
Capítulo 18.
La empatía es un sentimiento complicado, la pregunta es, ¿es todo a causa de la empatía? ¿O hay algo más?
Me dejé caer con la falta de elegancia que caracterizada a mi condición de lisiada, en uno de los bancos del vestuario mientras miraba con aprensión a los alrededores. Para mi pasmo Luca tras adoptar la resolución de dar voz a sus problemas me hizo seguirlo.
Nunca me imaginé que el lugar idóneo para una conversación profunda fuesen los vestuarios masculinos.
—¿Estás seguro? —inquirí cuando el silencio se prolongó un par de minutos.
El italiano se encontraba a unos dos metros de mí, con la espalda apoyada en la fila de taquillas y la mirada perdida en un punto impreciso por encima de mi hombro. Parpadeó, bajando del limbo donde divagaba y su mirada oscura y chispeante se desplazó hasta chocar con la mía.
—Sí —se metió las manos en los bolsillos de su impermeable y exhaló aire lánguidamente— ahora todo el mundo está en clase y estos vestuarios son de uso casi restringido para el equipo. El entrenamiento no es hasta dentro de tres horas, eso nos darán margen.
Me mordí el labio como toda respuesta y ahondé en nuestro contacto visual. La única luz disponible era la grisácea que se colaba por las ventanas y dibujaba sombras en sus facciones serias. Sentía la respiración algo inestable y por alguna razón extraña los nervios me consumían con lentitud.
—No me refería a eso —pronuncié con suavidad— Luca... no hace falta que me cuentes esto.
Kavinsky sacudió la cabeza y avanzó hasta detenerse a menos de un par de pasos. Flexionó las rodillas para quedar de cuclillas frente a mí y sus ojos me trasmitieron tal grado de determinación que me estremecí. Aún continuaba con la ropa algo mojada y la humedad comenzaba a infiltrarse en mi cuerpo.
—He huido durante años de esta conversación, Eleanor —titubeó antes de posicionar una mano sobre mi rodilla para afianzar su equilibrio y sus palabras— De enfrentarme a ello, jamás había tenido la necesidad o la fuerza necesaria, pero... contigo es diferente —una lenta sonrisa elevó las comisuras de sus labios. No era de diversión, si no más bien de incredulidad— que tú la escuches parece simplificar las cosas. No me pidas una explicación para esto porque no la tengo.
El sonido profundo y abiertamente sincero de su voz me hechizó por completo. Su sutil acento nunca antes había resultado tan melodioso y atrayente como en aquellos momentos.
Luca cerró los ojos unos instantes armándose de los resquicios de su valor. Su expresión era de la más pura concentración pero también serena. Aún mantenía una de sus grandes manos en mi rodilla y su pulgar me acarició la tela fría de los vaqueros.
—Ya te conté que mi padre nos abandonó cuando Finn nació. Yo tenía once años por esa época y a pesar de ser demasiado pequeño como para comprender la extensión de los problemas conyugales de mis padres... era mucho más consciente de lo que pudiese parecer —inhaló una honda bocanada de aire— Mi padre no era un buen marido, tampoco era un buen padre y por ese tiempo... era un estupendo bebedor. No siempre fue así, aún conservo recuerdos tan felices que parecen irreales relacionados con él.
Luca se incorporó para sentarse a mi lado pero sin romper el contacto y su mirada se dirigió al frente. Me conformé con contemplar su perfil mientras seguía con su relato:
—Era médico pero las cosas no le iban demasiado bien en el trabajo. La primera noche que se abandonó a la bebida perdió un paciente. Pero el alcohol tenía un efecto añadido... le volvía violento. Conforme más bebía sus ataques iban aumentando de intensidad y un día... golpeó a mi madre —su mandíbula se tensó— No me enteré hasta años más tardes. Ella sufrió en silencio durante un par de meses y seguramente habría continuado perdonando su agresividad durante más tiempo de no ser por... lo que pasó. Una noche me despertó un ruido muy brusco, un estruendo a poca distancia de mi habitación. Desorientado me levanté y caminé hacia el dormitorio de mis padres y entonces... —su tono de voz se quebró y la mano que tenía apoyada en el banco se convirtió en un apretado puño— no tengo un recuerdo muy preciso del momento, estaba muy oscuro y yo seguía algo adormilado. Mi madre se tapaba la boca para no gritar mientras él hacia una serie de cosas innombrables. Le habían despedido esa tarde y estaba furioso con el mundo...
Se detuvo a tomar aire y esta vez lo hizo de forma irregular. A estas alturas tenía los ojos cerrados y su pecho subía y bajaba el ritmo de su respiración desbocada.
—De la impresión retrocedí y me golpeé con la puerta llamando su atención. Mi madre trató de agarrar a mi padre pero él ya se había incorporado. Su mirada estaba desquiciada y una rabia animal poseyó su cuerpo, nublando cualquier asomo de juicio. Cogió la lámpara de noche y ante la espantada mirada de mi madre me la estampó en la cara —se tocó la cicatriz de su mandíbula— Un cristal se me clavó justo aquí. Todo habría sido mucho más fácil si mi madre no hubiese estado embarazada. Le echó de casa unos días pero él no paraba de regresar y la desesperación era tan real... que denunció. No sus abusos, si no los míos. Por eso me reconoció ese policía, él llevó parte de nuestro caso...
Se quedó callado durante unos minutos. Anonadada por la magnitud de su confesión sentí como algo se hundía en mi pecho y la angustia se mezclaba con el pesar en mi torrente sanguíneo. Luca hundió el rostro entre las manos y entonces sus hombros se sacudieron débilmente.
Fue un impulso tan fuerte que me imposibilitó racionalizar.
Mis brazos se aprontaron a rodear su cuerpo y el chico se tensó de inmediato irguiéndose unos centímetros. Una de mis manos rozó el nacimiento de su cabello oscuro y la otra se afianzó en sus hombros mientras apretaba mi cuerpo contra el suyo. Lo abracé con fuerza ocultando el rostro en su torso y cerré los ojos.
Sentí el latir desbocado de su corazón contra mi oído pero él se mantuvo bloqueado durante unos segundos más. Después, con mucha lentitud, su cuerpo pareció liberarse de la sorpresa inicial y el agarrotamiento en sus músculos. Las yemas de sus dedos me hicieron temblar cuando rozaron la sensible piel de mi cuello mientras que me estrechaba aún más contra sí.
Me abrazó con una desesperanza que me rompió en mil pedazos.
Sus brazos temblaban a mi alrededor y permanecimos un tiempo indefinido en la misma posición, sin movernos hasta que su respiración se normalizó paulatinamente. Una de sus manos se perdió en mis cabellos y se enrolló en los mechones despertando un cosquilleo inquieto en mi vientre.
—Gracias —murmuró con voz ronca y me separé unos pocos centímetros de él. Su mirada buscó la mía— Te parecerá extraño pero... estoy mejor. Es como si de repente... respirar fuese más sencillo.
Tragué saliva al ser consciente de nuestra proximidad. Su aliento se entremezclaba con el mío y de repente dejé de padecer el frío húmedo que me trasmitía la ropa.
—¿Has cargado tú solo con esto todo este tiempo?
Kavinsky negó.
—No estaba solo, tenía a mi madre. Es una mujer increíblemente fuerte. Se hizo cargo del negocio familiar cuando mi tío falleció y su ejemplo me permitió seguir adelante —arrugó la nariz a la par que sacudía la cabeza— Y ha criado a Finn con sus medios.
—Ella tampoco estaba sola —susurré en un hilo de voz— estabas tú.
Luca sonrió y parte de la seriedad de su rostro se redujo considerablemente. Me vi tentada a cerrar los ojos cuando la yema de su pulgar me acarició la barbilla con mucha suavidad provocando un pinchazo en mi estómago.
—Quizás tengas razón —me lamí los labios algo cuarteados y sus ojos bajaron con lentitud hacia ellos— Eleanor, tú...
Los labios me cosquillearon bajo su mirada y si hasta entonces mi respiración no era el máximo ejemplo de la estabilidad, ese detalle la desbocó por completo. El corazón me latía tan rápido y fuerte que estaba convencida que él podría escucharlo y me descubrí con unas ganas impresionantes e insostenibles de que terminase de recorrer la distancia que nos separaba.
Su pulgar subió unos milímetros y tanteó la comisura con muchísima lentitud. Una lentitud que me volvió loca hasta que se presionó son suavidad sobre mi labio inferior mandando una descarga de electricidad por mi médula espinar.
Pero nada pasó. Luca liberó el aire por la nariz y echó la cabeza hacia atrás acabando con nuestra cercanía. Me separé de él tan precipitadamente que caí sobre mi propio trasero habiendo sobrepasado el borde de la banqueta.
Eleanor Cole, experta en cargarse momentos de tensión.
—Mierda —maldije entre dientes frunciendo los labios adolorida— mi pobre coxis.
Luca que en un principio pareció desorientado recuperó de golpe su actitud divertida y distendida y me tendió una mano.
—¿Necesitas ayudas, bella? —inquirió y sus cejas se alzaron con una chispa de ánimo.
Verle sonreír después de todo aquello bastó para cerrar el pequeño episodio de antes y tragarme las ganas que experimentó de besarlo. A fin de cuentas, fue algo tan nuevo y confuso que no supe a que achacarlo concretamente.
Quizás se tratase de una consecuencia de mi sueño...
Enrojecí de golpe.
¡Lo que me faltaba! ¡Rememorar ese sueño en concreto!
Mis labios se separaron pero fue incapaz de emitir un sonido medio coherente. En mi mente salió un pantallazo en negro y el sistema comenzó a reiniciarse con lentitud. Luca ladeó la cabeza ante mi bloqueo tanto vocal como móvil.
Acerté a extender, primero una mano y después la otra. Kavinsky que las aferró con fuerza y tiró de mi peso hacia arriba hasta quedé sobre mi pie derecho y con Freddie aún envuelto en su bolsa de plástico rozando el suelo de los vestuarios que mi trasero había conocido prematuramente.
—Gra... —no terminé la frase porque un estornudo irrumpió en mi nariz con tanta intensidad que fui incapaz de retenerlo. Sí, como te estás imaginado. Estornudé violenta y magistralmente hasta que un par de mocos translucidos me colgaron de ambas fosas nasales— Perdón.
Mi voz salió nasal y afectada y Luca se quedó serio una milésima de segundo antes de estallar en carcajadas. Fueron tan potentes, vigorosas y sinceras que inundaron hasta el último rincón de la sala con aquel tono grave. Maldición, era un sonido tan embaucador que todo lo que tenía de angelical lo convertía en satánico.
—Vamos, vas a pillar un constipado al final. Deberías quitarte el chubasquero y creo que puedo buscarte una de mis sudaderas si tienes frío —dicho esto se encaminó a la fila de casilleros y sus dedos se movieron con rapidez en el cerrojo de una de las taquillas. Extrajo una sudadera amplia con el escudo del instituto muy similar a la que llevaba el propio Derek esa misma mañana. Se la llevó a la nariz y aspiró para desentrañar la naturaleza del olor— Creo que puede servir... siempre y cuando la quieras, por supuesto.
Se acarició el mentón pensativo.
—También puedo ofrecerte esta —sus dedos pellizcaron el tejido de la que llevaba puesta.
Dios mío, era tan encantador que tenía ganas de... de...
—Me conformo con esa —señalé la que tenía entre las manos— De nuevo, me salvas, Kavinsky.
Luca sonrió y me tiró la prenda que pillé con un deje de torpeza. La tela era gruesa y compacta y desprendía un ligero aroma a Luca que no tardó en convencerme.
—Le empiezo a coger el gusto —bromeó y en esta ocasión sus ojos también sonrieron. Miró el reloj que tenía ajustado en la muñeca— Deberíamos irnos, no quiero que te saltes más clases por mi culpa. Y yo tampoco puedo faltar a muchas si quiero conservar mi puesto en el equipo y mi futura beca para la universidad.
—Dame un segundo —dije mientras batallaba con la cremallera de mi impermeable que al parecer se había atascado y no descendía completamente— ¡hoy no es mi día! ¡Está claro!
Mis lamentos no fueron a más porque en un abrir y cerrar de ojos Luca estaba frente a mí. Tomó la cremallera con suavidad y de un tirón esta terminó cediendo y bajando cuan larga era. No se conformó con eso y me ayudó a deshacerme del abrigo mojado para que no sufriese otro tropiece. Le dirigí una mirada de agradecimiento y me pasé su sudadera por la cabeza. El cabello se me electrificó por la electricidad estática y el perfume del tejido se elevó a mis fosas nasales. Con él delante no habría sido muy cuerdo ponerme a olisquear el cuello por lo que empecé a cojear en dirección la puerta.
Salimos al pasillo sin mediar otra palabra. Aún estaba vacío y la gente continuaba en clase pero no faltaban más de un par de minutos para que ese lapso de paz se mantuviese intacto. Alcé la mirada hacia el chico que como de costumbre tenía las manos en los bolsillos de su abrigo.
—Luca —presioné los labios en una mueca que trató de reflejar demasiadas emociones. Ternura, gratitud y un nuevo sentimiento de cariño más sincero que nunca— Solo... quiero decirte que... significa mucho para mí que confíes en mí. Que hayas compartido esto conmigo... sonará raro, pero me honra.
La respiración se me atrancó en un punto intermedio entre la nariz y los pulmones cuando se agachó y sus dedos retiraron un mechón de pelo tras mi oreja. Su aliento golpeó después esta zona cuando me susurró al oído:
—Gracias a ti por ayudarme a contarlo. Lo necesitaba... buen trabajo.
Se apartó y no pude evitar reírme.
—¿Entonces ahora tocarás la guitarra para mí?
—No te aproveches, Cole, paso a paso —me guiñó un ojo y volteó sobre sus talones— ciao.
He de reconocer que el resto de la mañana transcurrió monótona y pesada. Mis amigos seguían volcados en el artículo contra Viktor Cook y no me dejaban inmiscuirme por el momento para evitar, según ellos, que diese vueltas a un asunto innecesario.
Me pasé los ratos muertos mirando cada dos por tres el teléfono como si esperase alguna clase de mensaje que no iba a llegar. Finalmente el timbre liberador que daba final a las clases hizo vibrar las paredes del centro.
—¿Estás segura de no querer buscar a Kavinsky antes de irte?
—¿Qué? —carraspeé cuando la voz me salió más aguda de lo habitual— ¿por qué?
Jossie perfiló una sonrisa malévola y pellizcó con suavidad la sudadera que llevaba puesto.
—¿Cómo le vas a explicar esto a Robert?
Entrecerré los ojos y la golpeé en la rodilla con la muleta ganándome una mirada llena de resentimiento por supuesto.
—Con la verdad —omitiendo detalles— si no os hubieseis puesto de acuerdo en darme plantón el día del diluvio universal....nada de esto habría pasado.
La versión oficial era que me habían recogido de la calle como un cachorro lastimero y que había llegado tan empapada al instituto que tuvieron que presntarme una sudadera. La parte del vestuario preferí que se mantuviese en secreto, al menos por el momento.
Jossie hizo un puchero de culpabilidad.
—Lo siento tanto... pero no podía desaprovechar la oportunidad que se me brindó anoche, tú aún no lo entiendes, pequeñaja —me golpeó en la nariz— Aunque espero que Derek te lo enseñe pronto.
Sacudí la cabeza.
—Eres una pervertida incorregible, Allen —me quejé con tono acusatorio.
La pelirroja se encogió de hombros con fingida inocencia.
—¿Y lo divertido que es?
Opté por ignorarla y caminamos por el aparcamiento. La lluvia había amainado durante las horas que permanecimos en el instituto y aunque el cielo seguía siendo una masa de nubarrones oscuros ahora nos dejó un poco de margen.
Busqué entre la serie de vehículos aparcados pero no localicé la furgoneta de mi hermano si no otro coche que conocía bastante bien. Al igual que cada vez que se pasó por ahí estaba apoyado sobre el capó con un cigarro entre los dedos deleitándose en el cuchicheo que suscitaba con su aspecto de estrella de cine. A pesar de ser un día nublado llevaba las gafas de sol puestas y una cazadora de cuero amplia que le daba el aspecto de un seductor sacado de una película de los cincuenta.
—Buenas, enana. El plasta de tu hermano me manda a cumplir sus tareas, para variar —blanqueó graciosamente los ojos y exhaló una bocanada de humo— Hola a ti también pelirroja, bonitos zapatos.
Jossie se despidió de mí con un beso de mejilla antes de correr en dirección a una motocicleta aparcada y hacia su conductor que también parecía extraído de algún drama adolescente.
Los ojos claros de Noah me recorrieron con curiosidad y su ceño se hundió.
—¿Es una sudadera del equipo del instituto? —me señaló con la mano que sostenía el cigarro. Parecía algo confundido.
—Es una larga historia.
Spellman tiró la colilla al suelo y la pisó con la bota antes de moverse con agilidad y abrirme la puerta del copiloto.
—Tenemos tiempo, y quiero saber si es una historia muy interesante para sacar la cámara cuando se la cuentes a tu hermano.
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