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Capítulo 20.

¿Estás segura?

Me encontraba sentada en los escalones de piedra cuando la puerta se cerró a mis espaldas. No me dio tiempo a girarme cuando una mano cayó sobre mi cabeza y me revolvió el cabello. Farfullé una protesta apartando los dedos de mi hermano de entre mis mechones y lo miré con el ceño fruncido.

Él me sonrió con naturalidad.

—Que guapa te has puesto hoy —comentó deslizando los ojos por mi rostro— supongo que no puedo convencerte y que me abandonarás para irte con esos dos extraños, ¿al menos podré ir a por ti?

Moví la cabeza con lentitud.

—No son extraños, ¿vendrás esta tarde?¿O mandarás a Noah para hacerte el trabajo sucio? —inquirí con cierta malicia, deteniéndome especialmente en este punto.

Robert se rascó la nuca.

—De acuerdo. Me has pillado, pero esta vez si iré a buscarte, enana —flexionó las rodillas para sostenerse a mi altura— Mándame un mensaje si al final no debo ir. Hasta luego.

Dicho esto depositó un casto beso en mi sien derecha y se incorporó de nuevo sobre su metro ochenta largo. La fresca brisa de la mañana revolucionó su cabello castaño e hizo que se refugiase aún más en la calidez de su abrigo.

Contemplé como se marchaba unos metros hasta la camioneta aparcada frente a la casa. Subió con agilidad y un ánimo impropio de tan temprana hora. Una vez que estuvo en el asiento del conductor me dedicó un último gesto de despedida antes de desaparecer calle arriba.

Me quedé entonces sola con mis pensamientos de nuevo.

La superficie sobre la que me encontraba sentada estaba congelada y el frío comenzaba a traspasar la delgada capa de tela vaquera que separaba mis nalgas desnudas. Aspiré una tanda de aquel aire tan gélido y luché por calmar el nerviosismo que se incrementaba entre mis frenéticos pensamientos.

Esperé durante un par de minutos hasta que reconocí el Jeep que me arrolló la noche de Halloween. No tardó en estacionarse en el lugar donde minutos atrás había estado el vehículo de mi hermano.

Me incorporé con algo de torpeza, sosteniéndome sobre las muletas de las que seguía dependiendo para expandir mi reducida movilidad. Freddie rozó durante un agónico segundo la acera pero conseguí estabilizarme y caminé con un pie hacia el coche.

La puerta del copiloto se abrió y Derek saltó fuera. Estaba igual de atractivo que siempre, con una perfección casi irreal. El cabello pelirrojo parecía tan reluciente y sedoso que mis dedos hormiguearon ante la perspectiva de poder tocarlo. Llevaba unos vaqueros claros que se ajustaban demasiado bien a sus glúteos esculpidos. Sonrió en cuanto me acerqué y sentí que en cualquier momento babearía por el despliegue de masculinidad y hermosura.

—Eleanor —sus ojos chispearon en el momento que mi nombre abandonó sus labios— estás muy guapa.

Lo cierto es que aquella mañana me había levantado una hora antes para poder mostrar el aspecto más acicalado del que fui capaz. Mi pelo caía en una ordenada y perfectamente lisa cascada sobre mis hombros y me había esmerado en el maquillaje sin llegar a destacar demasiado. Una combinación sencilla de máscara de pestañas, corrector y un pintalabios marrón sutil.

—Gracias —respondí y me mordí el labio inferior cuando se aproximó. Al igual que hizo el día anterior me besó en la mejilla con una pequeña diferencia. Esta vez se tomó más tiempo—. Yo...

Iba a explotar y ni siquiera llevaba un minuto en su presencia.

—Vamos, te ayudo —animó y me abrió la puerta de atrás con una inclinación de cabeza. Se hizo con mis muletas y esperó hasta que me arrastré al interior para pasármelas de nuevo. Iba cogiendo práctica y cada vez me resultaba menos complicado moverme— ¿Cómo estás?

—Bien —respondí por inercia— ¿y vosotros?

Kavinsky se encontraba en aquel silencio que ahora parecía habitual en él. Nuestros ojos se encontraron durante apenas un segundo a través del espejo retrovisor y me sorprendí por la punzada que padecí en el estómago.

—Buengiorno —pronunció en voz baja.

Repentinamente tenía la garganta seca y tragué saliva, alisándome las inexistentes arrugas de los vaqueros. Las mejillas me cosquillearon pero al menos tenía la excusa del aire frío para que no fuese demasiado evidente.

De nuevo aquella tensión extraña y eléctrica se instauró en el interior del Jeep.

—Bueno, será mejor que nos pongamos en marcha si no queremos llegar tarde a clase —Derek se mordió la esquina del pulgar y suspiró— A primera tenemos examen de química.

—¿En serio? —me interesé ansiosa por acabar con el nudo de mi estómago— Nosotros tenemos uno la semana que viene. No soy demasiado buena en química.

Derek asintió.

—Yo tampoco soy un genio. Siempre he sido más de letras que de ciencias, pero este, aquí donde le ves, es todo un hacha —codeó a Luca que resopló— ¡No seas modesto, hombre! Aunque por otro lado es normal, necesita nota para estudiar medicina.

Luca no comentó nada al respecto pero sus nudillos se volvieron blancos durante un segundo por la fuerza con la que apretó el volante como si adivinase mis pensamientos.

—¿Medicina? —retuve la cascada de interrogantes de mi mente. Que quisiese estudiar la misma carrera que su padre era una información nueva— Que... genial. Yo aún no sé que carrera quiero hacer, aunque debería tenerlo pensado ya... ¿qué quieres estudiar tú, Derek?

El chico se acomodó en el asiento y suspiró.

—Me interesa el derecho, pero también la historia, así que aún no lo he decidido del todo. No pensaba de la misma forma al principio de año, ¡de ser así nunca habría cogido química como optativa!

El tema de los estudios se alargó lo suficiente como para cubrir el espacio de tiempo que tardamos en llegar al instituto. El que más hablaba era Derek mientras que Luca intervenía lo mismo que una roca en mitad del desierto. Aunque procuraba responder y seguir el hilo de la conversación, centrarme en el tono de voz del pelirrojo y en las nuevas partes de su vida que descubría, mi cabeza no dejaba de regresar a ese punto en concreto.

¿Qué demonios te pasa, Eleanor?

Nos apeamos del coche y Derek insistió en llevarme la mochila. A la tercera negación me di por vencida y le pasé la bolsa que se colgó de un hombro al igual que la suya. Avanzamos aún hablando animadamente sobre temas aleatorios. Era bastante ingenioso y su rostro se iluminaba cuando el tema le interesaba.

—¡Bueno! —Derek atrapó su labio inferior entre los dientes en un gesto entre adorable y bastante atractivo. Mi revolucionado sistema hormonal jugó con la idea de imitar su acción— Deséanos suerte. ¿Vendrás a vernos al entrenamiento?

Sonreí y en un acto de valentía adelanté mi mano para posarla sobre su hombro. Su musculatura era dura y a pesar de la tela que nos distanciaba sentí el calor de su propia piel.

—Mucha suerte, y quizás me pase, ¿quién sabe? —bromeé.

Derek me devolvió la sonrisa y se giró para entrar con decisión al aula. Kavinsky había permanecido de pie en mitad del pasillo con la mirada fija en la puntera de sus deportivas y la cabeza puesta en cualquier lugar que no fuese aquel momento.

Las yemas de mis dedos tantearon el dorso de su mano y de inmediato alzó el rostro. Como había ocurrido en el coche en el momento que nuestras miradas colisionaron mi corazón latió con más fuerza, un vigor casi doloroso y de nuevo la sensación de tener la boca seca atacó mis nervios.

—Suerte a ti también, Luca —una vez que mis yemas rozaron la suave piel de su mano me resultó imposible separarlas— ¿Seguro que estás bien? ¿Ha pasado algo?

Él negó.

—Nada —trató de sonreír pero su intento fracasó de forma estrepitosa. Tragó saliva y su nuez de Adán se movió de forma hipnótica— No te preocupes, tan solo... estoy nervioso.

Sus ojos se deslizaron por mi rostro con lentitud y una chispa extraña cruzó su mirada de forma improvista. Antes de que pudiese analizar correctamente la situación se inclinó hasta que nuestros rostros quedaron casi a la misma altura. Parpadeé como una idiota en el momento que sus labios se posaron con delicadeza en el nacimiento de mi cabello y mis dedos se crisparon en el agarre de las muletas.

Grazie mille.

Cuando me quedé sola en el pasillo no pude evitar soltar todo el aire que retuvo durante casi un minuto entero. Estaba algo inestable sobre mis rodillas y saqué torpemente el teléfono del bolsillo trasero de mis pantalones. Los dedos me temblaban un poco mientras escribía un mensaje a mis amigos para saber dónde narices se encontraban.

⚡⚡⚡

—¿No es preciosa?

Isaac nos mostró su cámara como un padre enseña a su hijo recién nacido. La sostenía con tanta delicadeza que parecía que fuese a romperse con tan solo mirarla muy fijamente.

—Hermosa —refunfuñó Jossie y tiró de un mechón de mi cabello. Por motivaciones desconocidas se había visto impulsado a trenzarme el cabello— aunque podríamos hablar de otra cosa que no fuesen tus extrañas filias por las cámaras.

Kowalski tan siquiera se inmutó.

—No logras apreciarlo —masticó las sílabas y miró por el objetivo— a ver, una sonrisa.

Más bien una mueca cuando los dedos de la pelirroja volvieron a arrancarme un jadeo de dolor por la rudeza de sus movimientos. Isaac miró la foto durante unos segundos y una expresión divertida decoró sus facciones.

—Tendré así material para próximos chantajes, nunca es malo tener las espaldas cubiertas —razonó y guardó su nueva adquisición en la funda— Ya sé que no es una tema de tu predilección pero Anna ha conseguido contactar ya con tres chicas. Dos de ellas se han mostrado muy cooperativas y sus testimonios serán una parte importante del artículo. La tercera... estaba tan asustada que no quiso soltar una palabra con respecto al tema, ¿has tenido alguna noticia de Viktor?

Fruncí los labios.

—La verdad es que no. Está demasiado silencioso desde el episodio de los gemelos —miré la pantalla de mi teléfono con fijeza— No ha intentando ponerse en contacto conmigo ni una sola vez. Pronto volverá al instituto así que supongo que averiguaremos sus intenciones tarde o temprano. Dudo que se quede de brazos cruzados mientras destrozamos su imagen pública.

Jossie se deslizó a mi lado en la grada y sus ojos castaños atravesaron los míos. Había severidad y preocupación revoloteando en sus pupilas. Sus labios del rojo habitual decayeron.

—Todo sería mucho más fácil si no tuviera la posibilidad de atacarte —razonó. Fue un disparo certero en mi pecho— Eleanor...

—Lo sé —me sorprendió el gruñido que acompañó a mis palabras. Apreté las manos en sendos puños y maldije mi estirpe en variopintas formas— Fui bastante estúpida. Pero no me preocupa, no demasiado. Sí, tiene esas dichosas fotos en su poder. No es el fin del mundo, son mucho más suaves de lo que ha hecho pensar y siendo sincera... poco me interesa lo que opinen de mí.

La mirada de mis amigos se dulcificó bastante y la mano de Isaac me apretó cariñosamente la rodilla.

—¡Es verdad! Os tengo a vosotros, a mi hermano, a Rowen, Noah, Troy... vuestra opinión es la única que me importa y que me apoyéis de esta manera... —la voz se me rompió. No por la tristeza, si no por la emoción de contar con seres tan maravillosos a mi lado— me hace ser mucho más valiente.

—¡Para, Lea! ¡O me harás llorar! —Jossie me golpeó en el hombro y no pude más que reírme con ganas— No saques a pasear tu lado cursi.

Me sujeté el abdomen a causa de las carcajadas y lágrimas afloraron en mis párpados. Intercambié la mirada de uno a otro y no pude más que dejarlas fluir por la montaña de emoción en mi interior. En parte la regla colaboraba a mi estado desbordante pero mis sentimientos eran tan sinceros como potentes.

—Os quiero.

La pelirroja hizo un gesto exagerado antes de abalanzarse a mi cuello y apretujarme entre sus brazos. Isaac se sumó al abrazo y envolvió sus largos brazos entorno al gurruño que constituíamos las dos en ese preciso momento. Dejé que su cercanía, la mezcla de sus perfumes tan familiares y el calor de nuestros cuerpos relajase el nudo que se había instaurado en mi garganta.

—A este paso tendré que descargarme un vídeo de perros follando para estas situaciones —manifestó Jossie dinamitando el abrazo de inmediato.

Kowalski se echó hacia atrás.

—¡Eres una basta! —acusó.

—Dime algo que no sepa —apuntó Jossie sin amedrentarse— Ahora prestarme los dos mucha atención. He estado pensado mucho acerca del asunto del artículo y las fotografías. El momento adecuado para soltarlo sería durante el viaje a la playa. Viktor no podrá asistir por la expulsión y así Eleanor no tendrá que pasar por ese trago. Dejaremos diez días para que el asunto se calme.

Tenía lógica.

—Eso es dentro de un mes —reflexionó Isaac— en ese tiempo estará terminado, sin duda.

—¡De acuerdo! —mi voz se alzó por encima del tono usual— ¡acabemos con ese cabrón!

En un arranque de entusiasmo puse mi mano extendida hacia delante. Sonreí cuando ninguno de los dos tardaron en reaccionar y colocaran las suyas por encima. Sellamos el pacto de aquella manera y eso dejó la conversación a otros asuntos.

Y había uno que sin duda prevalecía sobre los demás: mi inminente cita con Derek Brown.

No en vano había tenido toda serie de pesadillas relacionadas con el episodio del plátano. Sin duda conforme las horas pasaban estaba más ansiosa y atacada de los nervios. Si excluía las citas de mi relación fallida con Viktor jamás había asistido a una.

Y no estaba convencida de que nuestros encuentros pudiesen clasificarse como citas al uso.

Él siempre fue muy directo y no se entretuvo siguiendo los pasos de un inicio normal. Dejó pistas muy claras de su personalidad durante muchas de las horas que pasamos a solas pero mi yo cegado no se percató hasta que la realidad me estalló cual granada en las narices.

Quizás por eso estaba tan histérica con el asunto de Derek.

Deseaba de todo corazón que esta vez las cosas fueran diferentes. Tener por fin una relación con alguien, una seria, emocional y fuerte, como las que las personas que me rodeaban mantenían.

—Lo miras mucho —comentó Jossie arrancándome de mis cavilaciones internas.

Posé nuevamente los pies sobre tierra firme y pestañeé en repetidas ocasiones antes de girarme para enfrentar a mi amiga.

—¿Cómo? —inquirí desorientada y ella señaló con un movimiento de cabeza el campo donde el equipo de lacrosse entrenaba— Ah... es natural, ¿no?

—Sería normal, sí. Pero no me refería a nuestro atractivo pelirrojo, ¿acaso no eras consciente?

Ante mi cara de perplejidad la chica, apoyó la barbilla sobre la palma de su mano y redirigió su mirada al campo.

—Es cierto que miras a Derek, pero es imposible no darse cuenta de que tu atención se desvía sin remedio hacia otra persona... ¿está convencida por lo de mañana?

No dudé:

—Por supuesto.

Jossie volvió a suspirar y asintió en silencio como si no terminase de encajar mis palabras. Como si dudase de mi propia determinación tanto como una parte interna y recóndita de mi ser empezaba a hacer. Como si leyese algo que yo aún no alcanzaba a comprender y que desataría corrientes incontrolables en un futuro no muy lejano.

AHOY, PRIMORES.

Ya estamos por el capítulo 20, que deprisa pasa el tiempo, y pensar que cuando empecé a actualizar recién empezaba el verano y ahora se está terminando, al menos para mí, jeje. Ya sabéis, ronda rutinaria de preguntas, ¿qué os ha parecido el capítulo?¿Ship oficial? ¿Nombre oficial? Opinión sobre Eleanor.

Huele a conflicto, es una situación difícil.

Como ya os comenté en el anterior capítulo las actualizaciones pasarán de dos a la semana, a una, para hacerlas compatibles con el curso.

Actualizaré los sábados. 

Duda: ¿quién esperaba a los dos capítulos para leerlos seguidos?

Búscame en Instagram como @comandanteprim y busca los perfiles de los personajes. 


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