Anécdota 48
Anécdota de @AraDeMaslow
Ese día era lunes, y resulta que por mera coincidencia del destino, mis dos mejores amigas y yo estábamos en nuestro periodo, así que literalmente era:
—Oigan, ¿no estoy manchada?
—A ver, voltéate... no lo estás. ¿Y yo?
—A ver... No, Janet. ¿Y yo?
—Ay no; sí te manchaste, pero muy poquito.
¿Adivinen quién se manchó? ¡Exacto! ¡Yo!
La mancha era muy pequeña, de modo que solo me hice un doblez en la falda y el suéter se encargó de taparla. El problema ocurrió dos horas después: me iba a ver con mi novio atrás de los salones; íbamos a fajar (sí, soy una maldita pecadora).
Una vez estábamos ahí, comenzamos lo acordado y cuando llegó a mi trasero, me acordé de la mancha. Lo empujé, y él me miró confundido; fue entonces cuando los dos vimos su mano. ¡El maldito Andrés había dejado un rastro de sangre en sus dedos! Estaba que me moría de la pena.
Me preguntó si estaba bien y me dijo que no había nada de malo, que era normal y que no me preocupara. Luego me volvió a besar. Él se encargó de llevarme a mi casa y me dijo que me olvidara de lo que había pasado, ya no importaba.
¿Adivinen quién cumple ya cinco meses de relación?
Otra persona en el mundo, porque nosotros terminamos dos días después del incidente.
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