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Capítulo 035

Llegué temprano y me senté a pensar fríamente... para variar.

Anoche intenté llamar a Kilian varias veces, pero no hay que ser un genio para deducir que me bloqueó o tiene apagado su móvil.

Nunca en mi vida estuve detrás de alguien así, es más, cuando veía algo similar en la televisión pensaba "Pff ¡Patético! Recoge el maldito orgullo que te queda y vete. Quiérete, María Carmen. Rogelio no lo vale..." Bueno, ver novelas con Aaron me va a volver una doña en tiempo record.

Dios me estaba castigando por haber sido tan ingrato en esta vida privilegiada que me tocó y haber juzgado a María Carmen por su nula dignidad.

«Ya, todo sea por recuperar a Kilian»

Y hablando de Roma:

El señorito entró en el salón algo, ¿desaliñado? Es decir, a comparación de lo usualmente impecable que suele estar, ya que su pelo se veía rebelde, ropa arrugada y como si eso no fuera poco, ahí estaba: su gélida expresión que parecía haberse entumecido para siempre en su cara.

Me puse derecho y miré firmemente en su dirección, decidido a hablar con él cuando se sentase a mi lado.

Caminó hasta la otra punta del salón y se detuvo en los últimos asientos junto a la ventana. Apoyó su mano sobre la mesa del chico que se sentaba allí y el infiero se reflejó en esas negras pupilas.

—Vete —ordenó y creo que su alma se escapó de su cuerpo unos segundos gracias al preinfarto que le ocasionó Kilian.

Éste ni siquiera lo pensó: recuperó el aliento y se levantó con todas sus cosas lejos de él. Por otra parte, el chico que se sentaba a su lado, mismo que ahora estaba junto a Kilian, estaba rezando el padre nuestro, el Corán y algunas enseñanzas de Buda.

Tembloroso metió su mano dentro de su mochila... no me sorprendería que de repente sacase una cruz y agua bendita al son de un exorcismo o en el peor de los casos un arma. En ambas opciones Kilian lo mandaría a conocer a Jesús en persona.

Ah, no, solo sacó sus útiles. Bueno, viendo su pánico mi mente voló algo lejos de la realidad.

Kilian ya en su asiento se reclinó sobre la silla levantando la vista hacia todos los alumnos que estaban mirando furtivamente lo sucedido, al instante volvieron la mirada al frente y continuaron con sus asuntos.

«¿Qué hace ahí? ¿A dónde tan lejos de mí?»

Me quedé recalculando unos segundos y hasta podría jurar que apareció el logo de "cargando" en mi frente.

«Ahh, hijo de tu puta madre, eso es jugar sucio» pensé viendo que ni siquiera planeaba poner su humanidad junto a la mía.

—Hola, Hunter —me saludó mi nuevo compañero de banco, el cual preguntó insistentemente que qué hice para enfurecer a Killer de ese modo.

Pero lo ignoré, estaba muy ocupado mirando a Kilian cual acosador recién liberado de prisión listo a delinquir otra vez.

Mi corazón comenzó a latir duramente cuando pensé en la posibilidad de que esto fuese así para siempre. Cuando pensé en no volver a verlo sonreír. Cuando pensé en mí sin él.

Sacudí mi cabeza y volví a poner mi vista de aguila guerrera. Mi mamá no crió a débiles.

No va a lograr que me rinda fácilmente.

El timbre sonó, me levanté y caminé hacía Kilian.

—Vamos a comer —le sugerí con el almuerzo en la mano.

Sonreí y no me devolvió el gesto en absoluto.

—No —me mando al carajo con solo dos letras y se puso los audífonos.

Rechazado ✖

AL DÍA SIGUIENTE.

—Hey, Kilian, bajé muchas canciones nuevas ¿Quieres escuch... —Se levantó y se fue.

Rechazado ✖

AL DÍA SIGUIENTE.

—¡Hice bolas de arroz! —exclamé, emocionado.

Chasqueó la lengua y salió del salón.

Rechazado✖

AL DÍA SIGUIENTE.

—¡Kilian!

—Ya se fue —dijo su traumatizado compañero de banco.

Rechazado✖

AL DÍA SIGUIENTE.

—Liannny. —Me acerqué rápidamente, casi estampando mis manos en su mesa, deteniéndolo antes de que huyera—. Hoy preparé Sushi. Fue muy difícil, pero creo que quedaron bien, si quier... —me interrumpió, irritado.

—Ya detente, Hunter.

Callé sin darme cuenta y apreté los labios. Mis cejas se curvaron hacia abajo y no supe qué hacer.

Por un instante sus ojos se suavizaron, juraría que reflejaban la atípica amabilidad que antes solía ser habitual para ambos.

Me emocioné y no escuché lo que Sanna dijo desde su banco más cercano al pizarrón.

La expresión de Kilian retomó su filo y distancia, helándome la sangre. No quiero esa mirada hacia mí. Odio esto.

—Ya oíste, muévete —dijo y mi desconcierto le hizo repetirme sin emoción alguna lo que Sanna informó—. La próxima clase es de Música y Greco los esta esperando. Ve, no querrás hacer esperar a tu amado profesor.

—¿Pero que tiene que ver Dante en esto? —pregunté confundido.

—¿Dante? —Humedeció sus labios ligeramente y apretó la mandíbula... Oh carajo, ¿Sigue en pie la opción de que haya un crucifijo en esa mochila a un lado? Necesito uno urgente. Mejor aún, al Vaticano completo, por favor— Aléjate de mi.

Me paralice y pasó por mi costado bruscamente. No llegó ni a tocarme y eso me dolió más que si me hubiese empujado. Era como si hubiesen pasado años desde la última vez que su piel rozó la mía. Una horrible sensación de pérdida.

Más que rechazado✖

AL DÍA SIGUIENTE.

No encuentro a Kilian por ningún lado.

Esto es muy duro.

Estoy comenzando a creer que lo he perdido por completo.

—Oye Hunt, no se que sucedió, pero es obvio que tú y don asesino están peleados —dijo con tono bromista Frank.

Suspiré y asentí.

—Es raro verte de este modo —añadió Aaron.

—¿Patético y arrastrado suplicando perdón? —ironicé y elevaron ambas cejas.

—Iba a decir que es la primera vez que te veo tan deprimido por una discusión, aunque lo que dijiste me gustó más, suena más dramático —respondió Aaron burlesco, mientras comía de mi almuerzo.

—¿Desde cuándo preparas tanta comida? ¿Todo esto comes últimamente? —preguntó Sanna inspeccionando mi tupper.

—No, en realidad hago el doble porque Kilian no sabe c... —suspiré.

Me acostumbré a cocinar de más y ahora que no esta a mi lado, yo sigo cocinando la misma cantidad... porque no quiero admitir que no volverá a comer conmigo.

He estado estos últimos días con los chicos, como antes, pero siento una especie de vacío... como si nada fuese suficiente, como si la comida no tuviese sabor, las tardes se sienten más frías y no se cómo estar bien por mi cuenta.

Cuando suena la campana del receso, Kilian desaparece. Primer profesión: asesino. Segunda: ninja. Eso explica muchas cosas.

Voy a la terraza todos los jodidos días esperando que él esté ahí, pero al final no lo encuentro y vuelvo aquí debajo del árbol de siempre a comer con los chicos.

¿Siquiera sigue viniendo a clases?

Ya no se qué pensar.

—¿Tan grave fue su discusión? —preguntó Frank al sentarse a mi lado y su brazo empujó un poco el mío.

—Si se enojó tanto como para ignorarte de esa forma a pesar de verte arrastrado como leproso todos estos días, agradece que no te haya golpeado —siseó Matt con un tono que no supe si era irónico o serio.

—Él no haría eso, idiota —espeté enojado.

—Solo decía. —Se encogió de hombros.

—Creo que todo empezó por una bobada, pero se terminó agravando a medida que intenté remediarlo...

—Tú y tus decisiones de mierda con razonamientos ilógicos... —refunfuñaba Matthew masajeando el puente de su nariz como mamá enojada, Cristo, no sé si se ríe de mí o se preocupa.

—¿Tanto te importa que esté enojado? —interrumpió Frank.

—Por supuesto, él es muy importante para mí.—Se sorprendieron un poco, me sentí algo nervioso y mi sistema se tranquilizó cuando asintieron.

"Debo aprender a cerrar la boca", ese podría ser mi lema.

—Te entiendo Hun, no sabría que hacer si peleara con ustedes... —me defendió Sanna.

—¿Cuándo fue la última vez que tuvimos una pelea? —pensó en alto mi mejor amigo.

—La última vez que pelearon ustedes creo que fue por que Frank llevó a Hunter a una cita doble diciéndole que irían a un recital —añadió Aaron y se me crispó el pelo solo de recordarlo, pero el muy animal solo se empezó a reír.

—Encima no paraba de hablar sobre su ex, de ella no recuerdo ni su nombre, pero, ¿De ese sujeto? Uhh, hasta su grupo sanguíneo, desgraciado infiel —memoricé y Aaron soltó una risa—. Es decir, Dios, que imbécil eres Frank —Me quejé mirándolo y Matthew asintió con una leve mueca burlesca.

—Anoche me puse a ver fotos de cuando éramos niños, tan lindos —acotó Sanna de la nada.

—Eras un maldito abusivo, el prototipo de deportista bully de las películas yankees —dijo Aaron en tono de reproche y sorna, empujando a Frank.

—Ohh, escuché algo sobre eso también —siseó Matt con una sonrisa que hizo a Frank rodas los ojos.

—Ni lo mencionen, fui un crío idiota —rio entre avergonzado y nostálgico.

Cuando conocí a Frank teníamos menos de diez años, no recuerdo exactamente cuántos, creo que seis, porque fue poco antes que papá falleciera cuando nos mudamos de casa, me cambié de escuela primaria y resulta que en todos lados ahí estaba ese idiota con sus amigos tonteando.

Lo explicaré con una breve síntesis: Lo odiaba, me odiaba y nos odiábamos. Fin.

Él era un niño deportista, entusiasta, demasiado popular y egocéntrico... la contraparte de mi persona hecha ser humano.

A Frank no le importaba ofender a los demás con sus acciones o palabras, no creo que siquiera notara lo hiriente que era a veces, ya que todos sus estúpidos amiguitos lo adulaban y festejaban cada actitud estúpida, como romper accidentalmente la pelota de un niño bajito, mismo que cuando fue a disculparse esos putos duendes del demonio empezaron a reírse y alejaron a Frank del pobre que lloraba entre bromas y burlas.

Jodidos niños todo el tiempo incitándolo a ser un tarado y Frank como el chico enérgico y revoltoso, les seguía el juego.

Hasta que un día... la nación del fuego atacó. Bueno, no, pero sí le rompieron el hocico por estar de idiota:

Un mañana caminando hacia la escuela lo vi peleando con un grupo de niños al que él hizo enojar el día anterior, y digo "peleando" para no decir que le estaban dando una paliza. Sus amigos de siempre salieron corriendo y le echaron toda la culpa a Frank por la situación anterior.

¿Si se merecía que le pegaran? Puede ser. Pero, ¿seis contra uno era injusto? Sí. Carajo que sí.

Corrí hacia ellos y salté, dándole una patada en la cabeza al chico más grande, que estaba encima de Frank. Como verán siempre me he guiado por mi sentido de la justicia, dejando de lado la lógica y mi propio bienestar.

La derrota era inminente, dos contra seis seguía siendo un mal número. Aunque no nos rendimos, peleamos hasta que dos adultos aparecieron para detenernos y todos salimos corriendo.

Terminamos hechos un desastre, sentados en el cordón de la vereda: mi labio partido, su ojo hinchado, moretones y raspones por todos lados, sin contar el estado de nuestra ropa.

Nos miramos y no se por qué, pero comenzamos a reír y a su vez, intentábamos no llorar por el dolor de los golpes. Mamá me odió ese día, después lo acompañé junto a ella a su casa y conocimos a la enorme familia de Frank.

Entramos y ya eran dos mujeres regañándonos. Ambos mirando el suelo como cachorros apaleados y cuando suspiraron nos sentimos a salvo otra vez.

Desde ese momento no se ha apartado de mi lado y yo tampoco del suyo.

Al poco tiempo apareció Sanna y seguido Aaron. Años después Rossy, aunque se haya ido este año de intercambio cultural, siempre esta en contacto por redes sociales. El más reciente sería Matt se transfirió de escuela en segundo año y fue el último en entrar y quedarse en nuestro grupo.

Tuvimos más amigos a lo largo de los años, pero el tiempo pasó y la mayoría se mudaron de casa, cambiaron de instituto o nos distanciamos por alguna razón, quedando solo nosotros juntos en la actualidad.

—Si ustedes están a mi alrededor, me siento como si tuviera una familia grande —dijo Sanna tiernamente y la abracé, muy consiente de que ella solo cuenta con su hermana mayor.

Soy un idiota, pero tengo a los mejores amigos que existen.

—Oye, Kilian ya es parte de esta cosa rara que somos, así que apresurarte y arregla todo —demandó Frank con una sonrisa, animándome.

—¡Es verdad! —afirmó Sanna, saltando sobre Aaron— ¿Verdad? —Aaron asintió con convicción.

—Ajá... —dijo Matt con su típica mirada burlesca.

—Gracias, de verdad... si me equivoqué, debo arreglarlo. —De repente una idea cruzó por mi mente.

Me levanté abruptamente y caminé animado detrás del segundo edificio del instituto, es el único lugar donde no lo he buscado últimamente.

—Quizá... —pensé en voz alta.

Allí hay mucho silencio, ya que esta lejos de las ventanas y no da mucho el sol, por lo que no suele ir mucha gente, no sé cómo no se me ocurrió antes.

Al llegar vi ese gran roble viejo y debajo de dicho árbol...

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