
Día 4; Todo ha ido bien
Es curioso cómo tantas cosas han cambiado en tan solo cuatro días. Porque ahora salgo de casa, aunque no mucho, pero ya es más de lo que salía antes.
Conocí a Alvis, o bueno, lo conocí mejor que antes, y volví a hablar con Shai y Reese. Me pregunto qué pasará con Naomi.
Además, esta tarde voy a ir a visitar mamá al hospital. Y sé que sonará cruel, pero yo tampoco me acuerdo de ella. Quiero decir, me acuerdo de su nombre; Kakía, pero no recuerdo ni su personalidad, ni su rostro, ni nada. Y yo no tengo ningún problema de 'amnesia disociativa', así que, ¿entiendes ya por qué tanta gente me odia?
Supongo que así tienen que ser las cosas.
Sea como sea, llevo toda la mañana, desde que desperté de ese extraño sueño, dibujando un 'regalo' para mamá.
Sé que no soy muy buena haciendo dibujos, pero es lo mejor que tengo, lo más sentimental y lo más íntimo que puedo compartir con la gente. Al fin y al cabo, la ansiedad invade mi cuerpo de tan solo pensar en pedirle dinero a Alvis para parar en una floristería y comprarle un ramo de flores, que sé que le gustan.
Además, son muy coloridos, y a mí no me gustan mucho. Prefiero las cosas simples. Es por eso que prefiero darle mi propio toque en papel.
Un toque más oscuro, o más bien, más melancólico. Sí, esa sería la palabra que define mis dibujos por completo.
Y aunque solo uso tonos de grises, cuando me encuentro un dibujo en mis alucinaciones o mis mundos, muchas veces está cubierto de una tinta roja. Es bolígrafo, por supuesto, pero no lo entiendo. No le da ningún toque, no me transmite ningún sentimiento. Ni siquiera miedo o terror.
Quizás es por eso; los tonos rojos son esa parte que falta de mí y que rellena mi mejor amiga, Naomi. ¿Esos dibujos están hechos por ella? No recuerdo que le gustara pintar. Es más, el rojo es uno de los colores que más detestaba. Ella era muchísimo más..., bueno, incluso decir femenina sería erróneo, porque el color rosa siempre ha sido más para Reese. Ella se quedaba con tonos oscuros, como yo.
Ah, volviendo al tema, que no os he enseñado el dibujo. Bueno, aquí va.
- Te quiero, mamá. -
- Firmado: Kay, tu hija. -
Si esto la hiciera recordar, si la hiciera acordarse de mí, no te imaginas cuán feliz sería. Pero eso es imposible, ¿no?
Unos débiles golpes en la puerta llaman mi atención; es Alvis.
—Pasa, está abierto —esta situación no se hubiera dado nunca si hubiera ocurrido hace un par de días. En su lugar, me hubiera hecho la dormida y hubiera esperado a que se acabara mi ataque de pánico.
Veo a Alvis entrar y observar detenidamente mi cuarto. Claro, él no lo ha visto nunca. Nunca ha entrado.
—Bonito dibujo, ¿es para tu madre?
—Sí, claro —lo sé, lo sé, son respuestas muy simples, muy básicas, muy frías, pero, ¿qué le hago? Yo soy así. Y entiendo que soy molesta a veces, pero por algo existe el deseo de morir. Aunque sé que nunca va a llegar el día en el que yo acabe con mi propia vida.
Si te digo la verdad, no sé el porqué. Pero siento que me arrepentiría. Es como si, dentro de mí, muy muy dentro, aún me quedara un atisbo de esperanza de que, algún día, todo vuelva a ser como antes.
—¿Por qué quieres que todo sea como antes? —me pregunta Naomi, que se encuentra sentada en el borde de la cama, moviendo las piernas y sonriendo alegremente. Alvis parece no haber notado su presencia. —¡Todo es perfecto cuando somos solo nosotras dos!
Decido ignorarla, no quiero que Alvis piense que estoy loca.
—¿Para qué has venido? —no me ando con rodeos, como ya te dije dos veces antes.
—Lo cierto es que me apetecía pasar un rato contigo, no nos hemos conocido bien y..., bueno, Reese me dijo que siempre te han gustado los videojuegos, podríamos jugar a alguno mientras esperamos.
¿He dicho ya que Alvis se enrolla demasiado?
—Se te da de pena ligar —me río de mi propia broma, aunque me arrepiento rápidamente. Espero que no se enfade, ¿se lo habrá tomado en serio? Quizás se ha ofendido...
Se me quitan esos pensamientos cuando lo veo esbozar una sonrisa y soltar una carcajada, que aunque no es muy ruidosa, me hace reírme a mí también. Eso... me sorprendió bastante. Es la primera vez en mucho tiempo que me río sinceramente. O que me río en general, porque recordemos que no tengo amigos.
—¿Yo no cuento como amiga? —pregunta Naomi, aunque sigo ignorándola. No voy a permitir que mi mente rompa el único momento bonito que he tenido en tanto tiempo.
—Puede que se me dé de pena ligar, pero en el Mario Party nadie me gana —su sonrisa me indica que sabía de mi gusto hacia ese tipo de videojuegos. ¿Se lo habrá dicho Reese? —¿Qué dices, jugamos?
Odié mi vida por completo en cuanto escuché que alguien tocaba a la puerta. Parece que, precisamente ese día, Reese y Shai habían decidido venir más temprano.
—Otro día será —lo cierto es, que noto un gran atisbo de decepción en su rostro. Y tiene que notarlo en el mío también, porque al mirarme, me sonríe y me revuelve el pelo como si fuera una niña pequeña, haciendo que yo reaccione riéndome por lo bajo y apartándolo.
No lo entiendo, ¿cómo consigue que me ría? Los sentimientos son tan confusos...
Alvis baja hacia la puerta y yo lo sigo detrás, y allí, efectivamente, están Reese y Shai.
Alvis ya lo había preparado todo, así que tampoco tardamos mucho en prepararnos. Bueno, me equivoco, yo no tardé mucho, porque Alvis llevaba listo un buen rato. Así que los tres se quedaron charlando mientras yo me duchaba.
Sé que las otras chicas son capaces de estar varias horas preparándose, y con razón, entre el maquillaje y todo..., pero yo no soy como las otras chicas, y mi 'preparación' consiste en una ducha rápida para no ir sucia y un poco de colonia.
¿Podría ir mucho más guapa? Pues sí, pero voy a un hospital, no es como que esa sea mi prioridad, porque como no trate de ligarme al recepcionista...
Mientras me ducho, les escucho hablar algo acerca de Naomi, pero no demasiado, pues ya sabéis que la presión del agua reduce mucho el sonido que logras escuchar.
Pero sé que no solo tenía que ver con Naomi, sino también conmigo. Ah, y mencionaron una cuerda.
Finalmente, termino mi 'preparación', y vamos al hospital en el que se encuentra ingresada mamá.
Como ya dije, estar encerrada por tanto tiempo te da mucho tiempo libre para investigar. ¿Sabías que Kakía, su nombre, era el nombre de una Daemon que personificaba el vicio en la mitología griega? También la inmoralidad, pero creo que eso no le pega tanto a mi madre como lo primero.
Lo digo porque mamá siempre ha tenido muchísimos vicios. Bueno, antes de que muriera papá, se limitaba al tabaco, pero luego pasó al juego, al alcohol y, finalmente, a la droga. Sé que es raro, pero la mayoría de los recuerdos que tengo de mi madre es de hacer las tareas del hogar mientras mamá se pinchaba en el sofá.
Sí, digamos que mi infancia no fue lo que se dice normal. Pero al menos no me había recluido de la sociedad. Al menos era feliz. Más o menos.
Supongo que por una parte, así ha terminado en el hospital. Con amnesia disociativa y con un fuerte cáncer de pulmón. Oh, ¿no mencioné eso antes? Bueno, ni siquiera es capaz de levantarse de la camilla. Ni yo sé cómo ha aguantado tanto, pero ya debería de estar en las últimas.
Por fin llegamos al hospital, y me río internamente al observar al recepcionista y recordar mi broma interna de hace unas horas.
Una vez nos dan el paso, entramos en la sala en la que mamá yace tumbada en una camilla. Apenas respira, apenas se mueve, tampoco habla, solo nos mira.
Por una parte, pienso 'pobrecita', porque ha terminado así por mi culpa. Seguro que, si yo hubiera sido una mejor hija, no estaríamos en esta situación.
Pero por otro lado, pienso que se lo merece. Es un lado muy interno en mí, típicos pensamientos intrusivos, pero no puedo evitar desearle numerosos males y echarle la culpa de muchas de las cosas que me han pasado y que podrían haberse evitado si ella no hubiera estado pinchándose en el sofá.
Ha terminado así por yonki, fin del dilema.
Aunque, cuando Shai me arrebata el dibujo de las manos y lo deja al lado de mamá (ya que veía que no se lo iba a dar), y esta lo mira detenidamente, se me llenan los ojos de lágrimas.
—Mamá, ¿me recuerdas? —pregunto, sin demasiadas esperanzas, pero con el rostro lleno de aún más lágrimas. —Mamá, soy yo, tu hija, soy Kay. Dime que me recuerdas, por favor.
Tengo claro que el mayor miedo de una persona, es ser olvidado. Y si la persona que te olvida es alguien tan cercano como lo es tu madre, duele todavía más.
Pero entonces, le toca a ella hablar.
—¿Kay...? -pregunta, con los labios secos y una voz demasiado ronca, pero a fin de cuentas, sonriendo.
—¿Mamá? —le devuelvo la pregunta, hasta que empiezo a ver cómo la máquina marca sus últimas respiraciones.
No, no, no, no puede estar pasando esto. No puede ser que el único día que vengo a visitarla, ella se vaya. No puede ser que ocurra justo cuando por fin logra recordarme. No puede ser que el mundo se la lleve cuando todo estaba empezando a salir bien de verdad.
—¡Mamá, mamá! —grito esperando su respuesta, y ladeándola de un lado a otro con la esperanza de que no cierre los ojos. —¡Ni se te ocurra, ahora no, por favor!
Miro a mi alrededor unos segundos, preguntándome por qué Alvis, Reese y Shai no hacen nada.
Lo que me encuentro son sus caras completamente desfiguradas, como censuradas y ensangrentadas, mientras un montón de luces rojas, como si de un tren se tratara, empiezan a pasar por la ventana, a la par que todo se vuelve oscuro y esa se convierte en la única iluminación existente en la sala.
—¡¡Mamá, mamá, mamá!! —ya no sé ni por qué la llamo; si porque no quiero que se vaya, o porque tengo miedo. El pánico me invade, empiezo a llorar y todo empieza a temblar. Esa historia ya te la sabes, ¿no es así?
En la otra camilla, logro divisar el cuerpo de otra chica. Me resulta demasiado familiar, y tengo muy claro que se trata de Naomi. Tiene los mismos cortes que la otra vez en los brazos, en la misma posición e igual de profundos.
Ya lo recuerdo. Por fin recuerdo ese momento.
Ocurrió unos meses después de Navidad. No recuerdo el motivo, me atrevería a decir que nunca me lo dijo, pero un día, entré en casa de Naomi sin decir nada.
Éramos mejores amigas, por lo que entrar en la casa de la otra sin preguntar, pues ya era costumbre.
Pero ese día...
La encontré tirada en el suelo, con esos mismos cortes. Y sí, llamé a la ambulancia, y llegaron a tiempo. Lograron salvarle la vida, y aunque estuvo varios días ingresada en el hospital, se recuperó.
Vale, pero hay algo que no cuadra. Siento que me estoy dejando algo muy importante. Naomi trató de suicidarse, pero no lo consiguió. ¿Qué pasó después?
—Deja de buscar respuestas, Kay —me sobresalta su voz a mis espaldas, mientras veo que el 'cuerpo' de mi amiga ha desaparecido. —¿Acaso no eres feliz siendo mi mejor y única amiga? Los demás no nos comprenden...
Y entonces, todo vuelve a la normalidad. Mamá sigue viva, y no hay nada en la otra camilla. Pero yo estoy llorando, y Alvis, Reese y Shai están intentando calmarme.
Al final, no puedo evitarlo y salgo corriendo. No sé adónde voy, pero solo quiero desaparecer.
Bạn đang đọc truyện trên: Truyen247.Pro