Anécdota 33
Anécdota anónima.
Era lunes y para mi mala suerte... había llegado Andrés. Nos tocaba formación, ¿y quién no odia formación? Estar ahí parada desangrándote mientras escuchas las exposiciones de fechas cívicas o cuando habla el director. La cuestión es que yo era la primera en la fila de mi salón y mientras hablaba el director, yo me reía internamente de su voz.
Al parecer lo que sucedió después fue el karma actuando.
Siempre tengo una toalla en el bolsillo pequeño de mi mochila en caso de emergencia, ya sea para mí o alguien más. El caso es que una amiga por curiosidad abrió el bolsillo y...
—¡UNA TOALLA! —gritó ella al tiempo que la sacaba.
Todos, incluido el director, voltearon a verla. Yo estaba muy roja, con la poca dignidad que me quedaba le quité la toalla de la mano para guardarla en el bolso de mi falda. Después de eso el director repartió miradas entre mi amiga y yo, y prosiguió. Así fue como todo el colegio se enteró que me había llegado Andrés.
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