
Capítulo 25.
El sol puede chamuscar neuronas y alimentar trastornos hormonales. O quizás sea un parásito cerebral.
La arena se me metió hasta en el forro del bañador. Alojada entre mis piernas habría una cantidad suficiente como para construir cincuenta y dos castillos.
Me gustaba la playa pero la sensación de esos diminutos granos rozando la sensible piel de mi trasero me impulsó a tomarme un descanso.
Perdí la noción del tiempo todo el rato que estuve con Luca. No sabría decir con exactitud los minutos que nos pasamos haciendo tonterías como dos niños dementes en el agua, hasta que Derek se unió a nosotros.
El pelirrojo me lanzó una mirada significativa a la que respondí con un encogimiento de hombros.
Si había algo que le preocupaba al italiano había sido incapaz de llegar hasta la matriz de dicho problema. Kavinsky parecía igual de inescrutable que siempre, escudado tras sus silencios y sus sonrisas encantadoras que volatizarían las bragas de cualquier ser humano atraído físicamente por los hombres.
—Creo que necesito un descanso —alcé las manos en un claro gesto de rendición.
Los dos chicos me miraron y su ceño se frunció de forma conjunta. Ambos estaban empapados pero no parecían ni la mitad de cansados de lo que yo me sentía. A estas alturas me faltaban dos brazadas para comenzar a hiperventilar como una anciana asmática.
Mi fondo físico daba asco.
Bueno, daría asco en el caso de existir.
Un par de ojos castaños me escrutaron con mayor profundidad despertando un impreciso cosquilleo bajo mis mejillas que se tradujo en un rubor disimulado por el sol y sus efectos sobre mi piel.
—Quizás tengas razón —Luca ladeó el rostro. La luz le incidió de pleno en la cara, aclarando sus ojos que adquirieron un tono castaño— tienes los labios morados. Tendrás frío.
Tracé una sonrisa burlona.
—Mira estas manos —extendí el brazo mostrando mis dedos arrugados— estoy en pleno proceso de convertirme en una versión anciana de mi misma.
Me tomó con suavidad por las muñecas y no pude evitar sentir la presión en cada centímetro exacto en el que presionó sus yemas. Me estaba volviendo paranoica. Jossie había infectado mi imaginación con una serie de ideas bastante peligrosas.
Luca desafió los límites de mi cordura cuando su pulgar se paseó por el dorso de mi mano.
¡Por las barbas de Merlín! Aquel tipo de contactos debían ser penalizados con tarjeta roja y expulsión. Sobretodo cuando desatornillaban mis rodillas de aquella forma. Agradecía estar sumergida para disimular la cantidad ingente de sensaciones confusas y atropelladas que hicieron temblar mi inexperto cuerpo.
El calor me estaba afectando.
—Tienes unas manos muy pequeñas —una arruga se hundió entre sus cejas— creo que no serán mucho más grandes que las de Finn. Aunque bueno... eso no posee demasiada importancia.
—No podemos permitir que te mueras de hipotermia el primer día. No sobreviviré a tu hermano en caso contrario —Derek apareció en escena de forma abrupta.
Y sí, empleo dicho adjetivo porque antes de que pudiera ser del todo consciente de su presencia uno de sus brazos se resbaló por debajo del agua. Me alzó como la primera noche en la que nos conocimos, cargándome contra su duro pecho bien trabajado.
Fue raro teniendo en cuenta que Luca continuaba con mi mano entre las suyas.
—¿Acaso estás asustado, Derek Brown? No puedo creer que las artimañas intimidatorias de ese trío hiciesen mella en tu confianza —mi voz salió de forma controlada y estable. Un gran logro dada la situación—. Pensaba que tenías más carácter.
Las cejas del muchacho se arquearon y su mirada adquirió un matiz retador.
—¿Quieres ver realmente hasta dónde llega mi carácter, preciosa?
Fue un susurro cargado de sugerencias que me hizo sonreír. Los dedos de Kavinsky se habían deslizado lejos de los míos pero su mirada seguía abrasándome más aún que las radiaciones de la estrella que daba nombre a nuestro sistema planetario.
Tuve el impulso de girarme pero me contuve centrando mi atención de pleno en el chico que me tenía sujeta con firmeza contra su pecho.
—Uy, mira como tiemblo de miedo —rebatí y en un acto de valentía le rodeé el cuello con los brazos.
Se escuchó un chapoteo detrás de mí y de nuevo tuve aquella insoportable tentación de girarme. Derek tenía los ojos fijos en mi mirada y no me pareció sensato sucumbir al impulso de mirar a Luca en esos momentos, ¿por qué? ¿Por qué tenía tantas ganas?
El pelirrojo se encargó de apartar mis pensamientos al respecto cuando empezó a correr entre las olas. Un grito de sorpresa y diversión escapó de mi garganta mientras afianzaba mi agarre de forma instintiva en sus hombros para no darme contra el suelo. La piel le olía a sal y crema solar y el tacto resbaloso entre ambos casi nos cuesta una caída.
Sus pies se apoyaron en la arena seca y no se detuvo hasta que una nueva tentativa de tropiezo nos hizo caernos. Derek reaccionó para evitar un golpe mayor y su espalda absorbió gran parte del impacto, aún así mis rodillas se clavaron en la blanda y rasposa superficie.
Todo el aire que retenía en los pulmones me abandonó en un jadeo cuando nuestros cuerpos se presionaron de forma imprevista a causa de la caída. Mis manos quedaron a ambos lados de su rostro y mi cabello mojado y enmarañado con arena cayó sobre ambos.
Estábamos muy cerca, tanto que apenas podía enfocar debidamente su cara y distinguir la expresión que tenía en ese momento.
—Muy hábil. ¿Así de ágil es el capitán del equipo de lacrosse?
—Bueno —una de sus manos tanteó mi columna vertebral. Tuve que presionar los labios para no volver a jadear— a menos que tú seas pariente lejano de un stick de lacrosse no debo porque saber manejarte como es debido. Ojalá fuese así.
Aún no me acostumbraba a sus comentarios tan directos y bien empleados.
—Supongo que se necesita práctica —me encogí de hombros, impulsándome para erguirme. La tela empapada de mi bikini rozó unos pocos segundos la piel de sus abdominales. Benditos abdominales— Ya sabes, nadie nace sabiendo. Aunque he de reconocer que se de ta mejor que conducir.
Me levanté y él elevó las cejas con diversión.
—Eso ha sido un golpe bajo, Eleanor.
—Lo superarás —le tendí una mano para que se incorporase— y a pesar de que disfruto de nuestras charlas realmente necesito irme a la habitación y ponerme una ropa seca.
Hice un gesto para señalar el hotel a unos escasos doscientos metros y el muchacho asintió.
—Nos vemos después —sus dedos tantearon con suavidad la piel de mi hombro y se inclinó hacia delante. Me besó de nuevo muy cerca de la comisura de los labios y se echó hacia atrás con una sonrisa expandiéndose en sus facciones— Sabes que tienes mi número para lo que sea.
Me abracé a mí misma y emprendí una penosa caminata en dirección a mi habitación. El viento me hacía tiritar debido a la humedad que había penetrado con profundidad en mi organismo y la presencia de la arena en el forro del bañador seguía presente. El pasillo estaba sumido en la quietud. La mayoría de los estudiantes estaban disfrutando del calor, no obstante, conforme me aproximaba más y más a la puerta de mi habitación un sonido peculiar se incrementaba en potencia.
Un ruido que a veces provenía de la puerta cerrada de la habitación de mi hermano.
Recé para que no saliese de mi habitación pero todo quedó claro cuando me detuve frente a ella y comprobé con una mezcla de espanto y resignación como un tanga de encaje rojo se encontraba colgado del pomo. Reconocía esa lencería y también las voces del otro lado.
¿Y ahora que se supone que debería hacer yo?
Los labios me temblaban por el frío y carecía de la paciencia suficiente como para quedarme a esperar con semejante hilo musical. Volví a la playa con la esperanza de encontrarme con alguien pero el fracaso más absoluto volvió a golpearme.
Parecía que Thanos había pasado por ahí y que todos mis amigos habían sucumbido en un chasquido. No tenía apenas batería, por supuesto, porque Eleanor Cole era la mayor pringada de esta historia.
Con la mochila colgada y golpeándome rítmicamente la espalda caminé sin un rumbo preestablecida, dejando que la brisa marina y el sol fuesen secando con lentitud mi ropa. El cabello se me rizó motivado por la humedad y apenas sentía la planta de los pies de tanto andar sobre la arena ardiente bajo los potentes rayos de sol.
Terminé deteniéndome en un pequeño parque donde un par de niños agotaban sus piernas jugando a perseguirse unos a otros. Dejé caer el trasero sobre un columpio y exhalé un lánguido suspiro hasta que no quedó una gota de aire en mis pulmones.
Tan solo tendría que esperar un tiempo indefinido hasta que mi cuarto quedase libre de fluidos. No era el plan que tenía pensado cuando bajé del bus hace unas cuantas horas pero tampoco era el peor castigo del mundo.
—¿Cómo es que siempre te encuentro cuando pareces un pequeño cachorro desamparado?
El ruido de cadenas acompañó a esas palabras. Viré el rostro hacia la izquierda encontrándome con Luca que me lanzaba una sonrisa sarcástica. Se había puesto una camisa de color azul claro y su cabello parecía completamente seco, seguía descalzo.
—¿Instinto arácnido tal vez? —probé mirando hacia el frente— Además, no estoy desamparada, solo cabreada por que mi amiga es una depravada sexual que se está montando una fiesta privada en nuestro cuarto.
Luca soltó una pequeña risa y mis cejas se fruncieron ensanchando su sonrisa.
—¿Te parece divertido?
—No, no —negó con la cabeza y se tapó la boca con una mano— Lo siento. No es graciosa la situación... pero enfadada sei adorabile.
Me impulsé, comenzando a balancearme para que no fuese tan evidente que me había convertido en un tomate abrasado. Que hablase en italiano era tan... tan...
—Siento lo de antes —hablé sin ni siquiera pensar.
¿Qué?
—¿Qué? —dijo Luca mirándome con extrañeza.
Ahora no podía echarme atrás. Mis dedos se apretaron con mayor fuerza contra las cadenas y cerré los ojos concentrándome en el silbar del viente en mis oídos y no en la sangre palpitándome en ellos.
—Antes he sido grosera —admití— me quejo de lo desconsiderada que es Jossie cuando cojeo del mismo pie. No al mismo nivel, pero de todas formas, es algo hipócrita.
Kavinsky no contestó de inmediato. Él también empezó a columpiarse con lentitud. Era una imagen curiosa ya que era bastante grande para que sus pies apenas se despegasen del suelo por muy alto que subiese.
—Lo entiendo, no te preocupes. Es evidente que... que... —pareció trabarse. Vi por el rabillo del ojo como su rostro entero se arrugaba y un brillo de molestia se instauraba en su mirada— le gustas. Las personas no suelen actuar de forma muy racional en esos casos. Él...
Su voz se perdió en un susurro y me frené para evitar que el chirrido del metal aplacase sus palabras. Luca también se detuvo y giró el asiento para quedar frente a frente, retorciendo las cadenas, imitando su acción quedamos bastante cerca.
—¿Te gusta Derek, Eleanor?
Estaba serio y su tono de voz sonó monótono y despreocupado. Habría parecido una pregunta casual de no ser porque su mirada se tornó más intensa y se zambulló en la mía. Me sentí por completo expuesta y de repente tuve tanto calor que me impidió pensar con claridad. Aunque es muy probable que mi falta de coherencia no se debiera tanto a las condiciones climatologías como a su presencia.
—No lo sé —estaba siendo sincera.
Luca inspiró con fuerza y su pecho se infló algo inestable. Sus grandes manos se cerraron entorno a las cadenas de mi columpio y flexionó la espalda ligeramente hasta que quedamos a escasos centímetros. Fui incapaz de mover un músculo, intrigada por esa mirada tan fija que parecía llegar a lo más profundo de mí, hasta donde se encontraban mis dudas, mis pensamientos liosos, mi falta de experiencia en el asunto. Y que me contemplase como si de repente no existiese un mundo alrededor, como si tan solo nos encontráramos los dos flotando en mitad de la nada, me hizo sentir una vulnerabilidad extraña. Algo se ablandó dentro de mi pecho y empezó a doler. Un dolor lento y... agradable.
Se me atoró la respiración.
—Eleanor, yo... —comenzó con torpeza como si se hubiese olvidado del idioma de repente— Debo decirte algo. Pensarás que me he vuelto loco y probablemente estés en lo cierto. He intentando con todas mis fuerzas que... que no...
Pareció irritarse por sus balbuceos y al mismo tiempo completamente indeciso como si no estuviese convencido de decir todo aquello. Tragó saliva y terminó de flexionar las rodillas para equilibrar nuestros rostros. Sus brazos seguían extendidos a ambos lados de mi cara, con los dedos cerrados sobre los eslabones de metal evitando que se descruzasen las cadenas.
De nueva esa intimidad extraña creció hasta aislarnos del resto.
No me atreví a hablar como si aquel instante fuese demasiado frágil. Mi cuerpo actuó por su cuenta, inclinándose hacia delante para reducir un poco más la distancia hasta que apenas nos separó aire. Si en aquel momento me soltaba una flatulencia le pondría rubios los pelos de la nariz.
—Tú...
Las gaitas de la banda sonora del último Mohicano se elevaron entre nosotros rompiendo por completo el momento. Enrojecí hasta la punta de los cabellos cuando mi teléfono comenzó a sacudirse con semejante sonido y balbuceé una disculpa antes de lanzarme para contestar.
—Robert Jeremy Cole, espero que sea importante —ladré al otro lado de la línea con el resentimiento patente en mi forma de masticar las sílabas.
—Esa no es forma de hablarle a tus mayores —me amonestó el repelente tarugo— Yo también te he echado de menos, ¿eh?
Puse los ojos en blanco con tedio. Estaba de cuclillas después de haberme deslizado fuera del columpio y Kavinsky seguía a mis espaldas con su mirada clavada en mi nuca.
—¿Echarme de menos? ¡Rob! ¡No ha pasado ni un día! ¡Aún el hedor de tus calcetines sigue impregnado en mis fosas nasales! —escupí sacudiendo la cabeza. Tenía ganas de gritar— Eres un ñoño.
Rob se rió.
—¿Acaso he interrumpido algo?
Estúpido idiota. Muy en el fondo me conocía demasiado bien. Mi silencio le bastó como respuesta.
—Ya entiendo. En ese caso llamaré más tarde. Recuerda tomar precauciones si no quieres que tus futuros bebés caigan en manos de Noah. Ese capullo no está preparado para ser tío, ¡y yo tampoco! —gruñó cuando su imaginación se desbordó— ¡Maldición! ¡No quiero cambiar pañales! Los niños pueden ser muy monos pero sus deposiciones parecen indicar un avanzado estado de putrefacción en los intestinos. Aunque quedarse preñada no es el mayor riesgo...
Mi hermano se calló de golpe y antes de que pudiera despegar los labios para replicar otra persona tomó el relevo.
—Existe la sífilis, el herpes genital, la gonorrea, el SIDA... —enumeró con tono profesional Spellman— No puedes pillar ninguna de esas, enana o nuestra relación estará abocada al fracaso.
Un golpe resonó al otro lado y escuché la voz de mi hermano con un potente tono de reprobación.
—¡Deja de insinuarte sexualmente a mi hermana pequeña! ¡Hace ya dos días que no follas y ya estás con esas!
Presioné el botón de finalizar la llamada y tiré el móvil en el interior de la mochila como si quemase o estuviese infectado de alguna de las enfermedades descritas por el aspirante a arquitecto. Me había quedado sin saber lo que fuese que Kavinsky iba a decirme... ¿por eso?
—¿Tienes muda ahí?
La voz de Luca me ató de nuevo a la realidad. Me incorporé y volví a girarme para mirarlo. Parecía haber recuperado su aire de despreocupación y me contemplaba con tranquilidad. Sea lo que sea que intentase decirme hace unos minutos parecía haber pasado a segundo plano y yo era demasiado cobarde como para regresar sobre el asunto en cuestión.
Aunque me muriese por saberlo.
Señalaba mi mochila.
—Sí —pronuncié algo confusa— pero no me atraía la idea de cambiarme en uno de los baños públicos. No soy especialmente habilidosa y seguro que alguna de mis prendas terminaba flotando en la taza del váter.
Luca sonrió.
—Vamos —me hizo un gesto con la mano pero mis piernas se quedaron estáticas en su sitio— Venga, puedo ofrecerte nuestra habitación para cambiarte si no estás cómoda con lo que llevas puesto.
Me mordí el labio inferior y bajé la mirada unos segundos a mis pies embadurnados de arena reseca.
—Lo cierto es que mataría por una ducha para quitarme la sal de encima —alcé los hombros con simpleza— De acuerdo, Luca. Como siempre salvándome como mi particular héroe.
Se hizo a un lado para dejarme pasar y esta vez mis pies se despegaron del suelo para comenzar a moverme como una persona con dos extremidades inferiores casi funcionales. Cuando pasé por su lado mi mano fue más rápida que mi cabeza y cogió la suya.
Sí, como estás leyendo.
El parásito cerebral que tenía cortocircuitó mi mente hasta el punto de superar las fronteras de mi vergüenza y sostener la mano del italiano. Luca se tensó en un primer momento y me asusté tanto que sentí el impulso de apartarla. Mi acto fue tan casual como cuando un niño agarra la mano de su madre para cruzar la calle. O como yo se la daba a mi hermano cada vez que caminábamos juntos. De hecho, aún seguía haciéndolo de vez en cuando.
Pero me abstuve de hacerlo cuando Luca pasó las yemas de sus dedos por mi palma extendida, abriéndola, con el fin de finalmente cerrarlos, consiguiendo que ambas manos encajasen, entrelazadas. No me miró a la cara y se limitó a tirar de mí hacia delante.

AHOY, PRIMORES.
Es un capítulo larguillo, eh.
Se me acaba de actualizar Wattpad (sí, así de atrasada ando) y es... UN HORROR, con todo el amor-odio que le tengo a la aplicación, me salen anuncios hasta en los borradores de mis propias historias.
En fin, ¿qué os ha parecido? ¿Os gustó el capítulo de hoy? Recordarme el shippeo oficial de Luca y Eleanor, y debemos ir buscando uno para la pareja más fuerte del momento, Anna e Isaac.
BUEEEEEEENO.
Sugerencias, peticiones, preferencias, AQUÍ.
Seguidme en mi cuenta de instagram @comandanteprim y entérate de los últimos detalles, así como en las cuentas de mis personajes je je je. En serio, últimamente me estoy poniendo las pilas en las historias.

Bạn đang đọc truyện trên: Truyen247.Pro