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Capítulo 4.

Que casualidad... ¿o no?

Los tres retuvimos la respiración.

Kowalski bastante intrigado ante la situación delirante no explicada. Jossie atenta a su entorno, tratando de desentrañar la fuente de aquella melodía. Y yo... mi mente cortocircuitó.

Los tonos continuaron resonando contra mi oído hasta cortarse por el final de la llamada. En el momento que las chasquido desbarató mis planes de hablar con Derek, la canción cesó.

Nos quedamos en silencio durante unos segundos antes de Isaac rompiera el silencio.

—Por última vez: ¿quién es ese Derek? —pronunció con tono cansado— ¿y por qué tenéis esa cara de impacto como si hubieseis visto un fantasma?

—Derek fue el que conducía el vehículo que me arrolló la noche de Halloween —contesté centrando mi atención en los ojos pardos del chico que asintió, agradecido por la aclaración.

—¡Eso no es lo importante!

Jossie se puso en pie y pisó con fuerza las gradas. Sus elegantes zapatos de tacón resonaron en el ambiente saturado del sonido del equipo de lacrosse entranando y los murmullos del resto de adolescentes que pululaban por la zona.

—No sé si lo hacéis a posta... pero estáis ignorando lo más importante de lo que acaba de ocurrir: ¡ese maldito teléfono ha sonado aquí!

Su cabello pelirrojo ondeaba en el aire mientras escaneaba los alrededor con especial minuciosidad.

—Puede tratarse de una casualidad —repuse ganándome una mirada asesina— ¡Puede ser! No creo que estudie casualmente en este instituto y que nunca me lo haya cruzado por los pasillos.

—Es improbable, pero posible —Isaac se recostó hacia atrás alzando la cabeza hacia el cielo despejado. La multitud de pecas que tenía en el mentón quedaron expuestas— Este centro es bastante grande, sería muy complicado conocer a todos los estudiantes. Además, no has estado especialmente atenta durante la última temporada.

Abrí la boca para refutar sus palabras pero me vi forzada a presionar los labios con hastío. Era inútil rebatir aquello cuando solo destilaba verdad.

Hundí el rostro entre las manos.

—Tanto da.

—No, no da igual —Jossie volvió al ataque— joder... te gusta ese chico, algo que parecía imposible después de lo ocurrido. Es como un oasis en el desierto de tu desesperación lo que necesitas para salir del fondo de la sima oscura en la que te has zambullido.

Isaac ladeó la cabeza con diversión.

—¿No estás exagerando un poco? —inquirió alzando una ceja.

La pelirroja elevó los hombros con inocencia.

—Solo quiero lo mejor para mi amiga, no puedes culparme por eso. Y tú, Kowaski deberías ayudarme.

No pude evitar suspirar.

—¿No puedo añadir nada al respecto?

Jossie negó la cabeza con lentitud y una sonrisa ladina apareciendo en sus facciones. Se giró con gracilidad sobre los talones y volvió a su escáner del campo. Antes de que pudiera efectuar cualquier movimiento para detenerla se aprontó a bajar las gradas en dirección al campo.

—No tiene remedio —me lamenté apoyando la cabeza sobre los puños.

—Pero sus intenciones son buenas —mi amigo se incorporó sobre su metro noventa. Me extendió una mano para ayudarme y la acepté con mucho gusto— Vamos a impedir que cree un desastre.

Tuve que resistirme por las cosquillas cuando me sujetó por las axilas para elevarme. Presioné las muletas contra mi pecho siendo transportada como una niña pequeña a la que su padre coge para pasar entre una multitud.

—Esa chica respira y el caos nace.

Jossie se encontraba de pie próxima a la zona de entrenamiento con los brazos en jarra y entrecerrando los ojos por culpa del sol. Una vez que nos encontramos sobre suelo firme, Isaac me depositó y tuve que volver a arreglármelas con mis muletas. Cojeé en su dirección todo lo rápido que pude.

—¿Alguna novedad? —inquirió el redactor jefe del periódico a mis espaldas.

—No —Jossie hizo un profundo mohín con la boca— he encontrado una falla crucial en mi plan. Yo no he visto a ese chico por ende, soy incapaz de reconocerlo.

Sonreí desviando mi vista al campo. Desde esta posición el ejercicio era mucho más evidente. Se escuchaban chocar esos cuerpos masculinos unos con otros. Los golpes de los palos de lacrosse contra el suelo y el metal y los sonidos guturales de algunos jugadores. Pasaban frente a nosotros a gran velocidad jadeando por el esfuerzo.

—¿Cole?

Los tres nos giramos ante la voz rasposa que pronunció mi apellido. Se trataba del entrenador Andrews con su raída gorra roja y los pequeños ojos de perro enfocados en nuestra dirección. Elevó la comisura izquierda de sus labios bajo el espeso bigote entrecano que tan arreglado llevaba.

—¿Qué te ha pasado? —señaló a Freddie con un movimiento de cabeza.

—Yo... me caí de la bici —respondí con voz neutra, sorprendida ante tan curiosa conversación.

El señor Andrews asintió y se cruzó los brazos sobre el pecho. Rumió en silencio un momento antes de volver a dirigirse a mí.

—¿Qué tal le va a tu hermano? La verdad es que echo de menos a ese muchacho.

Todo cobró sentido de repente. Robert había sido capitán del equipo de fútbol americano durante sus años de instituto. En su último año el equipo ganó el campeonato y desde entonces la gente pronunciaba su nombre con respeto. Rob era una leyenda del deporte estudiantil... que dejó el fútbol al llegar a la universidad para centrarse en sus estudios.

—Está bien, bastante bien, de hecho. Seguro que se alegra que pregunte por él, no lo dice muy a menudo, pero sospecho que extraña sus días en el campo.

El entrenador sonrió con más amplitud y su expresión se volvió soñadora, como si rememorase en los viejos tiempos.

—¿Y Spellman?

Pensé en Noah y en la fiesta del sábado.

—Noah sigue jugando. A pesar de que el equipo de la universidad no tiene muchas perspectivas de pasar la eliminatoria no pierde la esperanza.

Andrews soltó una carcajada seca.

—Esa nenaza optimista —se rascó el bigote— Quizás debería volver al fútbol. Estos idiotas solo me dan disgustos.

Dicho esto se volvió hacia sus jugadores y exhortó una orden que no entendí pero que provocó que dos chicos se chocaran de la impresión. Me apoyé contras las muletas y contemplé el entrenamiento algo más animada. A mí también me gustaba recordar la etapa de mi hermano y sus amigos en el instituto. Durante ese tiempo me sentía segura y protegida con su presencia, pero desde que se habían marchado iba encadenando error tras error.

Sentí como Isaac se deslizaba y desaparecía en dirección al edificio y como Jossie cambiaba el peso de un pie a otro, con cansancio.

Me moví en su dirección cuando el hombre se enzarzó en una discusión con un pobre chico que dejó escapar la pelota en el último momento.

—Me encanta contemplar cuerpos hercúleos en ajustados pantalones deportivos —se recolocó la correa del bolso en el hombro— pero tengo que atender otros asuntos.

Otros asuntos tenía nombre y apellidos.

Que tus dos mejores amigos estuvieran en perfectas y estables relaciones tan solo acentuaba mi sensación de soledad. Y que mi hermano no escatimase en arrumacos con su novia frente a mí... era una conspiración divina para recordarme mi situación.

—Adelante. Nos vemos en biología.

La pelirroja se mordió la esquina del labio dudando unos segundos antes de abandonar el campo. Una vez sola opté por volver al interior con mi andar a tres patas.

—¡Cuidado!

Tuve dos segundos para reaccionar. La pelota se lanzó con brutalidad hacia mí como si el propio Dobby la tuviera encantada. Tras esta reflexión tan solo dispuse de un segundo y ante mí se plantearon dos opciones.

Uno: dejar que me golpease.

Dos: intentar que la primera opción no ocurriese y caerme por mi falta de piernas sanas.

Moví la cabeza tratando de esquivar el proyectil esférico y rezando para que aquello fuese suficiente. La pelota silbó a escasos centímetros de mi oreja y cayó al césped unos metros detrás de mí. Por una vez había conseguido salir impune de una situación como aquella.

Un chico trotó en mi dirección y sus dedos empezaron a manipular el casco que protegía su cráneo de la violencia del deporte que practicaba. Cuando se desembarazó de él tuve la misma sensación que cuando la botella se detuvo frente a mí.

El pulso se me disparó en las sienes y se me secó la lengua ante los nervios.

¿Qué clase de cliché era este?

Su cabellera pelirroja centelleó en contacto al sol y su presencia se asemejó a una de esos protagonistas de películas románticas, todo perfección y atractivo masculino. Su expresión cambió cuando estuvo lo suficientemente cerca para reconocerme y sus labios sucumbieron en una sonrisa extasiada por el esfuerzo físico y la sorpresa.

—Hola —saludó cuando se detuvo frente a mí.

—¿Hola?

Derek me escrutó con su sonrisa ensanchándose por momentos. Estaba visiblemente contento a la par que extrañado. Ambos abrimos la boca al mismo tiempo:

—¿Estudias aquí?

—¿Vienes a este instituto?

Me puse más roja que mi sudadera y me vi obligada desviar la vista.

—Lo sé, parece imposible, ¿no?

Derek se rascó la nuca con diversión. El entrenamiento se detuvo a sus espaldas debido al fuerte pitido del silbato del entrenador Andrews y el pelirrojo contempló durante un momento a sus compañeros antes de dirigirse nuevamente a mí.

—Yo... —titubeé.

Demonios, ¿dónde quedaban mis diecisiete años de experiencia en el maravilloso arte de hablar? ¿Era tener a un chico guapo a una distancia corta y que dejase de poseer capacidad de mantener una conversación?

—Parece que no dejo de atentar contra tu integridad física —comentó Derek ajeno a mi regañina mental— ¿Te has hecho daño?

—Depende: ¿preguntas por tu intento de dejarme tuerta?¿O cuándo me tiraste de la bici?

—La primera, aunque de nuevo, te pido disculpas por la segunda —sus ojos bajaron hasta mi pierna escayolada donde él mismo había anotado su teléfono. Detalle que fue difícil de explicar a mi hermano— Pero... parece que nuestra relación mejora. Si somos compañeros tengo mucho más fácil cumplir mi promesa de compensarte.

—Por suerte he tenido el sentido arácnido del que tú careciste... y he esquivado a la perfección la pelota. Y sabes que no es necesario que me compenses.

Derek se mordió el labio inferior en un gesto demasiado sensual para mi sistema nervioso. Ese detalle incrementó el latir frenético de mi corazón acentuando lo que pensé la primera vez que le vi: era demasiado guapo.

—Insisto —pronunció y dio un paso hacia delante para quedar más cerca de mí— quizás...

—¡Brown! ¡Deja de ligar con la hermana pequeña de mi estrella y trae tu trasero aquí! —resolló el entrenador.

El pelirrojo sacudió la cabeza pero no pareció incómodo ante la frase del hombre.

—El deber me llama... puede que nos crucemos en la salida. Y si no, tienes mi teléfono.

Se despidió con un ligero gesto de cabeza antes de reunirse con sus compañeros.

—¡Kavinsky!

Un chico que se encontraba próximo a la portería empezó a recorrer el césped en dirección al resto. Se agarró el caso y tiró de él mostrando una cabellera castaña oscura de rizos desordenados que también me era familiar.

El italiano pasó corriendo a mi lado y sus ojos se desviaron un momento hacia mí. Su mirada castaña colisionó con la mía y me lanzó una sonrisa de reconocimiento cuando se percató de quien era, dejándome nuevamente sola en el campo.

Habría permanecido de pie durante un tiempo indefinido aún con la sonrisa de estúpida plasmada en el rostro de no ser por una silueta familiar que se acercaba a mí.

Traté de huir pero mi paso lento y costoso no bastó para esquivar una situación a la que tanto temía hacerle frente. Antes de alcanzar la puerta del instituto sentí una mano cernirse sobre mi brazo y antes de que pudiera actuar fue arrastrada en dirección opuesta.

Jadeé cuando choqué contra el fondo del armario del conserje y la oscuridad se apoderó de mi visión mientras quedaba encerrada con semejante individuo.

Aquí un nuevo capítulo de Kavinsky, primores.

Estamos muy cerca de conocer parte del drama de la pobre Eleanor y su antigua relación. Las cosas van avanzando, a paso lento pero seguro, así que, como siempre comenzaré con mi sarta de preguntas, ¿qué os parece la historia/capítulo?¿Los personajes?¿Os atravéis a tener un favorito a estas alturas? 

Avisé que esta historia sería un poco cliché, de esos que tanto nos gustan en el fondo, pero no olvidemos que en esta vida nada ni nadie es perfecto. Estoy delirando un poquito...

OJO: LOS COMENTARIOS ANTERIORES AL 2 DE JULIO PERTENECEN A LA HISTORIA ANTERIOR.

OJO X2: Recuerdo que habrá dedicaciones en todos los capítulos de la historia, a aquellas personas que más destaquen por sus comentarios o implicación con la historia. Estos primeros están dedicados a lectoras y lectores importantes para mí por su apoyo a mis historias, ya sea en una o en varias. Aunque eso no quita que no te vaya a dedicar un capítulo a ti, que eres nuevo, pero ya me caes muy bien.

Nos vemos el sábado con más.

Búscame en instagram como @comandanteprim, así como a las cuentas de mis personajes, que se encuentran en la historia destacada con el nombre de esta novela, así sabréis más detalles acerca de sus vidas y relaciones. 

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