30.Una historia que contar
Adam.
No hay marcha atrás, ya no puedo retractarme porque April Mayer viene en camino y no puedo deshacer lo que he dicho por teléfono.
Cuando dije que le contaré todo, en realidad hablo de todo, absolutamente todo desde que estuve con Emily.
Hablar de ella no será fácil, contarle mi vida será duro, sin embargo, creo que es un buen comienzo para aceptar la verdad, ¿no lo creen?
Temo que April llegue, pero más temo que las cosas no salgan bien, y cuando mi secretaria me llama... Bueno, mi corazón amenaza con salir volando de mi pecho cual bomba a punto de estallar.
—Señor Sangster, April Mayer está aquí con Dylan.
Dudo lo que diré, pero las palabras salen solas y parece que yo ya no controlo mi sistema, es como si otra cosa ajena a mi cerebro estuviese actuando en este momento.
—Sarah, por favor llévate a Dylan y dile a April que pase. Necesito hablar a solas con él, ¿sí?
—Claro, señor.
Al cabo de unos segundos, la perilla de la puerta se abre y lo primero que veo son sus ojos azules, y esta vez —y sorpresivamente—verla me hace sonreír de lado.
—¿Puedo pasar? —Inquiere la chica observándome con extrañeza.
—Ah, sí, claro, pasa. Siéntate, por favor—le indico mostrándole la silla giratoria frente a mí.
Lentamente ella se acerca hasta que termina por sentarse con cierta duda en su acción.
—Y... ¿A qué se refieres exactamente con contarme todo? ¿Y por qué no dejó que Dylan estuviese aquí? —Cuestiona arqueando una ceja.
—Estás molesta—aseguro—y lo entiendo, créeme que si fuera tú estaría más que molesto.
» Sólo... Por favor, deja de llamarme señor, llevas demasiado tiempo con nosotros como para llamarme así, además, ya no me gusta.
—Ah, ¿no le gusta? —Habla con sarcasmo. —Pensé que usted era el rey de los modales y de que todo lo que se hace está mal.
—Basta, April.
—¡No, basta tú, Adam! —Grita azotando la palma de su mano contra mi escritorio, al momento en que se inclina hacia mí. —¡Basta de actuar como si nada hubiese pasado! ¿Acaso crees que todo esto no resulta ya bastante incómodo? Adam... Besarte...
¡Dios! —Exclama entrecerrando los ojos y sin previo aviso deja caer los hombros y se sienta en la silla.
Las lágrimas no tardan en salir y me siento un monstruo, uno que ha hecho llorar a una niña que sólo busca sacarme de la oscuridad.
—Es una estupidez—habla sin mirarme y aun derramando lágrimas—, pero, tú no sabes lo que sentí ese día. Fue como si me besaran por primera vez, como... Como si no hubiera un mañana; y tú sólo... Tu actitud me hace abrir los ojos y darme cuenta que no significó nada para ti, que yo no significo nada, y sé que no debería significar nada para ti, pero, parezco una adolescente y quisiera significar algo, quisiera... Sólo... Agh, esto es una estupidez.
Sin añadir algo más, se levanta de la silla y trata de limpiar las lágrimas que se han esparcido por todo su rostro. Su cara se ha tornado totalmente roja y sus ojos han identificado su color; es como si estuviera viendo a una diosa guerrera, molesta, y explorando sus poderes al máximo.
Me quedo estático, observándola mientras se derrumba ante mí y me da a conocer sus sentimientos; estoy siendo un cobarde que no se atreve a pronunciar palabra, sólo estoy de pie, al otro lado del escritorio sin saber cómo iniciar algo que no debería decir, sin embargo, tengo que hacerlo porque... Porque mi corazón pide a gritos que lo haga y por más que trato de contenerlo se niega a ceder.
—¿Sabes? Será mejor que me vaya, como dije, tengo un asunto pendiente con la NASA.
—Espera—la detengo antes de que, de media vuelta, y esta vez no me quedó ahí de pie, observando cómo vuelve, esta vez voy por ella y le pido que se quede. —Por favor no te vayas; tengo que contarte todo, porque sólo así entenderás mi "desinterés" por ti—aclaro haciendo comillas en el aire al decir desinterés. —Sólo siéntate, por favor—indico señalando en sofá a un costado de mi escritorio.
Lo duda por un momento y mira hacia donde se encuentra el sillón y después de pensarlo por un momento, rueda los ojos y con enfado se dirige a él; al sentarse se cruza de brazos y dirigiéndome una mirada asesina mientras aguarda a que comience.
Me acerco lentamente hasta ella y cuando llego me siento a su lado, la mir y tomo un gran suspiro antes de comenzar.
—Bien, esta es toda mi historia, April Mayer...
...
Narrador omnisciente.
Años antes.
El ambiente era demasiado tenso, la chica pelirroja se encontraba llorando al momento en que les suplicaba a sus padres que no la echaran de casa, que no hicieran eso, porque después de todo, estar embarazada no era un delito, sobre todo si concebiste a ese pequeño ser con el amor de tu vida. Aunque, claro, los padres de Emily no creían lo mismo.
—¡No te atrevas a volver por aquí, estúpida! —Le grito su madre furiosa sacándola a la calle.
—Vete con ese imbécil y ya veremos si es capaz de mantenerte junto al bastardo que llevas dentro—vociferó su padre, tomándola de los brazos con agresividad.
—La única manera en que te quedes es deshaciéndote de ese bastardo ahora mismo—aclaró su madre mirándola.
Emily negó rápidamente con la cabeza. No iba a deshacerse del bebé que estaba creciendo dentro de ella sólo para que sus padres la dejaran quedarse.
Todavía no le daba la noticia a Adam, sin embargo, estaba segura que él la apoyaría, después de todo, llevaban meses planeando casarse en cuanto finalizaran la Universidad; estaba todo planeado, ambos ya habían hecho el examen para Harvard y los habían aceptado, además, ambos estaban buscando un empleo y por fin lo habían encontrado, Emily trabajaría en una pizzería como mesera, y Adam en un mismo puesto, sólo que en una cafetería; todo con el fin de no depender de los padres de ninguno.
Ahora, con la noticia del bebé todos sus planes cambiaban, pero en ese momento no le preocupaba demasiado la Universidad ni nada parecido, lo que en verdad le angustiaba era lo que sucedería con los padres de Adam al saber la noticia.
Eso era lo único en lo que sus familias eran similares, tanto los padres de Emily como los de Adam eran demasiado estrictos, no, sobrepasaban el límite, y sobre todo odiaban al otro, es decir, los padres de Emily odiaban a Adam y los de Adam a Emily; ambas familias creían que sus respectivos hijos no eran lo suficiente para sus progenitores.
Se quedó quieta ante la intensa mirada de su madre y el feroz agarre de su padre, pensando en lo que le proponían, y como si algún ser invisible se acercara a ella y activara las defensas que desconocía, se armó de valor y logró zafarse de las manos de su padre.
—No—dijo con determinación. Su voz ya no sonaba débil como hace algunos momentos, ahora estaba llena de seguridad y sin saber de dónde, ella misma sentía que algo recorría su cuerpo llenándola de poder, se sentía invencible. Emily era invencible. —No voy a abortar a mi bebé, ¿escucharon?
NO LO HARÉ.
» Ustedes son mis padres, y los amo, pero no pueden imponerme una condición tan atroz para quedarme en la casa.
Sé que tal vez está mal tener un bebé a punto de entrar a la Universidad, pero, no voy a deshacerme de mi hijo. Adam y yo lo sacaremos adelante sin ayuda de nadie.
—Estás loca si crees que ese muerto de hambre va a poder ayudarte—reclamó el padre.
—Les voy a demostrar que están equivocados—aclaró ella zafándose de su agarre.
—Si estás muy convencida, entonces ten esto presente; —comenzó a decir su padre más serio y enérgico—nosotros ya no tenemos hija, ella ya se murió.
Su corazón se rompió en ese preciso instante, su propio padre le estaba diciendo que su hija, ella, estaba muerta para él; sentía que se desmayaría ahí, sin embargo, trató de hacerse la fuerte y sin agregar una sola palabra más, dio media vuelta y se marchó sin nada más que el pequeño ser que se encontraba creciendo dentro de ella.
...
Nerviosa, así se sentía; no, inquieta, desesperada, había tantos sentimientos acumulados, que no sabía identificar uno solo.
La chica pelirroja se encontraba de pie frente a la casa de Adam, su novio, el timbre sonó varias veces hasta que el chico rubio salió.
—Em, ¿qué...—dijo sorprendido por la visita, sólo que no terminó la oración al verla llorar desconsoladamente. —¿Qué pasó?
No podía hablar, así que sólo se echó a sus brazos y lo abrazo más fuerte que nunca, porque antes de darle la noticia quería sentirse segura, pensar que, al decírselo, él no lo rechazaría como aseguraban sus padres, sólo... Quería creer.
—¿Qué pasó, Emily? —Inquirió acariciando su cabeza con ternura.
—Promete que no te enfadarás o me echarás de aquí como lo hicieron ellos. Por favor—suplicó sin soltarlo.
—Emily, no hay necesidad de prometerte absolutamente nada, porque sea lo que sea que esté sucediendo... Jamás te dejaré. Te lo juro por mi vida—aclaró reposando su barbilla en su cabeza.
—Adam, yo...—comenzó a hablar separando un poco su cuerpo y levantando su cabeza hacia arriba para poder mirarlo. —Yo...
¿Cómo decirle aquello? Las palabras no salían por más que lo intentaba, parecía que estaba observando una película y desde afuera, le gritaba a la protagonista que le dijera la verdad, se gritaba a ella misma, pero, no funcionaba.
—Yo... Estoy... Adam, vamos a tener un... Un bebé. Estoy embarazada—habló al fin, y en ese momento su llanto aumentó. —Lo siento, Adam, yo no quería...
La noticia lo tomó de improvisto, sin embargo, reaccionó de inmediato, y de la forma contraria a la que casi todos suponían, todos excepto ella.
—Vamos a ser papás—dijo casi en un susurro. —En ese caso, tendré que encontrar un segundo trabajo al mismo tiempo que estudiamos; puedes ir a la Universidad, dudo mucho que no te dejen estudiar, sólo que ya no podrás trabajar porque yo nos mantendré. También podemos pedir otra beca, he escuchado que dan becas a las madres para seguir estudiando y... Saldremos adelante, Emily.
—¿Estás seguro? ¿Qué pasará con tus padres? Los míos me echaron cuando les dije sobre el bebé, dijeron que tenía que deshacerme de él pero, no quiero matar a nuestro bebé, no quiero, Adam—aclaró asustada.
Adam giró su rostro hacia la casa de sus padres y pensó en lo que sucedería al entrar y darles la noticia.
No era una familia rica, eran de clase media pero jamás les había faltado algo, Adam siempre fue un alumno excelente y jamás dio problemas, pero sabía perfectamente que al cruzar esa puerta junto a Emily, sus padres harían lo mismo que lo que hicieron los progenitores de su novia: lo echarían y lo dejaría sin apoyo alguno, porque eran demasiado recatados como para aceptar que su hijo, el que creían era un alumno excelente y un hijo ejemplar, cometiera tal pecado.
La miró con ternura al mismo tiempo que la chica lloraba y su cuerpo comenzaba a temblar de miedo por lo incierto que era su futuro.
—Vamos a estar juntos, no importa si no tenemos a nadie más, ¿está bien?—Le aseguró a la pelirroja.—Ahora somos una familia.
Y así, la tomó con fuerza de la mano y se dispuso a entrar junto a ella a su casa para enfrentar lo que fuera necesario.
Una cosa era segura: los dejarían solos, no iban a tener a nadie más a su lado para que los apoyara, todos dirían que engendrar a ese pequeño ser que comenzaba a crecer dentro de Emily había sido un estúpido error de día adolescentes hormonales que no pudieron controlarse, pero ellos sabían que no era así, ese bebé no era un error, sólo era producto del gran amor que sentían el uno por el otro, y si planeaban tener una familia en el futuro y pasar el resto de su vida juntos, entonces... ¿Por qué no adelantar ese futuro? Después de todo, a pesar de haberse protegido, si ese bebé venía en camino, no había más opción que amarlo.
...
Meses, días, semanas, horas, había transcurrido bastante desde que Adam y Emily abandonaron su hogar para vivir solos, como una pareja y una familia para recibir a su bebé.
Los padres de Adam, al recibir la noticia de que su hijo tendría un bebé... Bueno, casi lo matan a golpes cuando se enteraron. Su padre no soportó tal noticia y la única forma de desquitar su enojo fue golpeando a su hijo, y éste le pidió a Emily que se marchara a su lugar favorito.
Para la chica fue un horror ver cómo golpeaban a su novio frente a sus ojos, pero lo más triste de la situación, fue que ni siquiera los padres de Adam los apoyaron. Creía que ellos serían diferentes, porque, siempre fueron más comprensivos que los de ella, siempre la apoyaban más que sus propios progenitores, parecía que ella era hija de ellos y no de Monserrat y Oliver.
Ahora, ambos estaban solos, aunque eso era mentira porque, después de todo, tenían a su bebé en camino.
—Emily, hija, lamento darte está noticia—repitió la directora de la Universidad.
—Pero... No entiendo, por qué... Tengo buenas notas, Adam igual, no comprendo el motivo por el que hemos sido expulsados—habló la pelirroja con una mano sobre su vientre que ya estaba demasiado crecido. Sentía que lo que acababa de decirle la directora no se trataba más que de una confusión, era como si estuviera viviendo un mal sueño, y su corazón latía más fuerte que otras veces, porque terminar la Universidad era la única opción que tenía para ofrecerle un buen futuro a su pequeño.
—Emily, no... La única cosa que debes saber es que Adam y tú ya no están capacitados para continuar en esta Universidad. Lo siento. —La voz de aquella mujer sonaba tan pacífica, que incluso daba miedo, sin embargo, Emily podía darse cuenta de algo: sus ojos negros negaban a mirarla a la cara, y ella, sabía que era por algo malo, la injusticia que estaba cometiendo con Adam y ella.
—No me mienta, por favor. Dígame, directora, esto es a causa de mi padre, ¿cierto? —Quiso saber. Sus facciones estaban contraídas, sus manos sudaban y sentía que quería desaparecer en ese instante, porque no quería creer que su propio padre le estuviera haciendo daño.
Ella no respondió, y sólo ese silencio bastó para comprender la situación.
Su padre había llamado hace unas semanas atrás, le reclamó el que estuviera con Adam, o en sus palabras, ese bastardo, y que, además, no se hubiese deshecho de eso que llevaba en el vientre; y ahora, estaba cumpliendo con su palabra.
«Quisiste estar con ese hijo de puta, y con tu bastardo, ahora atente a las consecuencias, Emily. Tu vida no será fácil, eso te lo juro»
Era un monstruo, fue lo que pensó la chica, y cuando menos se lo esperaba una lágrima ya se encontraba recorriendo su mejilla.
—Nosotros no nos merecemos esto, directora, y usted... Usted sólo es una persona sin voluntad que se dejó comprar por mi padre; sin embargo, no se preocupe, mañana mismos nos iremos del Campus—aclaró. A continuación se dispuso a dar media vuelta y marcharse, sólo que la directora la detuvo.
—Aguarda, Emily.
La chica se giró y le ofreció una mirada de rencor a esa mujer que se hacía llamar intachable.
—No pueden abandonar el campus mañana, tengo órdenes de que lo abandonen hoy mismo.
—¡¿Qué?!—Estalló conmocionada. —Pero no tenemos a dónde ir, cómo es que...
—Los trámites están hechos, ustedes ya no pertenecen a esta institución y la residencia donde habitan le pertenece a la Universidad, por lo tanto, no pueden seguir aquí.
Quiso hablar, quiso gritarle y decirle tantas cosas, pero en ese momento ella no era la única que se sentía mal, porque ese ser dentro de ella también entendía lo que estaba sucediendo, y aunque sólo llevara cinco meses de embarazo, el pequeño bebé podía sentir mejor que ninguno. Así que, sin más, la visión de Emily comenzó a tornarse borrosa, y, después, todo fue plena oscuridad.
...
Se morían de frío, ambos estaban en la calle y no tenían a quién recurrir, puesto que su única opción los había echado de la Universidad.
Adam abrazaba con fuerza a su novia mientras que ella se aferraba a su vientre abultado.
Hace unas horas que habían salido de la enfermería de la Universidad, puesto que Emily se había desmayado y no podían llevarla a un hospital por falta de dinero.
El doctor del Campus dijo que no había sido nada grave, sin embargo, la chica tenía que cuidarse o podría tener consecuencias graves en el embarazo.
Adam prometió que la cuidaría, que todo estaría bien, y es que en ese momento lo estaba, pero la directora llegó con dos hombres a la habitación de la enfermería y, sin si quiera sentir remordimiento alguno, les informó que ya no pertenecían a esa institución y que debían abandonar la residencia. Los hombres les entregaron sus pocas pertenecías y sin más, la mujer se marchó con aires de superioridad deseándoles buena suerte en su camino.
¿Cómo diablos se atrevía a decir eso? Ella no sabía lo que estaba causando, porque después de haber echado a dos alumnos brillantes, su destino cambiaría, y no sólo el de ellos, sino también el del pequeño bebé que esperaban con anhelo.
Las cosas se complicaron, por supuesto que lo harían, y ahora que estaban en la calle, bueno, tenían que buscar alternativas diferentes.
Adam no permitiría que a Emily y a su hijo les sucediera nada, porque a pesar de que el destino se había puesto en su contra, Adam Sangster no iba a dejar que su familia pasara por penurias, eso era una promesa.
...
Adam se encontraba atento a las peticiones de su jefa al mismo tiempo que se percataba de sus insinuaciones.
Desde hace dos meses que trabajaba en una pizzería como repartidor, y a decir verdad no le iba nada mal. Lo mejor era cuando los clientes le daban buenas propinas por llegar a tiempo o incluso mucho antes. Dichas propinas estaban destinadas a las necesidades que pronto iban a llegar de su bebé, que ahora, ya tenía dos nombres.
Hace un mes, Emily y él comenzaron a cuestionarse el sexo del bebé, ambos decían que fuese lo que fuese, lo importante es que todo saliera bien en el parto, pero, pese a ello, Emily ya tenía dos nombres en mente.
Si era niña, quería que se llamara Wanda, y si era niño... Dylan. Ese nombre siempre le había gustado y si su bebé era niño, Dylan era el nombre perfecto.
Adam no sabía cómo, pero desde hace unos días ella decía que estaba segura que el bebé sería niño, Adam se preguntaba cómo era eso posible, y lo único que respondía Emily era que el propio bebé se lo había dicho en un sueño, y, que además, ella se lo preguntaba y éste respondía con una patada.
Era algo extraño, pero Adam jamás dudó de ella, y nunca lo haría.
Las cosas estaban mejorando después de todo, después de haber sido echados de la Universidad por petición del padre de Emily, su tía, Margorit, fue en busco de los chicos y les ofreció vivir con ella. Los había estado buscando desde hace meses pero por azares del destino no lograba encontrarlos, sin embargo, cuando lo hizo no dudó en ofrecerles asilo. La tía de Emily quería ayudarlos, sobre todo por el bebé; ella no los dejaría solos.
Tenían dónde vivir, Adam trabaja y Emily le ayudaba a su tía a preparar pasteles y vendérselos a una panadería cerca de casa. Habían dejado de estudiar, pero para ser sinceros, eso no importaba demasiado por ahora, lo importante era Emily y el bebé.
Ya después buscarían alternativas para seguir estudiando y concluir la Universidad.
Como dije, las cosas iban mejorando, sin embargo, a pesar de que todo marchaba aparentemente bien, Adam no se sentía del todo cómodo trabajando en esa pizzería. Su jefa, Carly, una mujer de treinta años, desde el momento en el que pisó la pizzería, lo miraba con lujuria, era como si lo desnudara con la mirada, y cada vez que tenía oportunidad, pasaba a su lado y tocaba su pierna.
Él no podía decir nada, tenía que soportarlo por su hijo y su esposa, y sí, Emily ya no era sólo su novia, porque con la ayuda de su tía, hace un mes que Emily estaba oficialmente casada con Adam.
—Adam, dime, ¿es cierto que trabajas en un restaurante de noche como mesero? —Cuestiona la mujer cruzando las piernas frente al chico. Adam trata de no darle importancia y aparta la mirada. Siempre hace eso frente a él, sólo que esta vez lleva un vestido más entallado de lo normal y parece que su busto saldrá volando de su brassier.
—Sí, es cierto, señora—aclara con indiferencia. —Trabajo en un restaurante por las noches para mantener a mi familia.
—Adam, ya te dije que me llames Carly—aclara en un tono meloso.
—Lo siento, pero no es correcto.
La mujer se levanta y a pasos lentos se acerca a él, como una cazadora, como si Adam fuera su presa del día. Su mirada recorre el cuerpo del chico.
Es cierto que Adam no tiene demasiados músculos, su cuerpo es delgado, pero, eso no quita que no esté nada mal.
Sus manos nos grandes, sus labios parecen haber sido moldeados por los ángeles al igual que su rostro, las venas de sus brazos se marcan como a ella le gusta, y su olor... ¡Dios! Ese chico huele jodidamente bien, y Carly sólo sueña con tenerlo en su cama, bajo sus sábanas.
Al llegar a él, comienza a caminar en círculos a su alrededor, devorándolo con la mirada.
—Adam, ¿sabes? Eres un hombre muy atractivo, joven y... Para qué negarlo más, no sabes cómo deseo tenerte en mi cama.
El chico se queda quieto, deseando salir corriendo de ahí, pero sabe que si lo hace, perderá ese empleo.
—Si tú aceptaras estar conmigo, bueno, ya no tendrías que trabajar, te podría dar todo lo que quieras para ti, tu esposa y el bebé que viene en camino.
» Ella no se tiene por qué enterar, y así todos ganamos. Yo cumplo mis deseos, y tú mantienes a tu familia y les das una vida mejor.
Asco y repulsión es lo que Adam siente por tales insinuaciones. Esa mujer está totalmente loca si cree que él aceptará tal barbaridad. Jamás se vendería por dinero y mucho menos engañaría a Emily.
—Vamos, Adam, acepta y nunca más tendrás que trabajar—insinuó con sus labios cerca de su cuello.
De pronto sintió una mano recorrer su espalda y posteriormente introducirse debajo de su playera.
Adam se apartó de inmediato y la miró al mismo tiempo que ella se reía del miedo del chico.
—No. Yo no puedo hacer eso, lo que usted me pide es que me venda por dinero y no estoy dispuesto a hacerlo.
—Pero, ¿por qué no? Es como hacer un trato con el diablo. Y al hacer tratos con él todos salen ganando, amorcito.
—No es verdad, todos salen perdiendo y todo sale mal—aclaró con repulsión. —No soy un objeto al que puede comprar por capricho, usted es... Es mi jefa y yo soy su empleado, no su juguete sexual; tengo una familia, una esposa a la que amo y un hijo que viene en camino, y no pienso arruinarlo por unos cuantos dólares.
» Está mal si cree que puede comprar a las personas con dinero, está mal si cree que por muy desesperado que me encuentre voy a aceptar sus peticiones sucias y viles.
No lo haré, ¿entendió? No me gusta, no la veo más que con repulsión y...La palma de la mano de Carly se estampó en la mejilla de Adam antes de que terminara la oración.
Dolía, sí, pero no le importaba, y ya no le importaba lo que sucedería a continuación porque, como decía la tía de Emily: "Después de una gran tormenta, sale el arcoíris"
—¡Eres un niño estúpido! ¿Cómo te atreves a hablarme así? Sabes que te...
—¡Sí! Sé que me puede echar de aquí, pero ya no pienso soportar sus repulsivas insinuaciones, y antes de que me eche, me voy. ¡Renunció!
Y así, dejándola furiosa y gritando que se arrepentiría, Adam se marchó, pensando en qué iba a hacer ahora con un sólo trabajo.
...
Adam
Iba a nacer, nuestro bebé estaba a punto de nacer y mi corazón no dejaba de latir como un caballo desbocado.
Emily iba en la silla de ruedas, respirando tal cual se lo indicaba el director, pero las contracciones cada vez eran peores y mi esposa no soportaba el dolor.
—Tranquila, mi amor—comencé a hablar con tal de tranquilizarla—, todo estará bien, nuestro pequeño y tú lo estarán, ya lo verás.
Ella asintió sin poder emitir palabra alguna a causa del dolor.
Pronto nos encontramos dentro del quirófano donde se llevaría a cabo el parto, y donde al fin recibiríamos a nuestro bebé.
Me habían pedido esterilizarme las manos, y usar un traje especial para poder estar ahí, su tía estaba en la sala de espera, y yo me encontraba sosteniendo la mano de mi Emily.
—Escucha, cariño—comenzó a indicar la doctora—, cuando te pida que pujes, lo harás con todas tus fuerzas, ¿bien?
Emily asintió y la primera indicación llegó, pujó con todas sus fuerzas, una y otra vez , debilitando su cuerpo cada vez más, pero sin importarle porque sabia que sólo así podría venir nuestro bebé.
Ninguno de los dos sabíamos el sexo, puesto que ambos decidimos esperar hasta el parto, sin embargo, fuese lo que fuese, ese bebé ya era amado por sus padres.
En cada intento, los músculos de Emily se contraían, el dolor era insoportable y el cansancio aún mayor.
—¡Puja, Emily, puja!—Exclamaba la doctora al mismo tiempo que mi esposa obedecía y los gritos se intensificaban, y, por más que sostuviera su mano con fuerza, parecía que en ese momento ella era más fuerte que yo.
Un último intento llegó y entonces...
El llanto del bebé inundó toda la habitación, Emily sonrió al escuchar tan hermosa melodía y mi corazón casi se sale del pecho de la emoción que me embargaba.
—¿Quieren saber qué es su bebé?—Inquirió la doctora entregándonoslo, envuelto en una pequeña manta.
Fue la primera vez que tuve a nuestro bebé en brazos, y de nos ser porque Emily pidió verlo también, hubiese dicho que todo se trataba de un sueño, pero uno muy hermoso.
Tener a nuestro hijo en brazos fue la sensación más maravillosa de toda mi vida, su pequeño cuerpecito se removía y sus pies y manos no dejaban de moverse con desesperación hasta que comencé a arrullarlo tal y como nos había enseñado Margorit, y así, poco a poco el pequeño se fue calmando.
—Quiero ver a nuestro bebé—pidió Emily con cansancio.
Asentí y antes de entregárselo, le propicié un beso en su pequeña cabeza.
Cuando lo tomó, le sonrió y éste parecía saber que la chica que lo cargaba era su madre, porque de inmediato dejó de moverse y de un momento a otro se encontraba acomodándose entre sus brazos.
Las lágrimas no tardaron en venir al igual que las sonrisas de felicidad por parte de ambos. Ver a mi esposa y a mi bebé, juntos, sólo me daba fuerzas para sacarlos adelante sin importar cuánto tuviera que trabajar.
—Es...
—Sí—la interrumpí—, es Dylan.
Sonrió ampliamente y beso a nuestro bebé con amor.
En ese momento supe que nada ni nadie me separaría de ellos, sin embargo, nadie conoce su futuro, y por desgracia, yo no sabía lo que me deparaba el cruel destino.
...
2 años después.
No había nada que hacer, por más que deseara volver el tiempo atrás, resultaba imposible de hacer.
Ahora estaba sólo, y casi de la misma forma que había comenzado hace años: solo. Aunque ahora llevaba a alguien más a su lado: a Dylan, su bebé.
Hace unos días que Emily había muerto a causa del cáncer avanzado que tenía, la tía de ésta tenía un año de muerta y después de aquel suceso los problemas se vinieron encima.
Los echaron de la casa a causa de la hipoteca que no había sido saldada, tuvieron que irse con su bebé a un cuarto frío y apartado, pero al menos estaban juntos y con trabajo.
O eso pensaban.
Pronto, Adam fue despedido de su empleo en el restaurante, Dylan comenzaba a necesitar más cosas a medida que crecía y si sus padres se encontraban sin empleo, todo se volvía más complicado.
Parecía que el destino les estaba cobrando los momentos buenos que habían tenido y les recordaba que la realidad era otra. Las cosas se volvían cada vez más difíciles, y todo empeoró cuando Adam al fin consiguió empleo y Emily comenzó a enfermar.
Adam trató de hacer todo lo posible por llevar a su esposa a un hospital de calidad, sin embargo, no contaban con el dinero suficiente para poder hacerlo y, en los hospitales pequeños y para gente como ellos, bueno, la atención no era muy buena.
Al principio sólo les dijeron que Emily tenía anemia y que necesitaba descansar, pero su salud empeoró y ya no creyeron eso. No fue hasta que un doctor de calidad, se percató de lo que estaba ocurriendo y al saber que no contaban con el dinero suficiente, decidió ayudarlos en todos los gastos médicos, más sin en cambio, Adam, todavía tenía que conseguir empleo.
Al cabo de unos días, lo hizo, Adam encontró un empleo en una cafetería como mesero y en una biblioteca como ayudante e intendente. No era mucho lo que ganaba, pero, al menos les alcanzaba para subsistir.
Y así, pasaron los meses y Emily en lugar de mejorar, simplemente empeoró. Porque lo que su esposa tenía no era una simple anemia, Emily había desarrollado un cáncer en la columna vertebral, que pronto la dejó en cama sin moverse, puesto que ya había invadido todo su cuerpo a pesar de las quimioterapias y las operaciones realizadas.
Emily sufrió, Adam lo sabía cada día que despertaba, pero ella fingía que no era así, que no sentía más que una ligera molestia en su columna, pero era soportable; y por supuesto que no era así, en ocasiones la escuchaba quejarse por lo bajo y él no podía hacer nada por aliviar su dolor.
Cinco meses después, Emily murió en esa cama, con Dylan en sus brazos y Adam sosteniendo su mano.
Ahora estaba solo, llevaba días en la calle, buscando la forma de trabajar, y, por las tardes, corría a los refugios para alcanzar un lugar con su pequeño.
Así pasaron varias semanas, Dylan comenzaba a crecer y a tener mayores necesidades, el trabajo era escaso y si no conseguía un lugar dónde vivir, los convertiría en vagabundos. No podía hacerle eso a su bebé, antes muerto que dejar que su pequeño se convirtiera en vagabundo. Si él estuviera solo... Bueno, con él no había problema, pero con su bebé sí.
Por azares del destino, una tarde, en un basurero de la ciudad, Adam encontró una guitarra abandonada casi en perfectas condiciones; fue un milagro hallarla, puesto que, gracias a eso, al día siguiente pudo subirse a los autobuses, con Dylan en la espalda para cantar por unos cuantos dólares o monedas.
No fue hasta semanas después que se topó con una mujer y ésta, le ofreció un cuarto en un edificio pequeño, y como el pequeño Dylan había conquistado su corazón, decidió ofrecerle el cuarto por un mes gratis, mientras que Adam salía a buscar empleo y ella lo cuidaba; de ese modo, Adam no exponía al bebé yendo de autobús en autobús, de calle en calle con Dylan en la espalda, amarrado a él por una bufanda y casi dentro de una mochila.
Los días siguieron transcurriendo, y así los meses pasaron, Adam iba de autobús en autobús por las mañanas, en las tardes era mesero en una cafetería y por las noches de igual forma, pero un bar.
Las cosas parecían mejorar de nueva cuenta, y el destino compensaba a Adam y Dylan por todo lo que habían pasado. Hasta que un hombre adinerado se topó con el rubio, una mañana fría y tranquila, y, sin más, tomó asiento a su lado y comenzó a charlar con él. Fue así que Adam le contó lo que había pasado en los últimos años, que trabaja por y para su bebé, y que lo único que buscaba era superarse, pero que era casi imposible teniendo en cuenta que trabajaba todo el día.
El hombre, de nombre, Howard, le propuso que Adam fuera a su empresa al día siguiente, le dio su dirección y le aclaró que, si iba, su destino cambiaría. Lo único que buscaba era que Adam tuviera ganas de salir adelante.
Y así fue como Adam Sangster acudió a aquella cita, y no precisamente en sus mejores ropas; simplemente con un pantalón de mezclilla, una camisa de cuello y un suéter azul oscuro. Aquel día todos lo miraban como si fuese un apestado, y por más que criticaban, él siempre avanzaba con la cabeza en alto.
Después de todo, Howard prometió que si Adam acudía a la cita, le cambiaría la vida; y no fue mentira, le ofreció un trabajo como su asistente y una paga mucho mejor que cualquier otra, además, ofreció ayudarlo en sus estudios hasta terminar una carrera, y si lo hacía con buenas notas, le ofrecería un trabajo mucho mejor en su empresa.
¿Piensan que Adam lo cumplió? Una pregunta tonta, ¿no? Teniendo en cuenta que todos conocemos el giro de la historia, y es que Adam fue uno de los mejores alumnos que la Universidad de Harvard haya tenido, y el señor Howard el mejor amigo, compañero y empleado que pudiera tener.
La vida de Adam y Dylan dieron un giro drástico, las ideas que comenzaron a surgir en la cabeza del rubio, idas que el señor Howard apoyaba al cien por ciento, y que a la empresa le beneficiaban. Fue así, que Adam llevó a la cúspide a dicha empresa, una cúspide que parecía que esa empresa no tendría jamás, no desde que los hijos del señor Howard habían cometido un fraude. Adam fue el milagro que la compañía necesitaba, pero, sobre todo, fue el hijo que el señor Howard quería, y, que, a pasar de no ser de su sangre, lo amaba más que a sus propios hijos.
Su familia no estuvo de acuerdo en el momento de darle la vicepresidencia, todos decía que Adam era un interesado que había sabido cómo manejar sus cartas, pero el señor Howard salía en su defensa a capa y espada, como su esposa mencionaba.
Lamentablemente, Howard murió un año después, a causa de un infarto, y lo que su familia creía que sería la oportunidad de echar a Adam de la empresa, resultó ser una desgracia, puesto que, en el testamento, se estipulaba que Adam Sangster era el heredero universal, y único dueño de las empresas Johnson's.
Claro está que su familia intentó alegar que Howard había sido obligado, pero existían pruebas contundentes que decían todo lo contrario.
El destino le había cambiado a Adam y Dylan gracias a un hombre, un ser humano que más que ser su jefe, fue un padre, un ángel guardián al que Adam siempre le estaría agradecido. Porque después de todo, ahora Emily y el señor Howard cuidaban a Adam y Dylan desde el cielo, y estaban planeando que su vida siguiera cambiando... Para bien.
...
En la actualidad.
Adam.
(🎶Soundtrack en
multimedia🎶)
—Esa es toda la historia, April Mayer—hablo al cabo de un momento de silencio. April mira el escritorio con detenimiento, al mismo tiempo que frota las palmas de sus manos sobre sus piernas. —Ahora sabes todo de mí, y espero que con ello hayas entendido la razón del ser distante contigo después del beso.
» Tengo miedo, ¿bien? —Acepto mirándola. — Después de todo lo que pasé con Emily, con Dylan... Tienes que entenderme; amé a Emily con todas mis fuerzas, luché junto a ella para sacar adelante a nuestro hijo, peleamos contra su enfermedad hasta el final... Tengo miedo, por Dylan y por mí, tengo miedo de que nos dejes y entonces... Si te vas, será más fácil si reprimo mis sentimientos, porque al irte, el golpe no será igual que sí abro mi corazón y te amo.
He perdido a muchas personas, April, Mayer, y aunque Emily está muerta, aún la amo, sea como sea, la sigo amando.
No quiero salir herido, ni mucho menos quiero que salga herido Dylan, pero, sobre todo, no quiero herirte a ti; porque tú eres la víctima de mis miedos y yo...
—Adam—me interrumpe—, te entiendo, y por todo lo que más contado... Sólo me hace admirarte más de lo que ya lo hacía, porque hacer todo lo que tú has hecho, hacer lo que Emily hizo... Simplemente es digno de admirarse.
» Sé que nunca seré Emily, sé que siempre la vas a amar y yo no busco remplazar a tu esposa en tu corazón, ni mucho menos busco remplazarla como la madre de Dylan; te amo Adam, y hace meses hubiera dicho que amarte está mal porque eres mi jefe, pero hoy... Hoy me doy cuenta que amarte no es ningún pecado, y que te amo, a ti a Dylan, como no pensé amar a nadie; y te diré algo: si tengo que esperarte años para que puedas abrir tu corazón, créeme que lo haré.
Te esperaré, Adam Sangster. Hasta que estés listo, ¿bien?
—Yo no podría pedirte que...
—Sh... No sigas, Adam—me detiene. —Sé que dirás que es injusto para mí esperarte, pero es mi decisión, y te esperaré, sin importar cuánto te tardes o inclusive si es hasta que Dylan esté grande.
A continuación, se pone de pie y me proporciona un tierno beso en la mejilla.
—Te esperamos en casa.
Y sin decir más, da media vuelta y se marcha de mi oficina, dejándome anonadado, y con el único pensamiento de que April Mayer es increíble, y sobre todo, con la idea de que me esperará.
...
¡Por fin! Gracias al cielo he podido publicar. Quiero aclarar que me he tardado tanto porque este capítulo es largo y eso ameritaba, así que espero que crean que el tiempo valió la pena.
Ahora, tengo que irme porque tengo que acabar un proyecto escolar, así que espero sus comentarios y votos.
Hasta pronto, queridas lectoras.
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