XXV
[...]
Al pasar los días, Kelsey se lamenta tanto al no oír noticias sobre Justin, incluso, se debata con ella misma por las ganas de ir a visitarlo a la cárcel.
Es jueves por la tarde y ya ha tomado una decisión, va a ir, pero más que nada porque debe darle la noticia de su vida, aunque teme su respuesta.
Va hacia el auto de su madre y se pone en marcha, enciende la radio y tararea una canción de está en todo el viaje al tenebroso lugar. Al llegar, toma aire y lo suelta repetidas veces antes de bajar y caminar hacia dentro. Una vez allí, habla con una chica la cual la lleva a una sala de visitas, esas típicas donde hay cabinas para hablar por teléfono y ver al prisionero.
Kelsey se sienta en una de estas y espera unos minutos. Sus ojos se iluminan cuando la puerta se abre y de allí aparece Justin, este sonríe y le quitan las esposas antes de sentarlo en una silla frente a ella. A pesar de no poder tocarlo, verlo y escucharlo le basta. Lo ha extrañado tanto que no tiene palabras para expresarlo, sólo se queda mirándolo como si su mundo dependiera de él, y es que es cierto, el mundo de Kelsey depende de Justin Bieber.
Ambos toman los teléfonos y se los llevan a la oreja antes de uno hablar;
—Hey, nena—Justin es el que toma la iniciativa y Kels agradece haber estado sentada porque sino seguramente caería al suelo ante ese llamado. "Nena" dios, siempre amó ser llamada así por él, el tono caliente y rudo completaba todo. Ese simple gesto creaba cosquilleo entre las piernas de Kelsey. Y sinceramente, le gustaba esa sensación.
—Ho-hola Justin—ella sostiene con fuerza el teléfono y lo aferra a ella. Se muerde el labio inferior y cierra los ojos por un momento, repitiéndose mentalmente que es el momento ya indicado para decirle a que ha venido.
—Te extrañé—suelta un suspiro ante las palabras de Jay y asiente, dándole a entender que ella también lo ha hecho.
—Jesús, yo también lo hice—los abre y lo mira mientras sonríe. A pesar del poco tiempo que lleva él allí, Kelsey lo ve diferente, todo en él es diferente.
—Deseo tan malditamente abrazarte y besarte, Kels—ambos dejan sus manos en el cristal que los separa y se miran fijamente.
—Uhm, Justin—ella aleja la mano y la deja en su regazo con nerviosismo. El corazón de Jay se rompe un poco porque quiere que permanezca de algún modo, unida a él.
—¿Qué pasa?—pregunta con una mueca de preocupación en su rostro. Es evidente que algo anda mal porque lo siente y lo ve en su chica—¿Ha pasado algo, cariño?—vuelve a preguntar al notar que Kelsey se ha quedado intacta en su lugar y no ha respondido. Sólo asiente y rápidamente él entra en alerta y desesperación. Todo se empeora cuando ella sigue en silencio y sólo se limita a cubrirse la boca para no romper en llanto—Kelsey, dime que es lo que pasa, por favor, y así trataré de ayudarte—la ve tomar aire y espera a que hable.
Luego de un gran esfuerzo, por fin le contesta:
—Estoy embarazada, Justin.
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