
Capitulo 5
Hollywood Hills es un área de California que se considera parte del distrito de Hollywood. En esta región de Hollywood está el parque Griffith (conocido a nivel mundial por ser uno de los más grandes de Estados Unidos), el famoso letrero de Hollywood, el Hollywood Bowl y el observatorio Griffith (lugar donde puedes ver el centro de California, Hollywood y el Océano Pacífico); además es conocido porque aquí se encuentran las residenciales de algunos famosos.
Lo bueno de ser yo es que a mí me importa una mierda encontrarme con Brad Pitt o Ben Affleck por las calles.
Camino a paso ligero —como estoy acostumbrada a caminar últimamente— para tomar el bus al estudio.
Como siempre con mis auriculares escuchando a muy alto volumen una canción rápida que me anime a empezar el día.
Ya no aguanto esto de andar en bus, me irrita relacionarme con muchas personas a diario. No me gusta que me toquen, ni me zumben, ni que me queden viendo como si soy un extraterrestre en los buses. No es que sea una chica de taxis pero no me gusta hacer contacto con personas que no conozco ni quiero conocer.
Todo el tiempo es de estar despotricando contra la humanidad y sus estúpidas vidas aburridas y monótonas. Por eso quiero irme a estudiar a la universidad cuanto antes, quiero vivir aventuras, descubrir nuevos lugares, hacer arte y exhibirla en todo el mundo; no quiero ser un robot que va de su casa a la oficina.
Bajo del autobús preparándome mentalmente para caminar esas tres largas cuadras al estudio y se preguntarán ¿Por que Mike no me trae en su auto? Simple, ¡Por que es una amenaza al volante! Prefiero mil veces caminar sobre llamas a subirme en un auto con él.
Cruzo la ultima calle que me queda para llegar al set de grabación pero el exagerado sonido de un claxon hace que me sobresalte y automáticamente lleve una mano a mi pecho para calmar los acelerados latidos de mi corazón.
—¡¡Fíjate por donde caminas niña tonta, ¿en donde tienes la mente? Pude haberte matado, ¡¡Despistada!! —un taxista empieza a gritarme y les juro que jamás pasó por mi cabeza siquiera fijarme para cruzar la calle, pude haber muerto de la manera más tonta.
Le saco el dedo corazón al taxista sin darle la cara. Me vale que yo haya tenido la culpa ¿que derecho le da de gritarme?
Como siempre algo arruina mi hermosa mañana y me pone de mal humor. Baaa ¿a quien engaño? Yo siempre ando de mal humor.
Después de buscar como por 10 minutos la puerta B-22A al fin doy con ella y he llegado a una conclusión: ¿por que mierda no ponen un mapa en este maldito edificio gigante?
«De hecho hay mapas en cada esquina, lo qué pasa es que tú eres tan despistada que ni los volteas a ver» dice mi subconsciente, la única parte racional de mi cerebro.
Abro muy bruscamente la puerta y casi pero casi estuve a punto de golpear a una señora que iba pasando.
—Señora, fíjese por donde camina pude haberla golpeado —escupo en tono molesto.
—Ah si, son estos lentes de mierda que hacen que no vea por donde camino. Mi esposo es un maldito infeliz por no fijarse donde sienta su puto trasero, ojalá se refunda en el infierno. —¡Wow! Primera vez que veo a una señora de avanzada edad decir malas palabras. Por lo general las ancianas son dulces, tiernas y emanan el olor a confianza.
Algo me dice que así seré yo de vieja. ¡Amargada y mal hablada!
—Hey! ¿Es usted la señora Kingston? —pregunto sorprendida.
—Esta misma preciosura que viste y calza —afirma ella. Vaya, que autoestima tan alta.
—Necesito que me presente a su equipo de trabajo y nos pongamos a diseñar los vestuarios —ordeno de inmediato.
***
Al ser yo la encargada del vestuario me divertí mucho diseñando y dibujando. Ahora solo queda tomar medidas.
Después de buscar la ropa adecuada que usaran los niños y las demás personas.. solo queda la de los 3 protagonistas.
—Hey Rob —llamo al chico flacucho encargado de cámaras y también mi asistente.
—Es Bob —corrige.
—Cono sea, llámate a los dos tarados que están en el pasillo y verifica si ya vino la tal Bruce... por-favor —arrastro la ultima palabra.
El chico sale y pasado unos minutos el rubio artificial y el chico empalagoso se hacen presente.
—Buenas tardes —dice el Principiante quien viste sencillamente sensual. Es como ese tipo de personas que pueden andar la ropa más fea pero aún así los hacen ver atractivos, ash que envidia.
—Bien señora Kingston ¡A trabajar! —ordeno.
La señora empieza a tomarles las medidas al Principiante y yo tomo asiento al lado del rubio artificial. Subo un poco el volumen de la música tratando de seguir el rap de una canción.
Una chica alta, rubia, con un cuerpazo de envidia baja autoestima (como suelo decirles yo a las chicas que son extremadamente bellas) entra como en cámara lenta a la habitación en la que estamos.
—¡Wow! —exclama Darwin. Todos los hombres presentes en la habitación posan su mirada en la perfecta chica rubia que camina hacia nosotros.
—Hey, deja de babear encima mío y acércate a hablarle si tanto te interesa —le aconsejo a Darwin.
—Eso haré —balbucea levantándose de su asiento y caminando hacia ella.
Ellos empiezan una breve conversación y luego la chica le propina una fuerte bofetada a Darwin. Yo evito con todas mis fuerzas soltar una fuerte carcajada. ¡Pero que tarado que es!
Me concentro en mi celular y empiezo a jugar My Boo un juego que me descargo mi hermana. Inmediatamente que entro al jueguito me llega una notificación.
"Su Boo ha muerto, por favor compre una píldora para revivir"
—Vaya. Nunca pensé que fuera usted una asesina virtual —me revuelvo incomoda en mi asiento y dirijo mi vista hacia el Principiante quien se ha sentado a la par.
—No me fastidies Principiante.
—Señorita Cineasta con todo respeto podría decirme ¿por que me odia tanto...?
—Psst no te odio. Que exagerado. —Y es verdad, podría odiar muchas cosas en este mundo pero al empalagoso de Zachary lo dudo.
—No sabe cuánto me alivia escuchar eso.
—Ahh no me digas: te has enamorado de mí y me fastidiaras la existencia con cursilerías. Déjame aclararte que tú y yo —niego repetidas veces con la cabeza—. Jamás.
—No, lo siento no, yo no quería-yo jamás... nunca se me pasó por la mente siquiera —toma un suspiro—. Yo tengo novia.
Hago una expresión cansada —Si, es normal al ser rechazado inventar una novia falsa.
—No es ningún invento, ella es, si ofender, todo lo contrario a ti: dulce, amables, carismática, optimista...
Muevo las manos para que deje de hablar —Demasiada información innecesaria.
—Hey chiquilla —me llama la señora—. Puedes ir a buscarme la tela color carmesí a la bodega.
—Ok.
—¿Puedo acompañarte? —suplica Bruce.
—No es necesario —respondo seca.
—No me molesta ayudarte —insiste. Algo desconcertada, me encojo de hombros y empiezo a caminar.
—Perdón por insistir tanto pero ese chico me ha hecho pasar un momento muy incómodo —expresa Bruce caminando a mi lado. Me imagino que al decir "ese chico" se refiere al rubio artificial.
—Hah-ja —digo sin intención de meterme en su vida.
Entramos a la bodega y ¡Wow! El lugar es grandísimo, no solo hay telas y encajes... hay muchas cosas más de diversos colores.
—¡Wow! —expresa mi acompañante.
Busco la tela por algunos estantes y luego la tomo con ambos brazos. El sonido de la puerta cerrándose hace que todas mis alarmas se active.
Corro hacia la puerta y mi corazón se acelera al máximo al verla completa y absolutamente cerrada.
—No no y no. Mierda, esto no me puede pasar a mí... —solloce ahogando las palabras.
—¿Que sucede? —pregunta Bruce llegando hasta donde me encuentro.
—N-nos hem-mos quedado encerradas —balbuce con mi voz a punto de quebrarse. Mi cuerpo empieza a temblar, siento una opresión en el pecho, el nudo formándose en mi garganta me impide decir una palabra completa, respiro con pesadez, mis manos empiezan a sudar y mi vista se nubla un poco.
—¿Te sucede algo? Estas pálida —inquiere en saber Bruce, niego excesivamente con la cabeza—. ¿Le tienes miedo a los lugares cerrados? ¿Eres claustrofobia?
Nuevamente niego con la cabeza y trato de respirar pero el corazón palpita tan fuerte que cada músculo de mi cuerpo es capaz de sentirlo moverse rápidamente.
Luego de golpear incesantemente la puerta me dejo caer de espaldas a la pared.
—Yo, tengo problemas de ansiedad —confieso con voz temblorosa.
—Tranquila, todo va a estar bien. No te alteres, hay que buscar una manera de salir de aquí ¿ok? —asiento no muy convencida—. Emm hay que llamar al señor Mike, él nos ayudará.
Suelto una risa seca y amarga —El "señor Mike" no se desocupara de sus asuntos para ayudar a su hija que está encerrada en una bodega apunto de una crisis de ansiedad —ironizo cada una de mis palabras.
—Oh —dice sorprendida y se deja caer a la par mía—. ¡Rayos! ¿Como no se me ocurrió antes?
—¿Que? —inquiero en saber.
—Zac. llamaré a Zac para que nos saque de aquí —frunzo el ceño. Ella empieza a teclear en su celular y luego se lo pega en la oreja.
—¿Zac? ¿Quién es Zac? —pregunto sin tener ni la menor idea.
—Zachary, el chico de los colochos castaños, el de... Hola ¿Zac? —empieza a hablar por el celular, no sabia que ella se llevará tan bien con el Principiante—. Tuvimos una emergencia y hemos quedado encerradas en la bodega... si, ambas... necesitamos tu ayuda ella no se siente muy bien... ok —cuelga la llamada—. Ya viene en camino con ayuda.
Siento que ligeramente la opresión en el pecho está levemente desapareciendo, y el nudo en la garganta se va deshaciendo. Quien diría que mi salud mental depende de un chico al que apenas conozco.
—Y dime ¿Hace cuanto empezaste a sufrir de estos ataques?
—No mucho—le miento—, y la verdad no me gusta hablar del tema—expreso aún algo afectada por mi estado físico y mental, ella asiente en señal de "te entiendo".
Esperamos seis largos minutos en un silencio incómodo, hasta que el sonido de la cerradura abriéndose hace que mi rostro se ilumine.
Lo primero que veo al salir es a un señor de avanzada edad con un rollo de llaves pegadas a la cintura de su pantalón.
—¿Se encuentran bien? —dice el Principiante algo preocupado.
—Si, gracias Zac. no sabes cuánto te lo agradezco, hacía mucho calor ahí dentro —confiesa Bruce le da un abrazo al Principiante y ambos empiezan una conversación. Si claro como ella no estuvo en plena crisis.
—¿Como es que hemos quedado encerradas? —pregunto al señor con las llaves.
—Está y muchas puertas más están teniendo el mismo problema, así que les recomiendo tengan cuidado al entrar a un lugar cerrado —informa, asiento totalmente de acuerdo y camino en la misma dirección por la que entre. La verdad no me siento nada bien y lo mejor será que busque un lugar donde pueda tomar aire fresco.
—Hey! Espera —dicen a mis espaldas, me giro y veo que el Principiante viene caminando hacia mi—. ¿Te sientes bien? —ruedo los ojos cansada.
—Si, estoy bien. No es necesario que seas tan amable conmigo, no me emociona caerte bien.
—Lo siento. No, la verdad no tengo nada que sentir —cambia su tono de voz a uno más duro—, solo quiero saber si te encuentras bien no tienes porque ser tan hostil. Realmente quisiera saber porque te caigo tan mal.
—Hay, no me caes mal y deja el drama para cuando estés en escena ok —aún un poco inestable me tambaleo un poco para continuar caminando.
—Es evidente que no estás bien, estas pálida tus ojos parecen estar fuera de órbita, ni siquiera puedes caminar —tal vez tenga razón en eso, después de esos repentinos ataques quedo muy débil es por eso que tomo medicamento inmediatamente después de que ocurra el ataque, pero hoy no lo he traído, pensé que ya había superado esa etapa.
Y de repente sucedió algo que jamás pensé que me sucedería a mi, el Principiante me tomo con sus brazos y me cargo como se carga a una mujer que recién acaba de casarse.
Mi cerebro literalmente dejo de funcionar tratando de hallar una explicación lógica de sus acciones.
—¿Que? No me veas así, solo quiero ayudar y tú no puedes caminar, te ves débil dime ¿has comido algo en todo el día? —la respuesta a eso era "no" y no porque no haya querido sino porque se me ha olvidado comer.
En lo que caminaba con paso firme me permití ver su rostro —que estaba muy cerca del mío— observando cada llamativo lunar que poseía en su mejilla izquierda. Eran como ver las estrellas en una noche de verano. Radiantes, firmes...
Me bajo suavemente y me sentó en una pequeña silla de metal luego desapareció de mi campo visual. Anude mis zapatos que no se en qué momento se desanudaron y al levantar de nuevo la cabeza el Principiante traía entre sus manos una botella de agua y un sándwich.
Tome rápidamente la botella y la bebí como si no hubiera un mañana.
—Solo he encontrado un sándwich de pavo espero te guste —me pasa el sándwich y yo hago una mueca.
—Soy vegetariana.
—¿En serio? —dice sorprendido—. Eso nunca lo espere de ti, dime ¿quien odia la carne?
—Yo —respondo de inmediato y alce la vista hasta sus perfectos ojos azules—, yo la odio a como odio muchas cosas en este mundo —expreso enojada, su rostro paso de alegre a confuso en cuestión de segundos me miraba como si quisiese descifrar mi actitud y me arrepentí de ser tan hostil con el—. Mira, quiero decir que gracias por todo —dije en el mismo todo de voz duro.
Me levante y salí de la habitación en la que ni siquiera me di cuenta que habíamos entrado.
***
Trato de escribir algo en mi diario pero ninguna idea surge a mi cabeza... es que a veces me molesto conmigo misma por fastidiar a las demás personas con mi tonta actitud de mierda.
La puerta de mi habitación se abre y mi hermana se hace presente.
—Hey, ¿como vas enana?
—Bien —sisea con tono triste.
—¿Que te sucede? —ignora mi pregunta y admira cada dibujo plasmado en mi pared.
—Tienes talento Mali, ¿como vas con la película?
—Hehh —hago una mueca—, hoy tuve otro ataque.
—¿Como? ¿Le dijiste a mis padres? —pregunta con preocupación. Les dije, esta chiquilla es la única que se preocupa por mi.
—No, y tú tampoco les digas nada ok —amenazo.
—Hah-ja.
—¿Por que estás tan callada? —inquiero.
—Es el colegio —suelta de repente con voz apagada—. No es como lo imagine...
—¿Alguna niña te está molestando? Porque si es así ya te dije lo que haré y...
—Me ayudas a hacer una maqueta del sistema solar —suelta cambiando totalmente de tema.
Definitivamente esta no es la niñita dulce que estoy acostumbrada a ver pero creo que lo mejor sea darle la liberta de que me cuente cuando ella se sienta cómoda.
—Creo que tengo algo de material para trabajar en algún lugar de esta habitación —admito divertida—, Hah si, debajo de la cama. Pon algo de música Cami, veras como te hago el mejor sistema solar que jamás hayan visto tus ojos —sonrío de oreja a oreja.
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