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Capítulo XV - Un plan arriesgado

   Muchas de las cosas que Brown hacía eran por placer; nadie lo obligó a cometer esas terribles acciones. Él fue quien decidió convertirse en lo que es hoy en día. Pasó poco tiempo desde que la familia Henderson se estableció en aquella ciudad, pero Bren sentía que ya había estado allí durante años, pues pudo experimentar el miedo que muchos sentían al no saber cómo proteger sus vidas de un hombre cuya cordura estaba quebrantada. La desesperación era indescriptible, y la aflicción de aquellos que habían perdido a sus seres queridos era inmensa.
    Al día siguiente, Manuel fue encontrado por un cazador a la vera del río, muerto por los golpes que recibió tras caer al precipicio. Richard nunca fue encontrado, lo que añadió otra persona más a la lista de desaparecidos. Todo un misterio, y para el comisario, el epicentro del problema era un devoto del caníbal. Pero como ya sabemos, era el caníbal quien estaba detrás de todos esos asesinatos y desapariciones.
   Los hermanos se estaban preparando para un nuevo día de clases. Ya era muy tarde, y el muchacho aún no había comenzado a preparar sus cosas.
—Apúrate, zonzo, que llegaremos tarde —dijo su hermana.
—No me digas zonzo; estoy preparándome lo más rápido que puedo —respondió su hermano.
—¡Eres muy lento! —exclamó la joven mientras agarraba los cuadernos que estaban en la cama y los acomodaba en la mochila—¡Listo! Ahora vamos.
—Está bien, de acuerdo. Ya te pareces a mamá.
    En el camino, mientras observaban el largo recorrido que debían caminar, puesto que iban a pie al colegio debido a las ocupaciones de sus padres, la chica, en un momento de dudas, le preguntó a su hermano:
—¿Crees que el caníbal exista?
—No puedo responderte eso; por un tiempo estuve seguro de que no existía, pero ahora que ocurrieron tantas cosas, ya lo estoy dudando —contestó Daniel y luego prosiguió con una pregunta—. ¿Y tú lo crees?
—Tenemos muchas afirmaciones de que lo vieron en la fiesta. Si no es él, ¿quién será?
—Tal vez otro loco como él.
—Theo actuó de una forma muy extraña cuando hablamos sobre Josh; tal vez él sepa más.
—Dejemos de hablar sobre esto y mejor nos apuramos. ¡Llegaremos tarde! —propuso el joven.
—Es cierto. ¿Y si corremos? —preguntó, con una pequeña sonrisa en su cara, sabiendo que su hermano era pésimo en los esfuerzos físicos. Era un holgazán.
—No; mejor caminemos rápido. Eso es mejor.
    Cuando llegaron a la esquina de su colegio, al doblar pudieron observar las patrullas en frente del establecimiento. ¿Qué estaba pasando? Tal vez el caníbal se encontraba ahí y los oficiales se dieron cuenta, o tal vez ocurrió alguna otra cosa.
—¿Qué está pasando? —preguntó Daniel.
—No lo sé; vayamos a averiguar.
    Cuando se acercaron, los uniformados no permitían el acceso a los alumnos dentro de la institución. Algo había ocurrido, y no querían que nadie lo viera. Pasaron los minutos y no había noticia alguna. Todos seguían parados en el lugar esperando respuestas. Pero al final no pasó nada; los oficiales se retiraron sin dar explicación alguna a nadie.
—Pueden entrar —dijo el director cuando se retiró la policía.
    Todos se preguntaban qué pasaba. El hombre encargado del colegio tampoco explicó nada; en su cara solo se reflejaba preocupación y angustia. En un momento recuperó la calma y dijo lo siguiente:
—Todos escuchen: fue una falsa alarma.
    Pensaron que había un ladrón escondido aquí, pero no fue así. Vayan tranquilos a sus aulas. Pero... ¿tantos policías para atrapar a un ladrón? Algo no cuadraba y era todo un misterio. Iker llegó muy tarde. Se acercó a los hermanos Henderson y les preguntó:
—¿Qué pasó? He visto varias patrullas irse de aquí.
—Supuestamente están buscando a un ladrón —respondió Bren.
—¿Ustedes creen eso del ratero? —preguntó Natasha, acercándose acompañada de Peter.
—Hay muchas cosas que no cuadran —comentó la joven Henderson.
    Mientras hablaban de lo que había ocurrido, alguien se acercaba rápidamente detrás de ellos, y era Theo. Estaba muy desesperado; en sus ojos solo se podía reflejar el miedo, como si alguien le estuviese persiguiendo.
—¡Ayúdenme, por favor! —dijo.
—¿Qué te pasó? —le habló Bren.
—Fue él; los mató —afirmó el muchacho.
—¿Qué? ¿A qué te refieres? —articuló confundida Natasha.
—Explícanos qué fue lo que te pasó —contribuyó Daniel.
—Richard y Manuel están muertos —contó casi llorando—. Él los mató.
—¿Quién? —interrogó Bren, sorprendida ante esta noticia.
    El joven se quedó en silencio por unos segundos; le costaba decir el nombre de aquel asesino, hasta que lo dijo:
—Fue Josh Brown.
    Este era el momento exacto en el que sus espantos se hicieron realidad. Ya no había dudas; el caníbal estaba caminando entre ellos. Los jóvenes se quedaron sorprendidos al escuchar tan horrible declaración. ¿Quién no lo estaría? Un loco que asesina y engulle a la gente rondaba por la ciudad.
—¿Estás seguro de lo que nos estás contando? —preguntó Natasha, aún sin creerlo.
—Muy seguro; yo he visto cómo los asesinó —sostuvo y prosiguió diciendo desesperadamente—. Ayúdenme, por favor; tengo mucho miedo.
—Te ayudaremos —dijo Bren—. Solo queremos saber todo lo que te pasó. ¿Puedes contarnos desde el principio?
—Sí, pero no aquí. La policía me está buscando porque ya saben lo que les ocurrió a mis amigos y yo soy uno de los sospechosos —detalló Theo y propuso lo siguiente—. Vámonos a otro lugar.
—De acuerdo, vamos al bosque; nadie nos encontrará ahí — sugirió Bren.
—¿Estás loca? Él puede ser el asesino —dijo su hermano, desconfiando de la palabra del adolescente que escapó.
—Casi me mataron ayer; ¿crees que yo soy el asesino? Yo tengo mucho más miedo que todos ustedes juntos —expresó el chico, acercándose al joven Henderson—. Además, no tengo motivos para asesinarlos.
—¿Cómo podemos confiar en ti? —preguntó Daniel.
—Mi novia fue asesinada por ese maldito, al igual que mis amigos. Quiero verlo muerto —respondió.
—¡Basta! Theo no es el asesino. El verdadero loco está esperándonos para matarnos si no hacemos nada —expresó Giménez.
—Tiene razón —apoyó Bren, y luego continuó diciendo—. Vamos.
    Salieron del colegio sin ser vistos, afortunadamente. El bosque estaba cerca; era el único lugar donde podían hablar sin ser descubiertos por la policía. Entraron por un sendero que conducía al corazón del bosque. Se aseguraron de no adentrarse demasiado, pues no querían perderse, o si aparecía, podían escapar rápidamente saliendo a la ruta. Cuando llegaron a un lugar indicado para conversar, se quedaron y empezaron a hablar.
—¿Qué haremos? —preguntó Peter.
—Lo más normal sería que le cuente a los que tienen placa qué fue lo que pasó ayer —dijo Daniel.
—Los oficiales no me creerán; no creen ninguna historia referente a Brown —declaró el chico.
—Es cierto —contribuyó Natasha—; no le creerán y lo culparán.
—¿Qué haremos? —insistió nuevamente.
—Lo mejor sería conseguir pruebas, como un video o una fotografía de él para llevársela a las autoridades —planteó la joven Henderson.
—Es una buena idea —apoyó Natasha.
—Yo sé dónde podemos encontrar esas pruebas —afirmó Peter.
—¿Dónde? —preguntó Daniel.
    Tenía algo muy interesante por decir, y algo aterrador a la vez. Era lo siguiente:
—Existe una cuadra en esta ciudad que fue construida sobre el cementerio anterior. Se dice que fue enterrado en aquel cementerio, pero tras construirse la nueva manzana, su panteón quedó enterrado, y arriba de ella se construyó una casa. Dicen que siempre regresa a esa residencia. Hubo un tiempo en el que pensaban que él seguía ahí.
    La policía fue a investigar, pero no encontraron nada. Muchos dicen que hay pasadizos y alcobas ocultas repletas de huesos humanos y los vestigios de lo que fue la casa del horror.
—¿Cuál es esa casa? —preguntó Bren, interesada.
—La casa 206 —contestó.
    Bren, al igual que su hermano, se quedó estupefacta. Con el asombro que tenían, solo podían decir: «¿Qué?»
—¿Conocen esa vivienda? —interrogó Peter.
—Nosotros vivimos ahí —reveló Dani.
—Eso es escalofriante —habló nuevamente el muchacho.
—Deben salir de ahí —dijo Natasha—; es peligroso.
—Es una gran oportunidad; podemos investigar la casa y buscar pruebas —argumentó Peter.
—¡Estás loco! No te das cuenta de que están en riesgo de morir —se enojó Iker.
—Tiene razón, es nuestra oportunidad. Vamos a buscar las pruebas; cuando las encontremos, nos iremos de aquella casa —dijo valientemente Bren, quien estaba decidida a encontrar la forma para que sea atrapado.
    Mientras hablaban, alguien se acercaba lentamente, escondiéndose entre los árboles. ¿Sería que el caníbal los descubrió?
    Tal vez el plan tan arriesgado no se llevaría a cabo.

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