9.Momento de fiesta y alguien inesperado.
April.
Ha llegado el momento de la fiesta.
Es viernes diez de septiembre y eso significaba que es el cumpleaños de Adam.
Le he contado a Mathew sobre la sorpresa que estaba organizando para el papá de Dylan y se sorprendió al saber que yo haría el pastel- bueno, con ayuda de Amber y por supuesto Dylan- pues nunca había preparado un pastel.
Pero yo le dije:
—Si fui capaz de cocinar spaghetti y ahora cocino bastante bien, soy capaz de cocinar un pastel. Y el mejor del mundo. Incluso mejor de los que tu haces.
—Eso lo veremos— dijo burlándose de mí.
Y en efecto, eso lo veremos hoy dentro de un rato. Mi hermanito no va a burlarse y mucho menos retarme.
Estoy con Dylan y Amber en la cocina limpiando porque al preparar el pastel digamos... Hicimos todo una guerra de harina.
Hay harina por todas partes e incluso los tres estamos muy manchados de la cara. Según Dylan parecemos fantasmas.
—Vamos a poner los globos. ¿Les parece?—Pregunta Amber cuando acabamos de limpiar.
—Sí, vamos a ponerlos— respondo bajando a Dylan de la mesa.
Salimos de la cocina y nos dirigimos a la sala donde se encuentran los globos, listones, y el helio para inflarlos si re la mesa de la sala.
Comenzamos a inflarlos y vamos amarrándoles un listón con unas tarjetas de colores que Dylan escribió hace unas horas para su papá.
En ellas le escribió frases como:
"Feliz cumpleaños papi". O " Te quiero mucho papi".
Dylan en verdad que es un genio y por lo poco que llevo viviendo con él y su padre, me he dado cuenta de que ambos se tienen un amor inmenso. Dylan quiere demasiado a su padre, es muy unido a él y esto de las tarjetas me parece el mejor regalo que un padre pueda recibir el día de su cumpleaños. ¿No lo creen?
Terminamos de inflar todos los globos y dejamos que algunos suban al techo y otros los amarramos, pues Adam no va a poder ver las tarjetas que ha escrito Dylan porque los globos que hemos dejado ir están en el techo del segundo piso.
—Bien, ahora hay que adornar la mesa— dice Amber
—¿Y ya estalá el pastel?— Pregunta Dylan impaciente.
—No, Dylan, aún le falta mucho para que se termine de hornear—. Le dice dulcemente Amber.
Yo sólo los miro y les dedico una leve sonrisa.
Busco la caja del mantel y lo saco.
—Aquí está el mantel.
Me acerco a ellos con el mantel blanco y Amber dice:
—Eh... Yo iré por la comida para ponerla en la mesa.
Además del pastel, hemos preparado todos—bueno,casi todos— los platillos que Dylan nos ha indicado. Todo de acuerdo a los gustos gastronómicos de Adam.
Acomodamos todo en la mesa y al final los tres subimos al segundo piso para ducharnos.
Amber ha traído ropa y le indico que puede bañarse en la casa pues no creo que Adam se moleste por ello.
Además no tendría por qué molestarse, es su amiga y no le dije que se duchara en su habitación o la de Dylan, le he dicho que puede hacerlo en la mía.
Al terminar de ducharse entro yo a a habitación y hago lo mismo. Después salgo y busco entre mi ropa buscando qué ponerme. Al final veo el correo junto perfecto que es un pantalón que se ajusta a mis piernas colo mermeyon, una blusa de tirantes blanca y unas zapatillas de plataforma con cintas color café. Todo esto acompañado de un collar y aretes de color amarillo y rosa.
Mi cabello sólo lo sujeto con una liga en una coleta alta y para finalizar me maquillo un poco.
A Dylan le pongo un pantalón blanco y una playera azul cielo con unos tenis que Adam recién le compró. Realmente Dylan se ve muy guapo. Es un niño muy apuesto.
Siendo honesta, la que mejor se ve es Amber.
Se ha puesto un hermoso vestido verde estilo veraniego con un par de zapatillas blancas que la hacen lucir más hermosa de lo que ya es. Y su cabello rubio lo ha dejado suelto, en verdad que me encanta su cabello, es simplemente hermoso.
—Te ves hermosa, Amber—. Admito al verla.
—Gracias, April. Tú también te ves muy bien, me gusta mucho tu estilo.
Le sonrío y juntas bajamos a la sala donde Dylan no espera el momento en que saquemos el pastel del horno.
Ya es hora por lo que saco el pastel del horno y lo vacío en un plato especial. Amber saca el merengue de Chicago y Dylan la fruta. Así, los tres decoramos el pastel hasta que al final queda cubierto de chocolate con fresas alrededor.
Justo cuando lo colocamos en la mesa, se escucha el motor de un auto apagarse frente a la casa.
Me asomo por la ventana y veo que es Adam.
—Es Adam—aviso emocionada.
Es entonces cuando nos colocamos en la entrada y justo cuando él va abriendo la puerta gritamos:
—¡¡Sorpresa!!!
Adam se detiene en seco y hasta salta del susto al vernos saltar sobre él, pero no le damos tiempo de reaccionar del todo porque de inmediato nos lanzamos a él para abrazarlo.
Bueno, no todos, sólo Amber y Dylan.
Después de que su amiga y su hijo lo abrazan y le dan un enorme beso en la mejilla, yo me acerco lentamente para darle la mano.
—Feliz cumpleaños, Adam.
—Gracias, April—. Me responde apretando mi mano mientras me sonríe.
Creerán que es algo tonto no darle un abrazo pero, no sé, pienso que se vería mal. Es mi jefe y no puedo tener ese tipo de reacciones con él.
Me alejo de él y voy a la mesa para entregarle su regalo.
—Toma. Esto es para ti. Espero que te guste—. Le digo entregándole una enorme caja cuadrada.
Se preguntarán cuándo diablos compré un regalo. Pues lo hice después de haber comprado las cosas de la fiesta. Exactamente un día después justo cuando fui a dejar a Dylan al Jardín de niños.
La abre y ve la gran gabardina negra que le había comprado.
—Es adaptable al clima. Si hace frío es caliente y si hace calor es realmente fresca.
O eso fue lo que me dijeron en la tienda cuando la compré.
Tendrás que decirme si funciona o tendré que cambiarla.
—Gracias, April.
Le sonrío y él me devuelve la sonrisa.
Después de un rato comienzan a llegar varios amigos de Adam y uno por uno le van entregando su regalo.
Dylan le da un hermoso dibujo de ellos dos juntos y también un collar con un dije que tiene la foto de él y Dylan con una inscripción en griego.
πάντοτε
Que quería decir "Siempre"
Amber le da de obsequio algunos libros y unos boletos para un parque de diversiones. Todo con el propósito de que pueda pasar tiempo ahí con Dylan y divertirse.
La fiesta transcurre y mientras todos están en la sala yo me encuentro en la cocina, pues sólo soy la niñera y no tengo mucho qué hacer con ellos. Además de que no creo que Adam esté de acuerdo.
Pese a estar en la cocina, estoy sumamente feliz de que Dylan y Adam se la esté pasando bien en su fiesta. Valió la pena tanto esfuerzo y tanta discreción de parte de ambos. Toda una semana fingiendo que no sabíamos nada.
Justo cuando voy a dejarles más bocadillos a la sala, el timbre suena y me dirijo rápidamente a abrir para que nadie se levante.
—Disculpen— digo pasando a lado de los amigos de Adam y voy casi corriendo a la puerta antes de que Adam vaya.
Sólo que justo cuando abro me llevo una gran sorpresa. No sé si me quedo sin respiración o algo parecido pero sí sé que mi corazón se acelera.
Y entonces no me queda otra cosa que decir más que:
—¿Alan?
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