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Capítulo 008

—Nada interesante en realidad... —pensé unos segundos— ¡Ah, cierto! Los consejos que me diste el otro día funcionaron, de eso quería hablarte hoy temprano.

Levantó una ceja sin gracia y sonreí.

—Besé a una chica este sábado —continué con una mezcla entre vergüenza y alegría por mi hazaña, mostrándole que sirvió lo que me enseñó.

—Que interesante... —masculló por lo bajo.

—Y a ella parecía que le gustó —continué orgulloso.

—¿Y qué hicieron? —preguntó apoyando su rostro sobre su palma y a su vez el codo sobre su rodilla.

—Bueno, la besé como me enseñaste, toqué su espalda y ella parecía bastante dócil. —Abrió los ojos, sorprendido— Luego la alejé de mí, tocó mi pecho bajando hasta el cinturón y... —noté que me estaba observando fijamente y desvié la vista.

—-Demonios... Te doy una pequeña y mísera lección sobre cómo besar y en menos de una semana pasaste de ser "el chico que nunca beso a nadie" a "estar a punto de tener sexo". Me siento un poco decepcionado... ¿Estafado? — soltó con un tono irónico.

—Oye no iba a a-acostarme con ella.

—"Parecía bastante dócil" cito tus palabras. Eso suena a sexo —espetó, encogiéndose de hombros.

—Cállate —murmuré.

—Bueno... Pensé que eras demasiado inocente por eso no te enseñé más allá, pero al ritmo que vas... —articuló acercándose a mí lentamente— Tendré que ayudarte un poco más...  Tal vez algo más... intensivo.

—¿S-Sobre qué me ayudaras? —pregunté, alejándome sutilmente de su cuerpo.

—Nunca tuviste sexo con nadie ¿Verdad? —soltó sin filtro.

—¿¡Q-Qué diablos!? No tendré sexo contigo.

—¿Yo dije que tendríamos sexo? Eres un chico muy pervertido.

El rubor tiñó mi pálido rostro.

—Idiota —bufé y abracé mis piernas.

—Tienes que hacer varias cosas antes de tener sexo con alguien, es lo básico.

—¿Hablas de besarla? —Mi pregunta le hizo soltar una carcajada y fruncí mis labios.

—De verdad no sabes nada, Hunter. Y dices palabras como "dócil".

Dio unas palmadas sobre sus piernas indicando que me sentase sobre él.

—No lo haré —negué con la cabeza.

—¿Por qué no?

—No soy gay.

—Yo tampoco —contestó sin ninguna duda y con algo de diversión.

—¿Entonces por qué quieres hacer esto? —pregunté confundido.

—¿Por qué no?

—P-Porque es raro.

—¿Y?

—N-No lo sé —sinceramente no tenía una respuesta concreta, tenía muchas emociones y pensamientos cruzados.

Me miró de una forma muy intimidante, sacándome de mi ensimismamiento.

—Cobarde —soltó y chasqueó la lengua.

—No lo soy.

—Puedo ver perfectamente a través de ti, eres como un libro abierto y por ello sé lo que deseas, pero me irrita que me mientas, mientes fatal, de hecho.

Lo miré molesto, odiaba esa confusión mental que me generaba todo lo relacionado a Kilian y las nuevas sensaciones que surgían gracias a él.

Me tomó de la cintura y fácilmente me subió sobre él. Había olvidado lo fuerte que era Killer. Lo dominante que podía ser.

—O-Oye ¿Qué ha... —Besó repentinamente mi cuello, haciéndome emitir un sonido muy vergonzoso.

—Así me gusta —siseó, sujetándome con más fuerza.

—M-Me haces daño, Kilian —comenté, intentando alejarlo de mí.

No era que detestara la sensación que me generaba su tacto, aunque fuese intimidante y rudo en ese preciso momento, pero era precisamente por ello que quería alejarme: me aterraba no odiar que me tocara de esta forma.

—Así no aprenderás nada —susurró—. Relájate, Hunter.

Abrí los ojos, desconcertado, por una extraña razón su frase me hizo calmarme y dejé de forcejear, llevando ambas manos a mi pecho.

Mordió con fuerza mí cuello y succionó, devolviéndome a la realidad y haciéndome sollozar.

—Ah Auch, basta, dolió —dije con dificultad y sentí sus dientes en mi piel, señal de que portaba su típica sonrisa altiva.

—Eso es lo que ganas por besarte con cualquiera en una fiesta... —sentenció y fruncí mis cejas.

—No era cualquiera.

Eso pareció llamar su atención y se irguió, enfrentándome y provocándome un escalofrío su imponente expresión.

—¿No dijiste que no era tu tipo? ¿Te importa ella? ¿Acaso recuerdas su nombre siquiera? —inquirió con un tono sereno y demandante, a milímetros de mis labios, ladeando su rostro de una forma tan sutil que parecía devorarme solo con su presencia— Dímelo.

—Es que... No se sintió como creí que... Entonces... Esto, creo que se llamaba... Es decir, ese no el punto, era linda, tú me enseñaste a besar y lo hice bien —Tomó mi nuca y me acercó por completo a sus labios, besándome sin ningún cuidado o límite, introduciendo despiadadamente su lengua dentro de mí y haciéndome jadear.

—Si es así, pasaremos a la siguiente lección, ya que lo hiciste tan bien —manifestó y llevé mis manos a su nuca, jalando un poco de su cabello y separándolo levemente.

Sin dudarlo mordió mi labio, evitando que lo distancie del irrefrenable beso. En ese mismo momento sentí cómo comenzó un suave vaivén con su cadera.

—Presta atención... Tienes hacer que la otra persona sienta deseos de tener sexo contigo.

Asentí con la cabeza y por dentro quise golpearme a mí mismo, ya que una voz en mi cabeza gritaba que me detuviera, que estaba a punto de tirar por la borda mi vida tal como la conocía.

—Buen chico. —Me felicitó mientras llevaba sus manos a mí cintura y me hacía mover al compás de la suya, aumentando la fricción y el calor, la humedad en cada beso, el deseo que quería apagar, él le echaba combustible.

Mí respiración agitada me impedía hablar con claridad y no quería emitir ningún sonido extraño como hice anteriormente. Sus manos no dudaban en recorrer mi cuerpo y cada centímetro que tocaba parecía arder, provocando un cosquilleo que comenzó a subir por mi espina dorsal hasta mi nuca.

Perdí la noción del tiempo, pero me sobresalté al sentir mi miembro latiendo dentro de mí pantalón. Estaba tan ruborizado que no quería mirarlo a la cara, solo rogaba que no se diese cuenta de mi erección... En vano,

—Oye... puede ser que... ¿Realmente quieras tener sexo conmigo? —Lo que dijo hizo que se me erizara la piel y tuviera un enorme debate interno.

Intenté levantarme, avergonzado y molesto, pero Kilian jaló de mí hacia abajo, impidiendo que me moviese.

—D-Déjame, solo déjame ir, Killer —exigí irritado, sin atreverme a verlo todavía.

—Kilian... —Apretó con fuerza mi cadera, clavando sus dedos allí— No me gusta que tú me llames Killer... no tú. 

Llevó una de sus manos a mi rostro y nuestros ojos se encontraron. Sus labios rozaron contra los míos, abriéndolos con su húmeda lengua, reanudando nuestro sofocante y erótico beso.

Mordí su labio inferior con fuerza, estirándolo un poco y provocándole un ligero dolor.

—Auch —se quejó cómico, lamiendo la reciente herida.

—Eres un idiota —respondí aún molesto y sin darme cuenta terminé instintivamente apoyando mi mejilla en su hombro, viendo en su dirección.

—Solo estaba jugando contigo... Que estés así de duro realmente me halaga—admitió con una sincera y enorme sonrisa dibujada en su rostro.

Maldición, solo me avergonzaba más que dijera eso, pero esa sonrisa desconectaba todos los cables de mi sistema racional. Mismos que volvieron a conectarse cuando bajó su mano hasta mi entrepierna y di un pequeño brinco.

—¡N-No me toques!

—Si gritas alguien podría entrar... —dijo mordiendo su labio y abrí mis párpados.

—P-Pero... No quiero que me toques.

Por un segundo me miró e irguió la parte superior de su cuerpo, desencadenando una sensación desagradable en mi cuerpo por la reciente separación, casi me dejé llevar al clavar mis ojos en su cuello, donde antes estaba reposando mi rostro, como si le reprochara haberse llevado ese cálido sitio lejos de mi alcance.

—Mientes. O dices las cosas a medias, que es lo mismo.

Con autoridad tomó mi cintura y los besos con ese ligero sabor metálico por la sangre, sus movimientos continuos, la fricción de nuestros cuerpos y sus caricias en mi miembro, hicieron que mí erección aumentase aún más.

—Es que e-esto esta mal —solté ocultando mi cabeza en el hueco de su cuello y hombro nuevamente.

—¿Lo odias? —preguntó seriamente.

Ni siquiera pude negarlo, no pude pensar en un creíble "no".

Desabrochó mi cinturón y la cremallera de mi jean sin ninguna dificultad.

—Esp-espera, por favor.

—Ohh... Eso también me gusta —admitió satisfecho—, suplícame un poco más.

—B-Basta —ordené tajante y después de verme a los ojos tomó mí miembro con fuerza, haciéndome soltar un gemido.

—Aquí abajo no quieren que pare y tú tampoco... —Comenzó a hacer un movimiento lento de arriba abajo mientras besaba mi cuello y mi sistema se debatía entre la excitación e indignación.

No debía sentirme así, no debería ser tan bueno. No podía sentir una diferencia tan abismal entre sus besos y el beso de ayer con esa chica. Eso debía gustarme, no esto. No sus manos, su voz, sus hombros, caricias y gestos. No él.

—D-Diablos... por... favor... para —gruñí y apreté los ojos tirando mí cabeza levemente hacia atrás.

Mis palabras y acciones eran completamente contrarias.

Presionó con fuerza mi espalda, acercándome aún más a él y se separó unos escasos centímetros antes de hablar:

—Quítate la camisa —ordenó entre besos.

—Pero...

—No queremos ensuciarla, ¿verdad?

Tomé una bocanada grande de aire y apreté los labios. Era tan injusto que le fuese tan fácil convencerme de lo que dijera que hasta yo me sorprendía por el poder que tenía su persuasión.

—Podemos dejarlo aquí y... Ahh... Ya es s-suficiente... —comenté, reprimiendo los gemidos que me generaba cada uno de sus movimientos.

—No puedo dejarte volver a clases de este modo, Hunter. Cómo buen amigo debo... ayudar apropiadamente a este pequeño amigo mío —sonrió maliciosamente y no entendí por qué de ese brillo particular en sus pupilas.

Me quité la camisa y mordió sorpresivamente mi cuerpo descubierto... Recorriendo con su cálida lengua cada lugar visible y accesible en mi pecho, subiendo hasta llegar a mis labios y allí se detuvo.

El maldito era condenadamente astuto y excitante, me es imposible no corresponder cada uno de sus movimientos... como si me hipnotizase.

Podría mentirle a él e incluso a mí mismo diciendo que no me gustaba lo que estaba sucediendo, pero yo sabía que existía una razón por la que no me levantaba y huía en el instante que todo comenzó, pero me aterraba asimilarlo como una verdad.

Movió sus manos sin reparo, como si estuviese examinando y adueñandose de cada centímetro de piel en mi cuerpo. Bajó sus caricias sin que me percatase de lo que hacía, donde lenta pero duramente apretó mí trasero, haciéndome soltar un jadeo.

Me dejé llevar finalmente, animándome a morder su cuello y succionar, para finalmente lamer con mucho cuidado su piel, como si estuviera saboreando ese delicioso sector, donde mis sentidos se inundaban de Kilian, su aroma refrescante y reparador, Un aroma agradable, que me hacía sentir bien, vibrante, con un ligero y varonil toque de alguna colonia que desconocía, pero parecía emanar todo su trabajado cuerpo.

Había perdiendo el control por completo. Lo besé con más intensidad al igual que él subía la velocidad de sus caricias en mi intimidad, con una de sus manos atendiendo mi miembro y la otra debajo de mi trasero, acariciando la parte interna de mi muslo y casi rozando mis testículos con sus largos dedos.

Parecía que no existiese nada más que nosotros dos, aquí y ahora. Sólo podía pensar en él, en tocarlo y ser correspondido por su tacto, en su lengua tan audaz y sus manos experimentadas recorriendo partes de mi cuerpo que nunca nadie había tocado... hasta ahora.

—Ah, ah, cielos, Kilian, yo...—No pude terminar la frase que mis ojos se humedecieron y a su vez sentí un líquido tibio escurrir sobre mi abdomen.

Bajé la cabeza y vi la mano de Kilian sujetando mi miembro ya sin una erección visible... cubrí mi rostro con ambas manos y un sudor frío se instaló en mi columna ¿Alguien podía morir de vergüenza? Yo podría ser uno de los primeros casos.

«Me vine. Kilian hizo que me viniese. Un hombre» En ese momento caí en la realidad.

Estiró su mano tomando unas servilletas que había junto a nuestro almuerzo, me limpió primero a mí y seguido se higienizó él.

—Eres un buen chico —dijo finalmente, tomando mi rostro y besándome con gentileza.

Mi cuerpo estaba temblando un poco, pero aun así quería levantarme y salir del lugar lo antes posible, quitarme de encima de Kilian y correr lejos de la vergüenza y los nuevos sentimientos que golpeaban mi pecho con fuerza.

Tomé mi camisa, me levanté como pude y comencé a vestirme. Él seguía en el suelo, observándome.

Di media vuelta, tomé mis cosas y me dirigí a la puerta cuando sentí a Kilian tocando mi espalda baja, miré por encima de mi hombro con nerviosismo y ahí estaba, parado detrás de mí.

—Tienes mal acomodada la camisa —susurró metiéndola dentro de mi pantalón—. Ahora puedes huir tranquilo —finalizó con una mirada soberbia.

—N-No estoy huyendo.

Tomó mi mano dejándome frente a él, se acercó a mi rostro con tranquilidad y lo rechacé al ladear mi cabeza y empujarlo con ambas manos.

Sonrió con recelo y decepción en su mirada.

—A eso se le llama huir, niñito —aseveró de forma punzante.

Apoyé mi mano derecha sobre mi otro brazo, apretándolo y mirando hacia un costado. No podía decirle lo que me inquietaba, no quería decirlo, porque estaría admitiendo que ya no era el mismo Hunter de antes.

—No me vuelvas a tocar, Killer. —Esas palabras salieron de mi boca de manera contundente y distante, provocando una expresión nueva en su rostro, donde por primera vez lo vi sorprendido de manera negativa unos milisegundos.

Se detuvo sobre sus pies, recuperó su compostura y como si fuese automático se alejó de mí, adquiriendo la misma mirada que tenía al inicio de nuestra amistad.

—Ni siquiera puedes mirarme a la cara cuando hablas, Hunter, y dices que no huyes —respondió con una frialdad que me heló la sangre.

Pasó por mí lado y bajó las escaleras, dejándome atrás.

«¿Y qué esperaba que hiciera? ¡Acaba de masturbarme un chico! ¿Acaso eso le sucede a todo el mundo y yo no me enteraba hasta ahora? Es anormal que me sienta tan abrumado. Ni sé cómo lo miraré a la cara después de esto. ¿Qué se hace después de algo así?»

Volví al curso, pero Kilian no estaba allí gracias al cielo, sino el ambiente hubiera sido sofocante.

—¿Qué diablos acaba de ocurrir? —murmuré, colocándome los audífonos y apoyando mi rostro sobre el pupitre. 

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