XXII
[...]
A la mañana siguiente, Justin vuelve a la ciudad a escondidas de Kelsey, pues esta seguía negándose la noche anterior aferrándose a él.
Debe hacer algo para que los dejen en paz, y además para que todo el mundo sepa que él no le ha hecho nada malo a su chica.
Todas las miradas van hacia él cuando baja del auto y camina hacia una comisaría, es el único lugar al que ha considerado ir, más no a un juzgado. Entra al lugar y saluda a un par de oficiales para luego toparse con uno corpulento, el cual le hace una seña para que entre a una oficina, que supone que es la él. Hace lo que le pide y vuelve a mirar al regordete cuando se sienta.
—Tú eres Justin Bieber, ¿cierto?—le pregunta el oficial ojeando un par de papeles.
—Sí, soy yo. No hace falta que diga a que he venido, ¿cierto?—él asiente—Sólo quería decir que nunca le haría daño a Kelsey, verá, ella y yo estamos lejos porque su ex novio aún la sigue buscando...—la risa del policía interrumpe a Justin el cual frunce el ceño.
—Edward Collins está en prision hace ya un par de días—se apoya en la mesa—, ¿acaso cree usted que le creeré su cuentito?—vuelve a reír—Nos ahorró desvalijar su casa, señor Bieber—este abre los ojos cuando lo ve levantarse y sacar unas esposas de sus pantalones—. Desde este momento está usted detenido—levanta a Drew con fuerza y le coloca las dichas esposas en las muñecas—. Todo lo que diga podría ser usado en su contra en el tribunal—lo suelta con fuerza para que vuelva a sentarse—. Tiene derecho a un abogado—Justin tensa la mandíbula y mueve torpemente las manos en un intento fracasado de soltarse, peor se le será en vano, así que para no lastimarse se queda quieto en su lugar.
Lo único que piensa es en Kelsey, y en que no volverá con ella.
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