En medio de personas que ofrecieron su lealtad a mí, solo pocas se mantuvieron tras probar la crueldad del riesgo.
Entre ellas una sorpresiva.
—Aurora fue a recoger a tu nuevo psiquiatra.
—No requiero a uno.
Por seguridad, Maxif todavía se hospeda en el palacio de Kara, sin embargo, me negó por completo su guía profesional para mi trastorno.
—Lo hubieras dicho antes —se queja Sam siguiendo mis pasos al baño—. El embarazo de Aurora está en riesgo luego del ataque de tu padre. Hace un esfuerzo por ayudarte, no puedes menospreciar esto.
Rosa, la espía de mi padre que puse en mi bando cuando maté a Jenkins, fue descubierta por el rey un día antes del ataque al palacio.
Él ordenó la captura y eliminación de Aurora al descubrir que lo espiaba, por fortuna mis hombres lograron sacarla de Teorvek antes de que pudiera lastimarla. No obstante, la experiencia fue tan traumática que casi le provoca un aborto camino a Kara.
—No desprecio la ayuda, pero estoy bien ahora. Tengo mi tratamiento y estos días no hubo nada fuera de lo común que pueda ser una alerta.
—Incluso con eso debes tener por lo menos una cita cada mes.
—Dije que estoy bien. —A excepción de mi brazo derecho que todavía no recuperaba movilidad.
—Fue mi papá quien me dio el contacto, será tan bueno como él si es lo que te preocupa.
—¿Mencionó algo por mi ausencia en el entierro?
Habían sepultado a Ankia en el jardín de las rosas, cerca de la estatua de mi madre. Yo lo pedí antes de caer por completo en mi episodio depresivo. Tres días de eso, hoy apenas despertaba de un largo sueño.
—Que por respeto fue lo mejor que pudiste hacer —dijo ella después de segundos en silencio—. Sabía que estabas deprimido, no lo creas. Aún nos duele su partida.
—Pero él me odia, eso lo hace diferente de ti.
—Lo sé. Falló al intentar alejarnos de este conflicto, por eso está enfurecido.
—Tú también deberías alejarte, todavía puedes.
Sentí el agua tibia caer en mi cabeza y empapar mi cabello, Sam se dedicó a lavarme bien hasta que terminó y me entregó una toalla para que me secara.
—¿Por qué haces esto?
—Por Zov. Eres el único que puede salvarlo.
—¿Lavarme el pelo hará que sea más eficiente el salvar a Zov?
—No, pero tienes el brazo entumecido, no podrías haberlo hecho solo y tienes que ir pronto a Gienven.
Mi padre convocó una pronta reunión en el palacio de Gienven y yo tenía un pedido urgente, por ello que, apenas terminado mi episodio depresivo, me levanté de la cama para preparar todo y partir. Sam apareció en medio de eso para ayudarme a planear el transporte y, al verme desaliñado, me obligó a entrar a la ducha.
—¿De verdad? —le pregunté.
—Tu padre no puede verte demacrado por tus episodios depresivos o creerá que has estado perdiendo el tiempo.
—Es lo que hago.
Ella no responde y parece pensar algo cuando de repente pregunta:
—¿Por qué nunca se lo dijiste? A Zov.
Alzo la cabeza, recordando. Entiendo a quién se refiere.
—Hubo una ocasión en la que estuve ciego y dispuesto a hacerlo.
—¿Por qué no?
—Era mucho riesgo. Para todo. Aunque pudo creerme o no, hubiera sido momentáneo. La verdad estaba ahí cuando me entregué a él para que aceptara. No lo hizo y fue lo mejor.
Aún tengo fresco el recuerdo de la noche en que de rodillas le imploré para que me aceptara.
—Él hubiera aceptado huir. ¿Eso es lo que le ibas a proponer?
—De hecho —acepto, sintiéndome un tonto que casi me echo a reír—. ¿Tú qué crees que hubiera pasado si huíamos?
Mientras seca sus brazos con una toalla, baja la cabeza con resignación.
—Los habrían matado.
—Enamorarme de Zov es la cosa más peligrosa que me ha pasado. No pienso de manera real. Me hace vivir en una fantasía, una un poco oscura, pero lo hace. Eso me obligaba a creer que existía una posibilidad de escaparme con él. Que podíamos irnos y vivir lejos de todo el teatro de mi padre. No. —Por fin me rio de forma amarga—. Él no me eligió y eso fue lo mejor. No quería verlo al principio, pero su decisión nos salvó de mi estupidez.
Reconocer la verdad me vulnera.
—Cada noche pienso en lo mismo. Veo oscuridad y pérdidas. Nunca aspiro a tu vida ni a tus decisiones, aunque deseo pensar en lo que yo hubiera hecho mejor para salvarlo. Después de que tus intenciones terminaron en errores y Zov acabara así, intento imaginar otra forma que no hubiera sido la tuya para engañar al rey y robar su otra víctima. Una que funcione casi tan bien como la tuya.
—No funcionó.
—Todavía no. Puede que nada más hubiera conseguido funcionar exactamente así. Tu padre sigue engañado pensando que justo ahora gozas de disponer a Zov contigo para torturarlo. Te quebraste la cabeza para construir a ese personaje que tanto me disgusta, y lo conseguiste. Porque lo odié y tu padre lo adoró.
—No tras esa noche. Casi me desmorono frente a él y lo notó. Lo estaba consiguiendo hasta que Vania tocó mi punto, por qué él lo sabía bien. Así que todavía no sé cómo puede creerse la idea de que detesto a Zov.
—Sospechaba de tu debilidad, mas, no la sabía por completo.
—Claro que lo hacía. Verme interesado por Zov fue algo que me salió de forma natural. Cualquiera que me mirara fijamente podía deducirlo.
—Tal vez fui muy injusta contigo al principio. No te quito la culpa —me vuelve a mirar—, como no puedo dejar de culpar a otros por lo que les hicieron a ustedes dos. A tu madre y a ti —aclara.
—No sientas pena por mí, Sam. No merezco eso.
—Pues la tendrás —espeta molesta—. Me escucharás. Porque me la pasé juzgando y odiándote. Debí poner mi apoyo, pero en su lugar me dediqué a tirar mierda como una niña enojada. Yo no podía comprender tu dolor ni tu lucha por derribar a Zov. No veía nada más que a un niño psicópata que deseaba matar a otro.
—Tal vez siempre haya sido un psicópata. De haber sido un niño normal, no estaría en esta situación.
—Tu padre también tuvo culpa. La mayor de todas fue meterte a la cabeza que tuviste algo que ver con la muerte de tu madre.
—La tengo.
—Es como si me culparas a mí por la muerte de Ankia. —Se acerca como si pensara en hacer algo más, no obstante, se planta y suelta un largo suspiro—. Libera a Zov, porque no puedo verlo engañado nunca más.
—La venda ya cayó y me encargaré de limpiar su camino para que empiece de nuevo.
—¿Vas a matar a tu padre?
—No.
—Sabes que mientras él viva, todos aquí estaremos en peligro. Salir de Teorvek no ha cambiado nada, solo seguimos atrapados en otro lugar. Escondidos como ratas.
—No puedo matarlo porque no es algo que me corresponde a mí. Zov es quien debe acabar con ambos.
—Entonces, ponte de pie y ve a mentirle a tu padre.
...
El estar tan alejado del conflicto en Teorvek, me hizo sentir un extraño cuando reconocí las calles sucias del reino. Los carteles de "cerrado" y "productos agotados" en las tiendas. Los volantes con el sello de la bandera de Ledya tachados con equis rojas y cientos de banderas de Teorvek, ondean la entrada del palacio.
Más pancartas con escritos rechazan a la mayoría de pueblerinos y gente de mi reino que había optado por invadir la ciudad para establecerse y apoyar al rey.
La resistencia era obvia. Supuse de inmediato que esos mismos ciudadanos habían dejado su oposición escrita en las grandes paredes. Cuando ingresaba, reconocí a uno cerca de las rejas; en pintura negra decía:
"En negro, porque será el color que verán al morir"
El auto siguió, abandonando las calles vacías y grises.
La imagen magnífica que un día me hizo adorar este reino, se había contaminado por el humo de las llantas quemadas en la vía principal.
Fue como si haber matado a los Gienven y también hubiera apagado la luminosidad de esos días.
Dentro del palacio no existen tantos cambios, hasta que me dirijo a la sala de reuniones que el rey ha declarado como una herencia para mí.
—Qué gusto verte, hijo.
Mi mente sale volando a la repugnancia y la perplejidad, al ver la cabeza del rey Esneg incrustada en una lanza larga que al mismo tiempo sostiene un diseño nuevo de la bandera de Ledya.
Una tela roja en mayor parte y una verde oscura al final. En el centro reconozco una cruz dorada y a su costado izquierdo una estrella. La rosa no existe más.
—¿Qué es esta barbaridad?
—¿Qué? —Él gira atrás y luego, al ver la cabeza de Esneg emite un sonido de sorpresa—. ¡Oh, eso! La hice disecar para no atraer moscas en este lugar. Después de todo, debemos concentrar nuestras cabezas aquí para acordar futuros trabajos.
—Es ahora mi palacio —insto con repudio—. No quiero esto aquí.
Siento un gran malestar al ver como la luz hace brillar el pelo blanco distintivo de los Gienven. Solo puedo pensar en que Zov habría terminado de esa manera si yo no lo impedía.
—Es nuestra nueva bandera. Reconoce sus nuevos símbolos. —Extiende la tela y la visualizo por completo—. La cruz representa la muerte y la extinción de Gienven y las dos estrellas —señala con su dedo—, es la conquista de dos reinos. Cuando unamos ambos seremos solo una nación y una nueva era empezará.
—Quiero que la quites de aquí.
—No. Tú no tienes ningún poder aún, Krooz. Me enteré de que tienes a esa aberración viva. ¿Qué es lo que planeas? ¿Esperar a que despierte?
—Precisamente eso, ya que tu maldito consejero lo dejó en ese estado. Permitiste que tomara mi posesión y, ahora inválida por él, no me sirve de nada.
—Si ya ha terminado su tiempo en este mundo, ¿por qué esperar? Si tú no lo haces, yo mismo iré allá por él.
—No me he saciado aún. Trabajé tanto para esto. Lo quiero a como estaba, cómo te lo pedí en un principio.
—Bueno, no puedo hacer nada por ti respecto a eso. Las cosas aquí se tornaron algo complicadas y requiero que tomes el poder lo más pronto posible.
—¿Dónde está Vania?
Mi padre menea su cabeza y suelta una sonrisa fastidiada.
—Esperaba que lo tuvieras tú.
—Si así fuera, no hubiera venido hasta aquí para pedírtelo.
—¿Pedirme? —inquirió con curiosidad—. ¿Sigues teniendo pedidos?
—Quiero que lo busques y lo encierres para mí.
—¿Entonces será tu desquite al no tener a Zov en estado de conciencia?
—No. Vania afectó la salud de Zov y no podré continuar con mi venganza ahora, pero puedo esperar hasta que despierte. Por lo tanto, yo quiero que traigas a ese gusano para distraerme mientras. Le diste mucha autoridad, por eso hizo lo que quiso.
—Bien, podría hallarlo. No por ti, sino por su traición.
Me da algo de calma haber conseguido su apoyo para esto. Mas, todavía existe otro inconveniente que tengo que esclarecer antes de terminar mi visita.
—¿Dónde está Eidriene?
El rostro de mi padre se torna amargo.
—La malagradecida escapó. No entiendo cómo, porque la tenía bien vigilada, pero luego de que te fueras, ella desapareció.
Mi idea se derrumba.
Sin ella aquí no hay otra heredera y estoy condenado a cumplir el mandato de mi padre. Pronto deberé convertirme en el rey de Teorvek.
—¿No te preocupa? —le inquiero.
—¿Tú crees que no la estoy buscando? He puesto a cientos de hombres a dar vueltas a cada piedra en este reino, pero parece que se evaporó en el aire. Supe que sería un problema desde que le hice saber su verdadera identidad. Se opuso por completo y trató de ir por ese maldito de Gienven.
Me sorprende saber que, ni conociendo su verdadera sangre, Eidriene había dejado de luchar por su hermano.
Si yo la encuentro primero, podría ser de gran beneficio. Deberé hacerla, reconocer ciertas cosas. Que esté con Zov le dará más confianza conmigo que con mi padre.
La esperanza de que ella pueda comprender, me hace sentir ansioso por emprender la búsqueda.
—No puedo aceptar el puesto aún —le comento a mi padre.
—Te lo puedo negar más pronto de lo que piensas.
—Tomaré el riesgo, padre. Conoces bien mis esfuerzos, dame primero lo que te pedí cuando me diste la culpa de su muerte. Saciaste tu sed al devorar tu presa, ahora déjame tomar la mía para poder vengarme.
Al terminar, me doy cuenta de que he recitado cada palabra con un tono exaltado y colérico.
—Es así. —Asiento con la cabeza—. ¿Por qué lo conseguiste cierto? Ganamos y estar parados aquí lo demuestra.
En ese punto lo comprende también. Finge tanto como yo, porque lo que tiene ahora no es lo mismo que ha perdido.
—Tómalo. Y calma tu sed.
Me da la razón.
Deseo preguntarle si ese lugar no es desolador.
—Volveré otra vez, y solo entonces me coronarás.
Sin embargo, no me importa, ni el dolor, ni el conocimiento de eso, y quiero que lo sepa.
Que lo ha perdido.
...
Las primeras semanas me debieron bastar para consolar mi inminente realidad.
Yo también he perdido.
Pero me niego a verlo.
Luego de regresar de Teorvek, me puse la tarea de liberar a la madre de Zov para traerla al palacio. Sin embargo, ella también había desaparecido la misma noche del ataque a los Gienven.
Encontrar a varias personas a la vez no era un trabajo sencillo.
Eidriene, Vania y la reina madre parecen haberse evaporado de este mundo, pues no existe rastro alguno de ellos. Pese a eso continué con la búsqueda, no iba a rendirme.
Tras dos meses, cuando la primavera limpió el bosque en Kara, la pierna de Zov sanó y eso me dio más motivo para esperar.
Creé mi propia rutina con las visitas a Zov.
Cada mañana llegaba muy temprano sin retrasarme para llevar a Zooz junto a él. Cuando el gato lo veía, se retorcía impaciente hasta que al final lo echaba en su regazo y se acurruca por minutos encima de Zov, amasando con sus patas la manta que cubría a su dueño. Me hice la idea de que si Zooz todavía lo añoraba, era porque seguía ahí, persistente a despertar, pero esperando.
Zooz fue rescatado por Sam.
Al principio se negaba a comer, estaba tan delgado y débil que temí por su vida.
Si lo dejaba morir, Zov sufriría al enterarse y no podía causarle otro agravio. Así fue que un día lo traje conmigo para que pudiera verlo e intentar que eso lo animara. Mantuve mis visitas en la mañana y noche, de esta manera fue que se me ocurrió crear un condicionamiento para el gato.
Cada vez que salía a visitas, le daba de comer a Zooz, si él lo hacía, lo traía conmigo.
Zooz se adhirió al proceso y respondió favorablemente. Gracias a ello recuperó su peso, incluso empezó a crecer tanto que ya solo le permitía estar encima de Zov unos minutos.
Me emocionaba la idea de presenciar ese encuentro entre ambos. Imaginar la felicidad de él al ver lo mucho que su gato había crecido.
Esta noche vuelvo a ocupar esta silla a su lado, para tomar sus manos y darles calor junto a las mías.
Han pasado casi cuatro meses desde la última noche en que sus ojos me observaron con rabia y dolor. La última, donde su mente se inundó con esa imagen mía y le dio sentido a esos crueles sentimientos, donde su corazón se pudrió con odio y me dio esa promesa.
—Cada lugar, cada toque, cada palabra, cada sentimiento. Siempre fueron reales, mi amor —le repito cada noche, justo antes de besar su mano y frente—. Despierta por favor. Todavía te espero.
Los días son torturas si su voz ya no está.
No puedo evitar adorarlo tanto, aun cuando él jamás se sintió de la misma manera. El corazón de Zov fue tan duro. Pensé que podía traspasarlo, debí verme estúpido desde su perspectiva.
Jamás me quiso ni un poco.
—Voy a matarlo por ti. Mañana iré a Tomvark. Alguien lo vio en el gran puente cruzando desde Vedme. Tu gente sigue oponiéndose a la dictadura de mi padre, se han enterado de que yo suplantaré tu cargo y me buscan para deshacerse de mí —le digo—. No puedo permitirles matarme. Tú eres el único con el derecho, así que voy a volver cuando acabe con Vania.
La puerta es golpeada, rápido reconozco quién es la persona detrás. Rechazo el toque a sus manos antes de responder:
—Adelante.
La enfermera ingresa para cambiar el suero y monitorear los signos vitales de Zov. Todo esto ya es una rutina y la desprecio tanto.
—Alteza, solo tiene cinco minutos más, limpiaremos al príncipe.
—Yo decido cuanto quedarme —le contesto con fuerza sin mirarla.
Para mí solo hay una imagen en toda esa escena, y es Zov pintado de blanco en esa cama. La escasez de color es recompensada con su presencia, no hay necesidad de más.
—Sí, alteza. Permiso.
Tras marcharse vuelvo a sentir la paz de la privacidad. No es que me apene demostrar mi afecto e interés en él, pero no deseo que se cree una duda y sea transportada hasta oídos de mi padre.
No tengo certeza de si todos aquí me son leales. Si mi debilidad se filtrara, en ese momento terminaría todo.
No comprendo los procesos de las personas en coma. Maxif me explicó que pueden tardar días o años en despertar, y eso sí que lo hacen.
Después de unos meses él se acercó a mí para hablar, se ofreció a ser mi psiquiatra y sobrellevamos el duelo de Ankia en un término más sereno. Sam influenció en esa situación y se volvió una persona cercana a mí.
Al principio no supuse que el golpe fuera algo tan grave como para dejar a Zov tanto tiempo en coma. Y ahora me preocupa que nunca vuelva de ahí.
Mi padre no me ha presionado para que regrese a tomar el trono de Teorvek, sin embargo, temo que después de estos meses su calma se acabe y las ideas se me agoten.
¿Qué debo hacer si Zov no despierta?
Puedo rendirme y terminar con mi vida, pero eso no solucionaría sus problemas. Si lo abandono y él abre los ojos un día, estará expuesto a una vida bajo constante riesgo de muerte.
Su amenaza más letal, está ahora en su puesto.
Es mediante este pensamiento que una idea se me presenta, tan brillante como riesgosa.
—Es momento de regresar —le digo al oído—, hay gente que te espera. Solo un Gienven puede dirigir como rey.
El reino de Teorvek debe saber que su príncipe aún vive.
...
Asiento las fotografías en la mesa.
—¿Qué es esto? —Confundida, Aurora recoge las fotos.
Merodeo su habitación y descubro el nuevo espacio decorado en colores azul pastel y crema, hay una cuna con un colgante de ballena y dentro más peluches de animales marinos. Recojo uno y empiezo a jugar con él.
—Zov en coma —respondo de forma obvia—. Hice un par desde el cristal de la puerta para que sea más creíble.
—Eso lo puedo ver bien, pero, ¿por qué estas fotos?
—Está vivo y su gente tiene que saberlo.
Aurora me arrebata la foca y consigue mi atención. Ella me da la mirada más descolocada que he presenciado de su parte.
—¿Estás loco?
—Pues tengo un psiquiatra personal y a veces tengo episodios maníacos, así que... Tal vez.
—Te matarán. —Hace un gesto con su mano para detener alguna respuesta de mi parte—. Corrección —indica—. Vendrán por él y luego te matarán.
—Ya quieren matarme, ¿qué más da? Necesito que vean que su príncipe todavía sigue aquí —insto con convicción—. Generará más rechazo hacia mi padre y eso le dará problemas.
—¿Cómo piensas persuadir a tu padre si se entera de que fuiste tú quien expuso la noticia?
—Muchas personas pueden exponerlo, en especial Vania. Sus pasos tras él son demasiado lentos, la tarea es toda mía. Todavía debo encontrar a la madre de Zov y a Eidriene. Además, con esto ellas lo sabrán, van a buscar la forma de venir por él. Con ellas aquí podemos controlar a la gente de Teorvek, dos de Gienven apoyándome cambiaría mucho el juego de mi padre. Tengo que hacerlo caer antes de que él me derrumbe a mí.
—Sabes que la noticia llegará más pronto al reino, que tú a Tomvark. Vas a ir allá justo cuando la bomba explote. Si la gente te descubre antes de que Eidriene o la madre de Zov aparezcan para defenderte, te colgarán en el puente o quien sabe que otra cosa.
—Los traidores son colgados en el puente —recuerdo otra de las frases escritas por la oposición al nuevo mandato.
—O te clavan en una lanza igual que al rey.
—¿Ves esto? —Recojo mi pelo—. Está casi rojo, la gente no me ha visto en meses.
Mi pelo rojizo natural ha comenzado a crecer de forma acelerada.
—Una cara como la tuya no está en todas partes.
—Pues habrá una —insisto—. Debo confiar en que esto confundirá sus memorias.
—Con las fotos de tu cara afuera no lo creo.
—Solo ayúdame con esto.
—¿Qué haces? —Pregunta al verme abrir los cajones del estante en su habitación.
Sostengo las tijeras mientras examino mi pelo y los mechones negros que quedan.
—Debes cortar lo negro...
—Debes irte pronto —me interrumpe sujetando las tijeras—. Ven conmigo, saldremos y luego partirás directo a Tomvark. La capital está infestada de ratas que aceptan a tu padre como rey. Llevaré las fotos al periódico y la radio de Tekfir, ellos se encargarán de esparcir lo demás.
...
Son cerca de las nueve de la mañana cuando las noticias crean ruido en las calles estrechas de Tomvark. El sentimiento ha despertado y las personas cruzan opiniones para decidir si ir contra la dictadura de Krass o permanecer bajos sus pies como la mayoría está terminando por hacer.
Mientras caminábamos cuesta abajo para ir a la plaza principal, donde la mayoría de casas crean un círculo alrededor de una estatua de Borks I, escuchamos una charla que vibra en nuestros oídos como una alarma.
André y yo nos detenemos.
—El consejero del rey les envió una invitación, el centro se está vaciando para bombardear al escuadrón de Krooz. Deben estar aquí ahora, buscando al hombre, pensando en que lo han acorralado —conversa un hombre mientras sostiene el periódico.
—Que el príncipe Zov esté vivo cambia mucho las cosas, pero aún debemos dar con su ubicación.
—Deben tenerlo los de Romaniv, ¿quién más podría impedirle huir?
—Pero no parece estar en estado de maltrato, luce como si se recuperara de algo. Alguien debe estarlo ayudando.
—Si así es, ¿por qué no ha salido en todos estos meses a luchar por su patria? Alguien más nos lo dio a saber y no es la persona que lo tiene.
Hago una seña a André para que arrastre al hombre hacia el callejón mientras yo tomo al otro para hacer lo mismo.
—¿Qué hacen? No tenemos nada. —Suelta con pavor el hombre del periódico. Se aterra tanto que al final lo deja caer al suelo.
—Esta crisis nos ha quitado tanto, no podemos robarnos entre hermanos —exclama el otro.
—No venimos a robarles —les aclaro—. Quiero más información sobre los planes de consejero del rey.
—¿Dónde han estado que no lo saben? Esto lleva casi un mes de planificación.
André y yo nos miramos consecutivamente.
Hemos caído en la trampa de Vania.
—Venimos de Zovinkia —le dice mi amigo—. Nos negamos ante la dictadura del rey y pensamos en emigrar a Vedme.
—Pero no podemos evitar unirnos a esto sí piensan vencer al príncipe de Romaniv.
El hombre que sostengo me analiza con detenimiento tras mis palabras.
—Qué coincidencia, te pareces a él.
Suelto una carcajada.
—¿De verdad? —Inquiero con diversión—. Eso es un halago.
—No, creo que es una realidad.
Reconocer su voz me da un escalofrío que me petrifica.
—Te esperaba más tarde, Krooz.
Libero de inmediato al hombre que sostenía por las solapas y me volteo hasta aquella dirección donde él está. A pesar de que ahora tiene el cabello más corto y una barba, mantiene el porte refinado al moverse y, además, lleva puesta la misma ropa que la noche del ataque.
—Yo te he esperado durante cuatro meses. De los cuales he cuidado y esperado por Zov, convirtiéndome en un creyente más solo por algo de fe para verlo levantarse de ese lugar donde tú lo pusiste.
Su expresión siempre neutra persiste, aun así, termina por acercarse.
—¿De verdad yo lo puse ahí? —me pregunta—. ¿Acaso no eres tú quien lo engañó? ¿No eres el nuevo rey de Teorvek? Porque es todo lo que se escucha por aquí.
—Lo confirmó —escucho tras de mí, en tono sorpresivo—. El príncipe sigue vivo.
—¿Conseguiste poner de tu lado a estas personas mintiéndoles? Parece que piensan que tú eres perseguido por mí y por mi padre, por ser el último hombre fiel a los Gienven. No conservas nada de vergüenza ni remordimiento.
Vania sigue sin titubear, no hay un gramo de temor en él a pesar de que la última vez casi lo mato.
—Ustedes llamen a los demás. Vamos a cobrar la traición de este hombre —ordena Vania.
—A quien deben colgar en el puente es a ti.
—Traigan a los demás —espeta de nuevo—. Ahora.
Ambos hombres aceptan la orden y se apresuran a esparcir la noticia de nuestra llegada.
—Entonces ocurrirá de esta manera. Tú te conviertes en el héroe tras matarme y luego, ¿qué? ¿Irás por Zov? ¿Lo asesinarás para concretar tu recompensa y quedarte con el trono? ¿Todavía continúas luchando por esa estupidez?
Sé que estoy acorralado.
—Una estupidez que trabajé gran parte de mi vida, sí.
Lamento mucho que hoy mi vida termine, no por mí, por Zov. Ya no podrá satisfacer ninguno de sus propósitos para conmigo.
—No —dice él, negando con la cabeza—, no ocurrirá de esa manera. Porque sería un juego bastante aburrido. Te seré sincero con algo, Krooz. No has vivido lo suficiente como para ganarme. Sé que me buscas desde hace tanto tiempo y que incluso tu padre te ayuda con ello, y aun así estás aquí, completamente inútil. Me encontraste porque yo lo permití.
—Estoy harto, de todo lo que confiere tu repulsiva mente. ¿Para qué me trajiste?
—Repulsiva —indica alzando el dedo índice mientras afirma con la cabeza—, y hábil. —Alza un dedo más—. Despiadada, asertiva. —Baja los cuatros dedos para apoyar su quijada en ellos. —¿Cuál crees que sería la otra? Si lo piensas te concederé algo.
—No participaré en un diálogo absurdo. Vine aquí para matarte y es lo que haré.
En ese momento retira su mano del bolsillo de la gabardina y una pistola plateada reluce ante la luz del sol de la mañana.
—El único diálogo absurdo es el que usas para continuar perdiendo tus últimos minutos de vida. Vamos sobrino, sé un poco inteligente. ¿O quieres perder la oportunidad de volver junto a Zov?
Apunta en mi dirección después de retirar el gatillo, su mano es firme.
—¿Por qué planeaste esto?
—Diversión quizá —suelta sin interés—. Lo sabrías si pensaras en la última cualidad de mi mente.
—Piénsalo, Krooz —habla André a mi costado—. Lo conoces desde niño, debes saberlo.
Miro a Vania, queriendo alcanzar un destello de verdad en esos ojos fríos, en esa expresión vacía. La existencia de mi búsqueda se queda perdida, pues no siento nada en esa mirada. Mi desagrado tal vez me lo impide. Por ello rememoró su vida a través de los vistazos ocasionales con otras personas que no fueran yo. Vania es bueno mintiendo. Aun así, amaba a sus parejas y a su vida en Teorvek, también quería a su hijo. —Ese hombre no habría destruido aquello solo por ambición—. Es lo que cualquiera puede pensar. Pero después ves las cosas que les hizo, y entonces te confundes.
No hay nada. Yo no conocía a ese hombre frente a mí. Y quien lo conociera, tampoco podía afirmar que lo hacía con certeza.
—Devoción. Una mente con pensamientos devotos.
Él alza las cejas y después su sonrisa se extiende.
—Sé que puedes hacerlo mejor.
—En realidad no. Puedes jugar a la ruleta conmigo y si en tres tiros no aciertas, me concederás eso por lo que estoy aquí.
—No, porque es más sencillo. Sé que tú creías algo de mí y tuviste razón —por fin, escucho sinceridad.
¿Qué era lo que yo pensaba de él?
—Creí que no podrías lastimar a Zov, y lo hiciste, así que no puedo tener la razón.
Ningún gesto de reacción ante esas palabras y entonces lo comprendo.
—Culpa.
Había dicho lo correcto.
Verlo en una posición similar a la mía me hace parar cualquier acción.
—¿Qué sentido tiene todo esto? ¿Matarme te quitará la culpa? ¿Así le devolverás a Zov lo que merecía?
—No, porque le quitaría lo que merece. Te hice venir para castigarte con mi verdad. Tú viste la tuya hace años, la vi y la ignoré. Hoy ves la mía y la vas a tomar para luego irte. Porque debes estar ahí cuando Zov despierte y él debe odiarte.
Vania baja la pistola y la guarda de nuevo.
—¿Tomas mi destino para aliviarte? —le pregunto con fastidio—. Eso no es algo digno de un culpable. Busca otra forma para liberarlo, porque yo encontré la mía y no dejaré que tomes el mérito por ella.
Ahora sé que el único peligro aquí son los hombres que fueron a esparcir la voz, así que, una vez entiendo que el objetivo de Vania ha terminado, empiezo a caminar.
—La única forma de salir es el puente —avisa él—, lo demás está minado. Nos veremos otra vez, si consigues salir de esto.
Vania avanza hasta el fondo del callejón, donde la gente embravecida se avecinaba hasta nosotros. Él se detiene encontrándose con los cuerpos en movimiento que lo ocultan poco a poco hasta que desaparece.
Bạn đang đọc truyện trên: Truyen247.Pro