Capítulo 24.
Desatar el caos a veces es divertido, si no te envuelves en él, claro. Jossie sabe muy bien de lo que habla.
Me despertó el chasquido de un móvil tomando una fotografía. En un primer momento me sentí por completo desorientada, con el cuerpo entumecido y un peso sometiendo uno de mis hombros. Con dificultad despegué los párpados, batallando contra el repentino cansancio y malestar, para toparme de frente el rostro de Isaac.
El muy idiota sonreía a tiempo que guardaba su teléfono en el bolsillo.
—Venga, bellas durmientes, ya hemos llegado —pronunció con tono cantarín.
Bostecé de forma profusa y mis ojos se achataron por la acción, empezando a lagrimear.
—¿Para qué era esa foto, Kowalski? —inquirí al tiempo que me sacudía a Jossie de encima. La pelirroja gruñó y empezó a restregarse los ojos con la mano.
—No es importante. Tan solo estoy preparando un reportaje para vuestros respectivos cumpleaños...
Jossie emitió un quejido y se sujetó la nariz mientras se sentaba algo más erguida en su asiento.
—¿Por qué tengo que escuchar tu irritante voz desde por la mañana? —se lamentó con dramatismo— Eres la peor almohada del mundo. Me has dejado dolor de lumbares.
Lo último fue indignante. Sobretodo teniendo en cuenta el dolor de cuello que padecía yo. No entré al trapo y me incorporé aún sintiendo mis articulaciones pesadas. Cogí la mochila que descansaba en el suelo del autobús y seguí a Isaac y Anna para abandonar aquel vehículo infernal.
Después de ser interrumpidos por el conductor, Derek y yo no nos volvimos a dirigir la palabra y cada uno regresó a su respectivo sitio. Aunque esta vez había sido distinta a la otra tentativa de un beso y no pude refrenar el impulso de escanear el casi vacío autobús en su busca.
Ni Derek ni Luca estaban ya a bordo.
Bajé los escalones y nada más poner un pie en la calle un viento húmedo y caliente me golpeó en el rostro. El sol brillaba, refulgente, en un cielo tan azul que parecía sacado de una serie de dibujos animados. El rugido del océano se escuchaba en la lejanía, entremezclándose con el sonido de las ramas meciéndose y las gaviotas graznando por las proximidades. Este murmullo se fundía junto a las voces de los adolescentes que se congregaban en el aparcamiento.
—¡Agh!
Jossie se puso las gafas y sacudió la cabeza.
—Que ganas tengo de tirarme en la playa y no hacer absolutamente nada en los próximos siete días —sus dedos se aferraron a las correas del bolso y miró el maletero con aprensión— ¿a quién tengo que sobornar para que me baje la maleta?
—¿Hablas de la maleta del apocalípsis? —intercedió Isaac mirando con burla el enorme maletón que destacaba entre el resto— Creo que Hulk no ha podido acudir a este viaje.
La pelirroja hizo una mueca.
—¿Cómo le aguantas? —preguntó a Anna que se limitó a sonreír. La chica enlazó su brazo con el mío y tiró de mí en dirección al bus— Bueno, ya estamos aquí. Parece mentira. Ahora debes hacerme conocedora de tus planes.
Mi ceño se hundió con incomprensión.
—¿Qué planes?
Me lanzó una mirada significativa y me señaló a un punto por encima del hombro. Seguí la trayectoria que me indicó hasta que mis ojos se toparon con dos individuos que me eran demasiado conocidos.
—No tengo ningún plan establecido. Quiero estar aquí, contigo, con Isaac y olvidarme durante una semana de lo triste que es mi vida, ¿te sirve?
No contestó pero no hizo falta. Sus ojos me dijeron todo con una claridad imperturbable. Estaba claro que el viaje no sería tan tranquilo como deseaba. Por el momento dejó el tema descansar y todos nos dirigimos al hotel.
Las habitaciones eran compartidas para cada tres personas pero ante una baja de última hora, una de ellas quedó parcialmente vacía y gracias a los encantos de mi mejor amiga nos pudimos aposentar en ella.
Me lancé con ganas sobre la cama.
—¿Qué haces?
—¿No resulta evidente? —mi voz sonó amortiguada contra el tejido— Quiero dormir, aunque sea unas horas antes de nada.
Solté un chillido de sorpresa cuando me aferró por los tobillos y tiró de mi cuerpo hacia abajo. Traté de asirme al cabecero pero fui incapaz y logró su propósito.
—Tú y yo vamos a bajar a tostarnos bajo este estupendo sol —declaró con tanto ímpetu que no me atreví a contradecirla.
Maldición, parece que tener amigos con demasiada personalidad y ganas de amargarnos la existencia era algo patológico de los Cole. Robert tenía a Noah y yo a Jossie. La parte coherente, siendo en mi caso Isaac y en el de mi hermano, Troy, no estaba disponible en aquellos momentos.
Así que, heme allí, tumbada en la arena ardiente y con el sol calentándome la espalda. Lo cierto es que no se estaba del todo mal en aquel lugar, con el ruido de las olas rompiendo contra la costa. Era casi imposible imaginar que hace menos de dos días tenía el trasero congelado.
Clavé los codos sobre la toalla para alzarme un poco y contemplar el panorama de mi alrededor. Había bastantes personas pululando por la playa, bronceándose, bañándose o simplemente existiendo en el mismo plano espacio temporal.
Gran parte de los allí presentes eran nuestros compañeros que destacaban sobre los demás por el tono blanco, recién estrenado, de su piel.
Entonces los vi.
Derek y Luca caminando por la arena con tranquilidad, ajenos a mi exhaustivo repaso visual a través de los cristales espejados de mis gafas de sol. Tener el privilegio de contemplar aquel par de cuerpos sin demasiadas capas de ropa encima era un placer del que no podía abstenerme.
Era una voyeur en toda regla.
Me mordisqueé el labio inferior conforme se iban aproximando.
—Podrías dejar de mirar y pasar a la acción.
Pegué un respingo en mi sitio y moví con brusquedad el rostro. Jossie también los miraba, con la cabeza apoyada sobre su puño cerrado y una sonrisa sarcástica decorando sus facciones. El cabello pelirrojo le resplandecía bajo la luz dorada del sol y el bikini se ajustaba a la perfección a sus curvas.
—No lo harás... —murmuré en un tono de voz bajo, amenazante.
—Por supuesto que sí —zanjó y antes de que pudiera hacer algo para impedirlo levantó una mano pegando un grito— ¡Eh, chicos!
Me golpeé la frente en un auténtico y genuino palm face ante la más que evidente falta de tacto de Jossie Allen. Ambos se giraron ante su estridente grito y quise hundir la cabeza hasta el cuello en la arena como las avestruces ante este tipo de situaciones.
—Están viniendo... —dijo alzando con diversión las cejas.
—Te odio.
No pudimos continuar nuestra madura e interesante discusión porque Kavinsky y Derek estaban lo suficientemente cerca como para escucharnos. Terminé de incorporarme hasta quedar sentada sobre la toalla y alcé una mano a forma de saludo.
—Buenas —saludó con entusiasmo Jossie— hace un día estupendo, ¿verdad?
Derek asintió al tiempo que tomaba asiento en la arena. Luca se quedó en pie y su mirada oscura colisionó con la mía despertando una ansiedad extraña en mi interior. No era una ansiedad desagradable si no cálida e interesante.
—Adoro la playa —continuó Derek— cuando era pequeño mis padres vivían en Australia y estar aquí es como... regresar en parte a la infancia.
—¿Eres australiano? —la pregunta escapó de mis labios con una nota atónita.
Derek me sonrió con dulzura y sus ojos castaños se achinaron con una pizca de diversión.
—Supongo que yo no conservo mi acento —se encogió de hombros con franqueza y echó una ojeada a Luca que continuaba en silencio— Pero sí. Mi padre es australiano pero mi madre es de aquí. Se conocieron de vacaciones y vivieron allí unos años hasta que por asuntos de trabajo terminamos mudándonos.
Asentí con lentitud. Siendo fiel a la verdad apenas conocía nada con respecto al pasado de aquel chico, hasta ahora nuestras conversaciones, aunque extensas y emocionadas, no habían adquirido una profundidad con respecto a asuntos realmente importantes.
La revelación me desestabilizó unos instantes que Jossie aprovechó gustosamente.
—Lea, te estás quemando —comentó y posó un dedo sobre mi omóplato donde la piel comenzaba a ponerse de un tono rojizo— será mejor que te eches crema.
Quizás sea por el sol en la cabeza o porque mi mente estaba distraída en pensamientos relacionados con aquel par de chicos que tan confundida me tenían, pero no pillé las intenciones ocultas, sumergidas en aquella frase aparentemente inocente.
El lapso de tiempo que tardé en rebuscar el frasco de protector solar en mi mochila fue aprovechado por la muchacha para sacar a relucir sus habilidades en el arte de la desaparición. Ni los gemelos Weasley lo habría hecho mejor.
Algún día te devolveré semejante calumnia, Josset Ann Marie Allen.
Apreté los dedos entorno al bote e intercambié la mirada entre Kavinsky y Derek que se habían quedado algo bloqueados ante el despliegue de velocidad de la pelirroja.
—No le hagáis caso. Se ha tomado dos cafés esta mañana y una cantidad tan grande de cafeína en su organismo es incompatible con unos actos coherentes —me mordí la esquina del labio inferior— Lamento el espectáculo.
—Es... divertida. Aunque no más que los amigos de tu hermano.
Emití un ruido de disconformidad.
—¡No me lo recuerdes! Cada día se superan más y más.
Fue entonces cuando Luca tomó asiento después de unos minutos en pie. Cruzó los brazos sobre el pecho y ladeó la cabeza. La humedad en el ambiente había acentuado sus rizos oscuros y comenzaba a adquirir color de una forma envidiable.
—Realmente te estás quemando —me estremecí en cuanto las yemas de sus dedos se pasearon por la zona. La piel, más sensible de lo usual, intensificó el roce— Derek, deberías ayudarla.
Dicho esto volvió a ponerse en pie y ante mi atónita mirada se dirigió a paso firme hacia el mar.
—Eleanor... ¿te encuentras bien? No hace falta que...
—No, no —negué con la cabeza, tragando saliva— Está bien. Tengo bastante sueño y ando un poco espesa, perdona.
Acompañé mi aparente determinación dándole la crema y girándome hasta quedar de espaldas. Escuché como abría el tapón y como el bote soltaba una serie de ruidos poco elegantes hasta que sobre la palma de la mano tuvo una cantidad aceptable. El líquido estaba frío en contacto con mi piel ardiendo y tuve que hacer acopio de una gran parte de fuerza de voluntad para no temblar por la mezcla de emociones.
Presioné los labios, acallando un suspiro cuando hizo la presión correcta con sus dedos mientras extendía la crema con suma lentitud. Me alegré de que no pudiera verme el rostro en aquel preciso momento porque se encontraba ardiendo en llamas.
—Ya está —pronunció con un tono más ronco de lo habitual— pero he calculado un poco mal.
Me mostró sus manos blancas por el protector.
—No te asustes —me susurró antes de que sus dedos embadurnados descendiesen por mis hombros, perdiéndose más abajo hasta detenerse en las muñecas. El recorrido me erizó hasta el último vello del cuerpo— ¿Quieres darte un baño? No sé que le ocurre a Luca, está bastante extraño desde que hemos bajado del autobús. Quizás le venga bien algo de compañía.
Luca Kavinsky era un enigma en toda regla, demasiado complejo como para comprender sus repentinos cambios de actitud.
—Da igual las veces que le pregunte, jamás me responderá —Derek se echó hacia atrás y su tono reflejó la sincera preocupación que albergaba por su amigo— Pero... confía en ti, ¿sabes? ¿Podrías hacerme ese favor?¿Podrías hablar con él?
—Claro.
Derek cogió mis manos entre las suyas. Eran bastante grandes y las abarcaron por completo. Su palma era firme y cálida. Fue algo agradable pero me sorprendió no encontrar indicios de chisporroteo.
—Muchas gracias —se inclinó hacia delante y su boca se posó peligrosamente cerca de la comisura de mis labios. Su pulgar se posó en mi barbilla antes de apartarse. Me quedé mirando con fijeza aquel par de ojos, noqueada y con la respiración agitada— Solo quiero saber si está bien.
Me levanté con las rodillas algo inestables y considerablemente atontada. La arena me ardió bajo la planta de los pies conforme me acercaba al mar. El aire se impregnó de un fuerte olor a sal y la brisa hizo volar mis cabellos enredándolos casi tanto como mis propios pensamientos.
El primer embiste de agua me llegó por la cintura y me hizo tambalearme. La pierna mala aún estaba más débil que la otra y tropecé hacia delante sumergiéndome por completo. Reaccioné todo lo deprisa que pude saliendo a la superficie mientras tosía la cantidad de pis de pez que había tragado y con el pelo cayéndome en cascada por encima de la cara.
Aparté los mechones mientras rumiaba entre dientes.
—¿Necesitas ayuda?
Yo reconocía esa voz, por supuesto, ¿qué clase de cliché sería este sino?
—No, es tan solo una técnica para mimetizarme con el océano y que Percy Jackson me tome como esposa —comenté escupiendo sarcasmo junto con los restos de agua que dejaron un fuerte sabor amargo en mi paladar— Aunque gracias por el ofrecimiento.
Luca sonrió y me tendió una mano para que pudiese ponerme en pie.
—Pensé que estarías con Derek en la orilla.
—Está preocupado por ti —admití. No servía de nada evitar el asunto y los dos segundos que tardé en pensar la respuesta me hicieron atacar el problema de pleno— Dice que estás... raro.
Kavinsky dejó caer mi mano y se encogió de hombros.
—Es una apreciación un poco subjetiva. Estoy bien te lo aseguro —elevé las cejas— No pongas esa cara.
—No te estoy poniendo ninguna cara —me defendí, categórica.
—Sí, lo estás haciendo. La misma que pone Finn cuando digo algo que no le convence.
Presionó un dedo en mi ceño para acentuar su afirmación.
—Quizás no me convenzan tus palabras, Kavinsky.
El italiano se hundió un poco más y sus cejas se perfilaron con un ligero aspecto juguetón. Su mirada perdió el aire de seriedad de antes y sus oscuros ojos centellearon.
—Quizás...
No tuve tiempo de gritar cuando su mano atrapó con habilidad mi pie tirando de mi cuerpo hacia abajo hasta que quedé bajo la superficie del agua. Subí de inmediato y mis labios se separaron con indignación. Una indignación no demasiado convincente ante la carcajada que hizo vibrar mi pecho.
—¡Eres un sucio tramposo!
Dicho esto me lancé hacia delante, empleando mi peso para empujar sus hombros y hacer que se hundiese. Me bloqueó con rapidez y volví a tener la cabeza bajo el agua mientras sacudía mis brazos y piernas para liberarme.
Y así de fácil consiguió hacerme olvidar el motivo de mi incursión.

ES SÁBADO, PRIMORES, Y AQUÍ TENÉIS UN NUEVO CAPÍTULO DE KAVINSKY.
He tenido algunas dudas, porque no a todo el mundo les salía el capítulo, así que lo he vuelto a subir otra vez, para ver si esta funciona xd.
Wattpad y sus mierdas.
Pensaba subir el 24 y el 25 y me salen estos problemas técnicos, si esta vez funcione, esta tarde intentaré volver a subir el siguiente. Es un regalo especial, pero mi buena intención no siempre es acompañada por la tecnología JAJAJA.
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