Chào các bạn! Vì nhiều lý do từ nay Truyen2U chính thức đổi tên là Truyen247.Pro. Mong các bạn tiếp tục ủng hộ truy cập tên miền mới này nhé! Mãi yêu... ♥

Capitulo 45: Interconectado


Kazuma se encontraba de pie frente al que fue el alfa y el omega.

Frente al creador... y frente a aquel que, se suponía, ya no existía.

The Absolute, o simplemente TA.

Aquel que en su momento le había revelado la verdad sobre Mimo, solo para luego afirmar, con una frialdad absoluta, que él desaparecería.

Que ya no permanecía en el plano verdadero.

Sin embargo, toda esa afirmación se vino abajo con una sola cosa:

Su presencia.

TA estaba ahí.

Frente a él, dentro del programa Mimo.

Eso solo podía significar una cosa.

Kazuma apretó los dientes.

—...Mentiste —susurró.

TA no reaccionó de inmediato.

Su expresión se mantuvo serena, casi inmutable, pero su mirada jamás se apartó de Kazuma, ni siquiera por un segundo.

El silencio se alargó más de lo necesario.

—Hah~

Entonces, TA suspiró.

Un suspiro largo, exagerado, como el de alguien al que acaban de descubrir haciendo trampa en un juego aburrido.

—Waos... —dijo al fin—. Así que eso es lo que estuviste haciendo todo este tiempo.

Kazuma no apartó la mirada.

—"Salvar al portador es una prioridad".

Pronunció esas palabras con desprecio.

—Esa orden fue la grieta. Gracias a ella pude ver toda la realidad. El programa. Sus capas. Lo que hay detrás de Mimo.

TA ladeó ligeramente la cabeza.

—¿Puedo deducir que ahora lo sabes todo?

—Lo necesario —respondió Kazuma, cerrando los ojos un segundo—. Me tomé el tiempo de leer el manual.

Una sonrisa apareció en el rostro de TA, era el equivalente a un niño apunto de hacer una travesura, Burlesca e infantil.

—¿Quieres que te aplauda? ¡Maravilloso!

Clap. Clap. Clap.

—¡Felicidades, Shin—! ...Ah, no, no, anime equivocado, perdón —se corrigió con descaro—. ¡Kazuma-san! ¡Hiciste lo único que los demás jamás hicieron!

Los aplausos resonaron un par de veces más, vacíos.

—Prestar. Atención.

La sonrisa se le borró de golpe. Como si alguien hubiera apagado un interruptor.

Sus ojos, antes despreocupados, se volvieron fríos.

—Repito, ¿quieres que te aplauda otra vez? —preguntó con una voz más baja—. ¿O prefieres que finja sorpresa?

Kazuma negó lentamente.

—Ya no vas a ocultarlo.

—¿Y arruinar la actuación? —TA infló las mejillas un instante—. Qué cruel~

—No lo hagas —dijo Kazuma sin dudar—. Sería molesto.

Kazuma enderezó la espalda.

Su postura se volvió firme, pero su mirada se suavizó, como si ya hubiera aceptado algo inevitable.

Entonces, Kazuma habló.

—Lo del deseo absoluto, eso de andar diciendo que reuniría a los programas restantes, de halagarme por ser el que más ha durado... y luego desaparecer —continuó—. Nunca fue un favor.

TA ladeó la cabeza, curioso.

—¿Desaparecer? —repitió—. Vamos, no exageres. ¿Dónde quedó el niño que me chillaba por un power up? Igual te di contexto de todo, es mejor que nada, aunque...

Alzó un dedo, como un narrador fastidiado.

—Mientras otros hablaban por ti, decidían por ti, discutían por ti... tú estabas fuera del foco.

Apoyó el corazón en su mejilla, como si se estuviera burlando de Kazuma.

—¡Pero eeeeh~! Espero que estés orgulloso de adónde te llevaron "tus" decisiones —canturreó—. Yo todavía sigo traumado con el episodio de los parásitos, pero bueno... bromita er—

—El punto es... —lo cortó Kazuma, seco.

La ligereza se rompió.

El silencio volvió a caer entre ambos, más pesado que antes, como si el aire hubiera perdido paciencia.

Kazuma sostuvo la mirada.

—Tú... solo quieres destruirlo todo.

Esta vez, no hubo risa, tampoco actuación. Y en TA no hubo forma de disimularlo.


***


Tiempo atrás.

Después de lo ocurrido con Megumin en el incidente de la aldea carmesí, la mente de Kazuma estaba rota.

No era un dolor inmediato ni explosivo.

Era peor.

Era esa sensación de vacío que se filtra lentamente, erosionando cada pensamiento, cada recuerdo, hasta que ya no queda nada a lo que aferrarse.

Había intentado convencerse de que podía seguir adelante.

De que bastaba con avanzar.

—Otra vez... —pensó—. La volví a cagar.

Quiso explicarse.

De verdad quiso.

Pero las palabras se le atascaron, como siempre.

No quería perder su amistad.

No quería alejarla, igual que con Eris, igual que aquella noche en que entendió —demasiado tarde— que había dicho justo lo que no debía.

No quería volver a ser el tipo que hiere sin querer... o peor aún, por no saber hablar.

—¿Por qué nunca puedo ser honesto cuando importa...? —se preguntó, con amargura.

El recuerdo de Artemisa se coló sin permiso.

También aquel momento en que quiso sincerarse con Darkness.

Toda esa incompetencia lo estaba aplastando con un peso enorme en su interior, amenazándolo con perderse en el abismo de su propia mente.

Y eso, por supuesto, se sumaba a una verdad imposible de ignorar:

Si algún día iba a ser padre, no podía seguir siendo ese idiota que huye cuando las cosas duelen.

La presión en su pecho aumentó.

Demasiado.

Y ahí fue cuando pasó.

Sin darse cuenta, dejó de resistirse.

—Hazlo tú... —murmuró en lo más hondo—. Yo no puedo.

Desde ese preciso momento, su contraparte, "Control", había tomado el mando.

Al menos esa faceta de sí mismo podía tomar decisiones más directas, sin enredarse en dudas ni rodeos.

Pero incluso eso dolió.

Porque, en el fondo, sabía la verdad:

No estaba evitando el conflicto.

Estaba huyendo cobardemente, otra vez.

CRUCK.

Y él...

Justo cuando la última barrera de su cordura crujía.

Sin que Kazuma lo notara, algo comenzó a desbordarse.

No porque hubiera caído todavía.

Sino porque ya había soltado el mando.

El programa Mimo reaccionó primero.

Energía.

Demasiada.

No se liberó de golpe, sino que se filtró a través de grietas invisibles, como si el propio sistema se estuviera resquebrajando para aliviar la presión interna.

Si aquello continuaba, ese mundo no tendría salvación.

La estructura entera sería aplastada por una energía que no obedecía a nadie.

Ni siquiera a él.

Fue entonces cuando las pantallas se encendieron.

ASM, en ese entonces, intentó intervenir.

[¡Advertencia!]

[¡El estado mental del portador del programa Mimo ha superado los valores seguros!]

[¡Riesgo de colapso sistémico inminente!]

[¡Se recomienda estabilización—!]

Kazuma no quería escuchar.

...Cállate.

No gritó.

No hizo falta.

Había tomado una decisión mucho antes: dejar que otro cargara con esto.

Ignoró las advertencias igual que había ignorado su propio dolor.

La energía siguió saliendo.

La hierba bajo sus pies comenzó a ennegrecerse, chamuscada por una fuerza que no debería existir allí.

Y entonces...

Su mente cedió.

No porque se rompiera en ese instante, sino porque ya no estaba al mando.

No hubo luz.

No hubo sonido.

Solo una caída silenciosa y profunda, hacia un abismo que no dolía... porque ya no sentía nada.

Pero, justo antes de perderse por completo, algo lo detuvo.

—...¿Huh?

[Iniciando protocolo de seguridad.]

[Limitadores emocionales: ineficaces.]

[El portador se encuentra en un estado anímico crítico. Se ha seleccionado el único medio viable para salvaguardar su consciencia principal.]

[Transferencia de control: Base de datos → Portador.]

[La integridad del portador será preservada en la base de datos del programa Mimo hasta nuevo aviso.]

El programa tomó una decisión desesperada.

Toda la información de Mimo fue empujada hacia la mente de Kazuma sin filtros ni jerarquías, como si el sistema hubiera volcado su contenido entero sobre él.

No para que la entendiera.

Sino para que su conciencia no pensara en nada más.

La sobrecarga lo atrapó en un estado extraño, suspendido.

Ni despierto.

Ni inconsciente.

Un océano de datos se extendía ante él.

No eran números fríos.

Eran conceptos, estructuras, reglas que se entrelazaban unas con otras, formando algo parecido a un pensamiento artificial.

Y en medio de ese caos...

Algo no encajaba.

—...¿Qué?

Una línea destacaba, casi silenciosa, como si hubiera estado esperando ser vista.

If return data center > void

¿Esto es programación?

La pregunta atravesó su mente en ese instante.

Nunca había tomado clases de ese estilo; es más, siempre evitaba las materias de tecnología.

Pero, por alguna razón, podía entenderlo...

No debería haberlo entendido.

Pero lo hizo.

No como código...

Sino como intención.

Ignoró todo lo demás.

Se aferró a esa frase como si fuera un salvavidas, dejando que el resto del flujo pasara de largo.

Orden dentro del caos.

Y, al hacerlo, algo se abrió.

Fswt!!

—Esto es... el núcleo.

Las órdenes principales.

Frente a él, la estructura real del programa Mimo comenzó a revelarse.

No como simples líneas escritas, sino como un entramado vivo de reglas que definían cada aspecto del mundo.

Kazuma estaba viendo cómo funcionaba Mimo de verdad.

No lo que debía ver.

No lo que estaba autorizado a conocer.

Lo entendió al instante.

El programa había cometido un error.

En su intento por salvarlo, había expuesto información prohibida.

Datos que jamás debieron llegar a una mente humana.

Pero Kazuma no sintió miedo.

Sintió claridad.

—...Así que aquí estaba.

Miró atrás.

Sus conciencias auxiliares discutían, fragmentadas, incapaces de procesar lo que ocurría.

Kazuma comprendió algo fundamental.

Esto no volvería a pasar.

Si no aprovechaba este momento, jamás tendría otra oportunidad.

La información era inmensa.

Aplastante.

Ni siquiera mil vidas serían suficientes para leerlo todo.

Mucho menos para comprenderlo por completo.

Pero, aun así...

—Aunque no entienda todo... puedo hacerlo.

Porque, si existía una respuesta...

Si había una forma de evitar que todo se repitiera...

Tenía que estar aquí.

El conocimiento es poder.

Y así, Kazuma mantuvo su conciencia anclada a ese trance informático, decidido a observar, memorizar y entender cada fragmento del programa Mimo.

Sin importar cuánto tiempo tomara.

Y el tiempo pasó...

Los recuerdos comenzaron a llegarle poco a poco, poniéndose al día junto con una enorme cantidad de líneas inentendibles.

Pero, debido a la concentración extrema de Kazuma, su cuerpo empezó a realizar movimientos involuntarios, sin que él lo notara.

—No entiendo nada.

Y afuera del todo...

—¡¡ASM, SI NO ME DEJAS AYUDARLA, ME VOY A SUICIDAR!! —gritó Anular, eufórico.

Algunos códigos eran tan complicados que su mente dejaba de funcionar por varios segundos.

—El que hierro muere a plástico mata, buruburuburu...

Y en las afueras...

—¡Deja de gritarme a mí! Nadie estuvo en desacuerdo con la mamada —explicó Anular.

—Hmmm, touché —asintió Control—. Cualquiera en nuestro lugar hubiese hecho lo mismo. ¡Aparte, el otro no ha hecho nada, mira!

En algunas ocasiones, sus movimientos involuntarios iban más allá de su propia frustración.

—¡¡¿QUIÉN FUE EL LUNÁTICO QUE DISEÑÓ ESTA COSA?!! ¡¡¿POR QUÉ NO PONEN UN MANUAL BÁSICO?!! ¡¡ESTO ES RACISMO HACIA UN JAPONÉS!!

Y en las afueras...

—Esta es mi prometida, Lalatina-san. Preséntate ante todos —dijo Jatice.

Ruuh.

—...¿Ah?

El vasito que sorbía se apretó de un momento a otro.

Dentro del trance, Kazuma frunció el ceño.

Su mano subió sola y se rascó el cuello con torpeza.

—...Si el vector inverso colapsa el nodo, entonces la cabra es azul y los impuestos son una estafa...

Se quedó quieto.

—Maldita sea, no sé si le puse llave a mi cuarto... ¡¡Uhh, Eris-sama me colgará de patas arriba si se entera lo del armario!! O tal vez Megumin... o tal vez Darkness... Un momento, ¿si Aqua es la diosa del agua, también puede controlar mead—¿

Y afuera—

En esa noche, los ojos carmesíes de Megumin ardían con determinación.

—Me alegra de que... esta sea nuestra primera vez.

El castaño trató de sonreír... y, acto seguido, su propio brazo se le cerró alrededor del cuello.

—¡UE—K!

—¿¡Kazuma!?

Un poco más lejos, en la batalla contra Thama—

—¡NO, NO, NO! ¡TIREN PARO, ESTO YA NO ES JUSTO! —gritó Anular, empujando con ambas manos.

Thama se expandía como una masa gelatinosa imposible, tirando de ellos como un remolino.

—¡NO QUIERO QUEDARME SOLO! —se quejó Control, clavando los pies—. ¡¡No me dejes con esa Rem azul!!

Kazuma, completamente ausente, habló en voz alta desde el suelo:

—...Siento que alguien me agarró una nalga.

Y mientras el mundo seguía desmoronándose a su alrededor, Kazuma Satou continuó leyendo el manual del programa Mimo,

Sabiendo y, al mismo tiempo, no, que dejaba que el caos se encargara de todo lo demás.


***


TA caminó unos pasos hasta quedar más cerca de Kazuma.

Él lo observó con una expresión seria... pero curiosamente tranquila, como si ya hubiera aceptado algo inevitable.

Fue entonces cuando continuó, sin rodeos.

—Tú ya lo dijiste una vez.

TA arqueó una ceja.

—¿Hm?

—En nuestra primera conversación —continuó Kazuma—. Dijiste algo como: "En realidad, estoy conversando conmigo mismo".

Alzó la vista, firme.

—No era una broma.

El silencio se estiró.

Luego, TA dejó escapar una risa corta, divertida, como si acabara de escuchar a un niño repetir una verdad incómoda.

—Ah... eso —dijo, llevándose una mano a la frente—. Pensé que lo habías dejado pasar. La mayoría de personajes lo hacen.

Se encogió de hombros.

—Supongo que no debería sorprenderme. Siempre fuiste lento, pero no tonto.

Kazuma no reaccionó, entonces abrió sus labios:

—Yo... soy tú.

—...

—¿No es así?

TA dio un paso más, flotando apenas, mirándolo con una sonrisa educada, falsa, casi ofensiva.

—Sí. No eres más que un vestigio de mi ser, reencarnando.

Kazuma no desvió la mirada, comprendiendo.

—Todos los programas... ninguno fue elegido al azar —continuó Kazuma—. Todos son fragmentos de lo que quedó de ti, reencarnando una y otra vez hasta recuperar parte de tu voluntad.

TA chasqueó los dedos.

—Exacto. ¡Punto para ti!

Aplaudió una sola vez, lenta.

—Cuando esos fragmentos acumulan suficientes decisiones, errores y el deseo de cambiar algo, van de la mano con lo negativo... Es ahí cuando despiertan tu consciencia. —Murmuró Kazuma.

Se inclinó hacia adelante, con una sonrisa torcida.

—"Consciencia". Qué palabra tan elegante para decir: "ya no puedo ignorarme".

Hizo una pausa breve.

—Claro, es más complicado —añadió—. Pero si lo simplificamos para no aburrirnos...

Se encogió de hombros, como si fuese un niño confesando su más humilde travesura.

—Todos ustedes son yo. Mi voluntad, rota en pedazos, fingiendo no recordarse. Mucho menos a mí.

Kazuma cerró los puños.

Eso ya no lo sorprendía.

Pero sí cuando descubrió ese dato por primera vez.

Al rastrear el origen real de Mimo, lo había entendido.

Las conciencias no se aferraban a él por casualidad.

No era porque Kazuma fuera especial.

Era porque, en esencia...

Kazuma era TA.

Solo que con recuerdos distintos.

Distorsionados por el olvido de su propio ser.

Lo mismo ocurría con los demás programas.

Fragmentos de la conciencia de TA, todos afectados por una amnesia deliberada.

—Tampoco creaste la reencarnación para dar segundas oportunidades —dijo Kazuma—. Ni el más allá para dar paz a los mortales.

Lo fulminó con la mirada.

—Creaste todo eso como un plan de respaldo.

TA no lo negó.

Ni siquiera fingió sorpresa.

—Claro —respondió con ligereza—. Si alguien dudaba, jamás llegaría tan lejos como para notarlo.

Kazuma dio un paso al frente.

—Nunca confiaste en tu propia creación.

Su voz se endureció.

—Aseguraste tu regreso por si algo te sucedía.

TA entonces lo observó con atención, como si recién en ese momento le dedicara un interés real.

—Las historias... —continuó Kazuma— todo lo que me contaste... la palabrería que soltaste para seguir adelante... estaba mal.

Avanzó hasta quedar justo frente a él, mirándolo con ojos desafiantes.

—Dime la verdad.

El silencio entre ambos se volvió tan denso que podía pincharse como una aguja.

—¿Por qué se rebelaron contra ti?

TA lo miró durante unos segundos que parecieron demasiado largos.

Luego suspiró nuevamente.

—¿Sabes? —embozó TA—. Tienes una costumbre muy molesta.

Se rascó la mejilla, flotando apenas hacia atrás.

—Irrumpes como si fueras el dueño, me molestas... y luego exiges respuestas como si te las debiera. ¿No crees que solo estás preguntando y preguntando? —añadió con indiferencia—. Yo no gano nada con eso.

—...

—Bah... da igual.


***


Incluso algo perfecto puede volverse aburrido.

Un mundo pacífico.

-Gracias a los dioses por este día —dijo un campesino—. Nada malo puede pasar.

TA lo observó desde su plano.

—Tienes cáncer.

Dios lo sabía todo.

En otro mundo, un rey levantaba su copa.

-¡Por cien años más de prosperidad!

—Noventa y siete, en realidad —corrigió TA con desinterés—. Mueren por una plaga estúpida.

Cada resultado.

Una diosa recién nacida reía al verse reflejada en el cielo.

-¡MIRA, MIRA, MIRA! ¡Hice mi propia especie! ¡Ya hice vida!

—Copiaste un patrón ya existente. —bostezó TA—. Bienvenida al club.

Cada final.

Un héroe clavaba su espada en el monstruo.

-¡Esto termina aquí!

—Terminó antes de que nacieras —murmuró TA—. Solo estás siguiendo la coreografía.

Los mundos cantaban en armonía, los mortales vivían felices y los dioses no dejaban de crearse unos a otros, embriagados por la simple sensación de existir.

—Siempre la misma canción —dijo, apoyando la mejilla en su mano—. Mismos acordes. Distintos rostros.

Aquella perfección...

TA cerró un ojo, fastidiado.

—Es... aburrido.

Y no había ningún interés en observar algo que solo replicaba eternamente su propia quietud.

Fue entonces cuando decidió intervenir.

Chask!

Introdujo el hambre.

El estómago del agricultor crujió por primera vez en años.

-...¿Siempre estuvo tan vacío? —preguntó, confundido.

En otro mundo, un mercader cerró su tienda antes de tiempo.

-La gente empezó a guardar cosas —dijo—. Por si acaso.

-¿Por si acaso qué?

No hubo respuesta.

El caos nació y la conquista resurgió.

Más abajo, dos ciudades vecinas discutían por un río.

-Siempre compartimos el agua —dijo un aldeano.

-Siempre es ahora —respondió el otro—. Mañana no sabemos.

Las palabras se tensaron, las manos buscaron piedras, las piedras buscaron brazos.

Y la primera lanza atravesó un pecho.

El miedo se organizó.

La violencia aprendió a repetirse.

Más mundos trataron de ordenar el caos emergente.

Con reglas, jerarquías y castigos.

-Si no obedecen, se rompe todo —decía un gobernante.

-¡Pero no es justo! ¡Se nos está privando de lo básico! —Protestó un ciudadano.

Los mortales, impulsados por su deseo de vivir —un regalo de Liba— comenzaron a arrojar piedras... y luego a forjar armas.

De ese caos nacieron nuevos dioses.

No como creaciones directas, sino como consecuencias inevitables.

Y por primera vez...

The Absolute rió.

Observó el desorden sin saber qué ocurriría después.

Quién ganaría.

Qué mundo colapsaría primero.

El caos era hermoso.

Una pintura viva que reflejaba su objetivo original.

Lo amó tanto que quiso experimentarlo por sí mismo.

Y así, se deshizo de su omnipotencia.

Una y otra vez descendió.

En un cielo imposible, una dragona colosal dormitaba sobre las nubes.

TA apareció detrás, flotando.

—A ver si es cierto que no te despiertas—

TIRÓN.

Un rugido sacudió continentes.

-¡¿QUIÉN FUE?! —Tronó la dragona girándose furiosa.

TA ya no estaba.

Solo quedó una estela de risas.

-¡Igual un niño te termina preñando, fuajaja!

En otro mundo, dos guerreros gritaban al mismo tiempo, rodeados de energía.

-¡KAAAA—!

TA chasqueó los dedos.

El aura se apagó.

—Nah. Muy largo. Acórtenlo.

Ambos quedaron parpadeando, confundidos.

-¿...Qué iba a decir?

TA anotó mentalmente.

—Potencial desperdiciado por dramatismo.

Más lejos, en una aldea ninja, un muchacho rubio con bigotes de zorro gritaba sobre sueños y promesas.

TA se sentó en el aire, apoyando el mentón en la mano.

—El peor error fue incluir aliens... Pero me da cosa destruirlo, meh. Que se quede, ¿Qué puede salir mal?

El viento sopló.

El chico estornudó.

-¿Eh? Sentí... como si alguien me juzgara—Dattebayo.

En otra realidad, un faraón invocaba cartas con solemnidad absurda.

-¡Mi turno!

TA apareció sobre la mesa, inclinándose.

—¿De verdad confían el destino del mundo a cartón brillante?

Robó una carta, la miró al trasluz.

—Esta está rota. Banéenla.

La carta ardió.

-¡¿EEEH?!

TA ya se había ido.

En uno de sus tantos descensos y ataques de inspiración, TA decidió hacer una prueba rápida.

—... Algo simple, ¡Que sea como un chicle! Redontito... Bonito y gordito, ¡amigable, inofensivo! ¡Y con mucho apetito!

Amasó conceptos como quien hace plastilina, y lo dejó caer en un mundo colorido.

—¡Definitivamente me lucí! ¡Nada puede salir mal!

El pequeño ser abrió los ojos.

-Poyo.

TA aplaudió, encantado.

—Y decían que solo causabas caos, me siento orgulloso de mi mis—

Un segundo después, la criatura inhaló un dios menor por accidente.

TA parpadeó.

—...Ah.

Observó cómo esa cosa adorable empezaba a asimilar leyes de la realidad, copiando atributos que no deberían ser copiables.

Kirby sonrió.

-Poyo♪

TA retrocedió medio paso.

—Nota mental: nunca subestimar lo "tierno".

Decidió dejarlo ahí.

Muy lejos de él.

En otro descenso, TA cayó en un mundo saturado de grimorios.

Observó con interés a dos estelas, una oscura y una luminosa, luchando contra lo que parecía ser un elfo.

-¡¡MADA, MADAAAAAAAA!!

—Urh, muy gritón. ¡Por eso tendrán un final más Disney!

Chask!

Desapareció, y el final de la historia de ese mundo fue algo... Apresurado.

...

TA descendió en un páramo carmesí.

Un hombre sin un ojo, con una espada absurda, gritando un nombre como si pudiera romper el mundo a fuerza de rabia.

-¡¡GRIFFIIIT—¡!

TA apareció a su lado, flotando, mirando la escena con la cabeza ligeramente ladeada.

Miró el cielo.

Miró a las criaturas.

Miró la tragedia desarrollándose sin pudor alguno.

Chasqueó la lengua.

—¿Quién fue el imbécil que se pasó de turbio? ... Ah verdad, fui yo.

Por un segundo pareció pensar en intervenir.

El tiempo vibró, expectante.

Luego negó con la cabeza.

—Nah. Este mundo claramente pidió hardcore mode.

Antes de irse, lanzó una última mirada al hombre que seguía gritando, roto pero vivo.

—Sobrevive, grandote —murmuró—. Eres mi mejor guerrero.

Y así se la pasaba jugando con la creación...

Destruía ciudades por curiosidad y las reconstruía al instante siguiente, apenas ajustando detalles, solo para ver qué cambiaba.

—Uuuh... así reaccionan.

Jugaba con conceptos como si fueran piezas intercambiables de LEGO.

En un mundo apagaba el hambre.

En otro, la duplicaba.

Curiosamente, se le olvidó apagar el enfoque de dichos conceptos en cierto continente de una tierra verde llena de vida.

En uno más, alteraba el significado de la obediencia solo para ver cuánto tardaba en romperse una civilización.

Todos eran sus juguetes y, como un niño dando sus primeros pasos en la vida, la curiosidad era el mejor entretenimiento que tenía a su alcance.

Pero no todo era destrucción.

En ocasiones se sentaba a escuchar, a predicar su palabra.

Un poeta que hablaba de amor.

Un soldado que dudaba antes de matar.

Un niño que preguntaba por qué el cielo era azul.

TA los observaba con genuina atención.

Pero con el tiempo...

Los seres superiores que antaño había creado finalmente se cansaron.

Sentían lástima por las consecuencias.

Y miedo por alguien sin límites.

Fue entonces cuando así aconteció.

...

En algún punto, TA decidió organizar una reunión.

Después de todo, él, como creador del todo, quería estar en una misma sala conviviendo y apreciando los grandes pilares de su creación.

Brillar

El espacio se plegó y nació un salón imposible: vasto, suspendido fuera del tiempo.

En el centro florecía un pétalo colosal, cristalino, como una idea que nunca terminó de tomar forma.

Siete sillas lo rodeaban.

Todas distintas.

Todas ocupables.

Y en medio, ligeramente elevado, un trono simple. Demasiado simple para alguien como él.

TA se sentó y apoyó la barbilla en la mano.

—Hmm... llegar temprano sigue siendo incómodo, incluso cuando inventaste el tiempo. ¿Es esto emoción? —murmuró.

Esperó.

Un segundo.

Dos.

¡¡GUASH!!

Algo lo atravesó.

TA parpadeó.

Bajó la mirada con genuina curiosidad, como si el concepto de "herida" acabara de volver a su memoria.

—Oh... —dijo despacio—. Auch.

El salón tembló. El pétalo se agrietó.

Su omnipotencia, dejada atrás por voluntad propia, no respondió.

Esta vez no había marcha atrás.

Frente a él apareció Liba, la diosa de la vida, acompañada de otros dioses y los Guardianes, sin saber que estos últimos no eran más que fragmentos de su propia conciencia, usados para descender al plano mortal.

-Gran creador —dijo Liba, sin temblar—. Esto termina aquí. No más juegos. No más pruebas. No más mundos rotos solo para ver "qué pasa".

TA alzó la vista con interés genuino.

—¿De verdad usas ese tono conmigo? —comentó—. Creí que al menos me gritarías.

-Has traído suficiente desgracia —continuó Liba—. Otros dioses nacientes del caos y la calamidad han ascendido por ti... Has confundido curiosidad con derecho.

TA suspiró, como si escuchara una queja repetida demasiadas veces.

—Les di elección —replicó con calma—. Que el universo tenga pésimo autocontrol no es enteramente mi culpa; igual, siempre se puede reparar.

Liba no replicó de inmediato.

Dio un paso al frente.

-Eres demasiado peligroso para seguir existiendo así. Por el bien de todo lo que vive... es momento de un cambio.

TA la miró a los ojos.

Por primera vez, no como creador.

Sino como alguien viendo una jugada interesante.

—¿Sabes qué es lo curioso? —dijo al fin—. No me molesta que me traicionen; es más, ¡qué buena se puso la trama!

Levantó la mirada hacia los Guardianes, luego volvió a Liba.

—Me decepcionaría más que pensaran que esto... —hizo un leve gesto con la mano herida— realmente resuelve algo.

El Primero extendió su brazo al mismo tiempo.

Trsskkkk!!

Rayos verdes golpearon a TA, tratando de negar su origen mismo.

Los sellos se cerraron.

Todo método de escape fue cancelado.

Todo concepto de inmortalidad fue arrancado de TA, no destruido, sino desautorizado.

Por primera vez...

Existir dejó de ser una opción para él.

TA no opuso resistencia.

Solo sonrió, divertido.

—Supongo que les tocará aprender por experiencia —murmuró—. Después de todo... yo también empecé así.

En el rostro perfecto de Liba, solo una mueca de disgusto apenas perceptible se mostró.

FWOOOOOSH!!

La luz irrumpió en el avatar de TA, terminando el trabajo.

Y entonces, TA dejó de estar.

...

Pero el universo no se relajó.

Porque TA ya lo había previsto.

Creó el programa Mimo como seguro de su existencia, cargándolo con la verdad de su realidad, protegido por innumerables sellos.

Aun así, quiso seguir observando.

Ocultó un recuerdo de sí mismo para contemplar cómo las reglas seguían su curso.

Así, el recuerdo del creador observó la pantalla de su creación...

Como si mirara una función eterna.

Hasta que fue descubierto.


***


TA flotó suavemente y se sentó en el aire.

Su expresión se relajó mientras divagaba.

—Después de eso... —dijo con ligereza— ya sabes cómo sigue la historia.

Alzó una mano, como si avanzara una escena.

—Me limité a observar. A esperar cuál de ustedes sería capaz de reunir los programas.

Sus ojos se posaron en Kazuma, con una curiosidad casi afectuosa.

—Y, por supuesto, las condiciones finalmente se cumplieron. Uno por uno comenzaron a caer.

Hizo una pausa breve, como si contara mentalmente algo infinito.

—Pero no serás el único. En un cálculo infinito no existe el cero por ciento. Tarde o temprano aparecerá otro... y luego otro más.

—...

TA ladeó la cabeza, divertido.

—¡Lo chistoso de todo esto! Todos vieron la misma ventana. Aceptar. Cancelar. Siempre igual.

Sonrió apenas.

—Y ninguno rechazó.

Kazuma apretó los dientes.

—No porque no pudieran —añadió TA, con suavidad—, sino porque no querían seguir viviendo como estaban. O sea, es BÁSICO en toda psicología de todo ser vivo.

Se encogió de hombros.

—Y sí, antes de que me lo recuerdes... porque sé también que recuperaste tus recuerdos de ese entonces —añadió—, tú sí intentaste cancelar.

Kazuma levantó la vista de golpe.

TA sonrió apenas.

—Eso siempre te dio cierto mérito. A diferencia de otros, dudaste. Te resististe. Por unos segundos.

Hizo un gesto con los dedos, como si midiera algo insignificante.

—Pero ¿realmente podías darte el lujo de hacerlo?

Kazuma apretó los puños.

—...No había opción —murmuró.

—¡Exacto! ¡9/10 para ti! Elegiste lo mejor que hacías incluso en Japón: ¡cargar con ello y arruinarte! ¡Kuhahahahaha...!

Luego de limpiarse las lágrimas de la risa, TA volvió a recomponerse y miró a Kazuma.

—Dime algo, Kazuma-kun —preguntó con un tono burlón—. Ahora que lo sabes... ¿qué harás?

Kazuma frunció el ceño.

Entendía perfectamente a qué se refería.

No había salida.

—Si mueres, olvidarás tu nombre y renacerás con otro. Si continúas, solo alargarás tu identidad. Pero cuando las condiciones se cumplan... yo volveré.

No había más opciones.

El programa estaba diseñado para eso.

Sin importar la elección, el resultado era el mismo.

TA retomaría su lugar.

Y el mundo sería reiniciado.

—Tú eres yo y yo soy tú —continuó—. Solo hablas con un recuerdo de lo que fuiste.

Dejó que la frase respirara.

—Kazuma Satou será... un recuerdo agradable. Feliz, triste, épico o lleno de risas.

Sonrió, leve.

—Tú decidirás... y entonces yo me uniré a los demás fragmentos. Al final, "Kazuma Satou" dejará de ser "él"... para convertirse en "Él", regresando a mí.

Kazuma dio un paso atrás.

Bajó la mirada y se quedó observando el suelo durante unos segundos.

—¿Por qué bajaste? —preguntó de repente—. ¿Por qué hiciste todo esto?

TA sonrió.

—Sigues preguntando como si no hubieras sido tú quien tomó esa decisión —respondió—. Eso me encanta de ti.

Se inclinó apenas.

—Neh, dime... si estuvieras sentado en la eternidad, ¿no harías lo mismo?

Se acercó y tocó el pecho de Kazuma con su dedo anular.

—Eso que llamas moral —continuó— es algo que aprendiste después. A golpes. Con nombres y rostros.

Su voz se suavizó.

—Antes no existía. Y no va a durar.

Retiró la mano.

—Porque al final siempre ocurre lo mismo.

Le dio la espalda, como si el asunto ya estuviera cerrado.

—Tú decides las reglas. Y cuando decides... descubres que nunca las hubo.

Se giró apenas, lo justo para mirarlo de reojo.

—Acaba con Okabe, toma el programa Time, hazle recordar quién fue antes, vive como mortal un poco más...

Enumeraba sin énfasis, como quien repasa una lista ya memorizada.

—Reúne los demás programas. Ahora tienes acceso maestro. Tienes un cuerpo perfecto, no más límites. No eres un gusano que necesita condicionantes.

Al final, TA se rascó la mejilla, como si le diera una orden a un empleado.

—Después de que estés satisfecho... desvanece tu identidad. Yo retomaré mi lugar.

Kazuma guardó silencio.

TA tenía razón.

No había escapatoria.

Así que se dio la vuelta y comenzó a caminar.

Si no había alternativa... seguiría adelante.

—¿Sabes...? —dijo Kazuma, deteniéndose.

TA alzó una ceja.

—¿Y si pido una segunda opinión?

—¿Huh?

Unos pasos resonaron a la derecha de TA.

Cuando giró...

—¡...!

Por primera vez, el rostro del creador se volvió pálido.

—Déjame presentarte...

Cabello blanco como la nieve.

Piel violeta.

—Al portador del programa Mimo más poderoso que ha existido.

Un recuerdo que jamás debió existir.

Una contradicción absoluta.

En contra del programa.

En contra de sus reglas.

En contra de las suyas propias.

—Ha pasado tiempo... creador.


***


Entre ambos se encontraba el portador más fuerte que el programa Mimo había tenido jamás.

El predecesor.

TA los observó con el rostro serio... aunque una inquietud apenas perceptible se filtraba en su expresión.

No recordaba haber creado ningún método capaz de recuperar una versión previa de sí mismo después de su partida.

No existía un "más allá" para los programas.

Una vez muertos, regresaban al ciclo eterno de reencarnación, donde no quedaba nada de lo que alguna vez fueron.

Cuando un programa muere, su nombre es lo primero en perderse.

Ni siquiera los registros universales conservan memoria de quién lo portó.

Y, aun así...

Allí estaba el predecesor.

De pie.

Formando un triángulo perfecto con TA y Kazuma, como si su sola existencia desafiara la arquitectura misma de la creación.

Durante unos segundos permaneció en silencio.

Luego, dio un paso hacia Kazuma.

—Así que... sí había una salida —dijo con calma, sin arrogancia—. Debo admitirlo. Manejas el programa mejor de lo que yo jamás pude.

Kazuma frunció el ceño al instante.

—No me hables así con condescendencia —escupió—. Ni siquiera te conozco del todo, imbécil.

Su mirada estaba cargada de enojo... y de resentimiento.

—Todo fue difícil por tu culpa —continuó—. El programa nunca respondió como debía. Nunca pude activarlo cuando lo necesitaba.

Su mandíbula amenazó con romperse.

—Todas esas limitaciones... y el hecho de que yo haya sido el portador más débil hasta la fecha... ¡no fue más que el producto de tu GRAN CAGADA!

El predecesor no replicó.

Simplemente bajó la cabeza.

No podía negar esas palabras.

Eran verdad.

—Tú... rompiste el programa Mimo cuando era tu turno —acusó Kazuma.

TA giró lentamente para mirar al predecesor.

Él también conocía esa verdad.

No pensaba decírsela a Kazuma.

Pero, al final, él la había descubierto por sí mismo.

El predecesor cerró los ojos.

—Sí, lo hice... —respondió con voz apagada—. Yo rompí el programa cuando fue mi turno.

Abrió los ojos una vez más.

—Y aún lo recuerdo.


***


Hace mucho tiempo.

Cuando los siete programas chocaron en una guerra capaz de sacudir los cimientos de toda la creación, el desenlace ya comenzaba a inclinarse hacia un solo lado.

Los seis guardianes de aquella era habían logrado acorralar al portador del programa Mimo.

Rodeado, exhausto, sentía cómo su existencia era empujada lentamente hacia el abismo por una fuerza que lo superaba.

Desesperado, comenzó a extraer más y más energía de la fuente del programa.

No tenía los medios para controlarla, pero aun así la reclamó.

El límite del cincuenta por ciento que restringía a Mimo lo tenía atrapado, espalda contra la pared, consciente de que, si continuaba así, terminaría perdiéndose a sí mismo.

Y entonces...

Lo vio.

Más allá de las funciones visibles del programa, más allá de sus permisos y restricciones, había algo más.

Un calor.

Una presencia que dormía en lo más profundo de las reglas impuestas para su uso.

Sin otra alternativa, decidió apostarlo todo.

Usaría su última esperanza, incluso si eso significaba cruzar un punto sin retorno.

El calor que liberó en ese instante fue tan abrumador que toda la creación sintió su peso.

Como si el mundo entero se mirara en un espejo... y reconociera su propia fragilidad.

El equilibrio se rompió.

Uno tras otro, los programas comenzaron a ceder.

El portador de Mimo avanzó, ganó terreno y, finalmente, acabó con dos de ellos.

El porcentaje de su programa ascendió al setenta por ciento.

Los cuatro portadores restantes quedaron en jaque.

Aterrados por el poder que había despertado, comprendieron que, si querían salvarlo todo, debían detenerlo ahí y ahora.

Fue entonces cuando el portador del programa Crear decidió arriesgar su propia vida.

Con la ayuda del programa Eliminar, forjó algo impensable:

Un material nacido de su propia esencia, diseñado exclusivamente para detener aquella calamidad.

Forjada en la desesperación, la última esperanza del portador de Mimo encontró su respuesta.

Un arma creada a partir de los deseos de los programas.

Un objeto que no solo lo heriría...

Sino que afectaría directamente al sistema operativo del programa Mimo, condenándolo a un destino peor que la muerte...

El fin de la línea.

En su momento más vulnerable, los programas lo sublimaron.

Controlaron su voluntad.

Sellaron su regreso.

Le negaron la posibilidad de volver a ser quien fue alguna vez.

Lo maldijeron.

Palabras nacidas del odio se clavaron en su alma, dejando cicatrices imposibles de borrar.

Y así, el portador del programa Mimo puso un paréntesis al ciclo.

Rompió el programa que lo definía.

No solo para sí mismo...

Sino para todas las generaciones futuras.


***


—Un programa... capaz de crear... —murmuró Kazuma, más para sí mismo que para los demás.

La idea no era nueva.

De hecho, era demasiado obvia como para haberla ignorado tanto tiempo.

Si existía un programa cuyo propósito era eliminar y había otro que anulaba todo...

Entonces, por simple coherencia, debía existir otro que hiciera lo opuesto.

La creación. ¿Pero hasta qué punto?

El problema no era la lógica.

Era que nunca había tenido el lujo de pensar con calma.

No cuando cada decisión venía acompañada de muerte, culpa y consecuencias irreversibles.

El predecesor lo observó en silencio unos segundos antes de hablar.

—No es una mentira —admitió finalmente—. Es cierto lo que dices, Kazuma. Y también es cierto que, por mi culpa... tú estás cargando con todo esto ahora.

Kazuma apretó los dientes.

Las palabras le calaron más de lo que quería admitir.

—La maldición del odio... las DeadLine... no poder activar el programa a voluntad... —enumeró, con la voz tensa—. Y lo peor de todo... el progreso que se perdió.

—...

Cada palabra era una herida vieja que nunca cerró.

El predecesor no respondió de inmediato.

No tenía defensa, mucho menos excusas vagas.

—Jamás te perdoné por eso, maldito.

La voz no vino de Kazuma.

Kazuma y el predecesor giraron al mismo tiempo.

TA los observaba con los brazos cruzados y una sonrisa burlona grabada en el rostro.

—Mi sistema era perfecto —continuó con ligereza—. Los datos de cada portador del programa Mimo se transferían al siguiente. Experiencia, errores, fragmentos de voluntad... todo avanzaba en una sola dirección.

Hizo un gesto despreocupado con la mano, como si apartara polvo invisible.

—Fragmentos de toda mi creación fusionándose poco a poco en uno solo. La convergencia era la ideal.

Su tono cambió apenas.

—Pero por su desesperación... —añadió, mirando al predecesor— la maldición del odio se infiltró en el programa como un virus y corrompió las funciones primordiales.

Kazuma tomó la palabra.

—Una de ellas fue la transferencia de datos —dijo con frialdad—. Los recuerdos dejaron de pasar de un portador a otro.

Apretó los puños.

—Por eso tuve que empezar desde cero, por eso ningún programa sabía de mi existencia hasta ahora...

El silencio que siguió fue pesado.

Nada más hacía falta decir.

—Sabía que no podía dejarte completamente solo... —admitió al fin—. Condené tu futuro por culpa de mi negligencia, y le rompí el corazón a ella.

Kazuma sonrió al oírlo.

Una sonrisa leve, casi amarga.

—A este punto, solo puedo decir que... —añadió el predecesor, bajando un poco la voz—... cuida de Regina.

Kazuma lo cortó al instante.

—No —frenó Kazuma en seco, señalándose—. Kazuma Satou no es plato de segunda mesa... Esa desquiciada sabe cuidarse sola, suficiente tengo con que me saque canas verdes.

El predecesor soltó una risa corta, casi nostálgica.

—Vamos... siempre le gustaron los tipos que se quejan, aparte de que tiene un bonito perro.

—Touché, pero me gusta conservar mi estabilidad mental. —admitió Kazuma, sin ganas.

En contraste, la mirada de TA se oscureció.

—Por el daño que causé... —continuó el predecesor, con la voz baja— no tienes los datos necesarios para saber qué hacer. No entenderías de lo que serías capaz. Por eso yo...

—Lo sé, dejaste a alguien para ayudarme —interrumpió Kazuma.

Alzó la mano y señaló directamente a TA, como si por fin encajara la última pieza.

—Por eso digo que mentiste. Y fue entonces cuando entendí que estabas mal. Tu sistema estaba roto desde el inicio.

TA frunció ligeramente el ceño.

—Si después de la muerte de un portador no quedaba nada —prosiguió Kazuma—, si todo regresaba al ciclo y se borraba por completo... entonces explícame algo.

Clavó la mirada en TA.

—¿Cómo explicas la existencia de ASM?

TA dio un paso atrás.

La sonrisa seguía ahí, estirada, perfecta... pero ya no lograba ocultar el nerviosismo que comenzaba a filtrarse.

Kazuma no esperó respuesta.

Apartó la mirada y siguió hablando, como si ordenara pensamientos que llevaba demasiado tiempo acumulando.

—Al principio pensé que era una creación directa de Mimo. Un asistente más. Pero cuando busqué su origen... no había nada.

Hizo una breve pausa.

—Ningún registro. Ningún log. Ninguna línea que indicara su creación. Mimo jamás la diseñó.

El silencio pesó.

—Lo único que encontré —continuó— fue una habilidad menor: lectura de habilidad. Un tipo visor con una función pasiva que solo observaba estados, datos y condiciones.

Negó con la cabeza.

—Pero eso nunca fue ASM.

Alzó la vista.

—Fue el recipiente.

—Un canal... —murmuró el predecesor, como si por fin lo entendiera.

Kazuma asintió.

—Cuando el porcentaje aumentó y los datos comenzaron a acumularse, algo más encontró un punto de apoyo allí.

Miró al predecesor.

—No nació desde cero.

—Se manifestó.

—Y en ese instante —continuó Kazuma más decidido que antes —, aquella habilidad colapsó. No estaba diseñada para contener eso.

El aire se volvió denso.

—Por eso ASM siempre pudo atravesar las barreras de seguridad —concluyó Kazuma—. Nunca formó parte real del sistema. No estaba sujeta a sus reglas.

—"Proteger al portador"... —susurró el predecesor.

Kazuma volvió a asentir.

—Su sola existencia contradice todo lo que Mimo representa: un ciclo constante, paciencia infinita y espera.

Siempre creyó, por la forma en que TA le hablaba, que ASM era una existencia ligada a él, una ayuda dejada atrás.

Sin embargo, ante esa contradicción, y todo lo que influía TA en Mimo, y lo que ASM era en realidad, no tenía sentido.

—ASM siempre priorizó mi seguridad. Por encima de todo... No el proceso. No el resultado final.

Su vida era lo más valioso.

Como si su misión no perteneciera a Mimo... sino a algo distinto.

—Evitar que la historia se repitiera... —dijo el predecesor con voz apagada—. En mis últimos momentos, rogué porque alguien me hubiera detenido.

Levantó la mirada, cargada de culpa.

—No sabía cómo. No sabía si era posible. Pero ese deseo... fue lo último que quedó de mí.

La verdad quedó al descubierto.

ASM no había sido creada por el creador.

Su origen estaba en el predecesor.

Tras su caída, al comprender el daño irreversible que había dejado en el sistema, utilizó todo lo que le quedaba para dar forma a un nuevo ser.

Uno que pudiera vigilar... y corregir su error.

Así nació ASM.

Oculta por falta de autoridad.

Dormida hasta que la urgencia la obligó a despertar.

Cuando Kazuma estuvo al borde de la muerte, con la llegada del sexto programa, el protocolo se activó.

—Proteger al portador.

Tras esa revelación, el trío permaneció en silencio.


***


—Keje... kejejeje... ¡Kuhahahaha!

La carcajada de TA rompió el aire.

Kazuma y el predecesor lo miraron, sorprendidos por aquella risa cargada de ironía e hipocresía.

—¿Y qué más da? —dijo TA, secándose una lágrima inexistente—. Sí, mentí.

Alzó los hombros con despreocupación.

—Sobre ASM. Sobre el origen del programa. Incluso me mentí a mí mismo creyendo que mi plan era perfecto.

Miró al predecesor con una arrogancia casi infantil.

—Nunca di valor a los mortales y otras existencias aparte de mí. Jamás consideré que ustedes pudieran persistir como algo más que datos descartables.

Su sonrisa se ensanchó.

—Ni siquiera se me pasó por la cabeza que, al igual que yo, pudieran existir como recuerdos.

Luego volvió la mirada hacia Kazuma.

—Pero dime —continuó—, ¿qué cambia eso ahora?

Extendió las manos, como mostrando un tablero que ya conocía de memoria.

—Tus opciones siguen siendo las mismas. Vivir un poco más para completar el plan... o morir y seguir alimentando el ciclo de la inevitabilidad.

Antes de que Kazuma pudiera responder, el predecesor dio un paso al frente.

—No tiene que ser así —dijo con firmeza—. Ya viste de lo que es capaz el programa. Tienes acceso maestro. Si liberas la copia sobre la creación, el sistema te reconocerá como el verdadero creador.

Clavó los ojos en Kazuma.

—No tienes que perderte en el proceso. Puedes salvarlo todo.

—Y solo estarías esperando convertirte en mí otra vez —interrumpió TA con una sonrisa pícara.

—¡Pero no tienes que cometer tus mismos errores!

—Cuando te aburras, reiniciarás el ciclo...

—¡Puede salvarlos! Puedes hacerlo mejor, sabes qué errores no cometer.

—Salvar cansa.

—¡No tiene por qué reiniciar nada!

—Quiero ver cómo tu culo no se duerme sentado por una eternidad.

—¡Tú puedes...!

—Debes...

Kazuma estaba allí.

Pero no los escuchaba.

Había dejado que las palabras pasaran de largo mientras su mirada se perdía en el horizonte.

https://youtu.be/s3lrvmgLN6Y

'Entonces... solo me queda elegir.'

El camino parecía claro:

Resolverlo todo... o poseerlo todo.

Pero algo no encajaba.

¿Por qué mierda tengo que hacerles caso?

Miró sus manos.

Eran sus manos.

No las del creador.

No las del predecesor.

Las de Kazuma Satou.

Las mismas que siempre terminaban metidas en problemas que no pidió.

ASM había nacido para cumplir el último deseo del predecesor.

MIMO existía para completar el plan del creador.

—No quiero.

La frase salió seca.

Apretó los dientes y la repitió, ahora con peso.

—No quiero.

—¿...?

Ambos lo miraron confundidos.

—Jamás seré como tú —dijo Kazuma, señalando al predecesor—. No soy un héroe. Tampoco me paso la vida pensando en "el bien mayor". Eso déjaselo al hijo de Kripton o a gente con menos traumas.

—¿Hijo de qué...? ¡Oye, espera! —saltó el predecesor.

—¿Are? No te confundas, te saqué del vacío porque compartías ligeramente mi visión.

—¡Pero tú querías salvarlos! ¡A tus seres queridos y al mundo y—!

—No —lo cortó Kazuma—. Haré lo que pueda. Y si no alcanza... pues no alcanza. Me equivocaré, asumiré la cagada y seguiré caminando. Como siempre.

—¡Pero no tienes por qué conformarte con eso! ¡Podemos—!

—¿"Podemos"...? —repitió Kazuma, arqueando una ceja—. Difunto-san, tú ya fuiste a comprar pan hace rato y no regresaste nunca. Solo te traje de vuelta para demostrar un punto, ¿capishi?

—...

Una pantalla apareció frente a Kazuma.

[No tiene que ser así, Kazuma.]

La observó unos segundos... y rió por lo bajo.

—No intentes engañarme. Puede que tú la crearas... pero yo la crié.

—¡!

El predecesor intentó invocar al sistema una vez más.

No respondió.

—¡Yipa, yipa! —dijo Kazuma—. Tu tiempo ya pasó. Acepto este regalo como compensación por el desastre que dejaste. Ya puedes irte tranquilo.

—¡Espera! ¡No puedes...!

Extendió la mano.

Pero Kazuma ya no quería escuchar.

Su voluntad se manifestó y lo expulsó.

La figura del predecesor se desvaneció como polvo, rodeada de descargas eléctricas.

Al final... solo quedaron el creador y él.


***


The Absolute caminó hasta quedar nuevamente frente a Kazuma, sin borrar su sonrisa.

Pero Kazuma ya no era ingenuo.

Vio lo que se escondía detrás de ella.

Miedo.

Un miedo genuino, desesperado, nacido no del poder... sino de la posibilidad de desaparecer.

Los seres a quienes más se les niega la muerte son, irónicamente, quienes más temen su llegada.

Kazuma lo entendió entonces.

Si él era el creador...

Entonces el creador también podía temblar.

—¿Qué crees que harás ahora? —preguntó TA, aún sonriendo—. No te quedan caminos. La realidad es—

—No lo sé —respondió Kazuma.

—...¿Huh?

—Y tampoco me importa.

Kazuma sonrió.

No fue una sonrisa forzada ni desafiante.

Fue natural. Serena. Como si, por primera vez, su rostro reflejara el deseo genuino de su corazón.

—Seguiré siendo yo mismo —continuó—. No un salvador. No un creador. No un plan de respaldo con patas.

Alzó la mirada y la fijó en TA.

—Pero hay algo que sí puedo asegurarte...

Extendió la mano y tocó el pecho del creador.

Esta vez fue distinto.

Una luz brotó desde el interior de TA.

No era energía.

Era autoridad.

Kazuma la estaba reclamando.

TA ya no existía como entidad dominante.

Solo era un recuerdo.

Kazuma Satou era ahora el único al mando del programa Mimo.

Y se aseguraría de que así permaneciera.

—Se acabaron los juegos —dijo con calma—. El control maestro se queda conmigo.

El cabello de Kazuma comenzó a brillar con una luz clara, casi etérea.

Al mismo tiempo, el iris de sus ojos adoptó los colores del programa Mimo.

Fue entonces cuando TA mostró su verdadero rostro.

—¡Ya basta de estupideces, Kazuma! —gritó.

La sonrisa desapareció por completo.

—¡Puede que hayas descubierto secretos de Mimo, pero hay demasiadas cosas que jamás puse en riesgo! ¡No sabes qué es realmente la última esperanza, sus consecuencias!

Su voz temblaba.

—¡No entiendes las consecuencias! ¡Me necesitas! —exclamó—. ¡Aún te necesitas a ti mismo!

Kazuma giró sobre sus talones y comenzó a caminar.

Ese simple gesto alarmó al creador.

TA intentó ejercer autoridad, tratando de retenerlo dentro de aquel espacio mental.

TRZZZZZZKK—

—...¡¡!!

Nada ocurrió.

El programa Mimo no respondió.

Porque TA ya no era...

El portador.

—Se terminó —dijo Kazuma, sin volverse—. Pero te aseguro algo más.

Se giró y extendió la mano.

Una ráfaga de rayos estalló hacia el creador.

TTRZZZZZZZZZZZZZZZZZZK—

Las descargas envolvieron a TA, aprisionándolo mientras su existencia comenzaba a desvanecerse.

—¡¡No te atrevas, Kazuma!!

Su figura se deshacía, volviéndose translúcida.

Kazuma apretó el puño.

—Yo jamás seré tú —prometió.

Ante esas palabras, el recuerdo del creador se disipó por completo, borrado del programa Mimo para siempre.

Kazuma quedó rodeado por una luz radiante, comenzando a levitar fuera de aquel espacio.

CRUCK!

El mundo se quebró.

Las capas de realidad se desprendieron como vidrio roto, dejando al descubierto un océano infinito de datos: líneas, símbolos, flujos sin dirección.

Luego, manchas negras y difusas comenzaron a devorarlo todo, borrando estructura, sentido... identidad.

Kazuma cayó.

No hacia abajo.

Hacia adentro.

El torrente de luz lo arrastró con violencia. Cada fragmento de información golpeaba su conciencia, intentando desarmarlo, dispersarlo, hacerlo parte del flujo.

Si soltaba su voluntad, desaparecería.

No moriría.

Se diluiría.

...


***


Tus programas no fueron milagros.

Fueron maldiciones.

Nacieron igual que el odio: del dolor, de la agonía, de la frustración de no poder cambiar nada cuando más importaba.

Todo eso convergía en un deseo desesperado... y tú lo llamabas "programa".

No los creaste para que odiaran al mundo.

Ni para que lo gobernaran.

Fueron creados para que se odiaran a sí mismos.

Cada habilidad, cada don, era un recordatorio eterno del error cometido en un instante de impotencia.

Ese fue tu mayor pecado, Absolute.

Dar poder a quienes aún no podían cargarlo.

Llamar amor a algo que solo engendró resentimiento.

Les diste poder... pero no redención.

Les diste propósito... pero no descanso.

Kazuma giró en el torrente, luchando por mantener forma.

—Yo no soy un error —pensó—. Mimo tampoco lo es.

El fuego que una vez fue un arma descontrolada ahora ardía distinto.

No para consumir.

Para sostener.

—Lo que quema también puede forjar —continuó su voluntad—. Lo que nació del dolor no está condenado a repetirlo.

El flujo se volvió más violento.

Sus dedos resbalaron.

Por un instante, estuvo a punto de perderse.

Entonces lo vio.

*Sonidos electrónicos*

Al final del túnel de luz, algo tomó forma, parecido a una mano extendida.

Kazuma dudó un segundo... y luego estiró la suya.

El contacto no fue físico.

Fue comprensión.

Aceptación.

El torrente perdió fuerza.

Kazuma volvió a afirmarse.

¿Quién decidió que una copia no puede superar al original?

¿Quién decretó que algo nacido del error no puede hacer el bien?

La luz se estabilizó.

—Mimo ya no será un castigo —afirmó—. No será un arma. No será un recordatorio del fracaso.

Será una herramienta.

Una para reparar lo que se rompió.

Incluso lo que tú dejaste atrás.

La mano lo sostuvo con firmeza.

Kazuma alzó la mirada, atravesando capas de tiempo y memoria.

—Incluso para ti... Time.

Pero se corrigió, al ver la cara verdadera de esa persona, de sus verdaderas intenciones.

—No, Okabe.

El nombre ya no pesaba.

—Prometo usar este poder para salvarte —juró—. Incluso a ti.

Y por primera vez desde el inicio del programa...

El poder no respondió por mandato.

Respondió porque Kazuma decidió no soltarlo.


***


Okabe esperaba que Kazuma aceptara su trato.

SLAP!!

—¿¡!?

En lugar de eso, recibió una bofetada que lo apartó de golpe.

—Tú... bastardo.

El vestigio del portador del programa Time observó a Kazuma, ahora envuelto en una luz cegadora.

Aun así, logró distinguir algo más.

Una sonrisa confiada.

Una voz firme.

—Oiga profe, creo que...—dijo Kazuma—. Tomaré la opción C.

—¡¡Mocoso!!

La luz que envolvía a Kazuma se expandió.

Bañó toda la simulación creada por Time, alcanzando cada rincón.

El resplandor lo cubrió todo.

Y así...

La calamidad fue detenida.


***


En un instante, aquella tormenta que amenazaba con devorar el cosmos entero —hambrienta, descontrolada, desesperada por saciar una gula infinita— simplemente... se detuvo.

Las formas caóticas, los símbolos carentes de sentido y los fragmentos de realidad que se retorcían sin orden comenzaron a disiparse, como humo arrastrado por una brisa invisible.

Todo aquello que desafiaba la razón fue tragado por un silencio suave, casi piadoso, como si el universo hubiera recordado de pronto cuáles eran sus propias reglas.

La sinfonía del caos fue silenciada por una orquesta invisible de orden.

Donde antes vibraba un rugido ensordecedor, ahora solo quedaba una balada serena, una melodía tenue que acariciaba el vacío.

Y, poco a poco...

Desde debajo de aquella distorsión residual, una silueta humana emergió.

Una figura familiar.

Temblorosa, frágil... pero real.

Kazuma había vuelto.

Rápidamente su cuerpo desnudo fue envuelto por una manta blanca, casi brillante.

Sin embargo, por encima de él aún flotaba Okabe.

La expresión de su rostro cambió.

La ansiedad y el temor que lo habían dominado se transformaron en algo distinto:

Una mezcla amarga de furia, incredulidad... y un dolor tan profundo que parecía rasgar el alma.

No podía creer lo que estaba viendo.

O quizá... simplemente se negaba a aceptarlo.

—No...

El grito de Okabe estalló, rompiendo el silencio como un trueno divino.

Rayos dorados brotaron de su cuerpo en todas direcciones, viajando sin control, como si su propia alma estuviera desgarrándose desde dentro.

—¡¡¿Qué has hecho?!! —exclamó Okabe.

Kazuma lo observó con serenidad, como si ya hubiera aceptado cargar con el peso del universo sobre sus hombros.

Okabe, en cambio, apretó los dientes con tanta fuerza que casi sangró.

Su rostro se contrajo, deformado por la ira y la impotencia.

—¡¡Estabas tan cerca de conseguirlo todo!! ¡¡Se suponía que debías moldear el mundo según tus deseos, tomar el destino con tus propias manos!! ¡¡Reescribir la historia del universo acorde a tu voluntad!!

Su voz tembló, quebrándose bajo un resentimiento que había permanecido encerrado durante demasiado tiempo.

—¿¡Por qué decidiste quedarte atrapado en el fango de esta horrible realidad?! ¿¡Por qué elegir la basura!?

Abrió las manos, señalando el paisaje destrozado que los rodeaba.

—¡¡Debiste ser él de siempre, elegir tu comodidad por encima de todos!!

Lo que alguna vez fue materia estelar ahora no era más que un páramo sin forma, un eco muerto del cosmos que los había cobijado.

Las estrellas estaban rotas.

La luz, distorsionada.

El camino... perdido.

—¡¡No puedo creer que realmente quieras quedarte aquí... donde ya no queda nada!! ¡¡No nos queda nada!! ¿¡Cómo no puedes entenderlo!?

Dolía.

Porque, por crueles que sonaran, las palabras de Okabe eran verdad.

Kazuma ya no tenía un hogar al cual regresar.

No quedaba nada del mundo que quiso proteger.

El Caos de The Last Hope.

Ese nombre sería recordado por generaciones futuras como la calamidad que dividió la historia en un antes... y un después.

Pero aún faltaba lo peor.

—El primero... ya debe estar por llegar.

El susurro escapó de los labios de Okabe cargado de un miedo tan profundo que ni siquiera él pudo ocultarlo.

Por un instante, su fachada fría y arrogante se resquebrajó.

Apretó los dientes.

No quedaba margen para lamentos.

Su plan... había fracasado.

—No... —murmuró, con veneno.

Enderezó la espalda, y la luz dorada volvió a envolverlo.

Sus ojos, antes humanos, se convirtieron en pozos vacíos, carentes de alma.

—Aún queda algo por hacer.

Los rayos dorados se arremolinaron en torno a su cuerpo, hundiéndose en su piel.

Su ropa se rasgó al instante; sus músculos temblaron como si estuvieran a punto de estallar.

Un miasma oscuro comenzó a mezclarse con la luz.

Okabe estaba llevando el programa Time más allá de cualquier límite humano.

Su cuerpo... no lo soportaría.

—Se acabó mi paciencia. Si te mato... puedo intentarlo de nuevo. Puedo forjar mi plan con el siguiente portador de tu programa... ¿¡Que es esperar una eternidad más!?

Las venas se marcaron como raíces negras sobre su rostro.

Las escleróticas de sus ojos se tornaron carmesí, como si la sangre hubiera invadido sus pupilas.

Venganza.

Eso era ahora lo único que lo movía.

—¡¡Solo debo matarte!!

Kazuma dejó escapar un suspiro.

Triste.

Profundamente triste.

Porque entendía que Okabe había llegado a ese punto... en parte, por su culpa.

Entonces, una luz comenzó a nacer a su alrededor.

Pequeños relámpagos electrónicos recorrieron su cuerpo como hilos de información viva.

Trzzzzzk.

—Es mi culpa, profesor...

Frente a sus ojos aparecieron incontables pantallas transparentes, proyectadas desde su propio ser.

[Iniciando escaneo completo del entorno.]

[Escaneando...]

—Sé que todo lo que hizo... es algo que yo también habría hecho en su lugar.

[Escaneo completo.]

[Iniciando análisis según los datos almacenados en la memoria del portador.]

[Calculando...]

—Pero por favor, permítame decirle una cosa.

[Cálculo terminado.]

[Advertencia.]

[El individuo conocido como "Okabe, portador del programa Time", está rodeado por una energía no registrada en la base de datos del programa MIMO.]

[Coincidencia parcial con los parámetros de "Gemelo de tierras fronterizas".]

[¿Desea activar el programa Mimo?]

Kazuma entrecerró los ojos y respiró hondo.

—De una forma u otra... voy a arreglar esto.

[Confirmado.]

[Iniciando activación del programa Mimo.]

Una tormenta de rayos descendió sobre él, pero esta vez no se dispersó por el cosmos.

Se reunió.

Se concentró en un único punto dentro de su ser, como un corazón que volvía a latir.

Su silueta se iluminó.

Su cabello se volvió blanco como la nieve.

Sus ojos brillaron con un resplandor eléctrico, reflejando el destino mismo.

Kazuma alzó la mirada hacia el hombre que una vez llamó familia.

Era el único vestigio de su mundo original.

Una sonrisa leve, silenciosa... y triste se dibujó en sus labios.

Y entonces, se impulsó hacia adelante, atravesando el vacío que los separaba.

—Lo prometo.


...


...


...


Hello There, Paska reportándose.

Fue un gran año, ¿no? Espero que la hayan pasado chido, aunque ya sabemos que siempre hay días de mierda y otros en los que nos sentimos modo GOD.

Este cap se iba a subir para Navidad, pero como cosa rara me dormí xd (y la neta el recalentado del 25 estuvo bien pinche sabroso). Pero bueno, dejando las bromas de lado: a partir de este punto puede que el concepto de "Konosuba" se haya perdido... ¿O a poco lo hubo? Nah, solo estoy jodiendo.

Ya saben que la mayoria de ilustraciones las hace el maricón, digo, nuestro Mvp del fic GabrielSalgado981 cualquier cosa creo que le pendejo abrió su twitter, así que es bueno que se pasen por ahí (El jura que se merece paga)

En fin, sin nada más que agregar: si no nos leemos antes, pasen un feliz año todos, donde sea que se encuentren. :D

Bạn đang đọc truyện trên: Truyen247.Pro