Chào các bạn! Vì nhiều lý do từ nay Truyen2U chính thức đổi tên là Truyen247.Pro. Mong các bạn tiếp tục ủng hộ truy cập tên miền mới này nhé! Mãi yêu... ♥

Capítulo 22.

Amenzas con rituales satánicos y un pequeño Kavinsky

Las separaciones son dolorosas aunque sean necesarias. El ser humano se acostumbra demasiado deprisa a aquello que no es bueno para él. Quizás dramatice.

Dramatizo.

Pero deshacerme de Freddie fue extraño por varios motivos. Me había habituado a su peso y a la sensación de tener la escayola en mi pierna, por lo que, en el momento que esa sensación desapareció fue como si siempre hubiese estado allí... hasta ese instante.

Freddie significó muchas cosas.

Fracturarse un hueso no es un hecho muy significativo en la vida de una persona pero la mía cambió a raíz de la noche del atropello. Y cambió por las dos personas que iban sentadas en el interior del Jeep.

Habían pasado varias semanas desde la fallida cita con Derek y desde entonces ninguno hizo comentario alguno al respecto. Regresamos a nuestra vida como si esa velada no hubiese tenido lugar y él siguió comportándose como al principio, tan encantador y malditamente atractivo que a veces dudaba de que fuese de carne y hueso.

Y Kavinsky también continuó con su particular voto de silencio que rompía en contadas ocasiones y que me desesperaba por momentos sobre todo cuando nuestras miradas se cruzaban. En el momento del choque cada partícula del aire que nos distanciaba físicamente parecía vibrar y mi cuerpo reaccionaba de diversas maneras en un abanico nutrido de sensaciones.

—¿Cómo te encuentras?

Me encogí de hombros y me miré el tobillo donde ahora había una tobillera. El médico me aconsejó llevarla y no hacer demasiados esfuerzos con esa pierna hasta que terminase de soldarse por completo. Lo cierto es que mi pierna mostraba un estado más deplorable que el habitual en el resto de mi cuerpo y seguía caminando como una lisiada.

—Rara —admití.

Jossie me lanzó una mirada escrutadora mientras continuaba en su infatigable tarea. Se encontraba de rodillas frente a una enorme maleta espanzurrada boca arriba y abierta por completo. A su izquierda tenía un montón de ropa apilada y a su derecha toda clase de apartados. Sus elegantes manos doblaban las prendas antes de depositarlas en el fondo de su equipaje.

El viaje a la playa sería dentro de un par de días y la emoción de la pelirroja era irrefrenable al respecto.

—No seas tan dura contigo misma, no eres la primera persona en dudar acerca de sus sentimientos —reflexionó y sostuvo dos camisas. Las miró con detenimiento antes de descartar una— Las emociones son complicadas. Sobretodo si son nuevas. Has salido de una relación horripilante, demasiado cuerda te encuentras.

Tracé una sonrisa cómica.

—Que enorme consuelo.

Jossie frunció los labios.

—Y hablando del perro de Cook, Isaac empieza a impacientarse, ese lunático tiene un impulso neurótico y compulsivo. Es como un niño pequeño con su artículo. Aunque hay que reconocer que es una obra de arte.

Isaac gruñó a mi lado. Kowalski se encontraba tumbado en la amplia cama de la habitación de Jossie y tan siquiera se molestó en abrir los ojos. Empleó un tono calmado y con cierto deje de cansancio.

—Este lunático tiene oídos. Y sí, quiero publicar el artículo. Han sido muchas horas de trabajo y negociación con todas esas chicas. Viktor tendrá que mudarse a China si quiere tener otra novia después de esto —una de sus grandes manos se posó sobre la mía— Pagará lo que te hizo.

—Bien dicho, pingüino —aplaudió Jossie y después me señaló con un gesto dramático. Parte de su gesticulación me recordaba a Spellman— Y ahora solo piensa en que bañador te quedará mejor.

Desplacé la mirada a la ventana. Fuera diluviaba y hacía un frío de mil demonios. Parecía inconvencible que en un par de días pudiese disfrutar del calor y la playa pero el país era tan amplio que permitía aquella variación de climas.

—Si te digo la verdad no recuerdo cuales tengo.

Jossie se llevó una mano al pecho y sus ojos se entrecerraron en mi dirección.

—¿Y así como vas a perder la virginidad en el viaje? Eres incorregible, Lea.

Puse los ojos en blanco.

—¿Por qué todo el mundo piensa que será así? —refunfuñé— Ahora mismo mis posibilidades son más bien nulas.

—Tonterías —zanjó la pelirroja y esta vez seleccionó dos pantalones cortos en su maleta que se llenaba a un ritmo acelerado— Ahora mismo si un sectario satánico irrumpiese en esta habitación y quisiese sacrificar a una virgen en el fuego del averno estarías muerta. Es cuestión de seguridad.

Esta vez Isaac sí que se incorporó. Clavó los codos en las rodillas y contempló a su amiga con estupefacción. Algunos cabellos castaños le caían de manera desordenada sobre la frente y le daban un aspecto desaliñado.

—Jossie Allen te conozco desde los cinco años y nunca deja de espantarme lo bruta que eres hablando.

La sonrisa que alzó las comisuras de la pelirroja fue amplia y sincera.

—Gracias, Kowalski. Pero tan solo hablo de verdades y tú deberías apoyarme en este aspecto —Jossie suspiró lánguidamente como si hablar con nosotros fuese como entablar conversación con dos piedras del monte— Por el momento me conformo con que vosotros dos hagáis de una vez la maleta y os preparéis para la que será la mejor semana de nuestras vidas. He oído maravillas de este viaje.

—Y atrocidades —completó Isaac con sorna.

—Di-ver-sión. Repetid conmigo, par de amargados.

—Per-ver-sión —recitó el chico ganándose una mirada asesina. Jossie agarró lo primero que tuvo a mano que resultó ser un sujetador de color rojo intenso y lo lanzó contra el rostro del chico. Isaac careció de los reflejos necesarios para evitar que el proyectil le endiñase de lleno en la cara— ¡Serás..!

No pude más que reírme mientras esos dos peleaban como dos niños pequeños. Me aferré el estómago mientras mi risa se iban convirtiendo progresivamente en el chirrido de una puerta mal engrasada ante la falta de aire en mis pulmones.

—Bueno —me incorporé, aún sin poder creerme que me sostuviese sobre ambos pies— debo irme si no quiero tener serios problemas en casa.

—Puedo acercarte —se ofreció Jossie de inmediato apartando el largo brazo de Isaac de su rostro.

Sacudí la cabeza con lentitud.

—Prefiero caminar, me ayuda a reflexionar.

—Que dramática eres, hija —pronunció mi amiga con diversión pero aceptó mi premisa sin discutir— Nos vemos mañana. Será mejor que te prepares, llevaré la cera y pienso depilarte, quieras o no.

Que destino más dramático me aguardaba.

Le saqué la lengua a ese par de idiotas que la vida cruzó en mi camino y me encaminé a la calle. Seguía lloviendo pero el agua caía en una llovizna ligera y el viento había amainado por completo. Resguardada por mi paraguas y el chubasquero de marinero avancé por las calles prácticamente abandonadas de la ciudad. Apenas un par de coches circulaban por la calzada y tan solo un par de viandantes se atrevían a salir a la intemperie con el ese clima.

El aroma a humedad me calmaba en lo más profundo de mi ser. Me centré en ese estado de paz en el que me encontraba hasta que mi estado zen se vio truncado.

Un niño corría por la acera refugiándose como podía con sus propios brazos. Reconocí de inmediato esas facciones tan similares a las del italiano.

—¡Finn!

El niño frenó con brusquedad y sus ojos me buscaron hasta que dieron conmigo. Su mirada se iluminó en cuanto me reconoció a la vez que dirigía sus pasos hacia mí. Yo también me apresuré y cuando se detuvo frente a mí permití que el paraguas nos resguardase a ambos.

—¡Hola, Eleanor! —saludó con humor. El agua le impregnaba los cabellos chorreantes que se le adherían al rostro enrojecido por el frío— ¿Y tu escayola?

No pude evitar sonreír.

—Ya me he recuperado. Me la quitaron hace unos días —Finn me miró con el interés propio de los niños y su cabeza se movió en un gesto de asentimiento— Pero, ¿qué haces corriendo por la calle con esta lluvia?

Finn arrugó los labios en un mohín.

—Luca y mi madre estaban ocupados. No quería molestarlos... así que decidí volver a casa solo, ¡no pensé que fuese a llover tanto! —antes de que terminase la oración estornudó ruidosamente.

Flexioné las rodillas hasta que nuestros rostros quedaron nivelados. Aquel par de ojos familiares me contemplaron con expectación.

—¿Recuerdas esa vez que tu hermano y tú me recogisteis cuando llovía? —Finn volvió a asentir— Pues ahora voy a devolverte el favor. Vamos, te acompaño a casa.

—¡Qué simpática! Ahora entiendo porque Luca habla tanto de ti.

La respiración se me atoró en un punto intermedio entre las fosas nasales y los pulmones ante semejante revelación.

—Venga —tendí una mano al niño que no dudó en tomarla. Sus pequeños dedos congelados se entrelazaron con los míos y empezó a guiarme en dirección a su casa— ¿Qué tal el día?

—Bastante bien, supongo. He tenido un examen de matemáticas pero el resto del día ha estado interesante.

Durante el trayecto de cuatro manzanas el pequeño de los Kavinsky me describió su día con ilusión. A veces divagaba sobre un tema en concreto, dando rienda suelta a su imaginación que se explayaba de formas tan complejas como interesantes.

A pesar de prestar atención a sus palabras una parte de mí no podía evitar pensar en lo que Luca me había contando. Pensar en el hombre que le dio la vida y en las condiciones en la que aquel maravilloso ser había venido en el mundo conseguían estremecerme a niveles aún inexplorados.

Pronto enfilamos la calle en la que se encontraba su casa y nos detuvimos en la puerta.

Finn llamó con los nudillos en la puerta e intercambió el peso de un pie a otro. Estaba considerablemente más animado y aunque seguía bastante empapado debido al camino que había recorrido bajo la lluvia, ya no temblaba tanto.

La puerta se abrió con un chasquido descubriendo a una soñoliento Luca. Traía el cabello bastante despeinado e iba en unos amplios pantalones del pijama de cuadros. Se mostró sorprendido.

—Eleanor...

Mi nombre abandonó sus labios en un susurro anonadado.

—Hola.

No sabía que más decir en una situación semejante. Estaba más nerviosa de lo que me gustaría admitir frente a él. Hacía mucho que no nos encontrábamos los dos sin que Derek estuviese allí también y una tensión extraña surgió entre ambos como una corriente de electricidad.

—¡Eleanor me ha acompañado a casa! Nos hemos encontrado en la calle y estaba lloviendo mucho, ha sido muy amable, ¿a que sí?

Luca se inclinó y revolvió el cabello de su hermano.

—Muy amable —coincidió— ahora sube arriba y date un baño caliente. Tienes la merienda preparada en la cocina pero será mejor que antes entres en calor.

Finn obedeció sin rechistar y se resguardó en la calidez de su hogar tras despedirse animadamente de mí.

—Debería irme —mascullé tras un minuto completo de espeso silencio.

Luca parpadeó y sus ojos oscuros, más expresivos y magnéticos que los de su hermano pequeño se posaron en mí. Un sentimiento que no supe identificar se desinfló en sus pupilas.

—No, espera, te acerco a casa. Te has desviado bastante y empieza a anochecer.

Negué.

—No es necesario.

Kavinsky sacudió con lentitud su cabeza.

—No discutas. No es negociable.

—¡Vale, señor! ¡Sí, señor! —pronuncié con tono disciplinado.

Mi acción se vio recompensada con un ligero alzamiento de las comisuras del italiano. Se calzó unas grandes botas de agua y pasó unos abrigos por sus hombros antes de hacer girar en sus dedos las llaves de su Jeep. Hizo un ademan con su brazo para indicarme que pasara primero y al igual que hizo Finn, acepté su premisa.

—Tu pierna —comentó de repente y no pude evitar girarme para mirarlo. La lluvia comenzaba a humedecer su cabello moreno incrementando las ondas naturales del mismo— Ya no tiene escayola.

—Grande, Sherlock —bromeé y el esbozo de sonrisa comenzó a crecer en su rostro. Maldición, deseaba tanto que se convirtiese en una de verdad— Ya puedo caminar como una persona normal. O casi. Ya sabes, no soy normal, soy...

—Especial —completó él.

El momento adquirió una nueva intensidad que despertó un anodino cosquilleo en los más profundo de mi ser.

—Me lo tomaré como un cumplido.

Luca abrió la puerta del copiloto para mí.

—Lo era.

Con, de nuevo, mis dos piernas funcionales escalé al asiento y cerré el paraguas que goteó sobre la alfombrilla. Me crucé de brazos tratando de guardarme el calor corporal y ante esta acción Kavinsky puso en marcha la calefacción del vehículo.

—Gracias por acompañar a Finn.

—Faltaría más —dije encogiéndome de hombros con suavidad—. Es un niño genial.

Luca concordó conmigo:

—El mejor.

Otra vez ese silencio tenso se instauró en el interior del coche solo interrumpido por el sonido de la lluvia golpeando en el cristal y el ruido de los limpiaparabrisas agitándose de un lado hacia otro para despejar la vista de Luca que parecía concentrado en la conducción.

—Tiene suerte —comenté de repente ganándome su atención— Sí, tiene suerte de tenerte como hermano mayor. Yo he crecido con uno y a veces me imagino como habría sido mi vida sin él... y doy gracias a mis padres por haberlo concebido.

—Yo también tengo suerte. Finn... es un niño inteligente y divertido, él solo ha conseguido que mi madre riese como hacía años que no escuchaba. Me alegra los días. Y estoy convencido de que Robert también piensa lo mismo de ti.

Alcé los hombros con simpleza.

—¿Tú crees? Le doy bastantes disgustos, espera a que el bueno de Finn llegué a la adolescencia y empiece a llevarse bien con gente conflictiva.

Luca se inclinó un poco hacia delante y sus dedos aumentaron la presión sobre el volante.

—¿Cómo va el asunto de tu ex?

Suspiré, dejando escapar una generosa cantidad de aire por la nariz.

—Hace bastante que no sé nada de él. Ha dejado de acosarme por las redes y ya no ha azuzado a sus matones contra mí. Aunque temo su reacción cuando mis amigos publiquen el artículo que demuestra la clase de persona que es.

—¿Cuándo será eso?

Su tono de voz sonó repentinamente interesada. Miré su perfil que continuaba enfocado en la calzada empapada. La luz de las farolas iluminaba su rostro de manera intermitente y aún en su expresión podía apreciarse matices de cansancio. La cicatriz seguía allí, acaparando mi atención, en un punto demasiado próximo a sus labios como para ser decente.

—Durante el viaje a la playa —confesé.

Nos detuvimos en un semáforo y por primera vez desde que compartíamos oxígeno en el interior del Jeep, se giró hacia mí. Nuestros ojos se encontraron en la penumbra y la electricidad que había estado presente desde un principio se intensificó, secándome la garganta y disparándome el pulso.

—¿Estás preparada para ello? ¿Para enfrentarte a las consecuencias de la publicación?

—Debo estarlo.

Entonces sonrió e iluminó hasta el último rincón del reducido espacio que compartíamos. Fue una de esas sonrisas que alcanzaban sus ojos y todo su ser parecía compartir el gesto.

—Eres valiente.

—Y muy irresponsable —ladeé la cabeza soltando una risa a mi costa— una combinación explosiva.

La luz cambió de rojo a verde y el vehículo volvió a ponerse en marcha.

—¿Sabes? —Luca movió la cabeza indicándome que me escuchaba. Jugueteé con mis dedos con nerviosismo y me forcé a morderme el interior de la mejilla antes de soltar mi siguiente oración con cuidado— Aún no has tocado la guitarra para mí.

—Por suerte —respondió y me lanzó una mirada divertida— Oh, vamos, no pongas esa cara de cachorro desvalido. No... eres peor que el gato de Shrek. Soy francamente malo.

Hice un puchero con los labios.

—De todas maneras tengo curiosidad. Si te sirve de consuelo antes puedo hacerte de telonera y deleitarte con una emotiva interpretación de la banda sonora de Titanic a la flauta dulce. Aunque te advierto, el instrumento pierde su denominación de dulce cuando yo lo hago sonar.

Luca se mordió el labio inferior para no reírse.

—Eres bastante insistente.

—Otro rasgo típico de los hermanos menores, ¿cederás?

Kavinnsky volvió la cabeza unos segundos para mirarme antes de centrarse nuevamente en la carretera. Agradecía su precaución a la hora de circular con aquel tiempo. Lo que menos quería era atropellar a otra ciclista despistado.

—Si te digo que quizás... ¿dejarás el tema?

—A lo mejor —susurré, retadora.

Antes de darme cuenta ya estábamos frente a mi casa. Miré con algo de aprensión las luces encendida de la vivienda y me giré para enfrentar al italiano que me completaba en silencio.

—¿Estarás bien?

Asentí.

—Lo estaré —mis dedos se cerraron en la manilla de la puerta— Dentro de menos de cuarenta y ocho horas estaremos en un incómodo autobús en dirección a la playa. Eso me consuela un poco...

Sonrió.

—Nos vemos en ese incómodo autobús, pues.

—Gracias por traerme.

Hizo un gesto con la mano para estar importancia a este hecho y titubeó unos instantes antes de alargar un brazo. Me vi tentada a cerrar los ojos en cuanto sus dedos cálidos entraron en contacto con la tibia piel de mis mejillas.

—Buenas noches, Luca.

—Buenas noches, bella.

Minutos después de que el Jeep abandonase la calle, mi piel seguía cosquilleando allí donde sus dedos se posaron durante apenas un par de segundos.

AHOY, COMPAÑEROS DE PLANETA.

Je, no me hagáis demasiado caso, acabo de pasar por una gripe y la fiebre aún me pasa factura xd. YA ES SÁBADO FAMILIA, y como siempre, me tenéis aquí con una nueva actualización de Kavinsky.

¿Me echabais de menos?

Guardemos un minuto de silencio por Freddie, compañero caído en la batalla, un entrañable personaje que siempre se quedará en nuestros corazones. DE ACUERDO, hablemos del capítulo, ¿qué os ha parecido? ¿Os ha gustado, primores?  El viaje a la playa se aproxima y allí pasarán varias cosas.

Aún hay frentes abiertos y he de confesaros que quedan 7 capítulos.

Pero... *redoble de tambor* HABRÁ SEGUNDA PARTE.

Yass, como ya dije al principio, esto es una especie de resurrección de mi primera novela en Wattpad, que en realidad, era una trilogía, por lo que Kavinsky conservará dicho formato.

Sugerencias AQUÍ.

Ayer hice una serie de preguntas en Instagram y vi que Luca es bastante querido, cosa que es, GENIAL, nuestro pequeño y cariñoso italiano. Si no os habéis enterado, ya sabéis, podéis seguirme en mi cuenta @comandanteprim en la que me estoy volviendo progresivamente más activa.

También podéis seguir a los perfiles de los personajes.

Nos vemos el próximo sábado.

Os adoro.



Bạn đang đọc truyện trên: Truyen247.Pro