kissy
para quien no dejaré de amar jamás
porque por sobre todas las cosas
eres mi alma gemela
para siempre
tú
Yo jamás lo había hecho.
Pescar.
Creía que no me gustaría después de probarlo; y aun así quería intentarlo.
A Seokjin, mi hermano, le encantaba hacerlo; atrapaba siempre pececillos que después mamá se encargaba de cocinar para la cena.
Y el muelle estaba vacío.
Y las olas chocaban con fiereza entre ellas; colisionando cada vez más fuerte. Como en una batalla de azules perlados tratando de sobresalir.
Lancé la caña hacia el agua y gotitas salpicaron a mi alrededor. Ni siquiera estaba seguro de haberlo hecho bien.
Pero el día era bonito, agradable, con el cielo y las esponjosas nubes sobre mí.
Tan lindo como...
"Hola."
Giré mi cabeza un poco. Él llevaba el cabello enmarañado, un par de sandalias y una sudadera negra con capucha.
"Hola, Jungkook," le dije.
Sonrió y metió las manos a sus bolsillos.
"Pensé que no te gustaba pescar."
Se paró a mi costado con lentitud y sentí nuestros hombros rozarse, una caricia sutil. Ignoré si simplemente no lo había notado o si lo había hecho de manera intencional.
"Seokjin dice que no puedes saber si algo te gusta si nunca lo has probado antes," me excusé.
Soltó un chasquido y yo lo miré confundido.
"¿Tienes algo que decir?"
"Para nada."
Volví mi vista al agua. Parecía que los pececillos se escondían de mí.
Yo también huiría de un cazador.
"Es extraño. Tú siempre tienes algo que decir."
"Cuando estoy contigo me suelo quedar sin palabras," me dijo.
Ese día solamente me reí, porque no sabía lo que quería de mí.
Y no pensaba averiguarlo, porque yo no era de seguir a extraños que daban caramelos.
"¿Cómo es posible esto?," se quejó papá la mañana del día siguiente, desde la madera gastada de la mesa del comedor.
Estampó el periódico con fuerza y dio una calada a su cigarrillo.
Seokjin lo miró de soslayo, pero le importó tan poco que regresó su atención rápidamente al televisor.
"¿Qué es lo qué pasa?," indagué yo.
"¿Leíste el diario?"
Negué ligeramente y de pronto sentí la pesada mirada de mi hermano sobre mí, como si hubiera hecho algo que no debía.
"No," dije de cualquier manera, ignorando la advertencia implícita que Seokjin me dio.
"La OMS acaba de eliminar la homosexualidad de la CIE*," dijo con molestia. "Vaya tontería."
Era 1990, y para mi padre todo era una tontería.
"¿No debería ser eso algo bueno?," pregunté ingenuo.
Papá se rio de mi y me avergoncé.
"No digas bobadas, Taehyung," me reprendió, "o te haré lavar tu boca con jabón."
Si me lo hubiera pedido dos veces no habría dudado en hacerlo.
Lavar mi boca con jabón.
Porque yo hacía todo lo que papá me decía, y creía en su palabra más de lo que creía en mí mismo.
Mi hermano a veces me decía que las tontas no eran las cosas, que el tonto era papá.
Y yo no lo defendía.
"Cariño, ¿cómo te fue ayer?," me preguntó mamá, ignorando la conversación previa, dejando un plato de huevos frente a su esposo, logrando que la madera rechinara. "Vi que pasaste tiempo con el hijo de los vecinos mientras tratabas de pescar."
Jungkook era el hijo de los vecinos. Tenía el cabello negro, un par de aretes colgados de las orejas, y parecía que el color negro y él estaban en una clase de relación complicada.
Supongo que llamaba mi atención.
Era aquel típico badboy al que yo también aspiraba a ser.
Como en una película de Hollywood.
"No te juntes con ese muchacho," interrumpió papá antes de que yo pudiera contestar. "No se ve de fiar, y no sabemos qué es lo que quiere de ti."
Seokjin hizo una mueca y apagó el televisor.
"No es un niño. No puedes decirle qué hacer por siempre," alegó mi hermano antes de tomar su chaqueta y salir de la casa.
Mamá se limitó a suspirar antes de regresar a la cocina, resignada.
"Tampoco sigas los pasos de tu hermano," me advirtió mi padre. "Si no fuera por tu madre, lo habría echado de la casa hace mucho tiempo."
Traté de sonreír, pero sólo tuve la fuerza para hacer una mueca.
Papá no era malo. Pero creo que tampoco era bueno.
Era una persona que pensaba más de lo que debería, y llegaba a conjeturas innecesarias que nadie le pedía.
"¿Por qué volteas tanto?," me reprochó Jungkook mientras estábamos juntos en la orilla del muelle por la tarde.
Le iba a contestar que lo hacía porque no quería que me vieran. Pero, por algún motivo, no quería que él lo supiera.
"Admiro la vista," me inventé.
Se cruzó de brazos y me miró con una sonrisa socarrona.
"La vista del pueblo y no la vista del mar. Eres un chico interesante."
Me encogí de hombros y balanceé mis piernas sobre el agua.
Y entonces lo sentí.
Mi hermano me observaba desde la ventana de la casa.
Mi estómago se revolvió momentáneamente. Seokjin no era de meterse en mis asuntos y, por lo general, se la llevaba en contra de papá.
Sabía que no le contaría a nadie.
Y aun así tomé la muñeca de Jungkook y caminé a su lado hasta llegar detrás de la única tienda de conveniencia del lugar.
"¿Y esto?," preguntó.
"Uhmm."
No tenía una respuesta. Lo había arrastrado como si fuera una muñeca de trapo y él simplemente se había dejado hacer.
"Jamás me habían tratado de conquistar así," dijo ante mi carente explicación.
"¿Qué?"
¿Acaso él malinterpretaba la situación? Quizá solamente bromeaba y yo lo tomaba con demasiada seriedad.
¿Se suponía que los amigos hicieran bromas de ese estilo?
Papá me mataría si me escuchara decirle algo así a un chico.
¿Mi padre era una mala persona?
"Hey. Tranquilo, estoy bromeando," me aclaró después de ver la confusión en mi rostro.
"Ah."
Ciertamente no me consideraba particularmente bueno hablando. Y con Jungkook la cosa se ponía peor.
Era como si él... y su voz...
"¿Puedo besarte?," preguntó de la nada, tan imperceptible que por un momento creí haber escuchado mal.
Y de pronto lo entendí.
La razón por la que papá no quería que me juntara con él.
No era por las perforaciones, ni los tatuajes, tampoco era por su chaqueta de cuero ni por su manera de hablar.
Y a pesar de eso...
"Está bien."
Yo jamás había besado en la vida.
No había hecho tantas cosas que los chicos de mi edad hacían a diario.
Tomó mi cintura y me apresó entre su cuerpo y los ladrillos polvorientos de la tienda.
Jungkook siempre parecía libre, aunque yo no estaba seguro de si lo aparentaba o realmente lo era.
Moría de ganas por averiguarlo.
Fue extraño. Pegó sus labios a los míos y se separó más pronto de lo que imaginé, me miró sonriendo y quitó mechones castaños de mi frente.
"Eres terriblemente adorable," dijo, y mis mejillas enrojecieron como si aceptarle un cumplido fuera más vergonzoso que besarlo. "Tienes que..." pasó el pulgar de su mano libre desde mi nuca hasta mi cuello, delineó mi mandíbula con cuidado. Al final llegó a mi labio inferior; lo trazó con lentitud y entreabrió mi boca "dejarte llevar," concluyó, tan cerca de mi oído que erizó mi piel.
Esta vez hice lo que me aconsejó.
Cuando me besó apresé su labio inferior.
No pude contener una sonrisa traidora, porque se sentía tan bien que deseaba no soltarlo jamás.
"¿Qué hay de malo con los chicos a los que les gustan otros chicos?"
Papá alzó una de sus cejas y dejó el tenedor de que sostenía junto a su plato. Mamá se limitó a bajar la cabeza. Seokjin suspiró.
"Chicas, querrás decir," me trató de corregir mi padre.
"Chicos," repetí.
"Taehyung," me advirtió mi hermano.
Pero yo no le tenía miedo a mi hermano.
A mi papá...
"Te dije que si continuabas diciendo tonterías deberías lavarte la boca con jabón."
...tampoco diría que le temía en sí.
Simplemente lo obedecía. Esa era la rutina.
Una rutina que repentinamente tenía ganas de dejar de seguir.
"Lo haré si respondes," lo reté.
Seokjin se levantó de su silla, demasiado lento, porque el puño de mi padre ya me había golpeado la mandíbula.
Pero estaba bien.
"Mantén la boca cerrada si quieres seguir siendo mi hijo."
Porque papá no era bueno.
Seokjin lo sabía. Mamá lo sabía.
Y ahora yo también lo sabía.
"Ven," dijo Jungkook y tomó mi mano mientras me metía por la ventana quebrada de la tienda de conveniencia.
Y me reí, porque todo el asunto era tan prohibido y lamentable que se volvía gracioso.
"¿Qué haremos si nos atrapan?," pregunté con su boca rozando la mía.
Estaba tan obscuro que apenas y podía ver reflejos de la luz de la luna, colándose por la ventana que acabábamos de violentar, sobre su rostro.
"Diremos que estamos robando."
Porque no había peor crimen que dos chicos besándose.
"Eso nos hará quedar como ladrones," me quejé mientras mordía su labio.
"Pero no nos hará morir," sentenció.
Y ahí me di cuenta de lo injusta que resultaba ser la vida.
Yo no lo sabía, pero antes de conocerlo todos mis días eran aciagos, tan terribles que habían caído en la monotonía.
"No quiero morir por amarte."
"Entonces te besaré hasta que no sientas dolor."
Cuando Jungkook me besaba yo lo olvidaba todo.
Olvidaba que era invierno, y que estábamos en 1990.
Olvidaba la manera en la que el agua se congelaba en el muelle.
También olvidaba que dos chicos no podían amarse. Porque eso era un pecado.
¿Desde cuándo amar se había convertido en algo ilícito?
Jungkook, él me hacía... quizá hasta me hacía olvidar mi propio nombre.
¿Cuál era mi...?
"Taehyung," me llamó.
Ah. Taehyung.
Lo decía tan precioso; como si saboreara cada letra de la palabra.
"Jungkook," le contesté.
Acaricio mi mejilla y me besó una vez más, tan profundo que sentí que me asfixiaba.
Y yo ya no necesitaba el oxígeno.
Quizá si quería morir, en el pecado, escondido.
Podría morir besando a Jeon Jungkook.
Aunque nunca hubiera aprendido a pescar.
Aunque jamás hubiera estrechado la relación con mi hermano.
Aunque el invierno aún no terminara y los copos siguieran cayendo.
"No estamos haciendo nada malo," me aseguró, como si hubiera estado leyendo mis pensamientos.
"Lo sé," respondí.
"Jamás haremos algo malo, Taehyung. Amar no debería ser algo incorrecto."
Y, sin embargo, lo era.
Me separé de él.
Que deseara morir no significaba que fuera a hacerlo.
Y me sentí tan mal que me solté a llorar.
"Y eso es todo," dijo papá, enrollando la caña de pescar para mostrarme el pez que había atrapado.
"La última vez que lo intenté no pude atrapar nada," le admití avergonzado.
Mi padre sonrió, como si estuviera orgulloso de su único hijo.
A mi hermano le encantaba hacerlo.
Pescar.
Pero yo ya no tenía un hermano que me defendiera a ciegas.
Tampoco tenía a un amante que me besara toda la madrugada, porque él también se había ido.
Jungkook...
"Mejorarás," me aseguró papá, "porque cuando tienes a tu familia lo tienes todo."
¿Lo tenía?
Porque, sin él, yo sentía que me faltaba todo.
Miré el agua, las olas, el cielo gris.
La primavera había dejado de florecer.
*CIE: Clasificación Internacional de Enfermedades
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