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21. Metiendo la pata hasta el fondo del abismo (Layla)

21. Metiendo la pata hasta el fondo del abismo (Layla)

Mirad, no quiero robarle protagonismo a Aura ni nada por el estilo, pero sucedieron un par de cosas durante la "búsqueda" que os convendría saber. Aclaro, no es que me crea más importante que ella (estoy intentando arreglar mis "problemas de ego"); sin embargo...

¡Ugh! ¡Esto de justificarse es muy complicado! Mejor narro lo que pasó y ya; luego juzgaréis si esta información que os estoy a punto de dar es importante o no.

Unos veinticinco minutos antes del "reencuentro grupal" o, lo que es lo mismo, un cuarto de hora antes del mensaje de Shauna (sigo sin saber de dónde diablos sacó mi número; quizá tenga algo que ver con su aplicación), Seth y yo nos encontrábamos tomando un café con nubes de vapor de vainilla flotando en el interior, sorbiendo del mismo vaso. Súper romántico, ¿verdad?

Pues lo siento, era una broma; ojalá hubiera estado en esa situación. En vez de eso, estábamos sudados, cansados y un pelín desesperados; mi prima no daba señales de vida.

Tened claro un hecho: no estoy acostumbrada a correr. En consecuencia, me encontraba exhausta. No, eso era poco; tendrían que inventarse otra nueva palabra para definir mi estado de agotamiento (dudaba de si tenían un vocablo para aquello en arcaico).

— Podemos...— frené un momento para recuperar una décima parte del oxígeno que mis pulmones anhelaban (sin mucho éxito, pues estaba hablando) — parar... un... momento... — hice una pausa más larga aquí— necesito... descansar... un... rato...

Antes de terminar la frase, caí sobre mi trasero (muy elegante por mi parte, ¿a qué sí?); mis piernas no se dignaban a sujetarme por más tiempo.

Él, sin embargo, hizo caso omiso a la urgencia de mi petición; me dedicó una mirada furibunda, que me dolió de la misma manera en la que me hubiese dolido que me embadurnaran en gasolina y me prendieran fuego, sólo que con un sufrimiento mucho más duradero (el dolor físico es un minuto como mucho, comparado con el siglo psicológico; el que su mirada de flamas azules me producía era del segundo), y me gritó a la cara.

— ¡No podemos descansar, pedazo de vaga! ¡Aura podría estar en cualquier parte, alejándose más y más mientras estamos de charleta! ¡No hay tiempo para tu maldito descanso!

Leña, leña y más leña para alimentar el fuego que me estaba quemando por dentro.

¿Por qué le importaba tanto Aura? ¡Ella era familiar mía! La sospecha de que esos dos estaban juntos seguía latente. ¡Es que era demasiado obvio! ¿Qué otra razón tenía Seth para estar tan alterado? ¡Ninguna!

¿Estaría ella enterada de que intentó ligar conmigo? Dios mío... ¡le puso los cuernos a su novia con su propia prima! Hay que ser rastrero... ¡no tenía ni idea de que Seth fuera ese tipo de persona!

Las palabras ardían en mi garganta, parte del incendio que me intentaba consumir.

Mis piernas ya me permitían levantarme (no moverme del sitio, pero sí estar en una posición mucho más digna frente a él), así que lo hice.

Bien, estaba lista; era hora de devolver el fuego.

— ¡Pues ve a buscar a tu noviecita a solas si tanto te estorbo!— le escupí; literalmente, parte de mi mala baba acabó en su cara—. Eso sí, recuerda contarle que coqueteaste con su prima. ¡Ya verás cómo no quiere volver a aparecer después de una traición así! ¡Maldito bastardo!

Si yo ardo, él arderá conmigo (vale, eso sonó a los juegos del hambre).

Tras pronunciar la última sílaba, un silencio incómodo se interpuso entre nosotros. Seth parecía confundido por mis palabras, sin habla; yo, por mi parte, no tenía nada más que decirle a un monstruo infiel como él. Y así, los segundos se transformaron en horas, dentro de mi mente al menos; era como si el tiempo se hubiese parado. En un momento dado, pensé que Wes estaba detrás de esa sensación (por eso de que, según la leyenda esa, su poder es el tiempo), pero lo descarté; mi hermano estaría demasiado ocupado en aquel instante, embobado con Shauna.

— ¡¿Qué?!— al fin recuperó el habla el imbécil teñido. Ahora que lo pienso, estábamos en una situación similar a la primera vez que nos encontramos, en aquella fuente sobreprotegida; yo le acusé de algo y él preguntó "¿Qué?", sin entender el porqué de ésta. O eso quería hacerme creer; yo, en ese momento, no me lo tragué—. ¿De dónde demonios te sacas esas sandeces? ¡Aura es mi medio hermana!

Quise hacerle oídos sordos, pues lo estaba empezando a odiar al muy idiota; sin embargo, la última afirmación me impidió ignorarle.

— Un momento, un momento, un momento... para el carro. ¿Tú eres Sergio?

Mi cabeza era un torbellino de piezas de puzle, encajando por fin entre ellas. La fotografía, en la que el chico sí tenía un aire a Seth (ojalá me hubiera dado cuenta antes); las miraditas cómplices, propias de hermanos; las similitudes entre sus rasgos, las que me negaba a ver como cegata que soy... todo cuadraba. Bueno... todo, salvo un detalle; mi actitud.

¿Qué había hecho? Y encima voy y lo llamo bastardo... mira que la he liado buena...

— ¡No me llames así!— Seth (o Sergio, o cómo sea) estaba rojo hasta las orejas, no precisamente por vergüenza; creo que eso fue una confirmación de mi idiotez—. ¡Odio ese nombre y a la maldita aprovechada que me lo puso! ¡Alejarme de ella al cumplir los doce fue la mejor decisión de mi vida!

Después de aquello, no me volvió a dirigir la palabra. Siguió buscando a su, al parecer, hermana sin dedicarme una mísera mirada.

Aunque mis piernas, aún adoloridas, gritaban que no lo hiciera, decidí seguirle y ayudar en lo que pudiera; era lo menos que podía hacer después de montarme todo ese drama en el coco.

Mientras buscaba a Aura, también trataba de encontrar una disculpa más o menos decente por mi comportamiento.

"Lo siento, ha sido todo un malentendido..."; no, esa sonaba a excusa y no quería dar esa impresión.

"Perdóname, por favor; yo no sabía..."; no, seguía sin ser convincente. Tenía que demostrarle que mi arrepentimiento era real y con esas frases trilladas no lo iba a lograr.

Pero, ¿cómo disculparse de aquello que no tenía perdón? Soy un asco de persona y jamás debí reaccionar así; fuesen cuáles fuesen mis razones. He estado culpando a aquella máscara de frivolidad que empecé a llevar, pero es hora de afrontar la realidad; la máscara es inocente, yo, la creadora, soy la culpable. Si iba a cambiar, no bastaba con romper la careta; el gusano que se esconde tras ella necesitaba convertirse en mariposa, para así lograr transformarse para bien (el gusano es mi verdadero yo, por si no había quedado claro; esa parte de mí que no ha madurado desde que comenzó a esconderse).

Como imaginaréis, estuvimos en ese plan de ignorarnos mutuamente (por diversas razones) hasta que recibimos el mensaje con las coordenadas de Aura en el ¿Katea Earth? (no sé; era un mapa como el de Google con un puntito azul brillante) y Seth se fue como alma que lleva el diablo hacia donde el mapa indicaba. No pude hacer otra cosa más que seguirle.

¿No podría haberse detenido un poco más cerca? ¡Menuda carrera nos tuvimos que pegar! Eso sí, llegamos en unos respetables diez minutos (y eso, estando tan lejos, fue una pasada de rápido; esa velocidad tan anormal tendrá algo que ver con mi recién descubierta magia).

Allí, a la expectativa, estaba el resto. Wes y Shauna boqueaban, en busca de oxígeno para sus exhaustos pulmones; me da en la nariz que han venido a una velocidad similar a la de la luz y aún no se habían recuperado del todo. Gabriel, por su parte, jugaba al Candy Crush con aire aburrido; parecía llevar un rato esperándonos. Jazz, como era de suponer, estaba ocupada incordiando al chico para que le dejase jugar una partida; conociéndola, le gastaría las vidas en menos que canta un gallo. ¿Y Aura? Ella simplemente nos observaba.

— Por fin llegasteis; estaba a punto de enviar un hechizo localizador— afirmó la desaparecida. Estuve a esto de replicar, pero me contuve; no tenía ganas de una escenita—. Bueno... supongo que os debo alguna que otra explicación.

— Supones bien— bufó Wes, provocándome un pequeño dejavú del día de ¿ayer? ¿De verdad ha pasado tan poco tiempo?

— Calladito te ves menos feo— suspiró; casi parecía que estaban reproduciendo esa conversación. Solté una risilla ante el hecho; sonido que, por suerte, nadie oyó. La carcajada que si se escuchó fue la de Aura—. Somos peores que un disco rayado— explicó a los ignorantes (léase Shauna y Seth) —. Mejor comienzo a hablar, que me desvío. Vamos a ver, ¿por dónde empiezo?

Se notaba a la legua que estaba de los nervios; cualquiera con dos ojos en la cara se daría cuenta. Seguro que no estaba acostumbrada a tener que explayarse (salvo durante ese discurso que nos dio, "magia para principiantes"; eso estaba ensayado fijo).

— ¿Por lo que pasó en el hospital antes de saltar por la ventana?— sugerí.

¿Qué? No voy a quedarme de brazos cruzados mientras mi prima sufre; por más diferencias que su hermano y yo tuviéramos en ese momento.

— Sí, claro— aunque no lo dijo en voz alta, en su mirada se podía leer un "gracias"—. Bien, el caso es que mi vida pasada me empezó a hablar en la cabeza. No sé cómo, ya que suelo tener que estar dormida para comunicarme; creo que tiene que ver con la cantidad de magia acumulada en un espacio tan pequeño... eso no es lo importante ahora. Lo relevante es que me ha dicho que, ahora que estos dos— nos señaló a Wes y a mí— están aquí, tenía que viajar a un templo escondido para hablar con el Leviatán— los aztis inhalaron de forma abrupta por la sorpresa; sin embargo, los tres con partes humanas no entendimos ni papa. Confíe en que nos lo explicara luego—. No me aclaró nada, ni yo pregunté, cosa que debería haber hecho; lo único que hice fue agobiarme y saltar por la ventana. Lo sé; muy maduro por mi parte. Pero eso ha supuesto que en este momento, cuando ya estoy más calmada, me falte información. No sé que tengo que hacer, ni hablar de donde hacerlo.

Eso último lo dijo con un tinte triste que me encogió el corazón. Ojalá pudiera ayudarla...

"Puedes", afirmó una voz en mi cabeza. Genial, me estoy volviendo esquizofrénica. Un segundo...

"¿Alberto?", pregunté. Sentí su asentimiento; vaya, Aura no es la única capaz de usar telepatía. "¿Y qué narices puedo hacer yo?"

"Recordar tus sueños, tontorrona", me respondió.

Recordar mis sueños... ¡Claro! ¡Los tres escenarios! ¿Cómo no se me había ocurrido?

— Yo sé a dónde tienes que ir— afirmé, lo que atrajo todas las miradas hacía mí. Bien, sólo espero no meter la pata (de nuevo).

¡Hola caracola! Aquí estoy con un nuevo capítulo por el que me pueden asesinar (yo sé de una que me va a matar cuando lea esto).

¡Wow! ¡518 leídos! ¡Gracias! Os adoro por ayudar a este intento de libro el umbral de los 500. ¡Con vosotros ahí, pronto alcanzaremos la K! Bueno, pronto no; pero lo haremos, no hay duda.

¡Gracias infintas!

Os quiere,

Mireia

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