¡Oh! ¡Qué sorpresa!
Viniste, solo para verme, Guinea.
Para animarme y hacerme sentir que no estoy tan sola, para sacarme esa sonrisa que tanto tiempo llevaba oculta dentro de mi, alguien que incluso sabe apreciar el ojo que nadie ve.
Aún recuerdo esos días a tu lado, aunque justo hoy te hayas vuelto ir a otro continente, no dudaré en escribir esto, porque fueron momentos especiales.
El 15 de Agosto, bajo la lluvia, no sé cómo lo hiciste para encontrar a una chica ahora con el pelo tintado de color rojo sangre, con todo el maquillaje sin sentido de los ojos corrido por la lluvia y las lágrimas, pero como te sabes cada uno de mis lugares, lo hiciste.
Recuerdo como viniste corriendo hacia mi para lanzarte a darme un abrazo, como me gritaste: "¡Ey!, Ray, Ray, ¡No estás sola! ¡Alguien que también se cree que lo está a venido a recordártelo!"
También recuerdo como me tiraste del brazo hacia aquel banco mojado por la lluvia para que te lo contara todo, la razón por la que iba con muletas por junio, y por que no te lo conté. Simplemente no quería que te preocupases más de lo que ya lo hiciste cuando te mostré aquellos cortes en el brazo.
Los siguientes dos días, los pasamos juntas divirtiéndonos cómo antaño.
Fueron buenos recuerdos, saltabas de felicidad a mi alrededor por estar conmigo, lo que nunca nadie había hecho.
Incluso me recuerdas cuando te doy razones para odiarme.
Esto no sólo se quedará aquí escrito de por vida, los recuerdos tras las palabras se quedarán grabados en mi mente.
No me cuesta repetir que sigo dando gracias a las personas que me aprecian por existir, aunque ahora mismo solo sean dos, Margaret (mi querida yayita) y Guinea.
Me siento feliz solo por saber que existís, nunca os desvnezcais de mi lado, yo nunca os olvidaré de mientras.
Por cierto, ¡Feliz cumpleaños hermanita! Si, me refiero a ti, Guinea, porque aunque no seamos hermanas de sangre, yo siento que el destino nos hizo nacer para encontrarnos y tomarnos como hermanas.
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