan se dejó caer en el suelo. No podía permitir que ellos asesinaran a Katheryn. Aparte que era algo estúpido, él la quería. Comenzaba a quererla de una manera inquietante. Los diez eran iguales, a los diez les había caído un rayo y habían salido ilesos. Pero Katheryn había sido la última. Palmer había sido la primera, se podía decir que ella tenía más de doscientos setenta años de antigüedad y los demás doscientos, menos que Palmer. Ethan tenía apenas doscientos diez y Katheryn ciento cincuenta.
Tenía solo cuatro meses para decirle todo. Que no era la única inmortal, que había más y que querían asesinarla.
Katheryn despertó a la mañana siguiente. Estaba en su departamento y en su habitación. Abrió los ojos y se los frotó algo cansada. Clara no estaba y no recordaba haber vuelto del departamento de Ethan.
Afuera, en la sala se escuchaban cierres subirse, pisadas y demás. Por un segundo ella se sintió amenazada, su pulso se aceleró pero luego fue disminuyendo al oír relativamente, agudizó su oído y se dio cuenta de que era Ethan.
-¿Qué haces?—le preguntó adormilada. Él le sonrió. Ya estaba bien duchado y vestido como siempre.
-Estoy arreglando tu maleta. —Respondió con una amplia sonrisa. —y no tienes de que preocuparte, todo está dentro de esto.
Katheryn postró su mirada en la enorme maleta que Ethan tenía bajo sus pies. La maleta no era suya pero tampoco podía ser de él, ya que era nueva.
-Tengo una maleta en buen estado, no debiste comprar una.
-No fue nada, después de todo fue dos por uno.
Katheryn se sintió cohibida. Tomó asiento en su sofá y observó el reloj que estaba sobre la puerta de la entrada. Las manecillas marcaban furiosamente las once de la mañana y su amiga no estaba.
-Clara no ha llegado, no puedo irme sin decirle que me he ido contigo a Nueva York. —se mordió los labios. Su cabello estaba desmarañado e intentó acomodarlo con los dedos.
-Ella estuvo aquí hace un par de horas, le dije que estarías fuera por un mes. —Ethan dejó a un lado la maleta y se sentó junto a ella. —hubieras visto su rostro, me intimidó un poco. ¿Puedes creer que ella insinuó cosas entre nosotros?
-Ella es así. —se sonrojó. — ¿Ella donde estará?
-Vino con el sujeto de anoche, él se presentó diciendo que se llamaba Brenton y que ella pasaría esos días en su casa. —Se encogió de hombros. —creo que han regresado.
-Yo pienso que Clara volverá a vivir con él, me alegro que todo vuelva a la normalidad. —suspiró. —me daré una ducha, ¿A qué horas debo de estar lista?
-Tómate el tiempo necesario, nos iremos en mi auto. —Observó el reloj. —tal vez lleguemos en pocas horas, no hay prisa pero si debemos irnos hoy.
-De acuerdo.
Ethan se dejó caer en el sofá de Katheryn mientras que ella se alistaba. Estaba comenzando el mes de septiembre, tenía solo cuatro meses para decirle toda la verdad. ¿Qué le diría? Era seguro que Katheryn no pasaría del año nuevo y si lo hacía, al día siguiente sería eliminada.
Tal vez fuera el caso de pedirle ayuda a Heidi, una de las chicas que estaba con ellos. Heidi era la única que estaba con ellos por miedo, sabía que después de que asesinaran a Katheryn sería la siguiente, pero Ethan estaba seguro que él era el siguiente y no ella. Pero al menos intentaría liarse con ella y conseguir más tiempo para pensar en alguna forma de que toda la absurda idea de Palmer se fuera al demonio.
Los dos emprendieron el viaje directo a Nueva York, por el singular hecho de que ella no tenía ni la más mínima idea de que estando en su antigua ciudad natal, él le revelaría todas sus dudas.
-¿Has estado alguna vez en lo más alto de la estatua de la libertad?—le preguntó, Katheryn negó con la cabeza y él sonrió. —qué suerte, porqué iremos a ese lugar en cuanto lleguemos.
La velocidad en la que iban era rigurosa. Suerte que ambos tenían el mismo gusto de música, sino se hubieran aburrido antes de al menos llevar dos horas de camino.
Ciertamente, los dos tenían bastante química y eso hacía que congeniaran más de lo requerido.
Tres horas más tarde el sol comenzó a ocultarse, les faltaban por lo menos tres horas y media de camino y a Katheryn comenzaba a sentirse enferma, sus parpados le ardían por el clima y tenía las piernas adormecidas pero no se quejó. No quería incomodarlo en nada, quería estar feliz con él sin ningún problema.
-¿Quieres que nos detengamos para estirar las piernas?—le preguntó.
-Nos atrasaríamos mucho. —respondió apenada.
-Qué va. —disminuyó la velocidad y se orilló bajó un árbol seco. —nada de atrasarnos, las piernas las tengo adormecidas, ¿A caso tú no?
-Sí, también.
Los dos bajaron del auto y se estiraron aliviados.
-¿Alguna vez has visualizado algo en tu mente?—le preguntó, cerró los ojos inhalando el aire fresco del ambiente.
-No.
-Deberías hacerlo. —dijo, aún sin abrir los ojos. —observa todo a tu alrededor y grábalo en tu mente, luego cuando estés lejos de aquí puedes visualizarlo de nuevo. Es como si regresaras a este lugar.
-¿Tú lo haces con frecuencia?—Katheryn se acercó más a él.
-Lo hago del diario. —embozó una sonrisa y abrió los ojos.
-¿Por qué?
-He vivido en todas partes y he visto lugares impresionantes, aunque casi nunca regreso al mismo lugar dos veces, pero al visualizarlos en mi mente es como si estuviera de nuevo ahí, en todos los lugares a los que he ido. —repuso. —es confortable.
-Creo que intentaré llevarlo a cabo, suena interesante.
-Puedo enseñarte hacerlo, sí quieres. —se ofreció.
-¿No es solo observar y cerrar los ojos?—preguntó curiosa.
-No. —Le sonrió con calidez. —tienes que concentrarte bien, observar con detenimiento y grabar cada parte del lugar en tu mente.
Katheryn observó con atención todo a su alrededor, la solitaria carretera en medio de la nada y con algunos árboles cerca de ellos. Parecía un sueño, un sueño tranquilo y sin complicación. Inhaló y exhaló un par de veces, visualizó todo y se volvió hacia él.
-Creo que ya lo tengo.
-Excelente. —Se recargó en la puerta del auto. —quiero que también lo hagas cuando estemos en lo más alto de la estatua.
-No lo dudes. —vaciló ella.
-Quiero que visualices todo lo que tengas a tu alrededor en los próximos cuatro meses que quedan del año. —su voz se volvió agitada y tragó saliva. Ella lo miró perpleja.
-¿Por qué debería de hacerlo por cuatro meses?
-Solo hazlo, ¿Sí?—le dijo suplicante. —No preguntes, solo hazlo y ahora sube al auto. —Hizo una pausa. —debemos seguir.
Katheryn se forzó a visualizar todo a su alrededor, cada árbol, cada auto que pasaba a toda velocidad junto a ellos, visualizó a Ethan, quien conducía con el rostro neutro y algo cansado.
Aquel viaje tan inesperado era uno de los más interesantes que tal vez ella tendría por el resto de su vida. Jamás había viajado con alguien & mucho menos a su antiguo hogar, que era muy seguro que no quedaba ningún rastro del pueblo, que siglo y medio atrás estaba lleno de vida.
Las horas pasaron, el sol se ocultó por completo entre las montañas lejanas. Katheryn se había adormecido al estar visualizando todo el resto del viaje y Ethan lo sabía.
Katheryn se despertó una hora más tarde, el auto ya no estaba en movimiento y Ethan no estaba por ningún lado. Salió a tropezones del asiento del copiloto y resbaló rotundamente en un pequeño charco de agua revuelto con hojas y ramas.
-¿Ethan?—carraspeó poniéndose de pie. — ¿Ethan, dónde estás?
No hubo respuesta.
Observó lo que tenía a su alrededor. Árboles gigantescos, troncos sucios y viejos, parecía un bosque abandonado. Pero había algo en aquel lugar que se le hacía familiar, el aroma, los árboles, el aire. Todo.
Enseguida sintió un escalofrío terrible, alojarse en toda su columna vertebral.
Estaba en casa.
Estaba en el lugar en el que había nacido, donde solía vivir con sus padres y sus hermanos, pero ahora no era más que un sitio solitario, abandonado y destruido.
Buscó a su amigo por todas partes, se limitó a mantener la cordura y no perder la cabeza. Al estar ella ahí, sentía que iba a romper a llorar, inundada por los dolorosos recuerdos.
Ramas siendo cortadas, pisadas sobre hojas secas. Katheryn se volvió de un lado a otro buscando la persona que estaba haciendo esos ruidos, Ethan venía cargando unos tronquitos de madera sobre sus manos.
-¿Dónde demonios te has metido? Estaba por gritar, lo juro. —se quejó.
-Fui por leña. —Dejó caer los troncos al suelo. —pasaremos la noche aquí, es un sitio agradable, ¿no crees?
-No, no es agradable. —espetó. —es horrible.
-¿Te recuerda algo?—preguntó con cautela. Ella lo miró fijamente y negó dudosa con la cabeza. —entonces no veo el problema por el que quedarnos.
-Pensé que nos hospedaríamos en un hotel. —bufó. —vaya forma de intentar conocer a una chica, Ethan.
-Solo será por esta noche. —le sonrió, segundos después comenzó a hacer una fogata.
-Hay algo en ti que no me da confianza. —dijo Katheryn después de estar en silencio observándolo.
Ethan dejó caer su encendedor sobre el fuego. Su rostro se puso frío y apretó la mandíbula pero no dijo nada.
-¿Estás ocultándome algo?
-No.
-Algo me dice que sí y quiero saberlo ahora. —Sentenció de malhumor. —este lugar es sagrado para mí y sé que lo sabes, pero quiero que me digas como fue que lo supiste.
-Se muchas cosas de ti, Katheryn. —se dejó caer sobre las hojas secas, su rostro estaba iluminado por el fuego de la fogata, incluso Katheryn pensó que eso le resultaba aterrador.
-Apenas nos conocemos de dos semanas más o menos, ¿Qué cosas crees saber de mí?—inquirió.
-No es el momento de hablar de eso. —Arrojó una pequeña roca a la oscuridad. —y no insistas.
Él se levantó del suelo y se alejó unos pasos de ella. La luz de la fogata le daba un color delirante a todo el lugar.
-¿Eres algún tipo de acosador y secuestrador sexual?—le preguntó curiosa, él soltó una sonora carcajada. —hablo en serio, Ethan. ¿Quién rayos eres?
-Me llamo Ethan Quin. —Dijo con vacilación. —soy tu terriblemente sexy vecino, y ya sabes con exactitud quién soy.
-Sé tu nombre, pero no tu historia.
-Tampoco sé la tuya, eso es un empate.
-Pero yo no soy la acosadora.
-¿Crees que soy un acosador?—se volvió para mirarla. Sus ojos verdes parecían amarillos con el resplandor de las llamas.
Ella asintió & él se echó a reír.
-Créeme que si lo fuera, tú no estarías sana y salva justo ahora. —le regaló un guiño y ella se ruborizó.
-Ya, está bien. —Alardeó incomoda. —dijiste que iríamos a la estatua de la libertad y estamos lejos.
-Sí, pero es tarde. —Frunció las cejas. —Debemos dormir, aún hay tiempo… antes de diciembre…-susurró para sí.
-¿Antes de qué?
-De nada. —sonrió titubeante. —traje algo de comer, espera aquí.
Se echó a andar en dirección de su auto.
Katheryn se quedó perpleja pero no dijo nada. Solo lo observó en todo el trayecto.
Ethan trajo consigo una enorme hielera, y adentro tenía varios botes de comida enlatada, sodas y helado.
-¿Quieres un poco?—le ofreció.
Katheryn le quitó una soda de las manos y se sentó encima de un tronco caído y muy cerca de la fogata.
Los dos estuvieron comiendo en silencio, solo el sonido de las llamas flamantes y los grillos sonaban. Todo era silencio.
-¿Dónde dormiremos? En el auto, ¿no?—preguntó ella, Ethan se encogió de hombros.
-Tú duerme adentro de mi auto, yo estaré afuera. —se acomodó más en las hojas secas y le sonrió. —me gusta el aire puro.
-Como desees. —se levantó titubeante, se sacudió el polvo de los pantalones y se encaminó al auto de su amigo.
Estando dentro del auto, observó detenidamente a Ethan. Él no se movía de su sitio, estaba mirando al fuego fijamente, ni si quiera parpadeaba, eso asustó a Katheryn. Pero luego, él soltó un bostezo alarmante y después se tendió sobre las hojas secas. Ella se mordió los labios, indecisa, no le parecía correcto que él durmiese fuera mientras que ella estaba adentro de su auto con todas las comodidades. Si él no entraba al auto, ella tendría que ir con él. Y al parecer eso haría, bajaría e iría a hacerle compañía.
Sin hacer ruido se tendió junto a él para poder sentirlo cerca y poder dormir tranquila sabiendo que tenía a alguien que podía velar su sueño.
Minutos más tarde sintió una cálida mano enroscarse sobre su cintura. Katheryn sonrió a sus adentros y cerró los ojos para dormir.
Le ardía el rostro, frunció el ceño y se llevó las manos sobre los ojos y frente, sus mejillas ardían. Abrió los ojos al instante y se topó con los rayos fulminantes del sol que anunciaba furiosamente que ya era de día.
Junto a ella estaba Ethan de espaldas, aún dormía.
Katheryn se levantó y se sacudió la ropa. Su cabello azulado con plata, estaba desmarañado y lleno de hojas y hiedra seca. Gruñó y se quitó las polvorientas hojas del cabello.
-Ethan, ya es de día. —lo movió ligeramente, él murmuró palabras sin sentido. —bien, sigue durmiendo. Iré a lavarme la boca y el rostro. —le aviso, a sabiendas que él no la escuchaba.
Ella hizo lo que tenía que hacer, su estómago le dolía y decidió beber la última soda que quedaba. Ethan aún no despertaba y comenzó a preocuparle.
-Oye, despierta. —se arrodilló frente a él. —Ethan, ya es tarde.
Pero él solo se movió enfadado, gruñó y se dio la vuelta.
-¡Levántate!—gritó exasperada, unos pájaros que estaban sobre un árbol salieron volando asustados.
Él saltó asustado del suelo y se puso a la defensiva, dándole un golpe en la mejilla a Katheryn sin querer. Ella gimió adolorida. Pero enseguida Ethan recobró la compostura y el rostro se le desfiguró de terror.
-¡Cielo santo, Katheryn!—la abrazó alarmado. —lo siento, ¿te duele?
-No… no mucho. —ella mantenía su mano sobre su mejilla herida.
-Déjame verte, en serio lo siento. —sus ojos esmeraldas demostraban angustia.
-Fui yo la que te desperté de esa manera, lo siento. —Dijo, Ethan le revisó la mejilla que estaba al rojo vivo. —estaré bien.
-Te saldrá un moretón, en verdad lo lamento. —Bajó la mirada al suelo. —soy un idiota, jamás quise golpearte.
-No es tu culpa, lo que pasó fue un accidente. —insistió ella.
-Pero te he golpeado. —apretó los puños.
-Ethan, tranquilízate. —lo sostuvo de los hombros. —no pasa nada, ¿de acuerdo?
-Quiero protegerte y termino haciéndote daño.
Katheryn lo abrazó fraternalmente, él la abrazó con fuerza sin dejarla ir. No quería soltarla.
-No te apartes, ¿sí? Quedémonos así un largo rato. —le susurró al oído. Ella asintió.
Su mejilla había mejorado, solo se miraba una ligera línea roja sobre ella. Ethan pareció aliviado y decidieron adentrarse a la extensa ciudad e ir a la estatua de la libertad.
El aire azotaba la rebelde melena de Katheryn, el sol brillaba radiante sobre ellos. El día era sensacional, tenían planes de recorrer las calles y tomarse fotos como buenos amigos, o al menos eso pensaba Katheryn.
-¿Sabes algo, Ethan?—dijo, él giró a verla sin soltar el volante.
-¿Qué ocurre?
-¿Qué somos nosotros exactamente? ¿Somos amigos… vecinos… novios?—se sonrojó. — ¿Qué somos?
Él le sonrió divertido.
-Somos lo que tú creas que somos.
-Esa no es una respuesta.
-Bien, ¿Tú qué quieres que seamos? ¿Quieres que seamos solo amigos, o algo más?—elevó una ceja.
-Define “algo más”. —inquirió.
-Novios, pareja, amantes…
-¿Amantes?—lo miró ceñuda. —estás loco.
-Pero por ti. —Le sonrió amistoso, ella se hundió el asiento sin saber que decir. — ¿Quieres salir conmigo?
Ethan redujo la velocidad al ver el semáforo en rojo. Las mejillas de Katheryn querían arder en llamas.
-Define…
Pero antes de terminar la frase, Ethan la besó.
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