Capítulo 9.
Restaurante italiano.
Las muletas que portaba eran un arma de doble filo. En parte limitaban enormemente mis movimientos y capacidades para caminar con la barbilla en alto. Pero gracias a aquellos cilindros de metal tenía legitimidad absoluta para apartar de mi camino a cualquiera.
Incluso mi profesor de historia se echó a un lado cuando renqueé en su dirección seguida de cerca por Isaac. Otra ventaja era disponer de la amabilidad de Kowalski que me llevaba la mochila como el chico serio y educado que era. En el fondo de su ser retorcido de periodista entrometido había un corazón que sentía culpabilidad.
—No creo que al final te hayas dejado seducir por una comida.
—Te equivocas —repuse de inmediato. Isaac alzó las cejas divertido ante la prontitud de mi respuesta— En este mundo no se debe desaprovechar la oportunidad de comer gratuitamente a costa de tu hermano. Mucho menos si es un italiano.
El castaño alzó los hombros con fingida inocencia y se despeinó el cabello con un gesto vivo.
—Pon las excusas que desees, te han comprado con un poco de comida.
Le saqué la lengua, dando por zanjada aquella conversación en particular y desplacé la vista al enfrente. En un rincón se encontraba un par de siluetas que me eran demasiado conocidas. Casi podía sentir como su mirada taladraba mi cráneo. Las maldiciones susurradas en bajo pitaron en mi oído cuando pasamos a su lado.
Apoyados sobre las taquillas se encontraban los dos mejores amigos de Viktor, dos moles gemelas de músculo y pocas neuronas que seguían de forma incondicional los caprichos despóticos de mi ex. Durante nuestra relación era casi divertido ver como acataban cualquier orden y me celaban como dos guardianes.
Claro, que en ese momento no me daba cuenta que me trataban como una posesión más.
Ella, estúpida y cegada por las hormonas.
Solté el aire de los pulmones cuando nos alejamos lo suficientemente de ellos.
—Como me maten, te asesinaré.
Giré la cabeza en dirección a mi amigo que mostraba una postura en alerta. Andaba más deprisa y mantenía los hombros cuadrados, aparentando ser más grande de lo que realmente era. Como los impulsos de los animales de la sábana. O bueno, no estoy segura, solía dormirme durante los documentales.
—¿No ves ningún fallo en ese plan, genio?
—No, porque apareceré en forma de espíritu y te perseguiré durante toda tu vida hasta que te vuelvas tan loca que tu misma saltes por un puente. En ese momento mi alma descansará en paz después de ser masacrado por los gorilas Gordon.
Solté una risa ante tan inesperada respuesta. Las espesas cejas de Isaac se aproximaron aún más ante mi ligereza, queriendo demostrar su absoluta convicción en las palabras.
—No te rías de mi desgracia.
—No me río de tu desgracia, sino de tu extensa imaginación. John y James no harán nada en tu contra, no les alcanza tanto la inteligencia.
—Peor me lo pones. Los tontos son más peligrosos.
Chasqueé la lengua y le di un toque con la muleta en la rodilla. La arruga que le aparecía en el entrecejo se acentuó aún más antes de que su rostro se relajase con una sonrisa sincera. Pasó un brazo por encima de mis hombros y ahogué un grito cuando me presionó en el hueco de su axila. Presionó la barbilla sobre mi cabeza y respiró tan profundamente que hizo volar un par de mechones.
En un repentino ataque de afecto hacia su persona le rodeé el cuello con los brazos en un penoso abrazo mientras hacía malabares para no dejar caer las muletas.
Después continuamos nuestro camino hacia los aparcamientos. Una vez fuera el frío me golpeó las mejillas y tirité ante el brusco cambio de temperatura en el interior de mi grueso plumas amarillo.
No tardé en reconocer la furgoneta de mi hermano. Conforme me acercaba distinguí a Robert con los brazos cruzados sobre su chaqueta marrón de aviador que le había costado todo un año de ahorros. Tenía las gafas de sol sobre el cabello y me hizo un gesto cuando me distinguió entre la maraña de gente.
—Te dejo. Nos vemos mañana —Isaac me dio un rápido beso en la mejilla antes de acelerar el paso y desaparecer a mi izquierda. De nuevo sentí el peso de la mochila en mis hombros.
Cojeé en dirección al coche. Sobre el capó estaba sentado Noah en su habitual actitud relajada. Llevaba un abrigo rojo que le hacía destacar como siempre entre los demás y traía el cabello despeinado por el viento. Este sí llevaba las gruesas gafas de sol puestas y manipulaba entre sus dedos un cigarro encendido.
Las volutas de humo abandonaban sus labios mezclándose con el vaho del resto de respiraciones. Lo cierto es que había empezado a fumar por la separación de sus padres y a pesar de la insistencia de Rob y la mía cada vez aumentaba más su consumo de cajetillas.
De todas formas se veía impresionante escudado en su atractivo, al igual que mi propio hermano. No me extrañaba que varias personas se quedaran mirando la furgoneta admirando a los que antaño fueron las estrellas del instituto.
Robert sacó las manos de los bolsillos y se apresuró a llegar a mi altura para ayudarme con mis libros. Me guiñó un ojo antes de depositar un beso en el nacimiento de mi cabello y caminar hacia su vehículo.
—Tú —llamé al rompecorazones del capó— deja de joderte los pulmones.
Noah resbaló las gafas por su nariz y sus ojos azules chispearon con diversión. Aspiró una calada del cigarro que se consumía entre sus dedos y sopló el humo directo en mi rostro.
—¡Oye!
La protesta llegó sincronizada por parte de los hermanos Cole.
-Vale que fumes, pero no hagas a mi hermana pequeña fumadora pasiva si no quieres vértelas conmigo, Spellman.
—Lo estoy deseando, ¿qué vas a hacer tú, Cole?
—Romperte la cara si es necesario.
—Me gustaría que lo intentaras.
Puse los ojos en blanco. Esos dos no sabían demostrarse el cariño sin enzarzarse en ese tipo de absurdas peleas. En el asiento del copiloto se encontraba Rowen mirando con gesto de concentración la pantalla de su teléfono.
—¿Mirando fotos de Zoro Roronoa?
La rubia esbozó una sonrisa resplandeciente.
—Finge que tú tampoco estás obsesionada con él, pequeña.
No pude evitar reírme mientras me deslizaba a duras penas en los asientos traseros mientras los otros dos discutían frente al morro del coche.
—¿Y de quién será la culpa? Bueno —me incliné hacia delante— Así que nos hemos acoplado a vuestra cita. ¿No te molesta?
La rubia negó con la cabeza y se guardó el móvil en el bolsillo del pantalón.
—No era una cita al uso, además, me gusta tu compañía. Me gusta pensar que aparte de la novia de tu hermano, soy tu amiga.
—Y lo eres —admití siendo totalmente sincera— pero si alguna vez le rompes el corazón a Rob... tendré que acabar contigo.
Rowen sacudió la cabeza con diversión.
—Tomo nota.
En ese momento las puertas se abrieron al compás y ambos chicos se colocaron en su respectivo asiento. Tras unos segundos el motor se puso en movimiento y nos abandonamos el aparcamiento del insti. Aún quedaban un par de curiosos alrededor que seguro que habían disfrutado de la confrontación de ambos amigos.
Noah a mi lado se sopló sobre las manos y las movió creando fricción entre sus dedos para que la sangre volviese a circular normalmente por sus venas.
—Trae.
Me saqué la bufanda de Hufflepuff que él mismo me había regalado la Navidad anterior y se la enrollé entorno a sus muñecas para que la tela envolviese la zona congelada. El rubio me guiñó un ojo en agradecimiento y se echó hacia atrás en el asiento. Aún conversaba ese ligero aroma a tabaco mezclado con su colonia habitual y la fragancia del suavizante de limón que su madre llevaba usando desde que yo tenía uso de razón.
—Estás guapa —comentó de repente cuando llevábamos una parte del trayecto.
Desplacé la vista por mi indumentaria. Lo cierto es que no era nada del otro mundo. Un peto vaquero algo ancho y un jersey negro de cuello alto que había tomado prestado del armario de Jossie.
—Que pena que no pueda devolverte el cumplido —bromeé.
—Enana —maldijo Noah y me empujó el rostro con una mano.
Fue una tarde bastante relajada hasta cerca de las ocho cuando nuestro singular grupo se dirigió al restaurante. Que a esas alturas mi estómago me protestaba con excesivo entusiasmo.
El local resultó ser bastante acogedor y tenía un ambiente distendido y familiar. Las luces no eran demasiado fuertes y había un hilo musical sosegado de fondo que se fundía con las voces de los comensales.
Fue poner un pie en la entrada y que el aroma a comida revolviese mi organismo entero. Aspiré con ganas y seguí los pasos de mi hermano que seleccionó una mesa un poco apartada de las demás. Dejé caer mi trasero torpe y Freddie se golpeó con una pata debido a mi movimiento brusco.
Presioné los labios para no maldecir en ese lugar tan bonito.
—Tengo un hambre de perros —farfulló mi hermano y se golpeó el estómago.
—Y yo —coincidió Noah deslizándose a mi lado y aferrando una de las cartas— Veamos que tenemos por aquí.
Rowen se sentó al lado de su novio y reclinó la cabeza sobre su hombro para ojear ella también los platos ofrecían. Tomé la otra con el hambre tornándose cada vez más y más violento.
Cuando mis ojos recorrieron esa lista de manjares mi cuerpo se debilitó del ansia y padecí un pequeño temblor en el estómago. Me mordisqueé el labio inferior y entrecerré los ojos tratando de averiguar que magnífica pizza iba a degustar.
—¿Sabéis ya que vais a tomar? —preguntó una voz con un sutil acento italiano profundo que me era familiar.
Aparté la vista de las jugosas fotografías de comida llena de carbohidratos para posarla sobre el camarero. Los ojos castaños de Luca Kavinsky se expandieron de forma casi imperceptible cuando nuestras miradas se encontraron a través de las masas de aire.

Frente a mí el jugador de lacrosse llevaba una sencilla camiseta de manga corta que resaltaba el moreno de su piel y una libreta pequeña donde anotaba las comandas en la mano. Un pequeño lapicero resaltaba entre sus rizos oscuros.
—Buenas noches, Eleanor —saludó con educación y a pesar de que sus labios se mantuvieron quietos sus ojos me sonrieron— No esperaba verte aquí. Buenas noches a los demás, por supuesto.
Mi hermano adoptó su expresión más seria.
—Hola, perdona mi no disimulada curiosidad ¿quién eres?
—Kavinsky. Luca Kavinsky —se presentó y extendió una mano que Rob se aprontó a estrechar. Y puedo apostar mi colección de Funkos que empleó más fuerza de la necesaria— Un compañero de clase de Eleanor.
Noah se irguió en su asiento detrás de mí.
—Oh, uno de los tíos que la atropelló.
—¡Noah!
Luca hizo un gesto con la mano para que me tranquilizara. No parecía intimidado por los dos chicos y su particular manera de presentarse.
—No te preocupes —me guiñó un ojo y extrajo el lapicero que tenía sobre la oreja— venga, os tomo nota, chicos. Y por supuesto, el postre corre a cuenta de la casa.
—Me caes bien —esta vez fue el turno de Noah de presentarse— Noah Spellman, el amor platónico de Eleanor.
Las cejas oscuras del moreno se alzaron ante este innecesario comentario.
—No digas eso o tendré pesadillas esta noche —se quejó Rob.
Hundí el rostro entre las manos sintiendo como me iba poniendo cada vez más y más roja ante la situación. Demonios, no se podía sacar estos dos a la civilización ¿o qué? Y pensar que ambos ya tenían más de dos décadas de experiencia en las conversaciones.
—¿Podemos pedir ya?
Después de una incómodo intercambio de palabras y la orden de las pizzas pude respirar con alivio. Ver como el chico se alejaba con una sonrisa ladeada en la boca que resaltaba aquella cicatriz que tan fascinada me tenía fue como sacar la cabeza de la piscina después de unos segundos de apnea.
—Oh, la enana está roja —se ensañó Spellman y presionó un dedo sobre mi mejilla aún caliente. Le abofeteé con un mohín— No te enfades. Tu amigo es bastante simpático. Pero este no es el pelirrojo, ¿jugando a dos bandas, Lea?
Por suerte mi hermano estaba bastante atareado intercambiando saliva con Rowen como para prestar atención a nuestra conversación.
—No digas tonterías, no soy como tú.
El rubio se llevó una mano al pecho con dramatismo.
—Que cruel eres.
Enarqué las cejas y golpeé su nariz con el índice.
—¿Ah, sí? Lo dice quien salió con tres chicas a la vez durante seis meses.
—Yo no salía con ellas, no oficialmente.
Preferí abstenerme de continuar con aquella charla. No era una buena idea ahondar en la historia de conquistas del mejor amigo de mi hermano. Alcancé mis muletas y me puse torpemente en pie. Sobre tres patas me dirigí al trío de universitarios.
—Voy al baño.
Rowen se removió.
—¿Quieres que te acompañe?
—No te preocupes, me estoy acostumbrando a mis limitaciones. Adoro a Freddie pero será un mes muy largo— suspiré.
La puerta se abrió a mis espaldas pero no le presté mayor atención. El peso en mi vejiga y el calor residual en mi rostro me persuadieron de girarme. Lo que no esperaba es que alguien me siguiese de cerca en mi camino hacia los aseos.
Aunque su presencia quedó más que clara cuando me empujó hacia el interior del pequeño espacio haciéndome tropezar hacia delante. Las palmas de las manos me cosquillearon y solté una variopinta sarta de barbaridades en todos los idiomas que me sabía.
—Eleanor...
Mierda.
Santísima mierda.
Cagarro de Satanás.
Él no.

He aquí un nuevo capítulo de Kavinsky, primores. Ya sabéis, cada sábado y cada martes tú y yo tenemos una cita en esta historia. Una cosilla que quizás pueda pediros, si os está gustando, me encantaría que la recomendaséis a amigos barra conocidos lectores.
Después de la petición de un poco de spam continuemos.
PERO BUENO, ¿¡la pobre Eleanor no puede tener dos segundos de paz?! Opiniones, vamos, no seáis tímidos, ¿qué os está pareciendo? ¿personaje/s favorito/s? ¿Algún odio ya? ¿Alguna carpeta sólida?
I need help; ¿¡CÓMO LLAMAMOS AL SHIP DE ROWEN Y ROBERT?!
¡¿Qué pasará en el próximo capítulo?!
Os adelanto aquí, que estamos en confianza, que veremos por fin los motivos que llevaron a Lea a romper su relación con Viktor.
OJO LOS COMENTARIOS ANTERIORES AL 20 DE JULIO DE 2019 PERTENECEN A LA HISTORIA ANTERIOR.
HABRÁ DEDICACIONES POR CAPÍTULOS A AQUELLOS USUARIOS QUE MÁS DESTAQUEN POR SUS COMENTARIOS SEGÚN SU CANTIDAD Y CALIDAD.
Nos vemos el martes con mas.

¡Búscame en instagram como @comandanteprim y sigue a los perfiles de los personajes para tener una perspectiva más de sus personalidades y relaciones entre ellos!
Bạn đang đọc truyện trên: Truyen247.Pro